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ARP

LAS MENTIRAS DE LOS HOMEÓPATAS

Edición 2012 - Número 259

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Daniel Galarza Santiago

(Artículo publicado originalmente en la bitácora El escéptico de Jalisco).

Tal vez no exista en este mundo una pseudoterapia mas atacada, y (por desgracia) más usada en el mercado, que la homeopatía. La industria homeopática ha crecido de forma impresionante. Ya son famosos los casos en que universidades de prestigio, aun contra su responsabilidad académica de fomentar el conocimiento científico y el pensamiento crítico, ofrecen cátedras en homeopatía y terapias “naturales” (una cantidad tristemente célebre de universidades, que hoy día conforma gran parte de la lista de la vergüenza en crecimiento); así como también, casos de gobiernos que apoyan económicamente los laboratorios homeopáticos.

Menos célebres entre el público, pero siempre dando la batalla, son los casos de campañas para desenmascarar esta pseudociencia como un mero timo. Ahí tenemos a James Randi junto a la Skeptic’s Society, Quackwatch y al Consejo Nacional contra Fraudes en la Salud combatiéndola en los Estados Unidos; a la campaña mundial (que por cierto, este año parece no haberse celebrado) 10:23, suicidio homeopático, en la que se ha mostrado la inutilidad de los chochitos azucarados; la labor tanto de científicos, como en los casos de los sitios, la Medicina Basada en la Ciencia, el monográfico escrito de Miguel Ángel Sabadell, ¿Es efectiva la Homeopatía? O el libro La Homeopatía ¡Vaya Timo!; como también de ciudadanos preocupados por la problemática social llamada pseudociencia. Ejemplos de esto bien podría ser la serie transmitida desde España, Escépticos o los esfuerzos de divulgación de ARP-SAPC con su boletín “El Escéptico Digital”; o los esfuerzos de múltiples blogs como el Popurrí Escéptico, el Retorno de los Charlatanes, Sobrenatural.net, Papá Escéptico, la Asociación Escéptica de Chile, el Médico Escéptico, el Círculo Escéptico, Amazings, Alerta Pseudociencia, o incluso este humilde espacio.

Todos y cada uno hacen sus mejores esfuerzos por difundir el pensamiento crítico y la denuncia de la charlatanería, pero a la vez no hay un solo detractor de la pseudociencia que no piense que hasta los magufos merecen un espacio donde expresarse.

Así, ignorando por completo la lucha contra la irracionalidad, los sitios magufos abundan por internet. Los portales de medicinas alternativas florecen tanto como los portales de creacionistas y fanáticos de los ovnis.
Sin embargo, son pocos los sitios magufos que intentan establecer un diálogo con sus escépticos o “mejor aun” que intenten hacer una refutación sincera sobre sus detractores.

Navegando por uno de estos sitios, el ABC Homeopatía, encontré tres artículos que el equipo de colaboradores de dicha página realizó para los escépticos que entraran al sitio. Personalmente creo que estas personas son sinceras en mostrar sus preocupaciones y reclamos ante aquellos que atacan sus creencias; sin embargo, la razón por la que les platico sobre esto, es porque trataré de demostrar que los argumentos de los magufos de ABC Homeopatía son inválidos, falsos e irrelevantes. Una defensa débil de una pseudociencia poderosa, económica e ideológicamente hablando, que no muestra una sola pizca de evidencia ni validez lógica a la supuesta “medicina” que defienden.

Los artículos que refutaré serán Homeopatía y sus detractores, y ¿Qué se esconde tras los ataques a la homeopatía? Elegí estos artículos porque son los principales que se supone buscan dar respuesta a las denuncias de detractores acusando a la homeopatía de pseudociencia. Así que comencemos y veamos que hay detrás de esto.

Homeopatía y sus Detractores

Luego de un párrafo introductorio sin mucho fondo argumentativo, los autores del artículo se preguntan primero sobre qué piensan los defensores de la homeopatía de aquellos que la atacan de forma militante. Esta es su respuesta:

“…qué pena que no tengan algo positivo y productivo a lo que dedicar su vida y que, más allá de la opinión que tengan, tan válida cómo cualquier otra, dediquen tanto tiempo de su existencia a atacar e intentar desprestigiar una terapia que ha curado y cura a millones de personas en este planeta, que está integrada en los sistemas sanitarios de varios países y cuyos medicamentos se venden en farmacias.”

En tan solo un párrafo, ya es posible encontrar juicios de opinión y argumentos retóricos (no lógicos). La primera replica que se me ocurre es ¿no es acaso positivo y productivo el tratar de mostrar al público la importancia de pensar de forma crítica, siempre exigiendo evidencias de aquellas cosas que se nos venden casi como curas milagrosas? Esta pregunta queda para aquellos autores del ya mencionado artículo. Cuando se hacen críticas y se acusa a una práctica de pseudociencia, los detractores esperan argumentos y evidencias que demuestren que los argumentos y evidencias que los primeros presentan sean falsos o irrelevantes.

Sin embargo, encontrarse con juicios de valor del estilo “…qué pena que no tengan algo positivo a lo que dedicar su vida…” no demuestra que los detractores se equivocan sino todo lo contrario. Con esto parece señalarse que aquellos que acusan a la homeopatía de pseudociencia tienen razón, pero que son unos nerds criticones que no tienen nada mejor que hacer.

La segunda réplica a este párrafo es lo que me gusta llamar apelación a la anécdota junto con un poco de apelación a la autoridad. Según ellos, los malvados escépticos con su opinión, tan válida como la de cualquier otro, dedican demasiado tiempo a atacar una “terapia que ha curado y cura a millones de personas en este planeta, que está integrada en los sistemas sanitarios de varios países y cuyos medicamentos se venden en farmacia.” ¿Existen pruebas que demuestren que la homeopatía haya curado o cure hoy día a alguien? Asegurar este tipo de cosas sin antes demostrar su veracidad dentro de un argumento o una réplica se le llama petición de principio, y sí, como se imaginarán es una falacia lógica.

