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El Escéptico Digital (2017):

Es un boletín electrónico que distribuye gratuitamente ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. De periodicidad trimestral, en él se pueden encontrar todo tipo de artículos relacionados con la ciencia, la divulgación y el pensamiento crítico y racional.

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El Escéptico Digital - Edición 2020 - Número 277 - II Época

EDITORIAL
DIEZ AÑOS SIN MARTIN GARDNER"
 

El pasado 22 de mayo se cumplían diez años del fallecimiento de Martin Gardner, una de las grandes figuras del movimiento escéptico del siglo XX (por no hablar de su tarea como escritor y divulgador).

Creo que los libros de Gardner han sido un gancho para atraer a muchos de nosotros al mundo del escepticismo. Todavía recuerdo la primera ocasión en que tuve en mis manos ¡Ajá! Inspiración, a finales de los años 80. Descubrí un mundo de acertijos, paradojas y juegos matemáticos que me llevaron a otros títulos suyos. Entre aquellos encontré unos ejemplares de la colección de bolsillo de alianza, de papel amarillento e impresos con un tipo de letra que ahora sería incapaz de leer. Con títulos como la ciencia: lo bueno, lo malo y lo falso, o la nueva era se recopilaban artículos publicados previamente en periódicos y revistas de Estados Unidos. Algunos eran difíciles de entender en el contexto de España, pero muchos otros te abrían un mundo de errores científicos, fraudes, teorías poco probadas (pero con nombres muy sugerentes), avistamientos de ovnis, leyendas, etc.

En aquellos tiempos era difícil encontrar una vía de acceso al mundo del escepticismo que no pasara por acudir a una biblioteca o a la sección de ciencias de una librería. Exceptuando algún destello en televisión, como la serie Cosmos de Carl Sagan. Quizás lo más parecido a las redes sociales fueran las revistas de divulgación científica que asaltaban los quioscos con un lenguaje mucho más llano y unas maquetaciones más visuales que las clásicas Investigación y ciencia, y Mundo Científico: Me refiero a revistas como Algo, Conocer o Muy Interesante. En ellas aparecían con cierta frecuencia artículos sobre pensamiento crítico. Recuerdo que uno de estos artículos terminaba con un cuadro de texto que animaba a escribir – cartas postales, por supuesto - a aquellos lectores interesados en el tema a Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP).  Y así lo hice. Ese mundo de librerías y quioscos también era un mundo postal para aquellos que vivíamos lejos de donde se estaba fraguando el movimiento escéptico. Este boletín comenzó justo en esa transición ¡hace 20 años ya!

Con la marcha de iconos como Gardner, Sagan, Asimov, Kurtz y muchos otros se nos fue una forma de entender el mundo escéptico. No teníamos revistas a todo color, ni eventos en los bares, ni canales de Youtube, ni participación en redes sociales. Y, sin embargo, parece siempre que está todo por hacer. Hay tantas cosas que queremos hacer, contar, transmitir, y todo se ha acelererado tanto… Yo tardé más de un mes en ser socio (solo los envíos postales duraban quince días cada uno), ahora las nuevas tecnologías nos lo ponen mucho más fácil, pues basta con rellenar un formulario para hacerse socio. Y al prorratearse la cuota, a partir de julio solo cuesta la mitad.

Una de las tareas a la que más dedicamos tiempo y cariño es a la revista El Escéptico, de la que acaba de salir el número 54. En el momento del fallecimiento de Martin Gardner editamos un dossier en su memoria, está disponible de forma gratuita, dentro del número 33 de la revista, en ese gran repositorio de literatura escéptica en castellano que alberga nuestra página web.

Hay más información de nuestras actividades y del panorama escéptico más adelante. El equipo de El Escéptico Digital os damos las gracias a todos por leernos una vez más.
 

Jorge J. Frías Perles

Presidente
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

El Escéptico Digital - Edición 2020 - Número 276 - II Época

EDITORIAL
“LAS CUENTAS DEL CORONAVIRUS”

 
Este número de El Escéptico digital se está haciendo de forma totalmente telemática, algo que no se diferencia de ninguno de los números anteriores. Por suerte, las telecomunicaciones nos han ayudado frente a la dispersión de los socios. Sin embargo, nos toca hacerlo ahora durante el comienzo de la cuarentena decretada como medida preventiva para frenar la expansión del coronavirus COVID-19, que tantos contagios y estupor está causando entre la población.

