BLW, ACS, ACD? NI COCHES, NI FRENOS NI ROCK UN MÉTODO NO LIBRE DE DUDAS PARA QUE LOS NIÑOS APRENDAN A COMER SOLOS ALIMENTOS SÓLIDOS

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ANUARIO 2018
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BLW,
ACS, ACD:

ni coches, ni frenos ni rock
Carlos Casabona
Médico Pediatra

Un método no libre de dudas para que los niños aprendan a
comer solos alimentos sólidos

L

as modas son caprichosas y tal como vienen se
van, pero algunas corrientes o tendencias no
siempre pueden ser consideradas como pasajeras, ya que en realidad siempre han existido, en mayor
o menor medida, o simplemente se les ha denominado
de manera distinta; porque poner un nombre (y hasta
apellidos) a algo siempre ha gozado de popularidad.
Hoy día no hay foro de internet o grupo de whatsapp de madres en los que el término BLW (BabyLed-Weaning) no esté presente. En líneas generales,
es algo tan sencillo como el no dar papillas ni usar
la cuchara en las primeras etapas de la alimentación
del bebé. Algunas critican a las que no lo hacen de
manera correcta y todos los días; otras refieren miedos atávicos para no modernizarse y estar a la última
en nutrición infantil y, más específicamente, en la alimentación durante los dos primeros años de vida. ¿Es
verdaderamente algo novedoso? ¿Es una revolución
en dietética infantil? ¿Es peligroso porque pueden
ahogarse? ¿Cogerán anemia? ¿Crecerán menos? ¿Es
de familias progres y «neojipis»? Muchas preguntas a
las que tendremos que contestar.
En el año 2008, Trucey Murkett (periodista y escritora) y Gill Rappley (auxiliar sanitaria, matrona y
asesora de lactancia materna) publicaron un libro, traducido ya a veinte idiomas, basado en la experiencia

el escéptico 38

de Gill, quien durante trabajó años alimentando a muchos bebés en un centro sanitario, sobre cómo darles
de comer de manera que la comida fuera un momento
de mayor contacto emocional con el bebé, que estimulara su autonomía a la hora de escoger alimentos
y la forma y velocidad con que ellos mismos decidieran comerlos. Gill concibió el término allá por el año
2002, basándose en un antiguo trabajo de 19281 en el
que la Dra. Davis hizo un pequeño estudio con niños
que escogían lo que querían de entre comida saludable sólida, leche y papillas. Gill Rippley comenta este
trabajo:
Cada niño había optado por una combinación de
alimentos personal e impredecible y no había nada
que se pareciera ni muy remotamente a una dieta estándar. Por ejemplo, algunos habían decidido comer
mucha fruta, mientras que otros preferían la carne;
los atracones o las fijaciones con un alimento concreto eran frecuentes (al parecer, un niño se comió siete
huevos en un mismo día), pero todos se habían mostrado dispuestos a probar alimentos que no conocían
previamente. Y ninguno optó por la dieta basada en
cereales y leche que, supuestamente, era la adecuada
para los bebés. El motivo por el que los bebés estaban
tan bien alimentados podría atribuirse a que solo se
les había proporcionado comida nutritiva y sin proceAnuario 2018