Hasta el día de hoy, no existe estudio que demuestre que la homeopatía cura mas allá de lo que “cura” el efecto placebo. Los experimentos son variados, y una y otra vez arrojan datos en contra de la homeopatía (eso sí, según los homeópatas, esto es un complot de la malvada industria farmacéutica en contra de la humilde labor de los chochitos con azúcar y alcohol). Tal vez el más citado hasta el cansancio sea el meta análisis publicado por The Lancet en 2005, que deja pocas dudas sobre la ineficacia de los chochitos como cura.

Por último, asegura que gobiernos e industrias farmacéuticas (irónico) venden sus chochitos, ¿por tanto? ¿Funciona la homeopatía? Así sea utilizada por el Papa o por el presidente de Estados Unidos, apelar a su utilización por parte de “autoridades” no demuestra que sea verdadera, efectiva o válida. Para demostrar tal cosa, debe otorgar pruebas, no afirmar sin sustento que algo funciona porque “a mi tía le funcionó” o por que el gobierno que de por si le quita presupuesto a la investigación científica, considera a la pseudociencia parte de su sistema sanitario.

El siguiente párrafo del artículo es, a mi consideración, bastante cómico, en el que pensé: “cualquier parecido con las afirmaciones de un fundamentalista religioso sin fundamentos es pura coincidencia”. El párrafo dice lo siguiente:

“…pensamos que, en lo que se refiere a cómo actúa la homeopatía en el organismo, con la ciencia y la tecnología hay que tener la mente abierta y dispuesta a considerar nuevos horizontes, y que lo que hoy parece imposible, mañana puede ser una realidad. La historia del conocimiento y la ciencia está plagada de ejemplos y es la base del pensamiento científico buscar el porqué de las cosas. Por el contrario, creer que lo que hoy sabemos es la verdad absoluta y que no hay nada más por descubrir, o pensar que aquello que los avances tecnológicos de hoy no han demostrado no va a resolverse jamás, es, sencillamente, tener un visión muy, muy limitada de la ciencia y del ser humano.”

En cristiano por favor. No sabemos cómo se supone que un chochito que solo tiene azúcar y alcohol (y nada mas) pueda curar, pero cura, y los que no lo crean son unos cerrados de mente. Este es el mismo tipo de argumento especial que suele usar un fundamentalista religioso: no sabemos por qué dios permite que exista la hambruna en la humanidad, y cómo es posible que la omnipotencia y la infinita bondad sean lógicamente posibles en un ser (sería como explicar un círculo cuadrado). Pero sabemos que dios es bueno, solo que opera de forma misteriosa. El que no lo crea es un cerrado de mente. ¿Notan el parecido entre las afirmaciones?

No hay mejor persona que entienda lo que debe ser el matrimonio de la mente abierta (es decir, la habilidad del asombro) y el escepticismo riguroso, que los científicos. Un científico debe tener la mente abierta a las posibilidades de encontrar algo asombroso, pero no tan abierta como para que se le vaya a caer el cerebro al piso; también debe ser escéptico y muy crítico ante afirmaciones sin sustento, pero no demasiado escéptico como para cerrar su mente ante la posibilidad de lo asombroso.

Así, desde hace unos 200 años, los científicos han analizado cada afirmación, cada “ley” de la homeopatía buscando su veracidad, pues de ser verdad todo aquello que aseguran los homeópatas, no solo tendríamos que cambiar las teorías en medicina, sino en física, cosmología, biología, química, farmacología, bioquímica… en fin, de ser ciertas las afirmaciones homeopáticas, las teorías y leyes científicas bien establecidas con aparente sustento, deberían estar equivocadas. Esta preocupación fue evidente cuando recién se ponía a prueba la homeopatía (después de todo, no hay mejor noticia para la ciencia que el encontrar nuevos conocimientos, reemplazando teorías incompletas por teorías mas completas), pero se desvaneció luego de que prueba tras prueba la homeopatía no demostrara sus postulados.

En ningún momento los detractores de la homeopatía señalan que no deban hacerse más pruebas científicas en lo que respecta a la salud pública, y en cualquier otra problemática social con posibles soluciones en la ciencia. Tampoco se afirma que la ciencia sea poseedora de la verdad absoluta e irrebatible, los científicos siempre se encuentran buscando las pruebas que demuestren que sus teorías se equivocan o les falta algo más. Lo que si se afirma y se sostiene con argumentos y escepticismo militante, es que hasta el día de hoy la homeopatía no ha demostrado ni su veracidad ni su validez; siendo ésta una disciplina dogmática (los postulados homeopáticos actuales siguen siendo los mismos originados hace 200 años, sin cambio alguno a pesar de que son esencialmente anticientíficos), que se encuentra aislada ya que no aporta ni obtiene conocimiento de ramas científicas. Los detractores, con justas razones, llaman a la homeopatía una pseudociencia; razones que hasta ahora los magufos defensores más fanáticos han sido incapaces de refutar.
Así como nosotros nos encontramos preocupados por la falta total de conocimientos científicos básicos en los defensores de la homeopatía, los autores de Homeopatía y sus Detractores, parecen estar muy preocupados por:

“…la falta de conocimientos que podemos apreciar en artículos y comentarios sobre la homeopatía en blogs escépticos, y cuidado, porque algunos de ellos realmente han leído bastante sobre el tema, pero ninguno se ha quedado con el fondo de la cuestión: cada ser humano es una unidad, y no enferma uno de sus órganos, enferma la persona. La gran mayoría de dolencias que sufrimos habitualmente, tienen su origen en desequilibrios emocionales, estrés, miedos, preocupaciones y un largo etcétera.”

