¡Menuda bola se ha tragado "Enigmas"!

Sección: 
EL CIRCO PARANORMAL
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el circo paranormal ¡Menuda bola se ha tragado `Enigmas'! Dicen que hay rusos que venden misiles balísticos intercontinentales con múltiples cabezas nucleares a través de los anuncios por palabras de algunos diarios occidentales; también aseguran que unos caraduras de las nuevas mafias rusas han vendido, o casi, el mismísimo Bolshoy con el genial bajo Fyodor Chaliapin (1873-1938) incluido en la compañía de canto, aunque otras fuentes aseguran que lo que iba con el gran teatro moscovita era un tal Tchaikovsky y sus cisnes del lago, todo en buen estado de conservación. Pero todo lo anterior se queda a la altura del timo de la estampita si se lo compara con el artículo que un tal Vladimir V. Rubstov le ha colado a la revista Enigmas y que apareció publicado en su número de septiembre de 1997.1 Bajo el título de El misterio de la esfera negra, el autor nos narra las peripecias de una bola más o menos redonda que se encontró un cantero ucraniano en arcillas de unos diez millones de años de antigüedad (no se indica cuándo ni cómo se dató), y que del cantero pasó a su hijo (para que jugara al fútbol, se supone), del hijo, al profesor de la escuela local, y de éste, a un imponente Boris Nikolayevich Naumenko, del Instituto de Física de la Tierra de la Academia Rusa de las Ciencias. Nos cuenta el autor de esta burla para crédulos crónicos cómo, en un principio, los parapsicólogos rusos creyeron que la bola, por su antigüedad, debería ser capaz de emitir energía psíquica por el procedimiento de la frotación descubierto por Aladino cuando se encontró su lámpara maravillosa. Parece ser que no tuvieron éxito al frotarla con las manos, lo que aprovecha Rubstov para introducir su apostilla de profundo sabor escéptico: Cuando menos consiguieron dejar su superficie bastante más limpia de lo que estaba. Por un momento, el lector puede verse inclinado a pensar que estamos ante un trabajo serio, sobre todo cuando el autor dice que, por fortuna, la bola pasó a expertos que la examinarían con métodos racionales y científicos, esto es, que empezaron creyendo que el objeto era de origen extraterrestre. A partir de aquí, comienza una verdadera orgía de datos supuestamente científicos, que permiten concluir que la bola tiene un núcleo interior de densidad, y, por tanto, de masa, negativa. ¡El descubrimiento del siglo, qué digo, de la historia de la ciencia y de la mas ¡lo mejora, señores! Es un trabajo de enorme mérito darse cuenta de este error. Y, aunque, con una modestia digna de elogio, la redacción de Enigmas atribuye una diferencia de 0,0042 milímetros a mediciones inexactas o a la erosión sufrida por la esfera. Mañana mismo deberían poner un fax y un correo electrónico a la Academia de Ciencias Sueca para que el Nobel de Física de este año no se nos escape. ¿Cuál es la composición de tan maravilloso artefacto esférico? No se sabe, pues el autor nos dice que, lamentablemente, el dueño (?) de la bola se la llevó demasiado pronto, ya que su mujer la necesitaba para plancharle las mangas de sus camisas, que era para lo que se usaban este tipo de bolas en la Ucrania del siglo XIX. Con datos tan completos, relevantes y contrastados, el autor lanza la hipótesis de que nos encontramos ante un depósito de antimateria empleado como fuente de energía. Y se queda tan ancho cuando dice que todavía se desconoce si la antimateria tiene la propiedad de la gravedad negativa, pero tal suposición es sin duda aceptable. Si dicha hipótesis fuese aceptable, ilustrados señores de Enigmas, habría que cerrar todos los aceleradores de partículas que operan con haces de materia y antimateria. Pero, por suerte, hay científicos ortodoxos, que, sin preocuparse mucho de las burlas y burradas de los magufos,2 siguen creyendo que la materia y la antimateria se diferencian en su carga (si una es positiva, la otra es negativa), pero que ese número que llamamos masa tiene la buena costumbre de ser siempre positivo. Para evitar que materia (corteza) y antimateria (núcleo) de la mágica bola negra se destruyan, el escribiente ruso se invenel escéptico (Junio 1998) 45 ¡Un colaborador de la revista de Jiménez del Oso ha hecho el descubrimiento del siglo, lo definitivo contra los michelines, las barrigas y la grasa que afea su figura! humanidad toda: una bola con masa negativa en su interior; lo definitivo contra los michelines, las barrigas y la grasa que afea su figura! Señora, que la báscula le dice que tres kilos más, se toma tres kilos de materia negativa y a presumir otra vez. Así se entra en una especulación numerológica basada en un dibujo que parece hecho por mi hijo Jaime, de 5 años, cuando les roba el compás, la regla, el cartabón y la escuadra a sus hermanos mayores. En una de esas divagaciones pseudomatemáticas, pseudogeométricas, se ensaya con una escala basada en la 24ª parte de una cierta longitud. El autor da un dato, y la redacción de Enig- ta una capa aislante compuesta de neutrones. Y aquí entran de nuevo los redactores (aunque, por el estilo, más parece fruto del bolígrafo de Fernando Jiménez del Oso, director de la revista) para apostillar, en un increíble recuadro de apoyo titulado Materia antigravitatoria, que en este sentido, la malla de neutrones que según el autor podría evitar el contacto de esta antimateria con la materia, para que pese sólo 500 gramos, tiene que tener una distancia equivalente a casi tres neutrones, entre una y otra de estas partículas, y a simple vista parece que por este hueco podría colarse el positrón de la antimateria.