sar: no había nada rico en grasas o en azúcar.
Gill Rapley tiene ahora tres hijos, que siguen comiendo solos, y vive en Kent; mientras que Trucey,
residente en Londres, solo tiene una niña que también,
según dice la madre, siguió el método BLW. En noviembre de 2010, y alentadas por el tremendo éxito
cosechado, sacaron a la luz un libro con recetas basado en el mismo método: The Baby-led Weaning Cookbook. En agosto de 2017 acaban de sacar el tercero
de una saga que promete más episodios que Star Trek:
The Baby-led Weaning Quick & Easy Recipe Book.
¿Qué significan realmente las siglas BLW? Corresponden a la expresión inglesa Baby-Led-Weaning,
término que tuvo éxito allá por el año 2008 y que todos los traductores de revistas para padres y de artículos científicos dejaron sin traducir respetando el
original, no sabemos si por respeto o por la intrínseca
dificultad que entrañaba su correcta traducción, aunque realmente hubiera que buscar en un mal bautizo
original lo que realmente querían transmitir las autoras. En la edición española (enero de 2012) se tradujo
por la locución «El niño ya come solo», y a lo largo de
todos los párrafos del libro figuran las siglas ACS con
el significado de ‘Aprendo a Comer Solo’. La traducción literal de BLW sería algo similar a «destete guiado por el bebé», aunque en inglés la palabra weaning
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no tiene el mismo sentido que para nosotros; muchos
autores han preferido traducirla como ‘alimentación
complementaria a demanda’ (ACD), ‘alimentación
complementaria guiada por el bebé’ o ‘alimentación
complementaria autorregulada o autodirigida’, términos que también suelen usarse como sinónimo de
ACS/BLW, puesto que este método intenta, sobre
todo, que la lactancia materna (o la de fórmula en su
defecto) siga siendo la principal fuente de alimento
durante el segundo semestre, lo que entra en conflicto
con la palabra destete, y así se ha transmitido a toda la
literatura que ha aparecido en estos últimos años. En
algunas publicaciones se pueden encontrar términos
como son ablactación y beikost como sinónimos de
alimentación complementaria; el primero, afortunadamente, es muy poco usado y se parece demasiado al
nombre de ablación, salvaje práctica cada vez más en
desuso en algunos pueblos; la denominación beikost
es también algo desagradable, aunque tuvo amplia
aceptación en publicaciones académicas pediátricas
entre los años sesenta y noventa. Carlos González,
influyente pediatra y escritor de auténticas «biblias»
pediátricas, ya nos decía en el año 1999, en su primer
libro, Mi niño no me come (volveremos a hablar de
él): «Libérese de los triturados».
El ACS/BLW va indisolublemente unido a un
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concepto que genera polémica y ríos de tinta entre
dos tendencias: la Espghan2 que recomienda iniciar
la alimentación complementaria a los cuatro meses,
edad en la que precisamente, por lo menos en nuestro
entorno, la madre debe volver a trabajar; y otras entidades como la OMS, Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), la Academia Americana
de Pediatría, la Asociación Española de Pediatría y la
Generalitat de Cataluña (a través del documento Guía
de 0 a 33 recientemente publicado en diciembre del
2016), que recomiendan no dar nada que no sea leche
materna hasta los seis meses. Es imprescindible, a este
respecto, leer el libro Se me hace bola del reconocido
dietista-nutricionista Julio Basulto, que profundiza en
estas cuestiones.
Debido a que antes de los seis meses pocos bebés
tienen un nivel adecuado de desarrollo psicomotor
para que cojan por sí solos comida o traguen sólidos
(por el reflejo de extrusión que provoca la expulsión
de la comida al entrar en contacto con la primera porción de la lengua, como barrera defensiva para evitar que el alimento vaya hacia la parte posterior de
la boca y provoque el ahogamiento), defender que el
bebé puede ya tomar «algo» distinto a la leche materna pasa por dar con una cuchara papillas finamente trituradas, sin que el lactante pueda participar en
la manipulación, elección del alimento o cantidad.
Casi siempre, esta prematura introducción de sólidos
ultratriturados va ligada a la administración de papillas industriales con azúcares añadidos o con cereales
dextrinados/hidrolizados, con la desventaja de que la
predigestión de los hidratos de carbono presentes en
todo este tipo de preparados da un sabor dulce que
poco o nada va a ayudar a aceptar en el futuro alimentos con sabores diferentes, como las verduras o
las legumbres. El hecho de que la industria alimentaria publicite este tipo de harinas con alegaciones de
salud que hacen presumir conveniente y necesario su
consumo para el crecimiento del bebé, y con frases

que expresan claramente que están dirigidas a bebés
a partir de cuatro meses, provoca lógicas dudas que
entran en contradicción con las posturas más consensuadas, según hemos visto.
El ACS/BLW propone ofrecer, como alimentación complementaria, alimentos enteros con un tamaño y forma que sean fácilmente manipulables por el
bebé. Es recomendable comenzar con trozos grandes,
del tamaño del puño del bebé y un poco más; lo que
sobresale del puñito va a ser lo que comerá, roerá o
chupará. Es muy probable que este método con tantos
nombres lleve con nosotros desde el mismo inicio de
nuestra especie, por lo que hablar de él como algo revolucionario o moderno no deja de ser curioso. Solo
tenemos que pensar en que antes de que existieran las
batidoras, la industria y la publicidad, la boca y las
manos de los padres de nuestros bebés antepasados
harían lo necesario para que sus criaturas, cuando
comenzaban a mostrar sus primeras piezas dentarias
sobre los 7-9 meses (etapa que coincide precisamente
con la adquisición del nivel adecuado de desarrollo
psicomotor para coger un alimento con la mano y llevárselo a la boca), tuvieran algo distinto a la leche de
su madre para comenzar a diversificar su dieta. Así
pues, lo habitual siempre ha sido dejar que los bebés
se lleven a la boca diferentes alimentos en porciones
no demasiado grandes ni peligrosas cuando están a su
alcance y pueden estirar el brazo con puntería, abrir
la mano, cogerlo, darle vueltas, olisquearlo, pasearlo
por la boca de tal manera que se mezcle bien con la
saliva (abundante en estos meses), masticarlo con las
encías y tragarlo. El objetivo es más educacional que
nutricional, esto es, conseguir que el bebé disfrute de
aromas, texturas y sabores auténticos, sin que difieran
mucho de la comida hecha para todo el núcleo familiar. En este sentido, es muy común la frase —tantas
veces oída en consultas de pediatría— : «Es que triturado y con cuchara, le meto más comida y consigo que
se lo coma todo». Es curioso conocer que en algunos