Oh por dios, ¿cómo pudimos omitir tan importante punto? ¡Qué tontos hemos sido! (sarcasmo). Decir que “cada ser humano es una unidad, y no enferma uno de sus órganos, enferma la persona” es no decir nada en absoluto. La táctica retórica del holismo es ampliamente conocida y no resulta ser un argumento en contra de nada, sino más bien parece ser una trampa retórica de la pseudociencia. Primero, la afirmación supone que la medicina científica (mal llamada alopática) cura siempre partes del cuerpo humano, sin curar el cuerpo en su totalidad. Esto es un absurdo por varias razones: en primer lugar, la medicina científica no es capaz de curarlo todo, muchas veces es preventiva (por ejemplo, la vacunación), en otros casos solo ayuda a decir qué es lo que un paciente tiene sin poder curarlo (por ejemplo, el diagnóstico) y en otros casos, ayuda a sobrellevar la enfermedad sin poder curarla (como en los casos de Sida o de Alzheimer); es justamente por estas razones que es un error llamar a la medicina científica, medicina alopática. No solo no cura con lo distinto, sino que en muchos casos ni siquiera el objetivo es curar, sino diagnosticar, prevenir o ayudar con la afección.

Entonces podemos asegurar que la medicina científica no puede curarlo todo, pero ¿puede hacerlo alguna vertiente del holismo, como la homeopatía? A las pruebas hay que remitirnos, y las pruebas solo han mostrado que la medicina alternativa no es capaz de curar nada.

Es cierto que algunas “dolencias que sufrimos habitualmente, tienen su origen en desequilibrios emocionales”, pero es bien sabido que la homeopatía no asegura que algunas de las dolencias tienen un origen en desequilibrios emocionales, sino que según ésta, toda aflicción física es causada por un desequilibrio emocional. Así es posible encontrar casos en los que se intenta tratar, o peor aún, curar aflicciones de todo tipo como el cáncer, el sida, la esclerosis, o la depresión y la disfunción eréctil con homeopatía. Incluso algunos casos en los que con chochitos se busca curar aquello que ni siquiera es una enfermedad, como lo que intentó el Vaticano al tratar homosexuales con homeopatía, buscando un “milagrito” de la divina providencia.

Está bien documentado que cosas como el estrés de la vida cotidiana son responsables de ciertas enfermedades psicosomáticas, pero asegurar que el sida o el cáncer son solo desequilibrios de la mente es por demás peligroso. Mientras que las enfermedades psicosomáticas se curan con el cambio de ánimo del paciente (por ejemplo, puede curarse si piensa que recibe un milagro), otras enfermedades como la gripe continúan su ciclo rítmico de vida, desapareciendo a causa de la combinación de las defensas del organismo y el tiempo de vida del agente patógeno.

Esto es algo que los homeópatas parecen ignorar a propósito. Ignoran no solo la diferencia entre enfermedad psicosomática, enfermedades causadas por agentes patógenos, enfermedades hereditarias, enfermedades por deficiencia en el organismo, sino que ignoran por completo los conocimientos básicos en microbiología, inmunología, bioquímica, genética, patología, infectología, histología, citología, epidemiología… en fin, ignora la ciencia misma, haciendo del fondo de conocimientos de la homeopatía un fondo de afirmaciones más cercanas al misticismo que a la medicina.

Luego nos preguntan a los detractores que si acaso estaremos de acuerdo con ellos en que:

“…existen cosas ciertas que, hoy por hoy, no son demostrables empíricamente? Seguro que son personas que aman, que quieren a una pareja, a un hijo o a una madre, pero, ¿lo pueden demostrar? ¿Creerán en los sentimientos, el estrés o la depresión? o ¿Pensarán que todo esto son paparruchadas? Y cuando el médico de cabecera, no homeópata, le dice a un estresado hombre de negocios que es precisamente el estrés el que le está causando todos sus síntomas ¿pensarán los escépticos que eso son tonterías? Y cuando una mujer pierde todo el cabello, sin motivo médico aparente, tras una larga pena, luto o padecimiento ¿pensarán ellos que una cosa no está relacionada con la otra?”

Esta bola de preguntas que nada tienen que ver con el tema central se responden por sí solas si pusieron atención a los tres párrafos anteriores.

Por último, los autores del artículo confirman su “gran aportación”:

“…la gran diferencia de la homeopatía respecto a la medicina oficial: que entiende al ser humano como un todo y busca de forma individual en cada persona aquello que no funciona a nivel emocional, mental y por supuesto físico, con el diagnóstico médico. Sin duda es una visión más completa de la salud y del individuo. Eso, y la nula toxicidad de sus productos. El resto lo resume la famosa frase: Lo que funciona es lo que cuenta, y lo que cuenta es que funciona.”

Nuevamente, la trampa retórica del holismo que, de nuevo, no demuestra nada. ¿Es una visión más completa sobre la salud y el individuo que toda enfermedad es mental, sin importar los males genéticos, los causados por virus, bacterias, protozoos y hongos; los causados por males externos como el tabaco o el alcohol, ignorando todo principio médico y científico actual? ¿A eso se le puede llamar “visión completa”?

Ahora con respecto a “El resto lo resume la famosa frase: Lo que funciona es lo que cuenta, y lo que cuenta es que funciona”. Nuevamente sonando como un fundamentalista religioso que defiende la autenticidad de su libro sagrado. ¿Por qué cuenta la homeopatía? Por que funciona, ¿y cómo sabe que funciona? Por que cuenta (en algunas universidades, en gobiernos y en la mente de los magufos) ¿pero por qué cuenta la homeopatía? Por qué funciona, y así hasta el infinito en un razonamiento circular. Como decir ¿Por qué cree que la Biblia es sagrada? Por qué es la palabra de dios ¿Cómo sabe que es la palabra de dios? Por qué es sagrada ¿pero por qué es sagrada? Por qué es la palabra de dios… cualquier parecido es pura coincidencia.

El artículo finaliza con buenos deseos hacia los escépticos y una sugerencia bastante chistosa:

“…si algún día tienen problemas de salud, que la medicina convencional no consigue curar definitivamente, y que aparecen una y otra vez, de verdad, que no duden en acudir a un buen médico homeópata, porque se quedarán perplejos por su eficacia y rapidez.”

Claro que sí campeón, lo que tú digas.

