EDITORIAL

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Editorial

S

on numerosos los hechos que indican un cambio
de percepción en el conjunto de la sociedad en lo
referente a las pseudociencias y a la necesidad de
un pensamiento crítico y científico. Incluso ha alcanzado —por fin— el mundo de la política, que parece que
empieza a asumirlo como asunto digno de atención, esperemos que sin vuelta atrás. A ello dedicamos buena
parte de este número.
Por un lado, está el Plan para la Protección de la Salud
frente a las Pseudoterapias del Gobierno de España, del
que ya hablamos en nuestro anterior editorial, y cuyo
contenido describimos y comentamos en forma de ameno coloquio.
El otro gran asunto novedoso que trataremos (de la
mano de Lorenzo Melchor y Manuel Souto) es el de la
iniciativa Ciencia en el Parlamento, con la que se trata
de poner el conocimiento científico al servicio de nuestros políticos para que así puedan tomar decisiones más
informadas. Conoceremos también la experiencia personal de dos de nuestros socios, participantes activos de
la misma.
Esperemos que ello no eclipse la otra temática fundamental de este número (aunque no deja de estar relacionada, por tener también sus aspectos políticos),
constituida por la segunda parte del dossier dedicado a
la industria farmacéutica, y cuya primera parte recogimos en nuestro número 49. Razones de espacio dejaron
para más adelante dos artículos dedicados al mecanismo
de las patentes: uno de Félix Ares, quien nos intenta hacer ver que resultan una figura fundamental para la promoción de la creatividad y la investigación aplicada y,
aunque mejorable, tiene su razón de ser y no resulta tan
nefasto como suponen ciertas corrientes de opinión. El
otro artículo al respecto es de Carlos López Borgoñoz,
que matizará algunos aspectos del anterior, aunque estén
de acuerdo en lo fundamental.
En el último texto del dossier, Iria Veiga hará un repaso a la evolución de la psiquiatría y la corriente de
la antipsiquiatría, cuyas críticas, aunque en ocasiones
fundadas e igualmente vinculadas a un intento de politización de la investigación médica, pueden desviarnos de
lo que deberá ser el objetivo fundamental: dar mejores
condiciones de vida a las personas.
Si alguien tiene la impresión de que tratamos siempre
los mismos temas y de que poco cambia en el mundo

Verano 2019

Juan A. Rodríguez

del escepticismo, que lea la sección «Hace 25 años...»,
a ver si se mantiene en su opinión. Y para cerrar el círculo presente-pasado-futuro, tenemos el planteamiento
de Félix Ares en su sección «De oca a oca» sobre lo que
nos depararán las pseudociencias a medio y largo plazo.
Pero como él mismo dice, si hay algo seguro en las predicciones del futuro, es que resultarán equivocadas.
No solo viajaremos en el tiempo; también lo haremos
en el espacio: nos desplazamos a Venezuela en nuestra
sección «Red escéptica internacional». Entre apagones
y cortes de red, Jesús Guevara nos ha conseguido hacer
llegar la historia de la Asociación Racional Escéptica de
Venezuela, nacida con el siglo y cuya evolución ha sido
espejo de la vivida por la sociedad de aquel país. Por
ello, este colectivo centró buena parte de su actividad
en las críticas a la religión, tan importante en aquellas
tierras y objeto de escaso interés para el escepticismo
de la secularizada Europa. También veremos cómo la
democracia y la razón mueren en la agitada situación
actual venezolana.
Igualmente de Venezuela es el entrevistado Gabriel
Andrade, filósofo y el autor más prolífico de la serie
¡Vaya timo! de la editorial Laetoli. Por lo dicho, buena
parte de sus obras está dedicada a la crítica a la religión,
aunque también aporta una buena dosis de teorización y
visión de conjunto del escepticismo, tan necesaria para
que los que solemos estar demasiado centrados en las
luchas más urgentes no perdamos la perspectiva.
Advertimos de que es un número denso en cuanto a
su contenido, pero para equilibrar, empiecen mejor por
la sección «Primer contacto», de noticias breves y temas
variados. Desde ella se envía, entre muchas otras cosas,
un recuerdo al recientemente fallecido Eduard Punset,
fundamental en la visibilización de la ciencia en España, por más que mostrara en sus últimos tiempos unas
derivas bastante estridentes, por ejemplo hacia la pseudopsicología.
También resultan más ligeros los textos de la sección
«Un marciano en mi buzón», dedicada esta vez a la serie
televisiva Doctor Who, así como las caricaturas de nuestros colaboradores habituales y las recomendaciones de
lectura del «Sillón escéptico», que nos trae una entrega
más larga y variada de lo habitual, con nuevos títulos de
los que disfrutar en los próximos meses de verano.
Hasta la próxima.

5 el escéptico

Coordinador: 
RODRIGUEZ JUAN A.
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