Es probable que este método lleve con nosotros desde el
inicio de nuestra especie, por lo que hablar de él como algo
revolucionario o moderno no deja de ser curioso.

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Fuente : El paso de la teta a la mesa sin guión escrito. Baby Led Weaning: ventajas, riesgos. Espín Jaime B, Martínez Rubio A.5

estudios se ha constatado que algunos bebés que han
elegido por sí mismos los alimentos saludables que se
les ha puesto a su alcance han rechazado, precisamente, aquellos que posteriormente les hubieran producido intolerancias o algún tipo de alergia.
Del mismo modo, también es importante señalar
que retrasar la introducción de sólidos por encima de
los 9-10 meses puede resultar en una peor aceptación
de los mismos y la posterior aparición de trastornos de
conducta alimentaria en forma de rechazo a alimentos
sólidos hasta los 3-4 años de vida, de tal manera que
solo admitan purés y papillas, y una pequeña gama
de alimentos. En estos casos se debe evitar forzar y
empujar al niño a que coma sólidos, si ha sido un hábito desarrollado, promocionado e inculcado por la
misma familia en esas primeras e importantes etapas
del aprendizaje. Sería como enseñar a empuñar una
raqueta de tenis durante un año de una manera para,
pasados unos 18 o 24 meses, decirle al jugador que
tiene que cambiar dicha empuñadura. Sea cual sea la
manera de alimentarse a la que el bebé/niño se haya
adaptado, la paciencia y el ambiente relajado y tranquilo en la hora de las comidas, respetando además el
apetito del niño, son armas eficaces para que no haya
conflictos. Y si de todas maneras el niño no quiere
comer sólidos durante varios años… tampoco pasa
nada, ya los comerá; aún no se ha visto un chaval de
15 años que no se capaz de comerse un bocadillo.
El que debe marcar la pauta para saber cuándo comenzar con los primeros sólidos es el bebé y, aunque
nos gustan los números pares, y por ello se ha establecido en los 6 meses, casi simbólicamente y de una
manera práctica porque coincidía con la visita programada al pediatra para una revisión en la que se incluía
la tercera dosis de la vacuna hexavalente en casi todos
los calendarios vacunales (entre el 2016 y el 2017 ya
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no hay vacunas a los 6 meses en el calendario vacunal español, finalmente consensuado entre todas las
CC.AA.), la realidad es que ese momento estaría más
cerca de los 7-8 meses, edad en la que la inmensa mayoría de bebés (96 % en el estudio de Carruth4 del
2004), es capaz de empuñar comida. La filosofía que
impregna el método ACS es conseguir que el lactante
pueda participar de una manera más activa en su alimentación para lograr una integración temprana a las
rutinas alimentarias del núcleo familiar.
Debemos considerar ciertas premisas para que el
ACS/BLW pueda implementarse: 1) adquisición de la
sedestación, esto es, asegurarnos de que el bebé esté
sentado y erguido mientras come (sin inclinarse hacia
atrás); 2) dejar que se alimente con su propio ritmo
cuando pueda coordinar las manos, de manera que
sea capaz de manipular y explorar objetos, además de
mostrar capacidad para discernir entre los tamaños y
las particularidades de orden físico (rugosidad, rigidez, dureza, temperatura…) de los mismos; 3) adquisición de funciones motoras orales para manejar de
forma adecuada movimientos masticatorios subiendo
y bajando la mandíbula para romper los alimentos
blandos y movilizar la lengua de manera lateral a ambos lados para que la comida se desplace alrededor de
la boca y llevarla a la parte posterior con el objetivo
de ingerirla; y 4) mantener en todo momento el contacto visual con el bebé.
La asfixia del bebé con alimento sólido alojado en
la vías aéreas es una de las principales preocupaciones que ocasiona el ACS/BLW, pero se debe explicar
que, en los estudios realizados, no se ha visto una incidencia superior a la de grupos de bebés alimentados
con métodos tradicionales. Sí que se ha observado en
algún estudio una mayor presencia de náuseas o arcadas, pero no asfixia. La náusea consiste en el reflejo
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por el que se «cierra» la garganta a la vez que se empuja al exterior el alimento con la lengua.
No obstante, las familias deben tener en cuenta
que, sea cual sea la manera de alimentar a sus bebés,
la posibilidad de asfixiarse con un cuerpo extraño
siempre está presente y puede suceder tanto con alimentos como con diversos objetos. Por ello, la vigilancia estricta del pequeño debe regir el día a día de
la familia, ya que los accidentes suponen la primera
causa de mortalidad en los primeros años de vida, incluyendo el tiempo en el que se alimentan. En cuanto
a los alimentos que más peligro tienen de alojarse en

