EL AULA COMO CATALIZADOR DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

Sección: 
DOSSIER EL PENSAMIENTO CRÍTICO EN LAS AULAS
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Dossier

El aula como
catalizador del

pensamiento crítico  
Esther Márquez Fernández y Carlos Moreno Borrallo
Ágora International School Andorra

Un docente con pensamiento crítico duda en forma constante de lo
que sabe, no busca imponer verdades y debilita sus propios dogmas
Miguel Alberto González González

D

esde la escuela y los ámbitos educativos siempre incidimos en que preparamos a los alumnos para la sociedad que les toca vivir y queremos formar ciudadanos con valores que refuercen
nuestra sociedad. Asumimos la responsabilidad de
fomentar en ellos actitudes de respeto a la diversidad,
de lucha por que entre hombres y mujeres no existan
diferencias en derechos y deberes, y tratar de que la
empatía, el trabajo colaborativo y los valores democráticos sean pilares en sus vidas.
No parecen objetivos baladíes ni sencillos de lograr, a la par que presentamos una gran batería de contenidos en cada una de las materias. Sin embargo, es
una tarea fascinante e inspiradora.
Hay que destacar que, en la sociedad en la que vivimos, aparece un nuevo reto no menos importante
que los anteriores. En un mundo donde la información
está disponible para todos y en todo momento, surge
el problema de discernir entre la falsedad y las informaciones veraces y contrastadas. El filtro, esa herramienta de la que debemos dotar a nuestros alumnos,
es el pensamiento crítico.
Crítico proviene del griego y quiere decir ‘el que
separa lo bueno de lo malo’, es decir, el que tiene criterio; y solo se puede llegar a ello desde el análisis, la
reflexión y el conocimiento.
Si queremos formar ciudadanos libres, tenemos
que definir qué es la libertad, palabra utilizada con demasiada frivolidad. La libertad la define la RAE como
la facultad de las personas a obrar o no obrar de una

