A la caza de los Fowler. Mark Twain desmonta la frenología

Sección: 
ARTÍCULOS
Pagina final: 
68
pinchar aqui para descargar pdf


Recomendamos la lectura de este artículo en formato pdf, respetando su maquetado original.
Para ello pinche en la imagen de la primera página que aparece arriba.
Para facilitar su difusión, proporcionamos también la versión del artículo en html y texto, pero tenemos que advertirle que su extracción ha sido realizada por herramientas automáticas y puede que no conserve completamente la composición original.

Enlace al artículo en html (en nueva ventana):  A la caza de los Fowler. Mark Twain desmonta la frenología
Texto plano (desmaquetado) del artículo :  Mostrar el texto plano (segunda vez esconde)

A la caza de los Fowler. Mark Twain desmonta la frenología
DELANO JOSÉ LÓPEZ

En el año 1863, Mark Twain realizó una prueba para comprobar la fiabilidad de la técnica usada por Lorenzo Niles Fowler, uno de los frenólogos más eminentes de la época.

n la obra de Ma r k Twain Un yanki de Connecticut en la corte del rey A r t u r o , e lp r o t agonista, Hank Morgan, contempla a su acompañante me-dieva lr evolcándose entre cerdos --que ella cree son nobles encantados-- y dice: "Estaba avergonzad od ee l l a , avergonz ado de la raza humana". La vergüenza que sentía el propio Twain por sus colegas humanos, rev o lcándose en la superstición y la pseudociencia, está presente a lo largo de toda su traye c t o r i a . Como muchos buenos escépticos, Twain era un experimentado tramposo y bromista. Cuando de joven se ganaba la vida como reportero en un periódico, escribió una parodia sobre una de las numerosas af irmaciones arqueológicas falsas que acompañaron la conquista del oeste. En su trabaj o El hombre petrificado, describió el descubrimiento de semejante hallazgo. Presentado como una auténtica crónica de prensa, el relato contenía numerosos datos geográf icos improbables, que cualquiera que estuviese familiarizado con la zona donde se ubicaban los restos del supuesto hombre, los podría haber identifi c ado como absurdos, o al menos eso era lo que pensaba el conocido escritor. Sin embargo, le desanimó descubrir que sus lectores y la prensa crédula a lo ancho de su país (e, incluso, a escala internac i on a l ) aceptaba la historia de una forma ac r í t i c a .S i un lector atento hubiera reconstruido la posición que se indicaba de manos y dedos, se le hubiera hecho pat e n t eq u ee s t es e rt e n í a ,l i t e r a l m e n t e ,e l pulgar ante la nariz, en un gesto de burla para la posteridad .

E

Lafac i l i d ad con la que se aceptó esta parodia como algo cierto es una de las cosas que más contribuyeron a que Twain se relacionara el resto de su vida con la crítica y el desmantelamiento tanto de `verdad e s ' aceptadas como de af irmac i ones excepcionales. No sólo fue un simple humor i s t a ,s i n o además, un político sin pelos en la leng u a , c r í t i c o s o c i a l y l i t e r a r i o c u yos objetivos abarcaban desde el imperialismo americano (To the Person Sitting in Darkness), el anti-semitismo (Concerning the Jews) y la intolerancia anti-china (Goldsmith's Friend Abroad Again), h a s t a l a s " o fensas literarias" de James Fenimore Cooper y la autoría de las comedias de Shakespeare. Su crítica también se orientó hac i al or e l i g i o s o y lo paranormal, despreciando a gente como M ary Baker Eddy y la Ciencia Cristiana, y af i rmando que resultaba altamente improbable que ella fuera la única autora de Science and Health. Era también escéptico respecto al Libro de los Mormones y sus pretensiones de una autoría divin a . Fue su hostilidad hacia el engaño lo que le movió a encontrarse con otro gigante del siglo XIX, una celebridad por derecho propio como era Lorenzo Niles Fowler.

La vergüenza que sentía Mark Twain por sus colegas humanos, revolcándose en la superstición y la pseudociencia, está presente a lo largo de toda su trayectoria.