las vías aéreas y provocar asfixia podemos citar: frutos secos enteros, uvas y cerezas enteras, polvorones,
migas grandes de pan, caramelos, patatas chips, tomates cherry, olivas, palomitas de maíz, salchichas enteras, galletas de arroz o de maíz, guisantes, frutas con
semillas (si no se han retirado), y en general cualquier
alimento crudo y duro, como zanahorias y manzanas
(sobre todo si está cortado en forma de monedas) o
fruta que no esté madura. En general, se recomienda
no dar alimentos que no se puedan aplastar contra el
paladar con la lengua, ser chafados con las encías o
que formen trozos largos y fibrosos que no pueden

El objetivo es más educacional que nutricional: conseguir
que el bebé disfrute de la comida hecha para todo el núcleo
familiar.

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ser troceados a pesar de ser chupados o masticados,
p.ej. trozos de carne alargados o espárragos. El tamaño debe ser superior al puño del bebé por lo menos en
un lado del alimento, y no desmigarse en el interior
de la boca.
Lo que se debe considerar es que no es lo mismo
asfixiarse que atragantarse, como dice muy claramente el pediatra Carlos González en su famoso libro,
best-seller traducido a diversas lenguas, Mi niño no
me come:
Se atragantará, seguro. Lo mismo que, cuando
empiece a caminar, se caerá. Y se volverá a levantar. Una cosa es atragantarse y otra es ahogarse.
Atragantarse significa que la comida se queda enganchada a medio camino hacia el estómago [...] Todos
nos atragantamos de vez en cuando; los niños están
aprendiendo a comer, y se atragantan más. Simplemente hacen un esfuerzo, o tosen o carraspean, o hacen ruidos extraños, y se acaban de tragar el trozo, o
lo echan, y luego se lo vuelven a tragar. A esta edad
normalmente se atragantan y se quedan tan tranquilos y siguen comiendo. Lo intentan una y otra vez, no
se asustan, no se rinden. [...]
Ahogarse, en cambio, significa que la comida se
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va hacia el pulmón. Eso ocurre casi exclusivamente
con alimentos duros y redondeados: cacahuetes, avellanas, pipas, almendras, caramelos…al irlos a morder pueden salir disparados y meterse en la tráquea.
[...] Algunos alimentos especialmente duros, como
zanahorias crudas [...] pueden dar problemas porque
se parten en trocitos pequeños y duros.
Los síntomas que nos están diciendo que el bebé se
está asfixiando o ahogando serían los siguientes:
l Imposibilidad para llorar o hacer ruido.
l Tos débil e improductiva.
l Sonidos suaves o chillones al inhalar.
l Dificultad para respirar: las costillas y el pecho
se retraen.
l Color cianótico (azulado o morado) de la piel.
l Pérdida de consciencia, si no se soluciona la obstrucción.
En este caso, se debe seguir una serie de pasos que
vienen muy bien detallados en el Anexo 6 del libro Se
me hace bola de Julio Basulto, página 219.
Precisamente para intentar conocer si el riesgo de
asfixia es superior en los bebés alimentados con el
método ACS/BLW, en un estudio realizado en Nueva
Zelanda idearon un método que denominaron Bliss
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(Baby Led Introduction to SolidS)5 en el que daban
al grupo de intervención información oral y escrita para reconocer y manejar la asfixia y las arcadas,
además de cómo hacer, si llegaba el caso, la resucitación cardiopulmonar, dejando libertad a los padres
para volver a preguntar sobre el tema a lo largo del
estudio. Curiosamente, el acrónimo que han elegido
los autores, Bliss, también corresponde en la misma
lengua inglesa a un sustantivo que podría traducirse
por ‘felicidad, deleite, júbilo, dicha, gozo, bienaventuranza’… vamos, lo que debe de sentir el bebé al que
le dejan manosear y mordisquear comida real y no papillas o mejunjes ultratriturados que llevan en su composición de seis a diez ingredientes como mínimo. La
manzana cruda fue el alimento que más se asoció a
episodios de asfixia: un bebé en el grupo Bliss y 11 en
el grupo control. De todas las maneras, hay que hacer
notar que en el estudio encontraron más problemas
con alimentos o líquidos que no están en las listas habituales del método ACS/BLW o el Bliss (hasta un
77%); así, señalan dos casos que necesitaron ingreso
por asfixia con leche en vez de con alimentos sólidos. El tercer ingreso sucedió en el grupo Bliss por no
respetar las «normas», al introducir el cuidador en la
boca del bebé el alimento sólido. Es muy conveniente evitar que los niños pequeños, no solo los bebés
que ya caminan, coman mientras están en movimiento
(mientras corren o juegan), riendo a carcajadas, tumbados, dormidos, ni cuando están en el interior de un
vehículo (no podemos estar atentos a sus movimientos o a su conducta, ni podemos parar bruscamente
para ayudarle si está asfixiándose).
Además de no tener mayor riesgo de asfixia6, los
bebés alimentados mediante el método ACS/BLW no
han presentado diferencias con otros grupos de bebés
en marcadores como el riesgo de anemia, la tasa de
crecimiento o el peso corporal (ni por exceso ni por

