La Gran Pirámide: ¡Vaya timo!

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SILLÓN ESCÉPTICO
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Sillón Escéptico
Esther Samper

Si escuece, cura: 50 malas prácticas de salud al descubierto
Ilustraciones de Mónica Lalanda
Ed. Cálamo. 2019

Una bofetada intelectual al que, sin ser sanitario,
se pensaba que tenía claros conceptos de la medicina
y del tratamiento de enfermedades típicas. Y es que al
final uno se piensa que sabe más de lo que realmente
sabe; recordemos que los señores Dunning y Kruger
siempre están al acecho.
Uno echa la vista atrás y se da cuenta de que menos mal que uno está bien de salud más allá de las
típicas enfermedades estacionales. ¡Vaya barbaridades cometía (cometo)! Ya sea por consejo de mi santa madre o por creerme Chimo Bayo con aquello de
«esta sí, esta no...» con la medicación.
Este libro de nuestra socia y amiga Esther Samper
nos hace un recorrido por el agua oxigenada, las medusas y las micciones, las pastillas de vitaminas, el
zumo de naranja para los resfriados, el anisakis, las
digestiones y el verano, las desagradables gastroenteritis (acabo de comprar suero oral para cuando me
toque no me pille desprevenido ni mi padre se empeñe en subirme el popular refresco), los bebés y sus
llantos, mucolíticos y jarabes, gripes y coger frío, etc.
Y aunque de algunas tenía constancia, otras me
cuestan discusiones con progenitores más habituados
a seguir el consejo que les dio el marido de su prima
hace 40 años (historia real) que lo que su hijo mal
recuerda de un libro.
Las pseudociencias nos inundan, pero la ingente
cantidad de mitos y malas prácticas que hay en salud
por la población general y por algunos profesionales
desactualizados también es preocupante.
P.D.: Haré un esfuerzo para que mi madre se lea
este libro.
Víctor Pascual

José Miguel Parra

La Gran Pirámide: ¡Vaya timo!