*Aclaraciones para ABC Homeopatía:

  1. Como podrán darse cuenta, esta es una réplica ante lo que sostienen sin sustento lógico ni empírico en el artículo Homeopatía y sus Detractores, buscando obtener una respuesta por parte suya, pero esta vez sin falacias lógicas, juicios de valor o argumentos vacíos, exigiendo evidencias y auténticos argumentos que demuestren que la presente réplica es inválida o falsa.

  2. En varias partes de la presente réplica se les llama a los defensores de la homeopatía, magufos. También se denuncia de forma explícita a la homeopatía como una pseudociencia. Ante esto, y antes de que arrojen ad hominem’s por sentirse insultados, les diré que el término magufo no es un insulto, sino una palabra que designa a todo defensor de la pseudociencia, la superstición y la irracionalidad. La manera de demostrar que los defensores de la homeopatía no son magufos, es demostrando que la homeopatía no es una pseudociencia. Cosa que no ha sucedido en 200 años, pero “tendré fe en ustedes”.

  3. La respuesta ante su artículo llamado ¿Qué se esconde tras los ataques a la homeopatía? la publicaré próximamente. A última hora decidí volver este artículo en dos partes para no fatigar al lector con tantas letras juntas.

SI TE INTERESA ESTE TEMA
*El Capítulo ¿Homeopatía? de la serie protagonizada por Luis Alfonso Gámez, Escépticos, donde se pone a prueba las afirmaciones de los homeópatas en su propia cara.

*El artículo Homeopatía, en Alerta Pseudociencia, muestra las contradicciones y ridiculeces de las últimas afirmaciones que se han hecho en defensa de esta pseudociencia.

*La mala respuesta de los homeópatas, un artículo de Mauricio José Schwarz en respuesta a las denuncias que los homeópatas habían hecho ante el nuevo estudio que demuestra (otra vez) la ineficacia de esta pseudoterapia.

URL: http://elescepticodejalisco.blogspot.com.es/2012/10/las-mentiras-de-los-...
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EL RECORD DE HIELO ANTÁRTICO NO REFUTA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Edición 2012 - Número 259

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La Mentira

(Artículo publicado originalmente en la bitácora La mentira está ahí fuera).

Pese a los temores suscitados por las consecuencias del calentamiento global, la cantidad de hielo marino en el polo sur está rompiendo récords. El hielo marino que circunda la Antártida alcanzó en septiembre pasado 19,44 millones de kilómetros cuadrados, el mayor registro jamás observado en mediciones por satélite. El récord anterior fue fijado en 2006, con 19,39 millones de km cuadrados, según la National Snow and Ice Data Center(NSIDC).

El 26 de septiembre los sensores de microondas de los satélites meteorológicos de Defensa americanos capturaron la máxima extensión del hielo antártico. En la fotografía, la extensión de tierra se muestra en gris oscuro en la zona central, y el hielo se muestra en blanco en la zona de la costa.

A pesar de que ahora hay más hielo en la Antártida que nunca, los climatólogos ponen un especial énfasis al afirmar que esto no refuta la veracidad del calentamiento global.

El aumento del hielo es probablemente debido a que ahora los vientos son más fuertes por el aumento de temperaturas en la Antártida, según declaraciones de la NASA. Estos vientos que circulan en círculo alrededor del polo suelen soplar el hielo hacia afuera, excepto en la región de la Península Antártica, donde los vientos del norte empujan el hielo hacia el sur. Por lo tanto, la extensión de hielo cerca de la parte noroeste de la Península Antártica disminuye rápidamente, mientras que en las zonas del Mar de Ross y el sur del Océano Índico muestran aumentos significativos, según datos de la NASA.

En contraste con el sur, el hielo marino en el Ártico tuvo un mínimo histórico este año con solo 1,39 millones de kilómetros cuadrados, 300.000 menos que en 2007. Ambas regiones se encuentran en estaciones opuestas y tienen una geología diferente, lo que afecta a la creación y destrucción del hielo marino.

Livescience.com

URL: http://www.lamentiraestaahifuera.com/2012/10/16/el-record-de-hielo-antar...
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LAS PSEUDOCIENCIAS EN LA UNIVERSIDAD

Edición 2012 - Número 259

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Fernando Cuartero

(Artículo publicado originalmente en la bitácora Hablando de ciencia).

Desde hace un tiempo vemos proliferar jornadas, seminarios, conferencias y todo tipo de actividades pretendidamente académicas organizadas por corrientes pseudocientíficas que tienen como objetivo predilecto la universidad.

La universidad pública es dispensadora de un servicio público, sí, y por ello debe estar al servicio de la sociedad. No obstante, eso no debe ser entendido como sinónimo de que cualquier ciudadano, por el mero hecho de serlo y contribuir con sus impuestos deba tener, sin más, el derecho a hacer uso de los servicios de la universidad sin ningún tipo de reserva. Al contrario, la universidad, para cumplir el papel que le encomienda la sociedad; a saber, la formación de los titulados que ejercerán sus funciones; y la investigación, la innovación, y la exploración de nuevos caminos para el conocimiento, debe ser sumamente escrupulosa en el buen uso de sus instalaciones.

La universidad tiene asignadas las dos misiones indicadas de acuerdo a la legislación que le es aplicable, la Ley Orgánica de Universidades. Y así, representa un papel crucial en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia; y también lo hace mediante su función investigadora y el compromiso social de la Universidad como un referente en cuanto a la creación de conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.

Para el cumplimiento de ambos fines, la universidad moderna no puede hacerlo sin una interacción continua con otros elementos de la sociedad, particularmente las empresas. Por supuesto, la colaboración con las mismas, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Esta interacción, todo hay que decirlo, no ha sido un referente histórico en la tradición universitaria española, al contrario que en otros países de nuestro entorno; y la creación de conocimiento aplicado ha sido tradicionalmente mal vista en nuestra sociedad. Basta recordar el triste “que inventen ellos”, de Unamuno.