defecto), como sugieren la doctora Rachael Taylor y
otros en la revista JAMA Pediatrics en un reciente estudio7 de septiembre de 2017. Para evitar la anemia,
se debe ofrecer a los padres una lista de alimentos que
contengan cantidades apreciables de hierro (legumbres, huevos, frutos secos triturados o en crema, pescado y mariscos, carne, hígado…). Muchas veces, al
seguir el ACS/BLW se suele ofrecer sobre todo fruta
y verduras cocidas, pues muchos padres creen que son
imprescindibles, el bebé las coge y maneja con facilidad y además se preparan muy fácilmente. La fruta
y la verdura suelen tener poco hierro y poca energía.
Son sanas, pero no son la base de la alimentación en
los 18 primeros meses de vida; de este grupo es conveniente ofrecer alimentos con mayor densidad energética: plátano, pasta, aguacate, cereales fortificados
con hierro (conviene mirar bien la etiqueta para evitar
que lleven azúcares añadidos o dextrinados para que
sepan dulce), patata, boniato, calabaza… Se deben
evitar las espinacas y otras verduras de hoja verde
(acelgas, borrajas) durante el primer año por el riesgo
de metahemoglobinemia, trastorno que afecta a la distribución de oxígeno al cuerpo por parte de las células sanguíneas adoptando la piel un color azul-violeta
(cianosis), que advierte de la alteración, aunque si se
opta por ofrecerlas, se pueden dar en pequeñas cantidades (que no superen el 20% del plato y de manera
esporádica). También es importante no dar durante
los 2-3 primeros años pescados azules grandes como
atún, emperador, pez espada… por su elevado contenido en mercurio.
Ventajas generales del método ACS/BLW
1) Se remarca la importancia de mantener la lactancia materna exclusiva durante los 6 primeros meses, además de subrayar que durante todo el primer
año seguirá siendo la fuente primordial de alimento.

La asfixia del bebé con alimento sólido es una de las principales preocupaciones, pero no se ha visto una incidencia
superior a la de grupos de bebés alimentados con métodos
tradicionales.

el escéptico 44

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Cristina Peri Rossi. Foto: Wikimedia

La alimentación con leche de fórmula no tiene la variación de sabores que ofrece la lactancia materna y
hace que el lactante tenga un papel pasivo en la regulación de la cantidad de alimento que toma, algo que
el ACS/BLW intenta evitar.
2) Es más probable que el bebé adquiera hábitos
de alimentación saludables e interiorice las señales
internas de hambre y saciedad con mayor exactitud
que los niños alimentados con cuchara y triturados.
Se evita así que el bebé sea forzado a comer y suele
aceptar mejor las distintas texturas, sabores y aromas
de alimentos poco procesados, similares a los que la
familia toma en la casa.
3) Se potencia el desarrollo psicomotor del bebé en
las áreas necesarias para comer: coordinación óculomanual, masticación, deglución, pinza, etc.
4) Si el bebé aprende a controlar su comida, aprenderá antes a comer sólidos. En estos últimos años
parece haber aumentado el número de familias que
tienen problemas para ofrecer alimentos sin triturar,
retrasándose mucho el momento de la introducción de
los sólidos. Algunas familias tienen miedo de que el
bebé no consiga ingerir «lo suficiente» para que su
peso y talla sean óptimos, y optan por los triturados y
la cuchara diciendo que así el niño come más.
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5) Aunque no hay evidencia firme de que el ACS/
BLW proteja del desarrollo de una futura obesidad,
pues los resultados son contradictorios, sí es razonable pensar en un posible efecto protector, por lo
menos en los primeros años de vida, ya que el bebé
aprende a regular por sí mismo las cantidades de alimento y a reconocer la sensación de saciedad. De lo
que sí estamos seguros es que con el método ACS/
BLW el bebé aceptará una mayor gama de alimentos
y adquirirá mejores hábitos alimentarios; además, su
desarrollo psicomotor progresará, ya que las comidas
se convierten en una oportunidad más para explorar,
manipular y aprender. Es más probable que también
adquiera beneficios psicológico-emocionales al favorecer el autocontrol y la confianza.
Inconvenientes o Riesgos del ACS/BLW
1) En algunos grupos —niños nacidos prematuramente o con retraso psicomotor por enfermedades
neuromusculares o de otra causa— la adquisición de
la suficiente maduración neurológica para poder alimentarse con el método ACS/BLW puede retrasarse
durante bastantes meses y en ese caso tendrán más
riesgo de problemas relacionados con atragantamientos y asfixia, por dificultades en la coordinación suc45 el escéptico