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u otra manera, siendo responsables de nuestros actos.
Bajo nuestro punto de vista de docentes desde hace 20
años, para poder tomar decisiones desde la libertad es
imprescindible el conocimiento riguroso sobre lo que
queremos decidir. No podemos sentirnos libres, aunque tomemos decisiones propias, si somos engañados,
manipulados o basamos nuestros criterios en premisas
falsas o falaces.
Para llevar a cabo la Revolución industrial se necesitó de un tipo de trabajadores especializados en pequeñas tareas repetitivas, donde el trabajo en cadena
era el más eficaz para los objetivos marcados. Hoy
no debemos diseñar alumnos obedientes y sistematizados; el futuro inminente requiere de trabajos de colaboración, donde la creatividad y la visión global de
las situaciones sean las líneas para seguir.
Y todo ello pasa por trabajar desde niños la búsqueda de la veracidad en la sociedad de las informaciones
fake en internet, de los errores en los medios de comunicación por la inmediatez de cada noticia; incluso
de grupos que, muy bien organizados, diseñan y viralizan en las redes informaciones falsas e interesadas.
La reflexión crítica ha de ser la primera de nuestras
actitudes para la búsqueda de la verdad. Los adultos,
y con mayor responsabilidad los docentes, hemos de
crear estrategias para ese desarrollo personal. Es nuestra obligación que el diagnóstico médico esté muy por
encima de opiniones más o menos espirituales y estimulantes de personas sin formación sanitaria; no podemos permitir que la repetición de ideas absurdas se
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conviertan en realidades en nuestras vidas y entornos.
Y debemos estar en primera línea para exigir a nuestros representantes públicos y periodistas que asuman
su responsabilidad y hagan uso de su propio pensamiento crítico para no hacer recomendaciones ridículas y peligrosas acerca de las vacunas, el consumo de
leche cruda o el tratamiento del autismo, el ébola o la
malaria con desinfectantes industriales.
Una sociedad crédula no es una sociedad madura.
No podrá avanzar tecnológicamente, pero tampoco
podrá hacerlo desde un punto de vista ético y moral.
Sócrates ya decía: «el conocimiento os hará libres»,
y lo expresaba desde el convencimiento de que es el
único camino hacia la evolución personal y hacia una
verdadera libertad individual y colectiva.
Todos conocemos en nuestro entorno personas que
actúan desde el convencimiento en una idea que no
surge de la reflexión ni de la comprobación, sino de la
intuición y la creencia, y sus expresiones siempre se
basan en la no discusión de hechos infundados. Son
actos de fe y no se ponen en duda. Ejercen su «libertad» sin demostraciones, sin dudas, desde el convencimiento absoluto que sale de las entrañas y no desde
la razón.
Fomentar y desarrollar el pensamiento crítico no
puede hacerse en un día ni en un mes, ni tampoco
en un año; necesitamos una vida entera. Y tampoco
puede hacerse desde un único ámbito de la sociedad:
necesitamos que la historia, la medicina, la economía,
la física, la filosofía y el resto de disciplinas apuesten
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por que quienes ahora son niños o jóvenes sean en el
futuro líderes basados en criterios rigurosos y en opiniones fundamentadas.
La democracia no es solo votar, es también dotar
a nuestros niños de todas las oportunidades y herramientas para no ser engañados o manipulados. Esa
también es labor de los docentes.
¿Y por qué desde el aula? Porque es el ámbito propicio para la indagación, para el contraste de opiniones y estrategias, y porque los niños pasan ocho horas
diarias en los colegios.
¿Cuándo empezar? Cuando nacen. ¿Cómo hacerlo? Podemos comenzar desde las imágenes más cotidianas, como son las constantes noticias de facebook,
twitter o instagram, siguiendo por el bombardeo publicitario y avanzando en la televisión y el cine. Son
inputs muy potentes, porque los reconocen claramente y nunca se han parado a hacer un análisis de la información que reciben de ellos:
● Si un champú se anuncia como pH neutro 5.5,
¿qué quiere decirnos? ¿Es este un pH neutro realmente? ¿Qué son las teorías de Arrhenius y BrönstedLowry?
● Si una sal se nos encarece en su precio por tener
la etiqueta «NO MODIFICADA GENÉTICAMENTE», ¿compramos en libertad sin preguntarnos qué
genoma hubiesen podido modificar en una sustancia
inorgánica como el cloruro sódico?
● Si una médica reconvertida a escritora de éxito
nos vende su libro de recetas contra el cáncer adu27 el escéptico

ciendo los milagros de la alcalinidad de algunos alimentos, ¿no deberíamos preguntarnos cómo funciona
nuestro organismo antes de lanzarnos a la salvación
del jengibre o la cúrcuma? ¿No deberíamos conocer
cómo se regula el pH del organismo?
● Y si nos cobran 40 euros por una sesión con imanes para equilibrar nuestros canales energéticos, ¿deberíamos preguntar al falso terapeuta que nos explique
cómo el campo magnético empleado modifica la membrana celular para mejorar el intercambio iónico?
Definitivamente, sin pensar —y no hace falta añadir críticamente— estamos mucho más expuestos al
engaño y la manipulación. Los pequeños análisis de
hoy nos llevarán a las ideas profundas e importantes
para futuros desarrollos de los individuos y, por ende,
de la sociedad en su conjunto.
Si hacemos permanentemente incidencia en lo importante de prepararnos para la nueva sociedad, los
profesores de cualquier nivel debemos dar ese paso
al frente que se requiere para tan elevado objetivo, y
que empieza por que cada uno de nosotros aporte un
granito de arena al desarrollo del pensamiento crítico.
Ese grano de arena que, sumado con el de nuestros
compañeros, hará de ellos algo más coherente e integrado y diseñará una sociedad más justa, más libre y
más desarrollada tecnológica y humanamente.
Pero hemos de ser tan cuidadosos y rigurosos como
exigimos, y no caer en los mismos errores que queremos corregir. No podemos ser dogmáticos: para desarrollar la reflexión, no podemos plantear preguntas
cerradas; para favorecer la indagación, no podemos
imponer ideas sin argumentación.
Nuestra propuesta particular y al alcance de todos
es generar grupos de trabajo y analizar informaciones
muy cercanas a la sociedad en general y los alumnos
en particular. La predisposición a discriminar estas
informaciones es tan solo el primer paso para pensar
críticamente; después vendrá una fase de búsqueda de
información. Esta es la más importante, pues podemos
caer de nuevo en fuentes intoxicadas, por eso es muy
importante estudiar las fuentes, comprobar que quienes escriben tienen una formación suficiente para ello,
ver si hay instituciones de prestigio reconocido detrás
y realizar una pequeña investigación para interiorizar
la sana costumbre de contrastar las informaciones con

