Que no te engañen

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Dossier

Que no
te engañen
Álvaro Bayón
Doctor en Biología

¿Qué tiene que ver la biología con
las sexualidades no normativas?

«L

os niños tienen pene, las niñas tienen
vulva. Que no te engañen». Esa lapidaria frase que muchos recordamos
estampada en letras blancas sobre autobuses naranjas esconde varias afirmaciones contundentes. Que sexo y género es lo mismo, y que se reduce a dos categorías binarias. Según la tesis expuesta
en la frase, solo hay dos opciones: o tienes pene —y
por tanto eres niño—, o tienes vulva —y te ha tocado, por tanto, ser niña—. Quienes argumentan en este
sentido, frecuentemente, tienden a invitar a los demás
a estudiar biología.

¿Hablamos de biología?
Es interesante explorar hasta qué punto el sexo es
algo binario. Si redujéramos la condición sexual exclusivamente al nivel gamético, esto es, a las células
que, con su fusión, dan lugar a un embrión, está claro
que es binario. Solo existen dos tipos de células sexuales. Unas, de relativo gran tamaño, alta complejidad y muy baja movilidad, llamadas óvulos; y otras
mucho más pequeñas y simples, pero con un largo
flagelo que las hace extraordinariamente móviles,
llamadas espermatozoides. Binario. Cero o uno. A o
B. Blanco o negro. No hay ningún tipo de célula sexual que sea una especie de forma intermedia, un gris.
Caso cerrado (Fig. 1).
Está claro que los seres humanos no somos gametos con piernas. Tenemos algo más de complejidad
que las células sexuales que producimos y portamos.
Pero parecería evidente separar a la humanidad en
dos, en función de esas células sexuales. Si produces
espermatozoides, eres macho; si produces óvulos,
entonces eres hembra. Pero nos encontramos con un
problema. Hay personas que no producen ninguna de
esas dos cosas. Durante la etapa lactante y en la infancia hasta cierta edad, o las personas que han sufrido
el escéptico 20

una extirpación de sus gónadas, o aquellas que, por
cualquier motivo, no las tienen funcionales, no producen gametos. Pero han de ser machos o hembras, ¿no?
Entonces, ¿qué criterio usamos?
Porque si algo es tan cierto como aquella máxima
de que si un solo cisne negro es suficiente para refutar
la afirmación de que «todos los cisnes son blancos»,
es que un solo cisne que no sea ni blanco ni negro,
como por ejemplo, uno que sea en parte blanco y en
parte negro, es suficiente para refutar la frase de que
«todos los cisnes son blancos o negros».
Para poder incluir a toda la humanidad en nuestra
forma de catalogar el sexo, debemos usar rasgos que
tenga toda la humanidad, de modo que nadie se quede
fuera, ya sea por edad o por condiciones de salud. Y

Fig. 1. Representación de un rasgo de tipo binario. Toda la frecuencia de la
población se distribuye en dos categorías aisladas, A y B. No existe ningún
caso que sea intermedio entre A y B, ningún caso que sea a la vez A y B, ni
ningún caso que no sea ni A ni B.Elaboración propia.

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Imagen: Flickr(https://www.flickr.com/photos/hazteoir/37205336271/)

eso exige salirnos del patrón indicado por la producción de gametos. Lo que podríamos buscar sería qué
necesitamos para que esos gametos se produzcan.
Bien. Es bien sabido que todos los gametos son haploides, es decir, que en lugar de tener los juegos de
cromosomas distribuidos por parejas, como el resto
de las células del cuerpo, los tienen desparejados; en
lugar de tener 23 pares de cromosomas, tienen solo
23 cromosomas, sin emparejar. Entre los 23 tenemos
uno que llamamos cromosoma sexual, que puede tener dos conformaciones, X o Y.
Sabemos además que hay un gen específico en el
brazo corto del cromosoma Y, el gen SRY, que es el
que al final marca la diferencia y «da la orden» para
que las gónadas al desarrollarse sean ovarios o testículos; estas gónadas son las que, en última instancia
y si todo va bien, producirán los óvulos o los espermatozoides respectivamente. De modo que cuando se
tienen los cromosomas XX, tenemos ausencia de gen
SRY y se forman ovarios que, en condiciones adecua-

das, darán óvulos; mientras que si se tienen los cromosomas XY, tendremos presencia del gen SRY, se
formarán los testículos y, si nada falla, cuando llegue
a la edad adecuada esa persona producirá espermatozoides.
Así que el sexo comienza a convertirse en un aspecto más multifactorial de lo que estábamos esperando, y aún ni siquiera se han mencionado los rasgos
que tenemos en nuestro autobús naranja.
Bueno, a pesar de la complejidad que tienen estas
tres nuevas dimensiones, parece que alcanzamos un
acuerdo: cromosomas XX, ausencia de SRY y ovarios, implica hembra; por el otro lado, cromosomas
XY, presencia de SRY y testículos, implica macho.
Cisnes blancos, cisnes negros
Y aquí empieza lo divertido. ¿Y si tenemos un cisne que tiene parte de su cuerpo blanco y parte negro
(Fig. 2)?
Pongamos un caso particular y muy poco común,
en el cual un óvulo, antes de ser fecundado, se divide

«Una excepción», dirían algunos. «La excepción
que confirma la regla», apuntarían aprovechando
la frase, tan proverbial como incorrecta; pues si
hay una excepción, significa que no existe la regla.

