Cuando las innovaciones son historia

Sección: 
IV JORNADAS SOBRE CIENCIA Y PSEUDOCIENCIA, RIGOR Y EVIDENCIA EN LA EDUCACIÓN
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no tenemos ni idea. La dosis de tiempo atencional depende de tantos factores que verdaderamente es imposible darla: carga del trabajo a realizar, número de
interferencias, motivación, facilitadores, estrategias,
etc.
Entender la atención como una mesa de trabajo es
algo que puede ser útil. Si la mesa es firme (si el mantenimiento se mantiene estable y la inhibición hace
su función), podré trabajar encima de la mesa con los
datos que precise. Si la mesa va «desapareciendo»
y «apareciendo» en otros lados (cambio de foco de
atención), todo lo que está arriba de la mesa caerá una
y otra vez.
Facilitar la atención es un hecho, pues, clave para
cualquier profesional del ámbito educativo. Si no,
todo lo demás quedará en nada.
BLOQUE 2
¿Comprendemos mejor en papel que en pantalla? Evidencia a partir de un metaanálisis
Ladislao Salmerón
Coordinador de la ERI Lectura, Universitat de València.
En la actualidad muchos centros educativos están
inmersos en una carrera por incorporar más y más
tablets y otros dispositivos digitales en la mayoría
de áreas curriculares. Sin embargo, en muchos casos
esta carrera no está guiada por la evidencia sobre la
eficacia de dichos dispositivos. Concretamente, en el

ámbito de la comprensión lectora se han acumulado
numerosas evidencias en las últimas dos décadas sobre la efectividad de la lectura de textos en pantallas,
en comparación con textos en papel. A partir de un
metaanálisis sintetizamos dicha evidencia, con una
muestra de aproximadamente 171.000 estudiantes de
19 países y de todos los niveles educativos. Los resultados muestran un efecto positivo aunque limitado del
papel en relación a las pantallas. Varios factores modulan dicho efecto (género textual, tiempo de lectura
y generación), mientras que otros no afectan al efecto
del papel (nivel educativo o tipo de dispositivo, entre
otros). Estos resultados son una llamada de atención
contra la incorporación de dispositivos digitales en el
aula sin contar con la evidencia científica al respecto.
Cuando las innovaciones son historia
Fátima García Doval
Consellería de Cultura, Educación y Universidad.
Xunta de Galicia
Los seres humanos no somos particularmente buenos prediciendo el futuro. Si pensamos en el futuro
imaginado por éxitos cinematográficos de los años
ochenta, tales como Blade Runner, con cyborgs, coches voladores, etc., es claro que más que predecir el
futuro probable, tendemos a predecir un futuro deseado. La educación no es ajena a este fenómeno. Imaginar un futuro sin escuelas, incluso sin docentes, es
una constante.

Foto de Zen Chung en Pexels

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Este fenómeno es idéntico cuando volvemos la vista atrás. Imaginamos un pasado más atrasado, oscuro,
tosco... peor. Así, todo fenómeno educativo anterior
es, por definición, tradicional en el más peyorativo
sentido del adjetivo. Tendemos a identificar todo lo
que nos gusta o coincide con nuestras ideas y visiones sobre la escuela, con lo moderno, lo innovador;
en tanto que todo lo que nos disgusta (funcione o no)
o con lo que estamos en desacuerdo, es asimilado a
«lo de antes».
Sin embargo, ¿cuántas de las cuestiones que hoy
tomamos por innovación educativa lo son en realidad? Muchas de las afirmaciones de J.A. Comenio en
su Didáctica Magna (1632) están tan de actualidad
que pueden insertarse en cualquier texto educativo
moderno y suenan totalmente pertinentes. Las cuitas de Santiago Ramón y Cajal sobre nuestro sistema
educativo suenan dolorosamente actuales e incluso el
NO-DO que publicitaba la «nueva» ley de educación
de 1970 (la LGE o Ley Villar Palasí, que nos trajo la
EGB) podría anunciar casi cualquiera de las siguientes reformas educativas en nuestro país hasta la fecha.
Tampoco los recursos educativos y materiales didácticos se libran. Los libros, la radio, las películas,
la televisión, los vídeos, los ordenadores, internet, los
videojuegos... han sido, sucesivamente, el recurso que
va a hacer de la enseñanza un proceso verdaderamente eficiente, incluso a sustituir al profesorado. La realidad es que su utilidad, aunque innegable, es discreta.
Por su parte, los y las docentes son el único recurso
educativo que ha estado presente desde los albores de
la escuela. La asiriología tiene constancia de docentes
profesionales en las escuelas sumerias hace 5400 años
y no parece que su importancia en la educación vaya
a cambiar en breve. Ya por aquel entonces había especialización docente, niveles educativos (con todas
las reservas históricas pertinentes) asimilables en duración y contenidos a los actuales. También las quejas
y lamentos docentes eran equivalentes a las actuales.
Una tablilla cuneiforme del primer milenio antes de
Cristo recoge una carta del equivalente a nuestros actuales profesores universitarios dirigida al rey para

protestar por el exceso de trabajo burocrático. Incluso
los materiales manipulativos (desde bloques de madera a modelos del cuerpo humano) se mantienen sin
excesivos cambios. Tal vez la impresión 3D haya sustituido a la talla, pero el fondo didáctico permanece
inalterable.
Lo cierto es que las ciencias de la educación, como
todas las demás ciencias, se construyen sobre las sólidas bases de la investigación precedente. La educación actual se eleva o debería elevarse «a hombros de
gigantes» y permitirnos ver más y más lejos, no por
la agudeza de nuestra vista y la perspicacia de nuestro intelecto moderno sino porque estamos elevados
por la gran altura de un conocimiento construido a lo
largo de milenios. La educación, cuando se asienta en
bases científicas, es una luz que nos permite alumbrar
un futuro mejor para toda la sociedad.
El papel clave de la memoria de trabajo en el
aprendizaje
Héctor Ruiz Martín
International Science Teaching Foundation
En psicología cognitiva, se emplean los términos
memoria de trabajo o memoria operativa para describir la capacidad que tenemos para mantener y manipular mentalmente y de forma consciente una cantidad limitada de información durante cortos períodos
de tiempo. Para simplificar, podríamos definirla como
el espacio mental donde razonamos, donde imaginamos y donde podemos conectar nuestros conocimientos previos con la información que nos llega del entorno para construir nuevos conocimientos. Es decir, la
memoria de trabajo es clave para el aprendizaje.
En consecuencia, tener en cuenta las limitaciones
de la memoria de trabajo es fundamental cuando se
trata de promover el aprendizaje, pues esta representa
un cuello de botella que determina nuestra capacidad
de aprender. En este sentido, una de las teorías del
aprendizaje con mayor evidencia empírica y aplicación práctica en el aula es la teoría de la carga cognitiva. Esta teoría se basa en reconocer el papel crucial
de la memoria de trabajo en el aprendizaje y en asumir
sus limitaciones para guiar la práctica educativa.

No es de extrañar que los docentes sucumban
ante determinadas prácticas pseudocientíficas
que inundan los medios, e incluso las facultades
de educación o los másteres del profesorado

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