ción/deglución o en la motricidad oral, sobre todo si
necesitaron alimentación por sonda. La incidencia
de prematuridad ha aumentado de manera progresiva en los países occidentales y está sobre el 8-10%,
siendo más elevada en los grupos más desfavorecidos
socioeconómicamente. Su ritmo de crecimiento suele
ser menor, lo que acarrea preocupación a la familia y a
los profesionales, pero también existe el miedo a que
un aumento rápido de peso derive en más grasa visceral, con el posterior riesgo cardiovascular en edades
más tardías.
2) Se pueden encontrar algunos problemas en niños afectos de trastornos del espectro autista, que pueden ya mostrar dificultades en la alimentación desde
etapas muy tempranas rechazando algunas texturas y
sabores, o presentando conductas que hacen más difícil la interacción e interpretación de sus señales por
parte de los cuidadores.
3) Se necesita más tiempo para estar junto al
bebé que juega, experimenta, manipula —y a veces
come— lo que ha elegido de los alimentos que se han
puesto a su alcance. La suciedad del entorno y de su
ropa también deberá de ser tenida en cuenta, aunque
actualmente hay eficaces sistemas de minimizar ese
problema.
Es conveniente señalar que, en bastantes publicaciones, las familias que adoptan el ACS/BLW tienen,
con más frecuencia que las que optan por la cuchara
y triturados, un mayor nivel de educación, una mayor
tasa de lactancia materna, una baja por maternidad
más prolongada y un sistema de alimentación más interactivo, también llamado perceptivo o «responsivo»
(responder a las señales y acciones del niño); por este
motivo, el método ACS/BLW no estaría recomendado
en grupos familiares con estilos coercitivos, negligentes o excesivamente controladores.
En un trabajo más reciente8, después de calibrar
todos los datos al alcance que han evaluado el ACS/
BLW/Bliss, las autoras concluyen que este sistema de

alimentación podría alentar el desarrollo de hábitos
nutricionales positivos y prevenir la ganancia excesiva de grasa. Es decir, no solo no encuentran motivos
para desaconsejarlo, sino que encuentran beneficios.
No obstante, reconocen que es preciso un mayor número de investigaciones de calidad a gran escala «para
comprender de manera adecuada esta observación».
Debemos hacer constar que se dan casos de «integrismo purista», criticando en redes o grupos de
whatsapp a familias que no siguen el método de manera constante o dicen que lo hacen cuando resulta
que solo lo cumplen esporádicamente y, por ello, no
son considerados verdaderos BLWers, pero se trata de
ganarse la confianza y el respeto del bebé más que
la decisión de no usar cucharas y purés. No obstante,
debemos considerar que es posible un cambio en la
alimentación y, aunque se haya comenzado con purés
y papillas, siempre será encomiable y prudente pasarse al método ACS/BLW/Bliss si lo considera conveniente la familia, aplicando el refrán «Más vale tarde
que nunca». Lo que sucede, en muchas ocasiones, es
que en realidad bastantes familias alternan ambos tipos de alimentación, según el tiempo disponible o las
circunstancias concretas del día a día, pues el método
ACS/BLW/Bliss requiere más tiempo y dedicación
que la cuchara.
Es interesante conocer también lo que piensan los
pediatras en nuestro país acerca del ACS/BLW pues
se realizó una encuesta9 (n= 579) recientemente en la
que afloraron datos de interés:
l Casi un 80% (79,4%) conocía el método.
l Casi la mitad (48,2%) no lo recomendaba nunca, un 45,3% a veces y un 6,6% lo recomendaba
siempre.
l Dentro del grupo que no lo recomendaba nunca la alegación más frecuente (67,2%) fue «no
tengo suficiente información»; con mucha menor
frecuencia, la escasa evidencia científica y el temor al atragantamiento, en un 10,6 y en un 10,3%

No solo no se encuentran motivos para desaconsejarlo,
sino que se encuentran beneficios, pero es preciso un mayor número de investigaciones.