Página web dedicada a la residencia de Mark Twain (http://www.marktwainhouse.org) en Hartford, Connecticut, a medio camino entre Boston y Nueva York. (© 2000 The Mark Twain House)

Tanto Twain como Fowler eran personas hechas a sí mismas que desde unos orígenes humildes habían llegado a convertirse en las granel escéptico (2004) 63

des celebridades del momento, catapultad a sal a f ama a través de las tendencias y movimientos predominantes en su época. Sin embargo, pasado el tiempo, mientras uno sigue permaneciendo con su nombre y apellidos, el otro ya se ha sumergido en la oscuridad. Ambos compartieron muchas similitudes, tanto de carácter como de puntos de vista, hasta que el destino les hizo adoptar posiciones dispares en torno a la ocupación de Fo w l e r :l af r e n o l o g í a .

LA FRENOLOGÍA Y LOS FOWLER
Para entender bien ese siglo, es importante conocer la frenología, por cuanto esta creencia ilustra bien el pensamiento de la nac i ó n [l o s Estados Unidos de América --N. del T. -- ]e n aquel momento respecto a lo que impulsaba el comportamiento humano.

Lorenzo Niles Fowler (1811-1896). (John van Wyhe, The History of Phrenology on the Web -- http://pages.britishlibrary.net/phrenology--, 2002)

Tal como se describía por sus practicantes y seguidores, nada menos que toda la experiencia humana podía explicarse mediante una adecuada aplicación de la ciencia de la frenología.
64 (2004) el escéptico

Tal como se describía por sus prac t i c a n t e sy seguidores, nada menos que toda la experiencia humana podía explicarse mediante una adecuada a p l i c ación de esta ciencia. Con este fi n , Lorenzo y su hermano Orson Squire Fowler publicaron libros que trataban sobre diversas aplicaciones de la frenología en la vida diaria; desde cómo descubrir al colega ideal, hasta qué cualidades deberían escrutarse en un empleado. Puede observa r s el a influencia de la frenología en las obras de Whitman, Poe y Me l v i l l e . Los Fowler alcanzaron una gran notoriedad como líderes del imperio frenológico con sede en e l Instituto Frenológico de la ciudad de Nueva York, donde Lorenzo realizaba análisis frenológicos a sus clientes. No sólo eso, sino que además a l l íl o s Fowler entrenaron a la siguiente generación de frenólogos. Además, había un Gabinete Frenológico conectado al Instituto, al que denominaban "Gólgota", que poseía una amplia colección de calaveras, empleadas tanto con fines de i n v e s t i g ación como de exposición abierta al público. A menudo entraba en una seria competencia con P. T. Barnum como foco de at r acción para turistas. Con el tiempo se puso de moda hac e r s e analizar frenológicamente por los famosos frenólogos, y muchas celebridades de entonces hicieron e xaminar sus cabezas, como Julia Ward Howe , Clara Barton, Hiriam Powers, Theodore Weldand y Edwin Fo r r e s t.Los Fowler llegaron a ser celebridades por derecho propio, aunque pasaron también p o rs e rs at i r i z ados en la prensa popular junto con otro socio del negocio, Samuel Wells, cuando se c r e ól a firma Bumpus and Crane. Los hermanos Fowler también dirigieron una gran editorial, que sirvió para publicar los trabajos frenológicos escritos tanto por ellos como por o t r o s , además del Phrenological Journal.Pe r os i n embargo no se limitaron a ser meros frenólogos, sino que se consideraban a sí mismo integrados en un amplio movimiento progresista que se había sacudido de encima la superstición trad ic i o n a lye l fanatismo, reemplazándolos mediante una reforma rac i o n a l i s t a . E n a r a s d e e s t e fi n publicaron una colección de libros, un tanto ecléctica, que vino a ser el equiva l e n t eal o s actuales libros de auto-ayuda en el siglo XIX. Contenía desde trabajos sobre hidropatía y homeopat í a , hasta cómo construirse una determinada casa barata octogonal. Publicaron trabajos sobre temas tan diversos como la poesía, el feminismo en sus albores y sobre el nuev oa r t ed el a fotograf í a .S u ya fue la primera edición de la obra de Whitman Leaves of Grass (Hojas de Hierba), así como una i f eI l l u s t r a t e d. S u r ev i s t as o b r e fotograf í al l a m ad aL círculo de amistades incluyó a r e formadores tales como la feminista Amelia Bloomer y el nutricionista Sylvester Graham.