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Fig. 2. Ejemplar de Cygnus melanocoryphus, un cisne de cuerpo blanco y cuello negro, que por tanto, ni es blanco, ni es negro, sino que está en un punto
intermedio. Imagen de Steffen Wachsmuth en Pixabay

en dos clones. Cada uno de los gametos resultantes es
fecundado por un espermatozoide distinto; en un caso,
un portador del cromosoma X y en el otro, uno con el
cromosoma Y. Pero antes de que estos dos embriones
ya viables se implanten en el endometrio, se fusionan,
formando de nuevo un solo embrión. Un solo embrión
que da lugar a una sola persona, que presenta a la vez
dos cariotipos distintos; uno cuyos cromosomas sexuales son XX, y otro con XY.
Por supuesto, el cromosoma Y presenta su gen SRY
en el brazo corto; pero solo lo tiene en algunas de sus
células, no en todas. Además, tener esos dos cariotipos juntos termina generando una respuesta peculiar:
no se forman dos ovarios. Tampoco dos testículos,
sino que se forma, tal vez, un ovario a un lado y un
testículo a otro. O más curioso aún, a un lado un tes-

tículo o un ovario, y al otro lado una ovotestis, que
es una gónada que presenta simultáneamente tejido
testicular y tejido ovárico. O, en un previsible giro de
los acontecimientos, dos ovotestis. Un hermafroditismo bilateral verdadero1. Un cisne que no solo no es
blanco ni negro, sino que es blanco y negro a la vez.
«Una excepción», dirían algunos. «La excepción
que confirma la regla», apuntarían aprovechando la
frase, tan proverbial como incorrecta; pues si hay una
excepción, significa que no existe la regla.
En realidad, y como ya he expresado, aunque solo
fuese un caso, ya sería suficiente para rechazar que
esa concepción de sexo que hemos construido, que se
sostiene en genes, cromosomas y gónadas, sea algo
binario. Pero además, este caso que hemos visto no
es en absoluto una excepción aislada. Si sumamos al

Cuando miramos el aspecto genético,
cromosómico y gonadal, al hablar de sexo no
tenemos un rasgo binario de dos categorías
aisladas, sino una distribución de tipo bimodal

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hermafroditismo verdadero los demás casos de intersexualidad que existen, se estima que su frecuencia
debe de rondar un caso por cada 20 000; es decir, que
en el mundo se estima que habrá unas 400 000 personas intersexuales.
Cuando miramos el aspecto genético, cromosómico y gonadal, al hablar de sexo no tenemos un rasgo
binario de dos categorías aisladas, sino una distribución de tipo bimodal. Que es algo que se le parece,
pero que no es en modo alguno lo mismo (Fig. 3).
Pero vamos a avanzar al siguiente nivel. Recordemos lo que decía aquel autobús: «Los niños tienen
pene, las niñas tienen vulva». Si asumimos que el
sexo está definido por los rasgos descritos hasta ahora:
el gen SRY, los cromosomas sexuales y las gónadas,
parece evidente que una persona XY y con testículos
será macho, ¿verdad?
¿Y si esa persona tiene vulva, vagina y clítoris, en
lugar de pene y escroto?
Si decimos que el sexo lo marcan los genes, los
cromosomas o las gónadas, esta persona sería macho.
Pero si decimos que son los genitales (tener pene y
escroto, o bien, tener vulva, vagina y clítoris), como
nos indica la frase con la que arranqué este artículo,
entonces esa persona sería una hembra.
Nos encontramos con un nuevo problema. Y es que
hay ocasiones en que los genitales externos no se corresponden con las gónadas que se poseen. El caso
que he expuesto, en el que una persona XY presenta
testículos internos y un aparato sexual externo femenino, se corresponde con el síndrome de Morris2, una
condición genética que hace a la persona insensible a
las hormonas masculinas. Al tener esa insensibilidad,
su cuerpo no reconoce las hormonas que sus testículos
producen, y se genera un desarrollo de rasgos femeninos. No presentan útero ni cuello uterino, la vagina
es ciega. Por tanto, no menstrúan ni son fértiles. Aunque suelen mantener una casi completa ausencia de
vello púbico y axilar, sí que se desarrollan caracteres
secundarios femeninos durante la pubertad de forma
normal, como las mamas.
Cisnes en parte negros, en parte blancos. De nuevo, nos encontramos que estas nuevas expresiones de