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La rebelión de los niños de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, titulado «Ulva lactuca», relato en el
que la cuchara tiene un protagonismo absoluto:

Imagen © Ljcor: https://pixabay.com/es/users/ljcor-3559387/?tab=about

respectivamente. El escaso aporte energético y el
riesgo de que la dieta familiar fuera poco saludable
tuvieron el mismo puntaje: 5,2%; y por último, el
riesgo de ferropenia/anemia solo fue declarado en
un 1,4% .
l Un 41,6% declaraba que estaban totalmente de
acuerdo con que el ACS/BLW facilitaba que el
bebé se adaptara a distintos sabores y texturas.
En definitiva, este método se ha convertido en los
últimos años en una verdadera «fiebre» que alienta
cambios positivos y ha generado ríos de información
y vídeos en las redes, material que bien elegido puede
ayudar a miles de familias a tener una mejor relación
con sus bebés a la hora de alimentarlos, siempre que
se tengan en cuenta las premisas que lo sustentan. Podríamos resumirlo con la siguiente frase:
Es seguro saltarse la cuchara y dejar los bebés
que se alimenten con sus manos.
Como colofón literario a este artículo, me gustaría
transcribir algunos párrafos del primer relato del libro
Anuario 2018

ULVA LACTUCA (fragmentos)
© Cristina Peri Rossi
Ella miró la cuchara con aversión. Era una cuchara
de metal, oscura, con una pequeña filigrana en el borde y de sabor áspero.
—Abre la boca, despacio, des-pa-cii-iiiiiiito, como
los pajaritos en el nido —dijo él, tratando de aproximar la cuchara hacia ella. Odiaba las cucharas. Desde
pequeño, le habían parecido objetos despreciables.
¿Por qué se veía ahora en la obligación de blandirla, llena de sopa, de intentar introducirla en la boca
de aquella pequeña criatura, como sus padres habían
hecho con él, como seguramente los padres de sus
padres habían hecho, si es que en aquel tiempo se
usaban las cucharas, si es que algún estúpido ya las
había inventado? Tenía que conseguir una enciclopedia y averiguar en qué año se había confeccionado la
primera cuchara… Cuchara: Utensilio de mesa que
termina en una palita cóncava y sirve para llevar a la
boca las cosas líquidas.
Lo que más le molestaba era la palita. Por eso no
tenía la menor intención de abrir la boca, por más que
él insistiera. Se distrajo, contemplando una figura bordada que había en el mantel […]
No podía soportar el ruido de la cuchara raspando
el plato. Desde pequeño odió las cucharas. Todas: las
de metal, las de plástico, las de fórmica, las de madera
y las de laca. ¿Por qué esa criatura no quería abrir la
boca? Llevaba más de media hora en la delicada operación de hacerle tomar la sopa. La sopa se había enfriado varias veces, él la había vuelto a calentar y había cambiado el plato, a lo mejor lo que no le gusta es
el dibujo del fondo —pensó—. Había oído decir que
a veces los niños no comen porque no les gusta el dibujo del plato. Existían varios platos en la casa, según
le había informado su esposa, antes de abandonarlo:
plato con coneja en la cama, las grandes orejas sobresaliendo del lecho, ideal para papillas y cremas…
No podía soportar el peso de la cuchara en la mano
indefinidamente. ¿Por qué la apuntaba con aquel objeto metálico, provisto de una palita cóncava que servía
para llevar a la boca las cosas líquidas? […]
Había conseguido distraerse mirando el dibujo
verde y rojo mientras él iba hasta la cocina, pero ahora ya volvía otra vez, volvía paciente, volvía terco y
sereno y ella quiso sonreírle, estaba dispuesta a hacer
las paces y a soltar una de sus risas favoritas, esas que
47 el escéptico