alegría, un poco de buena suerte y un poco de mala". Asimismo se había dado cuenta de cómo empleaban los frenólogos semejantes interpretaciones vagas para complacer a sus clientes. En su autobiografía, describe así al frenólogo ambulante que visitaba Hannibal en su juventud: "No es en absoluto probable, pienso, que el experto ambulante captase muy bien siquiera el carácter de ningún aldeano, pero es una adivinación segura que él siempre era lo bastante hábil para proporcionar a sus clientes unos mapas de carácter que podrían compararse favorablemente con los del mismo George Washington. Fue hace mucho tiempo, y aún recuerdo que ninguno de los frenólogos que llegaron a mi pueblo no encontraron nunca ningún cráneo muy inferior al estándar de W ashington. Esta proximidad generalizad a a l a p e r fección debería, quizás, haber provocado la sospecha, pero no recuerdo que lo hiciera. A mi entender la gente admiraba la frenología y creía en ella, y la voz de quien dudaba no se escuchaba en la tierra." (Neider 1959)

Portada de una edición de la revista American Phrenological Journal. (John van Wyhe, The History of Phrenology on the Web --http://pages.britishlibrary.net/phrenology--, 2002)

ENTRADA EN ESCENA DE MARK TWAIN
Fue una ironía que el encuentro entre esos dos ejemplos del espíritu americano del progreso tuviera lugar en Londres. Fowler se había trasladado allí en 1863, para abrir una sucursal de su f irma (Fowler y We l l st u v i e r o n varias en Boston y F i l ad e l fi a ) . Twain a menudo emprendía giras europeas y permanecía en dicho continente durante largos periodos, en un intento de "pulirse" como efecto de su exposición a la cultura europea. Muchos de los americanos del siglo XIX arrastraban también un sentimiento similar de i n fe r i o r i d ad i n t e l e c t u a l . Twain poseía ya alguna experiencia con la frenología, al haber escrito de joven sobre un frenólogo ambulante que llegaba a Hannibal, la ciudad e nl aq u eé lr e s i d í a ,yh acía demostraciones (hay quien af irma que ese frenólogo anónimo pudiera t r atarse de uno de los Fowler, pero no hay prueb a sd ee l l o ) .E s t a b a familiarizado también con la técnica conocida hoy día como lectura en frío, de lo que hace una descripción satírica al comienzo nl ac u a lu n de su obra Lionizing Murderers, e echador de cartas empezaba su visión de esta manera: "Usted tiene muchos problemas, alguna

"Aún recuerdo que ninguno de los frenólogos que llegaron a mi pueblo no encontraron nunca ningún cráneo muy inferior al estándar de Washington. Esta proximidad generalizada a la perfección debería, quizás, haber provocado la sospecha, pero no recuerdo que lo hiciera. A mi entender la gente admiraba la frenología y creía en ella, y la voz de quien dudaba no se escuchaba en la tierra"

Las partes del cráneo según la frenología clásica. (John van Wyhe, The History of Phrenology on the Web --http://pages.britishlibrary.net/phrenology--, 2002) el escéptico (2004) 65

Conocedor de antemano tanto de la frenología como de las artimañas de los a r t i s t a sd e lt i m o ,l l ev ó a cabo una prueba de ciego único. En 18 72 ó 18 73 , Tw a i nv i s i t ól a o ficina de los Fowler en Londres para que le hicieran una lectura, usando un seudónimo. Como su retrato se había empleado en propaganda, tal precaución podría parecer poco adecuada, aunque Fowler no dio señales de haberle reconocido. El resultado estuvo en línea con sus expectat i va s r e specto a una lectura en f r í o :" Fowler me recibió con indife r e n c i a , señalando mi cabeza con cierto aire de desgana, mientras que recitaba y estimaba mis cualidades con Reproducción de un busto usado hacia una voz monótona y 1865 por L. N. Fowler para la enseñanza y aburrida. Dijo que yo práctica de la frenología. (John van Wyhe, The History of Phrenology on the Web -- poseía un coraje sorhttp://pages.britishlibrary.net/phrenology-- prendente, un espíritu , 2002) de at r evimiento anormal, un ánimo y voluntad s evera, una audacia que no tenía límite. Yo estaba sorprendido con esto, a la vez que ag r adecido. No lo había sospechado previamente, pero se puso a hurgar en el otro l ado de mi cabeza y encontró allá un montículo que denominó `cautela'. Este montículo era tan grande, tan prominente, que redujo el chichón de l avalentía, en comparación, a un simple collad o , pese a que ese abultamiento hasta entonces había sido tan destac ado --según lo describía él-- que podría haberme servido para que colgara ahí mi sombrero; pero a continuación se quedó en nada ante ese abultamiento que denominó mi cautela. M e explicó que si el primer bulto hubiese quedado predominando en el esquema de mi carácter, yo podría haber sido uno de los hombres más valientes que hubieran existido nunca --probablemente el que más--, pero que mi cautela era prodigiosamente superior, con lo que quedaba abolida mi valentía y terminaba por convertirme en alguien casi espectacularmente tímido. Continuó sus descubrimientos, con el resultado de que al f inal salí sano y salvo, y con un centenar de gran66 (2004) el escéptico