Por tanto, en una visión moderna del quehacer universitario, los acuerdos, convenios, y contratos para investigación y transferencia de los resultados a las empresas son un referente de importancia creciente. Sin embargo, debemos tener plena constancia de que el abuso de este recurso puede llevar, y ha ocurrido en no pocas ocasiones, a que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, con el posible resultado de que con ello se perviertan su filosofía y fines fundamentales, pues aprovechando este marco de colaboración, muchas universidades ceden sus espacios, o incluso directamente organizan actos pseudocientíficos, y pocas veces se analiza qué implicaciones puede tener algo así

Esta búsqueda acrítica de fuentes de financiación puede llevar a que la universidad se prostituya, convirtiéndose en una especie de mercadillo donde tengan cabida cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Y de esta forma, sólo una mal entendida apertura de mentes podría llegar a justificar que se enseñara alquimia en Facultades de Química, astrología en otras de Física, el diluvio universal en las de Historia, o la homeopatía en las de Medicina. Contra la opinión de algunos, el relativismo de ofrecer de manera alegre las instituciones universitarias a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, en absoluto se traducirá en un mayor enriquecimiento cultural, sino, por el contrario, en una degradación, donde se concederá una validez académica a la superstición y a la charlatanería.

Es verdad que establecer una línea divisoria entre ciencia y pseudociencia es realmente difícil. De hecho, la búsqueda del criterio de demarcación ha sido una fructífera línea de investigación en la filosofía de la ciencia durante el siglo XX, y existen numerosas corrientes con opiniones diferenciadas. No pretendo entrar en este árido tema, y para lo que nos ocupa, basta usar una definición breve y concisa que aparece en el Oxford American Dictionary, donde indica que pseudociencia es cualquier conjunto de conocimientos, métodos, creencias o prácticas que, alegando ser científicas, en realidad no se rigen por el método científico.

A partir de aquí, nos encontramos que en las pseudociencias es bastante común el encontrar una sutil apropiación de términos científicos conocidos para designar, de forma tergiversada, supuestos objetos o fenómenos cuya existencia ni siquiera está comprobada, dando apariencia científica a algo que no lo es, presentando las creencias como si fueran evidencias.

Es evidente que no toda la formación que se imparte a los jóvenes, no ya en las universidades sino también en las etapas previas de educación primaria y secundaria se basa en las disciplinas científicas. No queda ninguna duda de que el método científico no se aplica a las reglas de la creación artística, y así, la belleza en la música o en la poesía, por ejemplo, no se aprecia por criterios medibles, ni existe una teoría científica de la belleza. Pero, y esto es lo importante, el arte no es ciencia ni tiene la pretensión de parecerlo. Es pues, el engaño, consciente o no, de pretender hacer pasar por ciencia lo que no lo es lo que caracteriza a la pseudociencia, y nuestra crítica se reduce a los intentos de invadir dicho terreno a pretendidos conocimientos para los que no les es propio.

Por todo ello, es preocupante que la Universidad dé cabida a actividades pseudocientíficas, sobre todo si eso no se enfoca como un debate crítico y un análisis racional, sino bajo un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario. Es evidente que no es lo mismo el estudio del fenómeno de la astrología desde una perspectiva histórica y/o antropológica que su presentación como una disciplina científica, lo primero es una actividad seria y perfectamente asumible en un foro universitario, mientras que lo segundo es un claro abuso.

Una situación mucho más extrema se ha producido en Estados Unidos con la pseudociencia del creacionismo, con muchos adeptos en ese país, y donde se han gestado muchas de las técnicas que posteriormente se han usado en otros lugares para dar un marchamo científico a las pseudociencias, acabando muchas disputas en los tribunales. En España, la situación, que inicialmente no era tan alarmante, se ha ido incrementando, aprovechando la carencia de vigilancia sobre estos ataques a la buena fe, sobre todo porque la inmensa mayoría del personal docente e investigador de las universidades suele estar agobiada en sus tareas; lo que ha sido necesario para lograr poner a la ciencia española en el lugar que le corresponde, recuperando años de atrasos, pero pagando a cambio el precio de considerar que estos problemas no les atañen, y que ya tienen suficiente trabajo. Denunciar pseudociencias lleva trabajo y no cuenta en el currículo.

Una muestra de los conspicuos ataques que se vienen sufriendo queda patente en “la lista de la vergüenza”, el blog iniciado por el abogado Fernando Frías, y actualmente mantenido por el Círculo Escéptico, una iniciativa tremendamente necesaria, donde se recogen, documentadas, algunas de las actuaciones vergonzosas protagonizadas por instituciones académicas o colegiales españolas.

En general, podemos distinguir dos tipos de ataques a las instituciones universitarias, en primer lugar las que podríamos calificar como “agresiones externas”, con un “modus operandi” fácilmente reconocible. Así, existen numerosas iniciativas de personajes cuyo objetivo es utilizar aulas o recintos universitarios aprovechándose de la falta de vigilancia sobre sus usos posteriores. Suele bastar el módico pago de unas tasas por el uso de dichas instalaciones para que este tipo de estafadores obtengan, mediante una mala práctica, un pretendido amparo académico que es completamente falso. Posteriormente harán valer que las instituciones académicas que han cedido de esta manera tan poco previsora sus instalaciones amparaban las mismas, obteniendo la pátina de respetabilidad buscada a expensas del duro trabajo del personal universitario.

Por otro lado, tenemos otro tipo donde existe una “quinta columna” procedente del propio mundo universitario. En este tipo, algunos universitarios acceden, generalmente mediante la obtención de sustanciosos contratos, a poner su nombre al servicio de instituciones pseudocientíficas, avalando de esta manera los quehaceres de las mismas. Es un uso perverso de la capacidad contractual que ya hemos comentado, y un ejemplo paradigmático lo tenemos en la denominada “cátedra de homeopatía” ofertada por la Universidad de Zaragoza, que no es otra cosa que un mero contrato entre un profesor que presta su nombre y vende su prestigio, y los laboratorios Boiron, una empresa que obtiene pingües beneficios vendiendo sacarosa a precio de medicamento.

