¿PUEDE EL PENSAMIENTO CRITICO CONTRIBUIR A LAS POLITICAS PUBLICAS? #CIENCIAENELPARLAMENTO COMO UNA DE LAS SOLUCIONES

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¿Puede el pensamiento crítico
contribuir a las políticas públicas?
#CienciaenelParlamento como
una de las soluciones
Lorenzo Melchor y Manuel Souto

Lo que no ha sido estudiado imparcialmente no está bien estudiado. El
escepticismo es el primer paso hacia la verdad.
Denis Diderot (1713-1784), filósofo y científico.

A

ctualmente, las sociedades democráticas
afrontan numerosos desafíos, desde las tensiones sociales y políticas fruto de la crisis económica a la desinformación ciudadana producto de la
proliferación de las noticias falsas y bulos, conocidos
como fake news. Esta desinformación también es fruto de campañas políticas engañosas, la diseminación
de las pseudociencias mediante las redes sociales y
de cierta desconfianza social hacia los expertos, que
son a veces percibidos como una élite alejada de las
necesidades de los ciudadanos de a pie.
¿Qué pueden hacer los científicos ante estos retos
que afectan directamente a nuestra calidad democrática? En EE.UU., por ejemplo, la campaña 314 Action
apoya a aquellos candidatos a senadores y congresistas con formación científica para aumentar la presencia científica en sus cámaras legislativas, y es que, de
215 congresistas encuestados, solo hallaron un físico
y un químico; es decir, menos de un 1% de los miembros del Congreso tiene formación científica. Si bien
en España la XII Legislatura ha contado con 47 de
350 diputados (13,5 %) con formación en ciencias o
ingenierías, la comunidad científica se ha movilizado
no para incluir más científicos como diputados, sino
para poner el conocimiento científico a disposición de
los diputados y convertirse en una fuente de información contrastada, neutra, independiente y estructural
para el diseño y debate de las políticas públicas.
Esta es la misión de #CienciaenelParlamento, una
iniciativa surgida a través de Twitter a finales de 2017.
El investigador del Hospital Gregorio Marañón, Andreu Climent, escuchó al astrofísico y divulgador
Ángel R. López-Sánchez en el podcast CoffeeBreak

el escéptico 28

hablar sobre algunos encuentros anuales entre científicos y políticos celebrados en Australia para tratar
temas científico-tecnológicos de interés social. «¿Y
por qué no hacemos lo mismo en España?», sugirió
Andreu en un tuit que inició una conversación donde
científicos de dentro y fuera del país compartieron experiencias e ideas para celebrar una hipotética reunión
similar en el Congreso de los Diputados.
En menos de un mes, y con la mediación de la presidenta de Cotec, Cristina Garmendia, Andreu se reunió con la presidenta del Congreso Ana Pastor y, poco
después, algunos promotores de #CienciaenelParlamento presentaban el proyecto a la Mesa del Congreso, órgano de gobierno de la Cámara Baja y representante de los grupos parlamentarios. Así se formó un
grupo de trabajo con los portavoces de I+D+I y los
coordinadores de #CienciaenelParlamento para celebrar unas jornadas, #CienciaenelParlamento 2018,
dentro del marco del 40º aniversario de la Constitución. Durante esos meses, la iniciativa recibió además
el apoyo de más de 3000 personas y 200 instituciones
como el propio Congreso, Cotec o la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt).
Acercar el conocimiento científico a las políticas
públicas es una práctica habitual en muchos países
a través de las oficinas parlamentarias de asesoramiento científico y tecnológico. España es una anomalía en el mundo por no contar con semejante instrumento, como sí lo tienen el Parlamento Europeo, el
Reino Unido, Francia, Alemania, Dinamarca, Suecia,
Grecia, México o Chile, entre otros. De este modo,
#CienciaenelParlamento propuso al Congreso simular el funcionamiento de una oficina de asesoramiento
Verano 2019

Foto de familia durante las II Jornadas Preparatorias de #CienciaenelParlamento: las bases del poder legislativo y el funcionamiento del Congreso.