des y brillantes cualidades; pero que una a una se fueron devaluando porque a todas le emparejaba un defecto contrario que las anulaba". (Neider, 1959) Según Twain, Fowler estaba dispuesto a mojarse en una cualidad: "Sin embargo, encontró una c av i d ad en un lat e r a l ,u n ac av i d ad donde en la cabeza de cualquier otro hubiera encontrado un bulto. Ese hueco, dijo que era exclusivo, único en sí mismo, en medio de la nada, no encontrando ningún bulto opuesto, ni tan siquiera una lev e prominencia con la que pudiera modifi c a r o mejorar su perfecta plenitud y aislamiento. ¡Me asustó cuando dijo que aq u e l l os i g n i ficaba una total ausencia de sentido del humor!". Twain af irma que ese mismo defe c t o f u e l a única desviación de su carácter respecto al estándar cuando se sometió a la quiromancia, para lo cual envió anónimamente una foto de la palma de su mano a destac ados videntes en Londres y Nueva York. De dieciocho lecturas, el humor se citó solo dos veces, y fue para decir que carecía completamente de él. E l a u t o r e s t adounidense regresó donde los Fowler tres meses después y se sentó para que le realizaran una segunda lectura, esta vez identifi cándose. En esta ocasión la lectura resultó muy d i ferente. "Una vez más realizó un descubrimiento impresionante; la cav i d ad había desaparecido y en su lugar lo que encontró fue el monte Everest --dicho de forma fi g u r ada--, 31.000 pies de altitud. ¡El chichón del humor más prominente que había encontrado en toda su dilat ada experiencia!" Debería mencionarse sin embargo, que éste fue solo un test de ciego único, con un sujeto predispuesto a la hostilidad contra la frenología. Puede ser que en esta segunda visita, Tw a i n ,s e condujera de modo más jovial y divertido. Sin embargo, semejante treta no pasó desapercibida ante los Fowler, que llegaron a decir que desde el principio habían notad o fácilmente la trampa. Se añade que la memoria de Twain podía haber fa l l ad oa lr e l at a re la n á l i s i sq u el eh i c i e r o n . M adeleine B. Stern, historiad o r al i t e r a r i ayb i ó g r af a de los Fowler, señala que la terminología de Twain (por ejemplo, "bultos" y "cav i d ad e s " ) e s inconsecuente con la que empleaban los Fowler. Continúa apuntando que era raro que Lorenzo Fowler, conocido por su prodigiosa memoria, hubiese olvidado las características que había señalado a Twain tres meses antes. Pero resulta que Twain dijo que poseía los mapas de personalidad que le confeccionaron en las dos lecturas (por una suma ad i c i o n a l , l o s Fowler solían entregar un mapa con la frenograf í a de cad ac l i e n t e ) ." Acudí a Fowler bajo un nombre supuesto y examinó mis elevaciones y depresiones, entregándome una carta que me llev éa lh o t e l

Langham, que luego examiné con gran interés y detenimiento --el mismo interés y detenimiento que yo experimentaría si hubiera encontrado la carta de un impostor que se hubiera hecho pasar por mí, y que resultaba no tener absolutamente ningún rasgo lo bastante detallado que fuera similar a los míos--. Esperé tres meses y regresé donde Mr.Fowler de nuevo, anunciando mi visita con una tarjeta que llevaba tanto mi auténtico nombre como mi nom de guerre. Nuevamente salí con la carta que había elaborado. Ésta señalaba va r i o s detalles de mi carácter definidos con precisión, pero no tenían ninguna semejanza con la carta que elaboró la primera vez" (Neider 1959).