diversas fuentes, a ser posible de tendencias diferentes. Y finalmente llega la etapa más complicada: el
período de análisis de la información, el momento de
descartar la información detectada por no fidedigna y
el de crear una opinión propia.
Finalmente, sería bueno que fuesen capaces de expresar a sus compañeros sus conclusiones, en un blog
o en un canal de YouTube, insistiendo siempre en que
han de estar sustentadas con argumentos racionales y
no con fundamentos dogmáticos.
Decía Fernando Savater, haciéndose eco de un antiguo dicho, que para educar a un niño hace falta un
tribu entera. Siguiendo con este hilo, para plantear,
desarrollar y asentar el pensamiento crítico en nuestros alumnos es necesaria la complicidad de todo el
sistema educativo. Pero no podemos esperar que las
directrices surjan de las altas instancias; hemos de tomar la iniciativa y comenzar a trabajar desde nuestra
aula, como profesores y convencidos de que es nuestra responsabilidad para con la sociedad en general y
con nuestros niños en particular.
La primera piedra en el camino es saber si los profesores en su conjunto creen importante esta tarea, y
la segunda es ver si estamos exentos de prejuicios,
creencias irracionales o ideas no basadas en argumentos. Y es que, así como un docente no puede transmitir
pasión por lo que enseña si él mismo no la tiene como
actitud primordial, ni puede inculcar valores de solidaridad si no es solidario, tampoco podrá fomentar el
pensamiento crítico si este no es un claro estandarte
de su forma de pensar y actuar.
Desde el ámbito científico contamos con el soporte que siempre va en paralelo al pensamiento crítico,
que no es otro que el método que nos obliga a seguir
unos pasos de observación, información, reflexión y
posterior análisis y emisión de conclusiones, pero ello
no indica que desde cualquier área no sea igualmente
importante seguir un método para la búsqueda de lo
veraz.
Por eso es fundamental trabajar desde todos los
ámbitos del conocimiento, como la Economía para
ser capaces de evaluar la información que va desde el
pago de la hipoteca a los impuestos e intereses bancarios; la Historia, para conocerla desde distintos puntos de vista y no desvirtuar nuestra identidad como

La democracia no es solo votar, es también dotar a nuestros niños de todas las oportunidades y herramientas para
no ser engañados o manipulados.

