GONZÁLEZ JEREZ ALFONSO

La legalización de una estafa

El Escéptico Digital - Edición 2013 - Número 266

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Alfonso González Jerez

(Artículo publicado originalmente en la bitácora Hasta el amanecer).

El Ministerio de Sanidad ha informado (digamos) sobre una inminente normativa que “regulará los medicamentos homeopáticos para garantizar su calidad y eficacia”. Es realmente complejo enhebrar una frase tan corta y al tiempo sembrada de necedades como esta. Existe, obviamente, la homeopatía, pero no cosas tales como medicamentos homeopáticos. La homeopatía es una seudociencia y sus engañosos productos no pueden considerarse racional ni empíricamente como medicinas. Sin duda por eso, al Ministerio de Sanidad le bastará, según la normativa a punto de aprobarse, que el fabricante del producto homeopático justifique el uso tradicional del mismo. No puede hacer otra cosa, por supuesto, porque es imposible aportar pruebas clínicas de la eficacia o eficiencia de los tratamientos homeopáticos. Lo que significa, llanamente, que el Gobierno dará cobertura legal a una estafa científica que resulta, sin embargo, un negocio fabuloso que mueve miles de millones de euros anualmente en todo el mundo y que, por esa misma razón, cuenta con complicidades crecientes entre médicos fulleros, farmacéuticos ansiosos y empresarios carentes de escrúpulos, sin olvidar, desgraciadamente, a ciertos profesores, colegios profesionales y departamentos universitarios. La legitimación legal de la homeopatía – como su sinuosa penetración en ámbitos universitarios — es una derrota del pensamiento crítico y de la medicina en este país y llega de la mano de un Gobierno cuya titular de Sanidad ya hizo, el pasado verano, un elogio a los “medicamentos alternativos” para abaratar los costes de la atención farmaceútica. A la modernización del nacionalcatolicismo le viene bien el toque chic que significa promover la magufería en el sistema de salud pública.

El Escéptico: 

Seudociencias

El Escéptico Digital - Edición 2013 - Número 263

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Alfonso González Jerez

(Artículo publicado originalmente en el Diario de Avisos).

Solo cabe agradecer al Aula Cultural de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna que haya denunciado el curso sobre una de las patrañas más grotescas en el floreciente jardín de las seudociencias, la programación neurolingüística, que ha sido ofertado por la Fundación Empresa Universidad de La Laguna. La programación neurolingüística es un timo, un timo muy suculento para sus perpetradores, y carece de cualquier base científica que merezca tal nombre, como puede confirmar el curioso en cualquier publicación académica rigurosa. Más allá de su incongruencia teórica -ese zurcido penoso de doctrinas y modelos aderezados por una jerga tecnicoide a medio camino entre Star Trek y Chiquito de la Calzada- cualquier persona debe desconfiar de sujetos que le garantizan ser felices y comer perdices en diez fáciles (o difíciles) sesiones. Los hechiceros de la programación neurolingüística sostienen que el camino a la satisfacción interna y el éxito público se consiguen controlándose a sí mismo y controlando a los demás. Es un punto de partida moral no solo obviamente ineficiente, sino bastante miserable.

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