sexo tampoco son binarias, sino bimodales.
Ahora bien. Es sabido que el autobús naranja no
quería hacer referencia a estos aspectos, sino a otros
muy distintos. La conocida organización ultracatólica
de extrema derecha que diseñó los carteles de esos
vehículos hacía referencia a otro aspecto. Específicamente, a personas que, presentando un genotipo
y fenotipo propios de un sexo, se identifican de otro
modo. Es bien sabido que, al nacer, se nos asigna un
género que está en consonancia, generalmente, con
la genitalia externa que se observa. Y la mayor parte
de las veces sucede que el individuo se identifica con
el género que le asignaron. Pero, ¿y si no? Entramos
aquí en un nuevo plano, aún más complejo que todo
lo que hemos visto hasta ahora. Entramos en el campo
del cerebro.
Es importante en este punto recordar que los seres
humanos somos animales biopsicosociales. La clásica
anotación que se hace de que un ser vivo es la suma de
su propia naturaleza y de cómo el ambiente lo ha moldeado, el famoso «nature & nurture», adquiere en el
ser humano esa forma de trinomio: biología, psicología y sociedad. Incluso aunque un aspecto dado, como
la identidad de género, fuese exclusivamente social,
este no debe ser menospreciado en modo alguno. Y
es en la creencia de que la identidad de género es una
especie de constructo social donde esta gente suele
pedir a los demás que estudien biología.
Si de verdad fuese un constructo social, estudiar
biología sería irrelevante en ese caso, ya que la biología nada tendría que decir, ni a favor ni en contra.
No sería objeto de estudio de la biología, sino de la
sociología. Lo que pretenden al hacer esto es buscar el
menosprecio, algo como «si eso no es biológico, entonces no existe o no es válido». A uno se le ocurriría
preguntarles qué opinan sobre otros aspectos sociales
como pueden ser la gastronomía, las clases sociales,
los idiomas o, yo qué sé, las religiones, por ejemplo.
Pero en el asunto de la identidad de género, el caso
es que la biología sí tiene algo que decir. Porque en
realidad no es algo exclusivamente social. Existen
componentes biológicos en la identidad de género. No
todo es biológico, por supuesto. Pero si lo es en parte.

Una pregunta que sigue abierta es si las diferencias en el fenotipo cerebral de las personas trans
son el resultado de su propio desarrollo biológico, o si por el contrario son la consecuencia del
efecto del ambiente

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No, no estoy hablando de cerebros masculinos
y cerebros femeninos. De hecho, esa idea binaria es
radicalmente errónea. Como empieza a ser habitual,
en este aspecto, y hasta donde sabemos, también nos
encontramos con una especie de espectro multidimensional3. En este caso, los cerebros que se encuentran en
los extremos del continuo espectro de «masculinidad»
y «feminidad» son muy raros, y la mayor parte de los
cerebros se componen de una especie de mosaicos únicos de rasgos, algunos de los cuales tienden a ser más
comunes en mujeres, y otros más comunes en hombres. Para que se me entienda mejor, y si se me permite
la sobresimplificación con fines explicativos, sucede
algo similar a lo que ocurre con la estatura o el peso.
Aunque existe un amplio espectro, muy poca gente se
encuentra en los casos extremos, y la mayoría se encuentra en la zona intermedia, con ligeras diferencias
entre hombres y mujeres (mayor estatura y peso, en
promedio, en ellos respecto a ellas). Es importante destacar aquí que estos rasgos siguen siendo parte de un
continuo, y que la presencia de esas diferencias individuales no sirve para establecer sistemas de predicción.
Es decir, si bien los rasgos cerebrales son relevantes,
como lo es la estatura, para el conjunto de hombres y
para el conjunto de mujeres, no es posible saber si una
persona es hombre o mujer mirando solo su cerebro,
como no puedes saberlo mirando solo su estatura.
El caso es que, tal y como se ha observado4,5, las
personas que se identifican con un género distinto al
que les asignaron al nacer sí que presentan esos mosaicos más propios del género con el que se identifican
que con el género asignado al nacer.
Ahora bien, como sabemos desde hace no mucho,
el cerebro humano ha resultado ser un órgano de gran
plasticidad, y el ambiente puede influir en la forma en
la que nuestro cerebro se organiza y se expresa. Una
pregunta que sigue abierta en este aspecto6 es si las diferencias en el fenotipo cerebral de las personas trans
son el resultado de su propio desarrollo biológico, o
si por el contrario son la consecuencia del efecto del
ambiente. De nuevo, nature vs. nurture.
Lo que sí sabemos es que la identidad de género
es algo muy real y que tiene ese aspecto biológico. Y
de entre todos los ejemplos que se podrían dar para