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ciudadanos; pasando por la Física y sus leyes conocidas, demostrables y reproducibles que nos desvelarán,
desde el conocimiento, qué tipos de ondas existen,
cuáles son un riesgo contra la salud y cuáles no, sin
generar confusiones malintencionadas, sin sembrar
el miedo infundado o que simplemente nos harán un
poco más inmunes al engaño y la manipulación.
La Filosofía, la esencia de la búsqueda de verdades, de la reflexión y el pensamiento en su más puro
estado, tiene mucho que aportar a las nuevas generaciones donde el cuidado de la espiritualidad no puede
convertirse en tiranía, abrazando cualquier ridícula
invención «holístico-emocional». La Química, capaz
de los cálculos más rigurosos, herencia de Antoine
Lavoisier, ha de desenmascarar los conceptos de diluciones infinitas relacionados con potentes brebajes
mágico-curativos por principios activos inexistentes.
La Matemática, una disciplina que se rinde al pensamiento abstracto para llegar a desarrollarse en lo
más concreto es un fuente inagotable de inmunidad
ante la creencia, y una vacuna eficaz contra la irracionalidad. Sin dejar de lado la Biología capaz de explicar el comportamiento celular sin la necesidad de
ideas peregrinas como la alcalinización alimentaria o
el regreso al consumo de leche cruda y sus riesgos de
infección. La Psicología, que como ciencia aporta terapias contrastadas y avaladas que no pueden admitir
que cualquier desalmado sin conciencia pueda relacionar la enfermedad del cáncer con nuestras emociones, convirtiéndonos en culpables de nuestra propia
enfermedad.
Y, cómo no, la Lengua, nuestro sistema de comunicación, rico en matices y expresiones que nos han de
llevar tan lejos en los significantes como en los significados, velando por la coherencia del discurso y por
la reflexión previa al mismo.
Con esto queremos decir que es una labor de equipo; mejor dicho, es un trabajo colaborativo, como
ahora nos gusta pedir a nuestros alumnos. Hemos de
diseñar una fuerte red de conocimientos y una férrea
actitud de análisis que impida que la creencia, la intuición o el pensamiento mágico se apoderen de nuestra sociedad, cuyos avances más importantes siempre
tuvieron su nacimiento en la razón y el pensamiento
libre.

Las competencias clave entraron en nuestro sistema educativo hace años, y en ello seguimos. Asumir
las competencias son un objetivo que en su fin conlleva hacer ciudadanos competentes. Pero, ¿es competente el alumno que conoce las estructuras gramaticales del inglés, o quien habla y escribe en inglés con
fluidez? ¿Es competente el alumno que sabe resolver
ejercicios de reacciones ácido-base, o quien es capaz
de poner en duda los efectos del bicarbonato sódico
sobre la sanación de graves enfermedades? ¿Ser competente es conocer las reglas del baloncesto, o jugar
al baloncesto?
De la misma manera, la repetición de contenidos
sin el profundo trabajo de la indagación y el pensamiento crítico no nos llevará a formar alumnos competentes.
Robert Osserman, profesor de la Universidad de
Stanford y director del Mathematical Sciences Reserch Institute, decía en su libro La poesía del universo que para poder disfrutar de la belleza del mundo
submarino, de sus arrecifes y sus colores debemos
sumergirnos y bucear bajo las aguas. Pero tendremos
una visión borrosa, a menos que alguien nos proporcione unas gafas de buceo, y así el paisaje submarino
se mostrará en su máxima belleza. Asimismo, con esta
visión tan nítida, el cerebro permite un funcionamiento de nuestra imaginación más allá de sus límites naturales.
Osserman se refería a las matemáticas como la herramienta maravillosa capaz de obrar ese prodigio,
pero nosotros pensamos que también es aplicable al
pensamiento crítico y la cultura científica, que nos
permitirán disfrutar mucho más de lo cotidiano y llegar más lejos de lo que ven nuestros ojos. Mirar con
la razón nos aportará nuevas ópticas, más bellas y más
cercanas a la realidad.
De modo que uno de los más elevados objetivos
debería ser instaurar en las nuevas generaciones, en
los niños y adolescentes, esas gafas de buceo como
algo natural, que los acompañe en sus vidas y que permitan que la curiosidad marque sus caminos y que el
pensamiento racional los guíe e impida que caigan en
el abismo de la sinrazón.
Y todo comienza en un aula.

Para plantear, desarrollar y asentar el pensamiento crítico
en nuestros alumnos es necesaria la complicidad de todo el
sistema educativo.

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