"Nuevamente salí con la carta que había elaborado. Ésta señalaba varios detalles de mi carácter definidos con precisión, pero no tenían ninguna semejanza con la carta que elaboró la primera vez"
Es una tragedia menor para la historia del escepticismo que esas cartas parezcan no haber sobrev i v i d o . Sin embargo, Twain no quedó sat i s fecho y en 19 01 se sentó para una última lectura, esta vez en la ciudad de Nueva Yo r k . Lorenzo Fowler para entonces había pasado el negocio a su hij a , Charlotte Fowler We l l s ,yas uh ij o ,J e s s i eA l l e n Fowler.Fue este último quien realizó la última lectura frenológica a Twain (hubo un tal Edgar C. Beall, que por entonces se ocupaba del control del almacén de la compañía, quien más adelante d ijo haber sido quien examinó personalmente a Twain --no obstante, en la agenda de Twain quedó anotad al ac i t ac o nJ e s s i eA . Fo w l e r -- ) . El análisis se publicaría más adelante en el Phrenological Journal, firmado por el editor.Tanto s if u eJ e s s i e Fowler como Beall, el autor resultó ser ciertamente un crítico literario mejor que Lorenzo Fowler.La última frenograf í ad e Twain se centra no sólo en el humor de éste, sino en su serio compromiso hacia la humanidad, como quedaba patente por el enorme desarrollo de sus áreas de escrupulosidad y benevolencia. E lf r e n ó l o g oi n t e rpretaba el humor de Twain como algo meramente habitual, y como un medio al servicio de sus más altos compromisos con la sociedad. Quizá el editor poseía una mejor disposición para el análisis frenológico que Lorenzo, o puede que él o ella

tuvieran un mejor conocimiento de la obra de Tw a i n .S i g n i fi c at i vamente, en los casi treinta años transcurridos desde aquel primer frenograma, la obra de Twain había madurad o ,ye lg r u e s od el a misma era mucho más conocida por el público en general. Su mordaz crítica al imperialismo americ a n o , To the Person Sitting in Darkness, h a b í a sido publicada el año anterior. Pese a que este análisis frenológico se había publicado, Twain nunca quiso hacer comentarios al respecto. De hecho, cuando en 1906 se le preguntó a Twain si quería contribuir con un escrito en un simposio de frenología, se despachó con el r e l ato de sus experiencias infantiles en Hannibal, así como con las pruebas realizados en Londres con Lorenzo Fowler, pero no mencionó su más reciente experiencia en Nueva York. Madeleine B. Stern especulaba así sobre las razones de esta omisión: "Quizá el análisis había resultado demas i ado preciso, y la insinuación sobre su `carácter t r ágico', demasiado inquietante. Puede también que Mark Twain se negara a revelar su persistente f ascinación por la pseudociencia de la que se había burlado, pero cuya seducción no pudo eludir" (Stern 19 71 ) . Puede ser, por el contrario, que los frenólogos se beneficiaran de su benevolencia. Hac i a 1906, la estrella de la frenología había declinado considerablemente respecto a aq u e l l o s felices años en que Twain mantuvo su cara a cara con Lorenzo. A partir de entonces son muchos los que no la consideraban ya como una auténtica ciencia, y América se estaba volviendo para contemplar la importación europea más reciente, el emergente campo del psicoanálisis, como el mejor medio para explicar el comportamiento humano. Según iba mermando la fortuna del Instituto Frenológico, sus ofi c i n a ss ev i e r o n forzadas por los menguantes ingresos y crecientes rentas a trasl adarse a lugares cada vez menos refi n ad o s . E l lugar donde realizaron a Twain su última lectura dejó de ser la at r acción turística del bajo Broadway ,p a r al l evarse a cabo en una ubicación mucho más modesta en la calle 21 Este. Ciertamente, Twain no era de los que hacían leña del árbol caído, y quizá fue por su compasión o su vergüenza por el hecho de que la familia Fowler continuara con aquel absurdo, a su entender, l oq u el el l evó a omitir comentarios sobre la última prueba que había realizad o . Twain puede que se volviera más benévolo para con aquellos a quienes consideraba crédulos, ya que para entonces había enterrado miles de dólares y muchos años de su tiempo en una máquina para impresión que resultó un fracaso. Al terminar e ls i g l o ,t a n t o Lorenzo como Orson Fowler habían f allecido, habiendo dedicado el grueso de sus v i d a sad e fender una teoría desac r e d i t ada generael escéptico (2004) 67