Llegados a este punto bien podríamos decir: “pero es que la universidad está al servicio de la sociedad. Estos productos son demandados por determinados sectores de la sociedad, y la universidad, como servicio público financiado por todos los ciudadanos, debe ponerse al servicio de los mismos”.

Esta es una idea que no parece, a primera vista, totalmente descabellada, y que por tanto no podemos descartar a la ligera. La universidad, efectivamente es un servicio público y se debe a la sociedad. Por otro lado, tiene unas instalaciones aceptables, y por lo general infrautilizadas en cuanto a su uso universitario se refiere. Así, paraninfos, aulas y salones de actos están sin uso una cantidad considerable de tiempo. Por ello, muchas veces se prestan para actos civiles, desligados de la naturaleza universitaria, mediante un pago de unas tasas no demasiado altas. Así, obras de teatro o musicales, proyección de películas, congresos de partidos políticos, actos de graduación no universitarios (colegios de primaria o institutos de secundaria) tienen lugar en estas instalaciones, que son, en cuanto a su ubicación y tamaño, muy adecuadas para esos fines y poco onerosas. Evidentemente, estos actos deberían buscar alternativas peores, que en ocasiones podrían no existir, si todos los actos de naturaleza no universitaria fuesen excluidos, mientras las instalaciones estarían vacías y sin uso. Los potenciales usuarios deberían desistir de estos actos o buscar alternativas peores, y las universidades perderían unos ingresos y no colaborarían eficazmente con la sociedad de una manera que en nada las perjudica. Es por ello que, en casos como los citados, no parecen existir razones fundadas para que la universidad no preste unas instalaciones que no usa.

Aclarado lo anterior, remarcaré que no es eso lo que ocurre si de lo que se trata es, por ejemplo, de presentar un libro de astrología o de realizar un seminario de espiritismo; pues la naturaleza de anticientíficos de estos actos sociales aconseja, sin duda, que no deban ser tolerados en aulas universitarias. Precisamente por el daño causado y por el menoscabo de la imagen de la universidad si se da cabida a los mismos. Y eso ocurre, no sólo en la universidad, sino en todos los ámbitos de la sociedad, pues no es concebible que una empresa de facilidades a la competencia, y le deje usar sus instalaciones para que se aproveche de las mismas. Y en este caso, las pseudociencias pretenden aprovechar, de una manera parasitaria, la imagen y el prestigio de las instituciones académicas, ya que no habrá empacho en decir que la universidad colabora o que ampara estos actos, pues eso ha ocurrido.

A estos efectos debemos notar que, en el ámbito científico, el prestigio no es una cuestión baladí. El funcionamiento del sistema de ciencia y tecnología, tanto español como del resto de países avanzados, se basa en la revisión por pares. Las contribuciones, y las propuestas de proyectos son evaluadas por otros miembros de la comunidad, y para ello, la credibilidad del proponente y de su institución es un elemento de primer orden. El prestigio se gana publicando artículos de calidad, donde se presenten contribuciones que incrementen el conocimiento, y desarrollando proyectos de investigación con resultados concretos. Dicho prestigio cuesta mucho de obtener, y poco de perder. Y en esta situación no se puede ni se debe consentir que cualquiera ponga en cuestión la labor de la comunidad de científicos, que parte de que no se debe aceptar una afirmación, hasta que se presenten las evidencias a su favor, evidencias que siempre deben ser valoradas por otros científicos, y no por el propio proponente.

Por tanto, y volviendo a los ejemplos hipotéticos anteriormente citados, un seminario de espiritismo o la presentación un libro de astrología que, omitiendo todos los principios del método científico, se presentaran como si lo hicieran y en las dependencias de la universidad, con un uso indebido de sus símbolos, es un daño de primera magnitud para el prestigio de la misma, que en modo alguno se debe tolerar. Frente a ello, únicamente la participación activa de los miembros de la comunidad universitaria, y fundamentalmente los propios investigadores, podrá mantener a raya a los profesionales de la charlatanería y la irracionalidad que intentan hacer su agosto en estos apetitosos caladeros.

URL: http://www.hablandodeciencia.com/articulos/2012/11/02/las-pseudociencias...

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LA SANGRE Y LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ

Edición 2012 - Número 259

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Mauricio-José Schwarz

(Artículo publicado originalmente en la bitácora El retorno de los charlatanes).

Más historias ejemplares de jueces que no creen que los padres tengan derecho a matar a sus hijos.

El pasado 1º de junio se informó que el juez Richard White, de la Suprema Corte australiana, ordenó que se le practicara una transfusión a una niña de 4 años enferma de leucemia y a la que sus padres estaban dispuestos a dejar morir. La muerte, según la oncóloga pediátrica Petra Ritchie, podría haber ocurrido en 4 semanas, mientras que la transfusión le daría a la niña una oportunidad de sobrevivir.

Esto es relevante sobre todo hoy, cuando la leucemia es curable en una gran cantidad de casos, igual que muchas otras formas de cáncer... y no gracias a las religiones o a pseudomedicinas disfuncionales como la homeopatía, sino a la medicina basada en evidencias comprobables.

Lo alucinante es que el padre de la niña ha sido capaz de decir que él y su esposa "quieren el mejor tratamiento posible" para su hija, pero no admiten el uso de sangre porque "nos adherimos a estrictos principios de la Biblia y uno de ellos es abstenerse de la sangre".

Afortunadamente, el caso fue a dar a manos del mismo juez que hace dos años, por primera vez en la historia de Australia, ordenó legalmente que se realizara una transfusión de sangre a otro niño víctima de padres fanáticos.

No ocurrió lo mismo con un joven de 22 años afectado por anemia falciforme, que el 16 de junio se supo que se había dejado morir en el Reino Unido, ejerciendo, por supuesto, el derecho de todo ser humano a dejar de vivir... aunque en su caso la decisión no fuera libre, sino condicionada por supersticiones lamentables.

Pero si es alucinante que unos padres estén dispuestos a ver morir a sus hijos por sus creencias religiosas, lo más alucinante es el origen de estas creencias, que habitualmente los medios no mencionan.