Editorial Laetoli, Pamplona, 2019. 424 páginas
Nada parece durar eternamente, salvo las pirámides y las tonterías
Sobre las pirámides, de entrada, cabe recordar que
es la única de las llamadas siete maravillas del mundo
antiguo que aún se mantiene en pie. Y que ya se las
tenía como monumentos procedentes de una época
muy remota (con dos milenios a sus espaldas) cuando
las otras seis, ya desaparecidas hace mucho tiempo,
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fueron erigidas. Se construyeron un par de miles de
años antes que el resto de las maravillas, y las han
sobrevivido otro par de miles de años. Una doble maravilla. Afortunadamente, aún durarán mucho más
tiempo. Al menos eso espero, si las tonterías no nos
ganan la partida.
Su construcción ha motivado la escritura a lo largo
del tiempo de numerosas obras. En la actualidad se
sabe muchísimo sobre ellas, y el libro del que hoy
hablamos es una muestra de ello, quizás en algún momento extremadamente precisa, que trata de mostrar
hasta qué punto se sabe con detalle lo que se sabe.
Más allá de las pirámides, el libro habla de todo el
mundo egipcio faraónico, con la crítica constante a la
argumentación pseudocientífica.
José Miguel Parra Ortiz, autor de una abundante
bibliografía, tanto de textos de investigación como de
divulgación sobre el mundo de la egiptología desde
una óptica científica, se adentra en esta ocasión en el
complejo mundo de tratar de explicar por qué creemos lo que creemos sobre el mundo egipcio de hace
cinco milenios, y por qué no son ciertas las afirmaciones fantasiosas de muchos autores con una cifra
de ventas de libros realmente asombrosa.
En este nuevo libro de la serie ¡Vaya Timo! vemos
cómo, tras una introducción sobre nuestra posible
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soledad en el universo y sobre una serie de falacias
pseudoarqueológicas, incluso con un capítulo dedicado a la mítica Atlántida, el autor entra más tarde en la
materia que da título al libro mostrando el origen de
la cultura egipcia y sus raíces ancladas en la prehistoria, la problemática de las dataciones hasta el año
664 a.C., cuando la interconexión entre culturas en el
Mediterráneo facilita las cronologías precisas por la
mayor cantidad de referencias cruzadas, el real desconocimiento exacto de lo que sucedió en el entorno
del Nilo en su época más remota, con el hallazgo actual incluso de nuevos faraones, y cómo todo se va
afinando lentamente gracias al buen trabajo de mucha
gente experta.
Saber muchísimo no es saberlo todo
Obviamente, no sabemos muchas cosas sobre el
tiempo y el contexto de la construcción de las pirámides, pero ser capaces de conocer cómo vivieron
personas hace casi 5000 años, qué hicieron, cómo lo
hicieron y porqué, qué tipo de enfermedades pudieron tener, y establecer hipótesis razonables sobre los
fragmentos que de aquella realidad nos han llegado
es un reto para los estudiosos que no siempre se valora de forma adecuada por los legos, que confunden
a veces los titulares impactantes y poco serios con
la verdad. En el mundo twitter, todo lo que supere
los 280 caracteres sin negritas, signos de admiración,
etc. no es probable que sea muy leído. Da igual que
sea cierto o no.
Es incontestable que aún hay muchas incógnitas
(¡las hay sobre la Guerra Civil, en España!) y es cierto que aún no se sabe con total exactitud cómo se
construyó la Gran Pirámide, como señala Parra (pág.
240), pero se conocen cada vez más detalles. El autor
señala cómo la información de papiros como los de
Wadi al-Jarf y algunos grafitos muestran cómo dicha
pirámide fue construida, tanto por dentro como por
fuera, por egipcios y egipcias de mediados del tercer
milenio de antes de nuestra era, sin ningún lugar para
dudas ni para la magia potteriana. Con el texto de
José Miguel Parra nos acercamos con detalle a los
conocimientos que ya se tienen, a la fuerza de los
datos científicos y a la transversalidad de las investigaciones con datos procedentes de muchas ciencias.
Los cuatro milenios y medio que nos separan del
momento de la construcción de las grandes pirámides
de la meseta de Guiza, las más famosas, han borrado u oscurecido muchos datos sobre las mismas, lo
que, de momento, no ha facilitado el poder tener la
información suficiente como para poder elaborar una
hipótesis comprobable al 100 % sobre cada detalle de
su construcción que permita resolver todos los problemas. Pero eso pasa siempre. Desde las excavaciones de Ampurias hasta las de Angkor.
Esa indeterminación o inseguridad sobre el modo
exacto de construcción de las pirámides egipcias ha
permitido que surgieran de la nada más absoluta una
cantidad notable (por el número, no por la calidad) de
teorías elaboradas por los llamados piramidólogos,1,
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que han elucubrado las hipótesis más absurdas sobre
su construcción y sobre la metodología usada para
ir subiendo y encajando los diferentes sillares en su
sitio. Las técnicas van desde el uso de la levitación
hasta la telequinesis, pasando por hacer participar en
su construcción, incluso, a alguna especie de marcianos arquitectos muy avanzados.
¿Aún hay dudas? Claro. Las habrá siempre, pero
cada vez sobre detalles más concretos. Y, como siempre pasa, las incertezas se pueden tratar de aclarar
mediante el análisis científico y el razonamiento lógico o, como muchos hacen, de cualquier manera. En
mi opinión, es recomendable siempre la primera forma. José Miguel Parra apuesta también por ella.
Pero los disparates no surgen por las dudas. Normalmente no es por eso. En realidad, sabemos que,
aunque se hubiera sabido perfectamente cómo se
construyeron las pirámides, tampoco se hubiera evitado que surgieran la mayoría de esas extrañas divagaciones absurdas y complicadas que algunos hacen,
con una leve apariencia de profundidad gracias al
empleo de términos científicos mal usados. Al fin
y al cabo, a lo largo del tiempo hemos ido viendo
que también ha sucedido lo mismo con otros muchos monumentos, como los de la isla de Pascua2 o
como el bajorrelieve tallado sobre la losa que cubría
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el sarcófago del rey Pacal, en Palenque3, cuyo caso
es también recordado al inicio de este volumen del
que hablamos.
Desde hace milenios, ni los dioses ni los magos
han sido necesarios para explicar nada
Y esa capacidad de ofrecer hipótesis razonables,
con los datos de los que se dispone, no es de ahora,
sino milenaria. Los dos textos no egipcios más antiguos que conservamos sobre su construcción, con
algo más de un par de milenios a sus espaldas, son
obra de dos autores que escribieron en griego, Heródoto de Halicarnaso y Diodoro Sículo. Un tercer escritor en griego, Estrabón, también habló brevemente
de ellas, pero sin indicar ninguna hipótesis acerca de
cómo se habían construido4. El autor romano Gayo
Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Viejo (siglo I), también escribió (en latín, lo que de por
sí para mí ya es un mérito) sobre las mismas, pero sin
dar datos tampoco sobre su construcción.
A ninguno de estos escritores, en ningún caso, le
hizo falta recurrir a hipótesis extravagantes, ni a dioses constructores, ni a trucos parapsicológicos ni, lógicamente, a los extraterrestres (no estaban de moda
aún en aquel tiempo ─como ya no lo están ahora, al
menos, de momento─) para explicar cómo se habían
levantado estas enormes edificaciones, auténticas