l i z adamente. Puede que el escritor, q u ee ne s aú l t ima frenografía se describía como "un creyente en la humanidad", "un crítico muy agudo de sí mismo" y "con una enorme condescendencia", viese demasiada de su propia credulidad r e f l e j ada en aquello por lo que abogaban los frenólogos en los albores del siglo XX, queriendo relegar su fa l ac i ap a r t i c u l a ra lp a s ado de la humanidad . E ne l fondo, tanto Twain como los Fowler fuer o nr e formistas, de alguna manera. La frenología de los Fowler era una curiosidad americana. Po re l contrario, sus homólogos europeos no participaban de la creencia en que el carácter de una persona era inmutable, sino que mediante lo rev e l ado por el análisis frenológico podían indicarse d e fectos de carácter que posteriormente podían s e rr e c t i fi c ados mediante la ejercitación adecuada de función específica, que podría entonces resaltarse, al igual que un at l e t a acrecienta su muscul atura, tras una nueva explorac i ó n . La premisa más básica de la frenología, que d i ferentes áreas del cerebro se corresponden con d i ferentes funciones, se ha mantenido en pie como cierta, y constituye un fundamento para la neurociencia moderna. Su error fat a lf u el aa s i gnac i ó nr e l at i vamente arbitraria de estas funciones a áreas concretas, y su creencia en que ello se exteriorizaba en la cabeza de una forma determinada. De haber tenido la habilidad para examinar esta premisa y contrastarla objetivamente con datos controlados, quizá no hubiesen desperdic i ado una parte tan importante de su existencia detrás de este largo ejercicio de inutilidad .

m áquina de impresión cuya u t i l i d ad se había desc a r t ado. Sin embargo, a diferencia de los Fowler q u e , aceptando de manera enormemente ac r í t i c a l o s avances, se quedaron en la penumbra del " p r o g r e s o "yl a" r e forma", Twain se mantuvo crítico tanto con el s t a t u s quo social vigente como con sus reformas, juzgando cada cosa por sus propios méritos. La trampa de Twain a Fowler puede verse como una acusación contra la frenología como ciencia o de Fowler como un curandero. Pe r o ,e n ultima instancia, pudiera ser vista como una vergüenza para la humanidad en sí misma, al igual que la doncella medieval que creía que los cerdos eran nobles, el que personas tan inteligentes y sinceras como los Fowler permanecieran autoengañadas toda su vida.

La premisa más básica de la frenología, que diferentes áreas del cerebro se corresponden con diferentes funciones, se ha mantenido en pie como cierta, y constituye un fundamento para la neurociencia moderna. Su error fatal fue la asignación relativamente arbitraria de estas funciones a áreas concretas, y su creencia en que ello se exteriorizaba en la cabeza de una forma determinada.
Bien por credulidad, o por intuición, muchas de las causas e ideas defendidas por los Fowler fueron reivindicadas posteriormente, como lo fue la obra literaria de Whitman, los ideales feministas de Bloomer o las técnicas de construcción determinadas de Orson Fowler. Ciertamente, también lo fueron muchas de las de Twain, como la
68 (2004) el escéptico

Portada de la revista Skeptical Inquirer de enero/febrero del 2002, donde apareció originalmente en inglés este artículo. (CSICOP)

REFERENCIAS:
-- Neider, C h a r l e s( e d . ) 1959. The Autobiography of Mark Twain. Nueva York: Harper. -- Stern, Madeleine B. 1969. Mark Twain had h i s r z o . head examined. American Literature, Ma -- Stern, Madeleine B. 19 71. Heads and Headlines: The Phrenological Fowlers. Norman, Oklahoma: University of Oklahoma P r e s s .
Delano José López actualmente enseña diseño escénico teat r a le nl a Bullis School en Potomac, Maryland. Es uno de los colaboradores en la Guía de la Cultura Popular en Estados Unidos, y ha escrito sobre las bandas d e skinheads --cabezas rapadas--, el mito de Fausto en el cine contemporáneo y la representación de los americanos nativos en la cultura popular. Su dirección: 1512 Columbia Rd. NW, Washington, D.C. 20009. E-mail: [email protected]

Tr aducción de Jesús M. Villaro

Página inicial: 
63