Una secta decimonónica

Lo que hoy conocemos como los Testigos de Jehová es una secta cristiana surgida en la década de 1870 en los Estados Unidos. Sus principios los inventó Charles Taze Russell, un tendero que decidió que él podía interpretar la Biblia según lo que Dios realmente había querido decir.

A partir de un grupo de estudio de la Biblia, la secta decidió, entre otras cosas, que el fin del mundo (o, más bien, el fin del mundo tal y como lo conocemos, lo que en inglés tiene las curiosas siglas TEOTWAWKI) y el establecimiento del reino de Dios en la Tierra eran algo inminente.

De hecho, la evangelización de los Testigos de Jehová que todos hemos sufrido, cuando se nos planta en la cara su publicación "Atalaya" (originalmente "The Zion Watchtower", fundada y publicada por Taze Russell), se debe a la interpretación bíblica de que la principal razón de existir de cada adepto es convencer a otros de que se inscriban en la secta.

Para complacer a su dios, el grupo de estudio de Taze Russell se convirtió poco a poco en una iglesia independiente, con su propia visión heterodoxa de la mitología cristiana. Y dado que el mundo como lo conocemos estaba a punto de terminar, se hicieron cálculos bíblicos y Charles profetizó el fin del mundo en 1878. Dado que el mundo no se acabó entonces, revisó sus cuentas y volvió a predecir la segunda venida de Cristo en 1914 y luego en 1916. Si Russell no hizo más predicciones se debió a que murió inesperadamente precisamente en 1916.

Sus adeptos retomaron la estafeta y volvieron a hacer cálculos e interpretaciones, anunciando el fin de los tiempos sucesivamente en 1918, 1925, 1932, 1941 y 1975, después de lo cual decidieron que la fecha sólo la conocía su dios. Lo cual no impidió que algunos adeptos lanzaran otra predicción para 1994 y hubo rumores para 2004.

Tan ocupados estaban en saber cuándo se acababa el mundo y cómo rescatar las raíces del cristianismo originario, que los Testigos de Jehová no tuvieron la idea de que sus adeptos deberían negarse a recibir transfusiones sino hasta 1945.

Según su creencia, esto se debe a que el Génesis 9:4 permite comer animales, pero no con su sangre (esto es la base, por cierto de las prácticas de sacrificio animal halal de los musulmanes y kosher de los judíos, donde se desangra a los animales para que estén "puros" y puedan comerse). También que el Levítico 17:10 reitera que se cortará de entre su pueblo a quien coma sangre, y Hechos 15:29 que ordena que los creyentes se abstengan de consumir cosas sacrificadas a los ídolos y sangre.

Las tres citas bíblicas rechazan que se coma sangre (refiriéndose claramente a sangre de animales), pero se interpretan caprichosamente para que signifiquen que no se puede transfundir sangre humana.

Como siempre ocurre con las interpretaciones sin más bases que la convicción personal, los mismos Testigos de Jehová no se ponen de acuerdo con el alcance de la prohibición. La iglesia permite algunas transfusiones autólogas (no todas), es decir, las que se hacen con la propia sangre, y fracciones menores de la sangre (pero ni plasma, ni glóbulos blancos o rojos, ni plaquetas). Aunque hay integristas más radicales que rechazan esta opción.

Quien se somete a una transfusión no sólo se expone a algún castigo más o menos vago en un futuro más o menos lejano o postmortem, sino que se considera un apóstata y se le aplica el ostracismo social e incluso económico. Esto puede ser verdaderamente aterrador en una secta en la que se tiende a vivir en comunidad y excluyendo a todos los no adeptos como seres en el mejor de los casos equivocados y destinados a no disfrutar a Dios, y en el peor de los casos subhumanos endemoniados.

De hecho, una de las creencias básicas de los Testigos de Jehová es que Dios prohíbe la mezcla de religiones, algo que resulta sumamente conveniente para obligar al cumplimiento de las disposiciones de la jerarquía de la secta.

Y es que, al menos en Estados Unidos, el tema de las transfusiones es tan importante para los Testigos de Jehová que tienen oficinas de enlace con hospitales para buscar médicos dispuestos a tratar pacientes sin transfundirles sangre, a cualquier coste, y tienen organizados Grupos de Visitas a Pacientes que supervisan a los Testigos de Jehová hospitalizados para que no pequen.

Y, por supuesto, no espere usted que los Testigos de Jehová practiquen la caridad cristiana donando sangre para salvar las vidas de otros que no crean lo mismo que ellos.

URL: http://charlatanes.blogspot.com.es/2012/06/la-sangre-y-los-testigos-de-j...

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EL GLIFOSFATO NO PRODUCE MALFORMACIONES. DEMOSTRADO CIENTÍFICAMENTE

Edición 2012 - Número 259

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J. M. Mulet

(Artículo publicado originalmente en la bitácora Los productos naturales ¡vaya timo!).

Es difícil que un debate sobre transgénicos no acabe convertido en un debate sobre el glifosfato. Ya me pasó cuando escribi un artículo en el blog ciencia en el siglo XXI (fijaos en los comentarios). En realidad son dos temas diferentes. Sobre la falacia del triángulo transgénicos-glifosato-monsanto ya hablé largo y tendido hace un tiempo. Demasiadas veces el argumento utilizado para atacar a las plantas transgénicas es que el glifosato es muy perjudicial para la salud. Lo cierto es que una de las ventajas de este herbicida es su baja toxicidad y lo rápido que se degrada en el medio ambiente, lo que impide que se acumule en acuíferos. Pero da igual, y como último recurso esgrimen el articulo de Paganelli et al., publicado en Chem. Res. Toxicol., estudio que no aporta nada al debate sobre el glifosato. A mi lo que me parece escandaloso es que en tiempos de crisis y de recortes en investigación se financie un estudio como este. Si inyectas glifosato en un embrión se producen severas malformaciones, de acuerdo, pero conviene tener en cuenta que el embrión es un sistema muy delicado y cualquier sustancia extraña que inyectes va a tener efectos perjudiciales. Inyectar agua en el embrión produce un choque hipotónico que puede resultar fatal y a pesar de eso yo sigo bebiendo agua todos los días. Es como financiar un estudio para ver si tirándote de un sexto piso te mueres. De hecho, ninguna autoridad con competencia sobre fitosanitarios tuvo en cuenta este estudio para cambiar las normas sobre uso de glifosato ¿por qué? Las condiciones experimentales no tienen nada que ver con el uso en campo o una posible exposición accidental (nadie en su sano juicio se inyecta glifosato). A pesar de esto, el articulo continúa siendo citado en cualquier discusión, como en este comentario en Amazings por parte de una tal Susana en un post en el que ni siquiera hablaba de transgénicos. Por supuesto este artículo también se cita frecuentemente en numerosas webs de grupos ecologistas como argumento para prohibir el glifosato y de paso las plantas transgénicas.