La gente se pregunta por qué otros no han previsto lo que ellos mismos creían que solo podía salir en las películas; pero no es cierto. Miles de científicos en todo el mundo han llevado una gran labor para evitar ésta y cualquier otra pandemia, y han estado ganando la batalla durante mucho tiempo donde vivimos a enemigos mucho peores, como el sarampión, la viruela o la poliomielitis, porque la guerra nunca acaba. Estas victorias no se ganaron a la primera, por supuesto, y no sólo hemos vencido con vacunas, sino también con la mejora de las condiciones sanitarias de nuestras ciudades, y el acceso a la sanidad de millones de personas que, además de mejorar su esperanza de vida, hubieran podido ser un vector de transmisión muy peligroso de la enfermedad. Hay que reconocer, entonces, la labor de todas aquellas personas que han colaborado en este sentido, que son muchas más de las que puede parecernos. Porque las epidemias llevan matando a mucha gente en todo el mundo desde siempre, aunque no salgan en las noticias.

En esta inédita crisis hay una gran cantidad de preguntas, pero observando lo que aparece en las redes sociales, parece que el número de respuestas las supera. Resulta que quienes pasaban de las matemáticas ahora conocen perfectamente cómo manejar los grandes números de los contagios, y hasta son capaces de extrapolarlos. Quienes hablan de los transgénicos o de las células madre sin conocerlos, ahora entiende de la replicación y vida de los virus. Y quienes escatiman la ayuda a los más desfavorecidos, la reclaman en el momento en que se sienten así, entre la población vulnerable y en riesgo.

No se puede dar la espalda a la investigación científica, a la educación y a las mejoras de las condiciones de vida de las personas, y luego pedirles cuentas. El enemigo es el virus, es momento de quedarse en casa y usar todas las medidas de higiene recomendadas. Es momento de usar la medicina científica, la que se siente denostada por curanderos, charlatanes y mercachifles. Es momento de aprender a parar los bulos, las mentiras y las difamaciones, de sanear las redes sociales. Luego, cuando todo esto acabe, será el momento de las respuestas. Algunas nos ayudarán para otros grandes retos que se nos avecina, como el gran problema del cambio climático.

Por otro lado, recordar y lamentar desde aquí la muerte de Mario Bunge, el filósofo de la ciencia y físico argentino que falleció el pasado 24 de febrero. Socio de Honor de nuestra entidad, siempre contamos con su cálido apoyo y con sus textos cuando se los pedimos. Un placer haber contado con sus escritos y su inteligencia en la denuncia de las pseudociencias y sus efectos perniciosos en el desarrollo de cualquier sociedad.

Gracias por leer El Escéptico Digital, y gracias por quedarte en casa. 
 

Jorge J. Frías Perles
Presidente
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

El Escéptico Digital - Edición 2019 - Número 275 - II Época

EDITORIAL
"DE ASCUAS Y SARDINAS”

 
Es imposible pasar estas fechas, en las que se está celebrando la Cumbre del Clima 2019 en Madrid, sin hablar del cambio climático: un ejemplo paradigmático de que la sociedad no puede vivir de espalda al conocimiento de ciertos conceptos científicos complejos, puesto que le puede acarrear un grave perjuicio en el futuro más inmediato.

Este es un tema que se ha tocado en numerosas ocasiones en nuestra revista El Escéptico, y ha sido la cuestión protagonista de algunas convocatorias de “Escépticos en el Pub” en distintas localidades. Antes que se popularizaran estas charlas, estaba muy extendida entre nuestros círculos pensar que no había pruebas suficientes para poder afirmar que la acción de los seres humanos está influyendo de manera significativa en la forma en la que va cambiando clima. Los artículos y ponentes negaban de una forma clara esta influencia, a partir de los datos que disponían. Pero es bueno cambiar de opinión, si las pruebas te enseñan el camino. Recuerdo una conversación con Eudald Carbonell -con motivo de la entrega de su premio “Mario Bohoslavsky” 2006-, en la que nos contaba cómo la evidencia de esta influencia era cada vez mayor, y la avalancha de datos no dejaba lugar a dudas. Es aproximadamente a partir de esas fechas cuando la tendencia cambia. Curiosamente, es también el pistoletazo de salida de las teorías negacionistas, tal y como lo narró en su momento nuestro añorado Eustoquio Molina.

