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Editorial
El escepticismo como movimiento social
Treinta años ya, nada menos, son los que lleva ARPSociedad para el Avance del Pensamiento Crítico en
activo como asociación legalmente constituida, decana del movimiento escéptico español*. Claro que hablar de un movimiento en aquella época imaginamos
que aún levantaría suspicacias, con una España intentando superar esa Transición desde un régimen en el
que movimiento solo había uno, «grande y libre», que
dirían algunos: el Movimiento, ya saben ustedes.
Y sí, podemos considerar que formamos parte de
los llamados nuevos movimientos sociales, surgidos
allá por los años sesenta o setenta, de los que podemos citar, entre los más célebres, el ecologismo, el
feminismo de tercera generación o el pacifismo, los
cuales además han impregnado de sus ideas buena
parte de la política de todo signo. ¿Por qué nosotros
seguimos siendo tan minoritarios y desconocidos, y
casi diría que aún impopulares para buena parte de la
población?
Las razones serán múltiples, pero entre ellas estará
sin duda el hecho de que, al contrario de los movimientos mencionados, no atacamos frontalmente —
al menos en apariencia— las estructuras de poder, el
orden establecido. Recuérdese que en esos comienzos las asociaciones escépticas eran acusadas de ser
colectivos de propaganda de la CIA o de cualquier
otro servicio de inteligencia, por aquello de negar la
realidad de las visitas extraterrestres o de los poderes
paranormales, al igual que ahora se nos acusa de andar vendidos a las multinacionales farmacéuticas o de
la alimentación, cuando la deriva pseudocientífica se
ha escorado hacia los temas de salud y consumo. Además, nuestra actividad es tomada también como un
ataque a las creencias básicas de mucha gente, incluidos algunos de los excesivamente sacralizados postulados «alternativos» que se integran en determinados
y prestigiosos movimientos de entre los mencionados.
Aparentemente no reclamamos un orden alternativo, no echamos mano de lemas del estilo «otro mun-

do es posible», sino que proponemos una herramienta
transversal a cualquier faceta humana: el pensamiento crítico. Esto es, ni más ni menos, lo que queremos reivindicar como movimiento social. Y como
han conseguido otros colectivos de defensa del medio
ambiente o de la igualdad entre hombres y mujeres,
nuestra meta ha de ser que el pensamiento crítico, la
racionalidad y la recuperación del espíritu ilustrado
sean parte fundamental de la política, de otros movimientos sociales y de las herramientas mentales de
todo ciudadano responsable. Solo así nos podremos
dejar de oscurantismos y de misticismos, y podremos
participar en la vida pública y personal con una base
argumental correcta. ¿Acaso no es eso enfrentarse radicalmente al orden establecido y buscar otro mundo
posible? Eso sí, no podemos dejar de lado la autocrítica y, si queremos convertirnos en un movimiento
social de envergadura y calado, hemos de buscar nuevas vías, no dar pie a que se nos acuse de soberbia o
elitismo —en ocasiones, no sin razón—, y hacer que
se sienta partícipe y activa cuanta más gente mejor.
Tras estas reflexiones, solo nos queda decir que
esperamos que disfruten de este extenso número (en
formato anuario), en el que recopilamos asuntos de
lo más variado, con visitas al ayer (una entrevista a
nuestro presidente fundador y revisiones a Ummo,
affaire ufológico castizo, y a la piramidología, esa
rama de la pseudohistoria), al hoy (nuestra memoria
de actividades y los ganadores del concurso de relatos, las terapias peligrosas que parasitan la salud, los
condicionantes humanos de la ciencia o cuáles son los
actuales enemigos de la racionalidad) y a lo que siempre permanece (las conspiraciones, en el texto fruto
de un trabajo financiado por una beca de ARP-SAPC,
de cuya III edición, por cierto, adjuntamos las bases
en el interior de la contraportada, ya con el nombre
de nuestro querido Sergio López Borgoñoz). Hasta
pronto.

* Véase el texto escrito al respecto por nuestro presidente en https://www.escepticos.es/node/5257

Anuario 2017

5 el escéptico

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