científico para convencer de primera mano sobre la
necesidad y utilidad de este instrumento en la actividad de nuestros diputados.
Estas oficinas organizan reuniones regulares entre
expertos y políticos, elaboran breves informes sobre
el conocimiento científico existente en cualquier tema
de interés social y político (como las terapias avanzadas, el impacto de los bulos y noticias falsas en la red,
las nuevas tecnologías...), y lo hacen mediante la consulta bibliográfica y entrevistas a numerosos expertos
de distintos ámbitos (academia, industria, ONG…).
De modo que #CienciaenelParlamento adoptó este
método de trabajo contrastado internacionalmente
para realizar su labor.
Primero se decidieron los temas de debate de las
jornadas #CienciaenelParlamento 2018. El grupo de
trabajo de políticos y científicos seleccionó doce temas tras una convocatoria pública que recibió más de
150 propuestas. Algunos fueron: los retos de las enfer-

medades infecciosas; ciberseguridad, datos abiertos y
e-democracia; cambio climático y futuro energético;
y conciliación familiar y laboral. Temas de interés social y político donde el conocimiento científico podría
aportar datos y ayudar a sentar las bases del debate.
Después hubo que formar a unos profesionales
que, como en otras oficinas de asesoramiento científico, estuvieran especializados en la búsqueda del
conocimiento, en la elaboración de informes, en las
entrevistas con expertos y en el trato con los políticos.
De entre más de doscientas solicitudes, #CienciaenelParlamento seleccionó y formó a 24 personas para
convertirse en la primera promoción de técnicos de
asesoramiento científico, un perfil profesional este
caracterizado por su formación científica y habilidades en comunicación, compromiso social, gestión de
proyectos y liderazgo. Estos técnicos de asesoramiento científico no son expertos en las materias en las
que ofrecerán asesoramiento, pero sí que se formarían

El pensamiento crítico y el conocimiento científico se pondrán a disposición de los legisladores para un debate público más informado y una mejor democracia presente y futura.

Verano 2019

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Foto de las Jornadas #CienciaenelParlamento 2018
en el Congreso de los Diputados.

para hacerse expertos en el método de trabajo de las
oficinas de asesoramiento y en promover el contacto entre expertos y políticos. De este modo, nuestras
jornadas formativas se centraron en el asesoramiento
científico, contando con expertos nacionales e internacionales en este campo y en el funcionamiento del
Congreso, así como con diputados, funcionarios y
otros profesionales que operan en el mismo.
Así se llegó al 6 y 7 de noviembre, cuando el Congreso de los Diputados reunió a casi doscientos científicos y más de 75 diputados para debatir sobre los doce
temas seleccionados. Ciencia y política se acercaron
y reconocieron este necesario espacio de confluencia,
donde científicos transfieren su conocimiento con un
mayor impacto social y donde los diputados mejoran
su actividad parlamentaria usando datos y contactos
procedentes de una fuente de información contrastada
e independiente.
Este consenso se ha materializado a inicios de 2019
con la decisión de la Mesa del Congreso de establecer
una oficina de asesoramiento científico y de destinar
una partida presupuestaria a tal fin. Ahora llega el momento de asegurar la creación de un organismo dinámico, flexible y útil para la sociedad.
La historia de #CienciaenelParlamento es un caso
de éxito de divulgación científica a un público selecto, los 350 diputados de nuestro Congreso, y que ha
contado y contará con la ciudadanía para su labor. El
pensamiento crítico y el conocimiento científico, tan
ensalzados por ARP-SAPC y sociedades similares, se
pondrán de esta manera a disposición de los legisladores para un debate público más informado y una mejor
democracia presente y futura, con la que nuestro país
resistirá mejor los retos de la crisis económica y la
desinformación ciudadana.
el escéptico 30

La experiencia de una escéptica en #CienciaenelParlamento: Azucena Santillán
Para una enfermera comprometida con las prácticas
basadas en evidencias y la investigación en cuidados,
la iniciativa #CienciaenelParlamento era una oportunidad de oro para participar activamente en algo que
podía mejorar las decisiones de los políticos y, por extensión, las decisiones sobre políticas sanitarias. Ser
seleccionada para intervenir como asesora científica
supuso un hito personal y el apoyo mostrado por el
resto de la profesión enfermera fue todo un impulso,
pero también una gran responsabilidad. Por un lado
tenía que jugar bien mi rol, ya que la iniciativa #CienciaenelParlamento es un movimiento coral que precisa del buen hacer de todos nosotros; pero además
el entusiasta apoyo de mis compañeros de profesión
indicaba que el hecho de que una enfermera fuera
percibida como científica, y que pudiera acercar la investigación a las decisiones políticas, suponía todo un
éxito para el colectivo. Nunca olvidaré las llamadas
de teléfono de ánimo, los whatsapps y mensajes de
todo tipo, incluso de compañeras que no conocía.
Con bastante emoción, en las primeras jornadas
preparatorias recibí el encargo de abordar el tema
sobre conciliación familiar y social junto con Aurora Martínez Rey. ¡Todo un reto! El caso es que los
nervios iniciales pronto fueron reemplazados por la
concentración en el trabajo. Nuestra función como
asesores pasa por elaborar un documento que resuma la mejor evidencia disponible sobre una cuestión
concreta, enriqueciéndolo con las aportaciones de
expertos nacionales en el tema. Es decir, a través de
una búsqueda documental, hallábamos los resultados
de las investigaciones que trataban de dar respuesta a
las múltiples áreas de incertidumbre del tema, y luego mediante entrevistas telefónicas con los expertos
completábamos ese informe.
En mi caso particular, estoy acostumbrada a las búsquedas documentales y a la elaboración de informes,
pero en mi ámbito, las ciencias de la salud. Una de las
premisas de la metodología desarrollada en la Oficina
Parlamentaria de Ciencia y Tecnología del Parlamento británico (Post) es que los asesores trabajen sobre
áreas de conocimiento que no sean las suyas, con el
objetivo de disminuir sesgos. En un principio, me pareció una propuesta totalmente desacertada, ya que
me llevó mucho tiempo y dedicación hacerme con la
metodología de las evidencias publicadas de un área
que desconocía, pero tras la experiencia vivida con
los expertos fui consciente de que cuando conoces un
área, tienes asociados unos sesgos cognitivos inevitables que disminuyen tu imparcialidad. Finalmente,
conseguimos reunir la información necesaria para
exponer las evidencias en las Jornadas #CienciaenelParlamento 2018 de noviembre, y la experiencia
fue fantástica. Nuevamente me vi abrumada por las
muestras de apoyo de mis compañeras enfermeras, y
Verano 2019