montañas artificiales, en el desierto. Alguno de ellos
pudo hablar de los míticos atlantes o de las amazonas
en otras partes de su obra, como hizo Diodoro, pero
sobre las pirámides nadie tuvo nunca la necesidad en
la antigüedad de formular hipótesis paranormales o
pseudocientíficas ante el logro de erigirlas, viéndolas
claramente como una gran y compleja obra humana.
Con menos medios técnicos que en el presente, la
erección de las pirámides maravillaba, pero se veía
factible su construcción por seres humanos convencionales, con hipótesis acerca de ello que sabemos
ahora que quizás no sean correctas, pero tampoco
motivo de risa.
Mirando hoy al mundo egipcio
Gracias al enorme trabajo que se ha desarrollado,
se sabe mucho de las pirámides. Como recordaba
José Luis Calvo en esta misma revista hace dieciocho
años, «conocemos el nombre (e incluso se conserva
su retrato) del que probablemente fue el arquitecto de
la Gran Pirámide, Hemiunu. Así mismo hemos descubierto a sus obreros. Los egiptólogos Zahi Hawass
y Mark Lehner han excavado su necrópolis y su poblado. Por desgracia para los propagandistas de las
teorías que involucran elevadas tecnologías y/o pueblos desconocidos, todo lo hallado se resume en una
sola palabra, normalidad» 5.
El presente volumen es una muy buena introducción al Egipto de los faraones, escrito de forma desenfadada, pero con rigor, y permite una cómoda lectura de los diferentes temas.
Alfonso López Borgoñoz

Rocío Vidal

¡Que le den a la ciencia!

Supersticiones, pseudociencias, bulos...
desmontados con pensamiento crítico
Penguin Random House. 2019. 256 páginas
Sinopsis
Homeopatía, chamanismo, reiki... muchas son las
terapias alternativas que promocionan algunas personas ─entre ellos varios influencers muy populares─
como si fuesen la cura definitiva, y real, de todos los
males. Sin embargo, como ha podido demostrar Rocío Vidal en sus videos, ninguna de la información
que se transmite sobre estas tiene estudios serios o
científicos de su veracidad.
De este modo, esta periodista y divulgadora científica ha comenzado una cruzada para destapar timos,
mitos y charlatanerías pseudocientíficas desde su canal de vídeos, La gata de Schrödinger. Y, a la vez,
para enseñarnos la importancia que tiene la ciencia
en la sociedad.
Crítica
El mundo de la ciencia y del escepticismo es endogámico, una espada de doble filo que nos ayuda
a identificar fuentes fiables de un solo vistazo y nos
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