No hay cosa que más me fastidie que me asusten gratuitamente, por lo que escribí un post explicando que preocuparse por el efecto en fetos del glifosato es una tonteria. Para documentarme tuve que leer con calma la referencia de Paganelli et al. Pero, sorpresa, no solo encontré lo que ya sabía (una investigación que no aporta nada), sino una forma de enfocar el estudio y de interpretar los resultados que no se ajusta a lo que debe ser una publicación científica. Le comuniqué este hecho al editor y la revista ha decidido estimar mis comentarios y publicar una carta sobre este artículo. La historia se puede resumir en que los autores sostienen que hay un problema de salud pública debido al glifosato y al uso de plantas transgénicas, cuando la realidad es que los resultados experimentales solo dicen que inyectar glifosato en un embrión es malo (algo de sentido común). El problema viene cuando para justificar estas conclusiones han recurrido a tácticas que no se aceptan en la literatura científica para forzar una interpretación engañosa de sus resultados.

Concretando: En la introducción del artículo puede leerse la contundente frase: “El uso del glifosato esta relacionado con malformaciones congénitas”, sorpresa, por que no tengo constancia que esto sea cierto. De hecho una ventaja del glifosato es que su corta vida media impide que se acumule en el medio ambiente, al margen que inhibe una enzima que no existe en animales. Sin embargo los autores no hacen ninguna mención a este hecho y aportan una citación que avala su afirmación... o no. La revista que citan es Arch. Ped. Drug. Que solo tiene una pega: no existe. No obstante el artículo que citan es real, y ha sido publicado en Arch. Ped. Urug. Una errata curiosa ya que parece indicar una revista de toxicología o de farmacología, y no una revista local de pediatría. Leo el artículo y siguen las sorpresas. No menciona el glifosato. El artículo describe un estudio publicado originalmente en la revista Pediatria (Asunción) sobre un estudio hecho en el hospital de esta localidad en la que encuentran correlación entre el uso de pesticidas (en general, no de herbicidas en particular) y malformaciones congénitas. Pero solo es un estudio inicial sobre una población pequeña. Lo más criticable: no hacen mencion al glifosato. Por lo tanto: la cita que habla del gran problema ambiental del glifosato y justifica la investigación, no dice lo que los autores afirman.

La cosa no acaba aquí. En la discusión de los resultados vuelve a la carga citando este artículo e incide en la relación entre glifosato y transgénicos. Aquí obvían el hecho que el glifosato se utiliza en agricultura convencional o incluso en jardinería y que hay transgénicos que no son tolerantes al glifosato. Vuelve a citar dos referencias en apoyo a estas afirmaciones. Veamos de donde sale la información. Son dos libros en castellano, de temas ecologistas. Otra vez han hecho trampa. ¿Por qué? Cuando escribes un artículo científico basas tu investigación y la interpretación de los resultados en datos publicados previamente. Estos datos deben cumplir un mínimo rigor: que estén publicados en revistas sujetas a revisión por pares. ¿Es una cuestión de elitismo científico? En absoluto, es un control de calidad para asegurar que la información previa se ajusta al método científico. ¿Para que sirve? pues por ejemplo para que cuando alguien te cite la Biblia, el Mein Kampf o el Capital en una discusión sobre evolución o genética no tengas por que seguir considerando sus argumentos puesto que no cumplen ningún rigor científico. Este control también evita una interpretación sesgada de los resultados. Por ejemplo, imagina que yo me invento unos resultados, me autoedito un libro con ellos y luego lo utilizo como referencia para justificar cualquier resultado posterior.

Pues después de darme cuenta de esto le escribí un e-mail al editor de la revista donde se publicó el artículo original (Chem. Res. Toxicol.), indicándole esto que os acabo de contar y sugiriéndole amablemente corregir la errata en el título de la revista por lo menos. Para mi sorpresa me solicitó que lo enviara por el proceso normal de envío de un manuscrito en la forma de letter-to-the-editor. Un acto elogiable porque la crítica va dirigida principalmente a la revista, que es la responsable del proceso de revisión. Esta carta ha superado un proceso de revisión anónima por pares, de hecho si no lo hubiera superado no se habría publicado, por lo que estas correcciones se pueden considerar una publicación científica.

Y una curiosidad, mientras estaba esperando las pruebas de imprenta de esta carta, apareció esta otra en la cual critican duramente la metodología empleada en los ensayos para intentar convencer de una toxicidad inexistente. Por cierto, que vuelven a citar mal a la revista de pediatria uruguaya. La replica del autor principal entrá más en el campo de la rabieta que en el de la discusión científica, ya que abusa de la falacia ad hominem señalando que los autores de la carta estan vinculados a la industria de fitosanitarios. Puesto que no es mi caso, asumo que de mi carta no tiene nada que decir.

Solo me queda una duda. Todos los que se han hecho eco del estudio original y han proclamado a los cuatro vientos que hay que prohibir el glifosato por que esta matando a los niños neonatos… ¿citarán que el artículo interpretaba los datos de forma sesgada y utilizaba fuentes bibliográficas de forma incorrecta? ¿Dirán que han estado asustando a la gente por el morro?

URL: http://www.losproductosnaturales.com/2011/03/el-glifosato-no-produce-mal...

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