Fig. 3. Representación de un rasgo de tipo bimodal. Aunque la mayor parte
de la frecuencia se presenta en dos puntos específicos de un espectro (puntos A y B), existen formas minoritarias intermedias que atestiguan una realidad diversa. Elaboración propia.

mostrarlo, tal vez el mejor es el del caso de bebés que
nacen con una patología llamada extrofia cloacal. Este
raro problema de salud sucede durante la embriogénesis y causa un desarrollo anómalo de la vejiga, que
se exterioriza. En el proceso, si el aparato sexual es
masculino, el pene queda completamente deformado
y, en ocasiones, incluso está ausente. El problema con
la vejiga se resuelve mediante una cirugía; sin embargo, el problema del pene en ocasiones se ha resuelto
mediante una cirugía reconstructiva y una reasignación de género. Personas que, naciendo como machos,
son anatómicamente redefinidos como mujeres y tratadas tanto legal como socialmente como tales. Algunas
de estas personas fueron objeto de estudio hace unos
años.
El caso es que, al crecer, algunas de las personas
vivían con una identidad sexual no definida, y más de
la mitad se autoidentificaban como hombres, es decir,
con un género distinto al asignado. Una proporción
distinta, muy superior a la que encontramos de personas trans en la población general. Los investigadores también anotaron que todos los sujetos, incluso
los que se identificaban como mujeres, presentaban

El ser humano es la única especie con individuos
que expresan homofobia, transfobia y otras
formas de odio contra la diversidad

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marcados intereses y actitudes que son socialmente
considerados masculinos. La baja cantidad de sujetos
hace que las conclusiones sean muy limitadas, pero a
la luz de estos hechos, el componente biológico en la
identidad de género es innegable —aunque tampoco
podamos afirmar que sea el único componente, claro.
La naturaleza es extraordinariamente diversa y
muy compleja. Es algo que los biólogos sabemos
bien. Raras veces encontramos en la naturaleza cosas que sean binarias, blancas o negras, cara o cruz.
Y pocas veces encontramos rasgos que tengan una
causa única; es más frecuente encontrar sucesos de
tipo multifactorial. Los seres humanos no dejamos de
ser animales. Animales que usamos smartphones, que
hemos pisado la luna y que bebemos leche envasada
en tetrabrik —ninguna de esas cosas es natural, por
cierto—. Pero animales al fin y al cabo. Y no somos
menos diversos ni menos complejos que cualquier
otro animal. El argumento de «natural» o «antinatural» no tiene sentido para designar que algo sea bueno o malo; la cicuta es natural, y las vacunas contra
el SARS-CoV-2 no lo son. Pero además, y al margen
de ese apunte, no hay nada de antinatural ni ninguna
violación a la biología en las personas trans ni en las
intersexuales, como tampoco lo hay en las personas
con orientaciones sexuales distintas a la que socialmente se ha considerado normativa. Y quien piense lo
contrario tal vez debería estudiar biología. Porque el

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ser humano es la única especie con individuos que expresan homofobia, transfobia y otras formas de odio
contra la diversidad. Y eso a lo mejor sí que debería
hacernos reflexionar.
Notas:
1 Villafañe VE, Blasco JA. «Hermafroditismo verdadero. Un caso 46XY/46XX». Patología Rev Latinoam
2011;49(2):138-140. https://www.medigraphic.com/pdfs/
patrevlat/rlp-2011/rlp112e.pdf
2 «Síndrome de insensibilidad a los andrógenos». MedlinePlus, consultado en mayo de 2021 https://medlineplus.
gov/spanish/ency/article/001180.htm
3 Joel, D. et al. «Sex beyond the Genitalia: The Human
Brain Mosaic». Proceedings of the National Academy of
Sciences of the United States of America 112, n.º 50 (15
de diciembre de 2015): 15468-73. https://doi.org/10.1073/
pnas.1509654112
4 Hahn, A. et al. «Structural Connectivity Networks of
Transgender People». Cerebral Cortex (New York, N.Y.:
1991) 25, n.º 10 (octubre de 2015): 3527-34. https://doi.
org/10.1093/cercor/bhu194
5 Santarnecchi, E. et al. «Intrinsic Cerebral Connectivity Analysis in an Untreated Female-to-Male Transsexual
Subject: A First Attempt Using Resting-State FMRI».
Neuroendocrinology 96, n.º 3 (2012): 188-93. https://doi.
org/10.1159/000342001
6 Fisher, A.D. et al. «Neural Correlates of Gender Face
Perception in Transgender People». Journal of Clinical Medicine 9, n.o 6 (3 de junio de 2020). https://doi.org/10.3390/
jcm9061731

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