Si alguien ha reflejado con certeza cómo me siento ante este asunto, ese ha sido mi querido Juan Manuel Sánchez Ferrer. Al principio de su artículo “El desconcertante asunto del cambio climático” dice algo muy obvio pero que solemos olvidar, y es que de premisas falsas también podemos inferir conclusiones verdaderas. Premisas falsas o escogidas a nuestro antojo, claro. Por cierto, ¿os he recomendado nuestra estupenda web de falacias lógicas? No me importa cortar la narración y repetirme una vez más, porque creo que es un estupendo trabajo del ilustrador David Revilla, y es de gran utilidad en discusiones interminables sobre éste y cualquier otro tema.

Volviendo al asunto, en el momento de la redacción del artículo mencionado (2009) era Al Gore, un político, la figura que encabezaba la alerta climática en ciernes. Diez años después lo es una estudiante adolescente, Greta Thumberg, a quien la revista Time acaba de nombrar personaje del año 2019. En esta década ¿cuántos científicos o pensadores han liderado esta causa? ¿Hemos conocido a alguno que estuviera en contra? ¿A cuántos investigadores de la rama conocemos con nombres y apellidos? Y, lo más importante, ¿están recibiendo los ciudadanos la formación para entender y opinar sobre el tema?

Así, en esta batalla de cuñaos sin cuartel, el asunto del cambio climático se vuelve aún más desconcertante. Las redes sociales son el escenario de tremebundos ataques a fotos trucadas de una adolescente, cuyos defensores defienden a ultranza cualquier medida a la que le hayan puesto la etiqueta de ecológica. Ambos bandos, mediante falacias lógicas, van a llegar a conclusiones que ellos creerán verdaderas, seguro. Pero no estoy sintiendo que se molesten demasiado en eliminar las premisas falsas para llegar realmente a las correctas.

Dejando la sardina en algún lugar indeterminado, y con la esperanza de que las brasas lleguen a cocinar este manjar, les invito a leer esta nueva entrega de El Escéptico Digital. Si en algún momento el resultado no llega a cocerse, o se quema, prometo no decirle que está deliciosa.
 

Jorge J. Frías Perles
Presidente
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

El Escéptico Digital - Edición 2019 - Número 274 - II Época

EDITORIAL
NEGACIONISMO, CÓMO ESTAR EN LA LUNA SIN IR A ELLA…”
Cincuenta años después del primer alunizaje, icono de la carrera espacial emprendida por distintas naciones, no deja de sorprender tanto la capacidad de unos para emprender este tipo de hazañas, como el empecinamiento de otros por arruinar el mérito. Y es curioso que la nota negacionista no la aporten rivales o enemigos, sino gente ajena al suceso, y que ha sido beneficiada seguramente por este suceso. A Michael Shermer le llamaba la atención que señores que nada habían tenido que ver con el nazismo ni los campos de concentración eran defensores a ultranza del negacionismo del holocausto. Personas que ni siquiera vivían ni tenían relación con Alemania, o ni siquiera Europa.

Del negacionismo más burdo se puede aprender bastante, como ya nos enseñara el profesor y divulgador Eugenio Manuel Fernández en su libro “La conspiración lunar ¡vaya timo!” (Laetoli), donde convierte cada supuesto argumento a favor de la teoría conspiracionista en un ejercicio de física, de matemáticas o de lógica. Tras deshacer todas estas falacias, aduce que la Unión Soviética nunca negó la conquista de la Luna, y eso que probablemente eran los más interesados en desprestigiar el logro estadounidense.

El conocimiento siempre se puede poner a prueba, no es una verdad revelada a unos cuantos. Y con este conjunto de conocimientos, en teoría, deberíamos ser capaces de refutar cualquier teoría estúpida… o no. Es cierto que la mayoría de las dudas que son capaces de formular los negacionistas son fáciles de refutar. Pero me pregunto hasta qué punto se deben guardar datos, no solo para la experimentación o investigación, sino también para calmar las ansias de aquellos que lo van a negar por sistema. Una tarea así me parece gigantesca.

Me lleva ello a la memoria lo que lleva haciendo desde hace casi 20 años el valenciano Vicente-Juan Ballesteros Olmos con su inmenso archivo “UFO fotocat”, con la intención de recopilar con minuciosidad forense los datos de toda fotografía de supuestos ovnis a nivel mundial. Un esfuerzo brutal con más de 12000 casos, más de 200 archivadores, 40 GB de datos, y ninguna evidencia de visita extraterrestre. Siempre me ha sorprendido el tesón de Vicente-Juan y sus colaboradores por documentar estos supuestos avistamientos. Sobre todo ahora, cuando la simple observación de imágenes borrosas, que en su día pudieran llegar a portada de tabloides, teniendo la tecnología actual, puede producir risas. ¿Cuántos de estos registros son irrelevantes, y cuáles podrían ser útiles para documentar un verdadero caso ovni? Nadie lo sabe. Quiero recordar que el escepticismo en España y en otras partes del mundo proviene de ufólogos que tenían fascinación por este mundo, y que un día se aburrieron de mirar fotografías borrosas y de leer historias inventadas.