Moisés García Arencibia y Azucena Santillán.

la participación en la mesa fue fluida y constructiva.
Personalmente, mi participación fue muy satisfactoria tanto por el hecho de haber contribuido a conseguir una Oficina de Asesoramiento Científico para
España como por haber contribuido a cimentar una
imagen social de la enfermería científica, profesional
y con vocación de servicio público.
La experiencia de un escéptico en #CienciaenelParlamento: Moisés García Arencibia
Como investigador y profesor en Ciencias de la Salud, estoy comprometido con que mis alumnos sepan
distinguir ciencia de pseudociencia, y en mi actividad
divulgativa en charlas o redes sociales suelo combatir
las supercherías, sobre todo aquellas relacionadas con
la salud. Por eso me preocupa tanto ver cómo los legisladores, sea a nivel nacional o local, toman decisiones políticas que justifican en supuestos efectos sobre
la salud que van en contra de la evidencia científica:
declarar zonas libres de transgénicos, eliminar el wifi
de los colegios, apoyar charlas de pseudoterapias que
pueden poner en peligro la salud de los ciudadanos,
etc. No quiero pensar que estas decisiones se tomen

porque los legisladores sean tontos, sino porque no
están bien informados. Es más, es posible que ignoren
que no toda la información es igual de válida, y que
la opinión de un «coach cuántico» basada en el «a mí
me funciona» no tiene la misma validez que un metaanálisis publicado en una revista con revisión por
pares y que, por lo tanto, no se puede poner ambas al
mismo nivel.
Por eso, cuando me enteré de la iniciativa #CienciaenelParlamento, no dudé en que era una oportunidad para, como dice Mario Boholavsky en su Manifiesto Escéptico1, pasar al escepticismo activo. Los
científicos solemos acudir a los políticos para pedir:
más financiación, mejores condiciones laborales, etc.
En esta ocasión, y pese a la incredulidad inicial de
más de uno, iríamos a ofrecer. A ofrecer nuestro conocimiento para mejorar la toma de decisiones políticas.
Esta vez, parafraseando a JFK, no nos preguntaríamos
qué puede hacer la política por la ciencia, sino qué
puede hacer la ciencia por la política. Es cierto que
si más políticos se dan cuenta de la importancia que
tiene la ciencia para la toma de sus decisiones, igual
se dediquen a prestarle algo más de atención, así que
poner «de moda» la ciencia entre los políticos no solo
ayudaría a estos, sino que indirectamente beneficiaría
a la propia ciencia.
Durante las jornadas preparatorias, no solo aprendí el funcionamiento de una oficina de asesoramiento
científico y el método de preparación y presentación
de evidencias a los políticos, sino que pude aprender
cómo funciona nuestro sistema legislativo. Gracias
a la participación de representantes de distintos partidos en la Comisión de Ciencia del Congreso y de
miembros de los Cuerpos de funcionarios de las Cortes Generales (Letrados, Archiveros-Bibliotecarios y
Asesores Facultativos) pude ver cómo es el proceso
de elaboración de las leyes en nuestro país.
En resumen, Ciencia en el Parlamento ha sido una
experiencia muy enriquecedora, que me ha permitido
aportar mi granito de arena para difundir la importancia de tomar decisiones políticas informadas en la
evidencia científica disponible.
1- http://www.escepticos.es/node/3

Preocupa ver cómo los legisladores, sea a nivel nacional
o local, toman decisiones políticas que van en contra de la
evidencia científica.

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