¡Genial! ¡Coronas esféricas de un ancho de tres neutrones y que pesan 500 gramos! ¡Nuevos microscopios de tecnología magufa que permiten, a simple vista, ver a un positrón colarse entre el hueco que dejan tres neutrones! Parece que la redacción de Enigmas no ha tenido suficiente dosis de gazapos científicos rusos, que se esmera en seguir añadiendo disparates y despropósitos como si de una competición de analfabetismo científico se tratase. ¿Otra muestra?: El agua es muy sensible a estas anomalías gravitatorias que contienen ondas escalares, no hertzianas, y sumergiendo en ella la bola negra, por la absorbencia del ultravioleta lejano en espectrofotómetro, quizá se podían sacar algunas conclusiones importantes. Sin duda. Y la más importante es que quien ha escrito esto es un ignorante total en física, lo que no le impide, juntando al azar tres o cuatro términos técnicos, quedarse tan contento con sus latinajos cientifistas. En conclusión, queridos amigos de Enigmas , que al próximo ruso que vaya a venderos un artículo científico lleno de arcanos y misterios propios de la parafernalia extraterrestre, preguntadle de paso que si os quiere vender también el mausoleo de Lenin; pero, en realidad, con la ignorancia científica que atesoráis, no considero necesario que os expongáis a otro timo científico de rusos desaprensivos. Rubstov, Vladimir V. [1997]: El misterio de la esfera negra. ¿Un artefacto extraterrestre de hace diez millones de años. Enigmas (Madrid), Año III - Nº 10 (Octubre), 8-16. 2 Magufo es un término que se aplica en la lista escéptica española de Internet a todo divulgador pseudocientífico. 1 Chapuzón atlante Canarias, 1997. Un aterrado -o eso dice- Manuel Carballal se dispone a sumergirse en las procelosas aguas del Atlántico para dar testimonio del descubrimiento de nuevos restos de la mítica Atlántida.1 Lamentablemente sólo nos da eso, testimonio. Ni el abundante equipo con el que contaban los submarinistas ni el empeño del intrépido investigador han permitido que llegue hasta nosotros una sola imagen del asombroso descubrimiento del grupo Sub-Can. Como dice uno de los miembros del grupo, siempre que hemos bajado a esa zona concreta se nos ha averiado algo del equipo. En esta ocasión debió ser la cámara fotográfica. Una lástima, ¿no? Afortunadamente, los misteriosos gremlins que nos privan de la prueba gráfica del descubrimiento no nos han librado del habitual despliegue de fotografías del autor. Supongo que por si no le conocíamos. En otras circunstancias podríamos afirmar que el artículo de Carballal no tiene desperdicio. Pero no es así: lo tiene, y mucho. Buena parte del texto y un recuadro se dedican a relatar la célebre superchería de los restos atlantes de Bímini, lugar donde se encontraron portentosas calzadas, restos de columnas y otros signos evidentes de la existencia de una fantástica civilización tragada por las aguas. Carballal se recrea en enumerarnos todas las investigaciones realizadas sobre los restos atlantes de Bímini. Bueno, todas las investigaciones magufas. Quizá no sepa que, tras la explicación del origen natural de los bloques que com- FERNANDO PEREGRÍN 46 (Junio 1998) el escéptico ponían la calzada sumergida, una expedición identificó el material de construcción como rocas calcáreas de origen natural y de formación tan reciente que incluso tenían en su interior restos de botellas de vidrio, trozos de plástico y otras muestras de nuestra avanzada civilización. Claro que también puede ser que los atlantes fueran así de guarros. Otro importante apoyo al que acude Carballal -y que también se cae por si solo- es la investigación que Thor Heyerdahl y otros crédulos efectuaron sobre las misteriosas pirámides canarias. A pesar de que tanto los científicos como los propios lugareños insisten en que se trata de simples majanos, desde hace tiempo numerosos investigadores juran y perjuran que se trata de restos de la mítica Atlántida. Insasequibles al desaliento, no dudan en adaptar su tesis a las cambiantes circunstancias, y así, cuando la construcción de una circunvalación hizo necesaria la voladura de una pirámide en Icod, los piramidiotas no se arredraron por la no aparición de restos atlantes: simplemente afirmaron que las pirámides de Icod son, en efecto, majanos, pero las de Güímar... esas sí que son legítimas pirámides atlantes. Tan auténticas que, cuando Thor Heyerdahl fracasó en su intento de detectar cavidades artificiales mediante radar, no vaciló en atribuir su fracaso a la previsión de los atlantes, que habían recubierto sus túneles con losas opacas a las ondas de radar. ¿Y qué más podríamos comentar del artículo de Carballal? Pues, muy poco más. Aparte de mostrarnos un enciclopédico conocimiento de las más relevantes chorradas escritas sobre la Atlántida, lo único que nos cuenta es su aventura submarina, el miedo que le da el agua y cómo los chicos de SubCan le toman el pelo con los tiburones. Es un poco como una de esas anécdotas que se cuentan sobre la mili, sólo que publicada en una revista, con muchas fotos del autor y aprovechando para mencionar de pasada la preparación de su próxima serie de televisión: Mundo misterioso. Y luego hablan de propaganda encubierta...

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