En el número 51 de El Escéptico se habla mucho de educación y pensamiento crítico. Los escolares de hoy serán testigos de hechos históricos, y muy probablemente también lo sean de corrientes de opinión que inventen sobre cosas que hoy día pensaríamos que es absurdo negar. Y es posible que no haya un registro explícito de ello. Es posible que el disparate se pueda contabilizar en costes materiales y, lo que es peor, en vidas perdidas, como lo hace ya la negación del calentamiento global, o de la eficiencia de las vacunas. En este boletín hemos recopilado estos artículos, junto a noticias de nuestra asociación en particular, y del pensamiento crítico en general. ARP-SAPC guarda una biblioteca digital, la mayor en castellano, que almacena documentación sobre todo tipo de disparates que ha inventado o negado la humanidad, con total independencia. Ayúdanos a seguir esta labor.
 

Jorge J. Frías Perles
Presidente
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

El Escéptico Digital - Edición 2019 - Número 273 - II Época

EDITORIAL
 
Escribo estas líneas tras ser conocedor del contenido de varios grupos de “terraplanistas” en la popular red social “Facebook”. Hasta ayer pensaba que el número de personas que defendían que la tierra es plana era meramente anecdótico, aunque con mucho éxito en los noticieros digitales que abusan del “clickbait” (ese titular que llama tanto la atención a tu curiosidad, que acabas pinchando en él, con el desengaño de que la noticia no es tan sabrosa como la pintaban).

Me pregunto hasta dónde puede llegar esta broma, en qué momento una creencia estúpida (para los tiempos que corren) deja de ser inocente y se puede convertir en algo peligroso. Me pregunto cómo identificar con antelación los peligros de toda idea estúpida antes de que se expanda como la pólvora.

Hace ahora diez años, publicábamos un brevísimo escrito del filósofo Mario Bunge donde reclamaba a los escépticos una mayor dedicación a temas de mayor calado que los extraterrestres o el Big Foot, como es la teoría económica. Se preguntaba por qué el mundo que aparecía en las revistas escépticas, lleno de criaturas imposibles y extrañas naves, era muy distinto a la realidad. Por qué los autores no se dedicaban a desmontar los lemas de Keynes y sus sucesores. Dedicar tiempo a buscar las huellas de un mono peludo que nadie ha visto es, quizás, dedicarle demasiado esfuerzo a nada.

Por supuesto, algunas ideas parecen más peligrosas que otras. Pero la aparentemente inocua creencia en extraterrestres ha demostrado no ser tan inocente para mucha gente, llegando al extremo de acabar con sus vidas con la vana intención de llegar a otros mundos.

Si algún día esta moda de la tierra plana tiene algún recorrido mayor, pensaremos que debimos hacer algo en su momento para cortar el mal de raíz. Pero tampoco podemos escandalizarnos por todas las ideas simplonas que, en su mayoría, dejarán de escucharse dentro de poco.

Es una paradoja constante en el mundo del escepticismo. Lo estamos viendo en la larguísima lista de pseudoterapias que han elaborado de forma conjunta el Ministerio de Ciencia y el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Estoy seguro de que algunas de esas falsas terapias surgen de alguna idea simplona, casi inocente, que no parece dañar a nadie. Pero que, con el tiempo, acaban siendo un jugoso negocio para embaucadores. En algún momento alguien debió cortar de raíz esa bobada, por el bien de todos.

El número de ideas peregrinas aumenta, es mucho mayor que el esfuerzo que podamos hacer por ir desmintiéndolas una a una. Por eso debemos usar una regla simple, que el peso de la prueba ha de caer en la persona que realiza la afirmación. Así, de una tacada, el gobierno ha catalogado a 73 pseudoterapias de las que no se ha encontrado ningún intento serio de demostrar sus supuestas propiedades. Por delante aún tiene una lista igual de extensa, pero también tiene la tarea más dura: hacer entender a los ciudadanos de cómo funciona este mecanismo. Se debe trasladar de las campañas de concienciación a los planes de estudios, y conseguir ciudadanos que puedan defenderse intelectualmente del bombardeo masivo de argumentos falaces.

Estamos indefensos, y el bombardeo de bobadas no ha hecho más que empezar.

 
Jorge J. Frías Perles
Presidente
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

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