a él le gustaban, pero de pronto del interior del plato —donde había naufragado— volvió a aparecer la
cuchara, la terrible cuchara de metal terminada en una
palita cóncava que sirve para llevar a la boca cosas líquidas. Y ella apretó fuertemente los labios. Si no habían comprado el colchón de agua era porque ella no
quiso. Seguramente ya entonces no lo amaba, por eso
no le entusiasmó la idea del colchón flotante, donde
yacer como en un bote en perpetuo movimiento. Él la
hubiera mecido allí como a una diosa del agua, como
a una estatua sumergida en el mar, la hubiera amado
como a una virgen flotante, vestal de espuma, rodeada
de algas y líquenes […]
Tendrás un lecho de agua como las esponjas y los
corales […]
Pero ella no quiso comprar el colchón de agua y
ahora la niña no abría la boca delante de la cuchara
por nada del mundo. La apuntaba rigurosamente. El
borde metálico avanzaba cortando despiadadamen-

te el aire. Hizo como que no la veía, miró hacia otro
lado, disimulando. El borde helado le rozó la mejilla.
Si soplaba fuerte, todo el líquido se volcaría y se iría
para otro lado. Había realizado esta operación varias
veces. Había dejado que la terrible palita cóncava se
acercara, y cuando la tuvo próxima, casi tocándola con su frialdad, sopló muy fuerte, con todos sus
pulmones, y el líquido había ido a parar al suelo, al
mantel o a la servilleta. Los líquidos rodaban, eso era
lo que tenían los líquidos. Ella no podía soplar la cuchara, para apartarla de sí, pero en cambio podía conseguir que el líquido se fuera al diablo con el aliento
de sus pulmones. Sin embargo no se animaba a repetir
la operación. Una vez, su padre y su madre habían
reído mucho cuando el líquido se fue rodando hasta
el suelo, manchando el mosaico y la alfombra. A ella
también le pareció muy gracioso que de pronto el contenido de la cuchara resbalara y quedara vacía, como
una cuna sin niño. Pero la próxima vez que lo hizo,

Cristina Peri Rossi

E

scritora uruguaya (1941) residente en España desde el año 1972,
autoexiliada desde entonces y ayudada por Julio Cortázar en ese empeño;
licenciada en Literatura Comparada, traductora, periodista y con conocimientos
de música y biología. Entre sus obras
podemos encontrar cuentos, novelas y
poesía: Viviendo (1963), Evohé (1971),
La rebelión de los niños (1980), La nave
de los locos (1984), Fantasías eróticas
(1993), El amor es un droga dura (1999)
o Los amores equivocados (2015), entre
otras. Ha recibido numerosos premios:
Premio de los Jóvenes (1968) de la editorial uruguaya Arca, el Premio Ciudad de
Barcelona 1991, el Premio Internacional
de Poesía Rafael Alberti 2003, el premio
Vargas Llosa NH de Relato (2012)...

el escéptico 48

Anuario 2018

su madre rezongó mucho, agitó los brazos, levantó la
voz y dijo una serie de cosas que ella no entendió,
pero que evidentemente tenían que ver con el hecho
de que la cuchara estaba vacía y el líquido en el suelo.
En cuanto a él, también festejó un par de veces su soplido, pero —no se sabía por qué— a partir de determinado momento comenzó a fastidiarse con el asunto
y ya no pareció disfrutarlo más, por el contrario, se
ofendía y ponía furioso como si el líquido y el suelo
fueran cosas personales. Y todos los días del mundo
había cucharas, todos los días del mundo apuntaban
hacia ella […]
La cuchara se hundió en la superficie líquida. Ella
aprovechó para cambiar de posición en la silla de comer. No tenía gran libertad de movimientos; la silla
era una celda para aprisionarla mientras comía. Por un
lado y por otro había maderas que la sujetaban, que la
acorralaban; intentó morderlas, cortarlas con los dientes, arañarlas, pero la madera era dura, resistente. Esta
niña es incapaz de tomar la sopa, pero en cambio se
tragará la silla, comentó un día su padre en voz alta.
Manías de niños. Volvió a surgir, llena de sopa […]
La cuchara se elevó, como un pájaro que lento
gana altura. La vio venir de lejos. Desde lejos venía,
siempre arribando, como la marea […]
Si no estuviera encerrada en la silla de comer, podría mirar por la ventana y aburrirse un poco menos
[…]
Si no quiere la sopa en el plato de los niños en el
bosque, cámbialo por el plato de la coneja. Con solo
un pequeño esfuerzo, podría pararse en la silla de comer, inclinarse hacia atrás y tumbarla al suelo. Haría
mucho ruido y nadie más se acordaría de la sopa. El
líquido humeaba. Empujando todo el cuerpo hacia
atrás, apenas conseguía que la silla se moviera […]
No permitas que te domine, debe obedecerte. No
cedas a todos sus caprichos. ¿Por qué no quería abrir
la boca? […]
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5. Casabona, C. «Tu bebé elige lo que come: pónselo
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Temas de hoy. Ed. Planeta, S.A.
12. Julio Basulto (2013) Se me hace bola. Random
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