El planetario ¿ciencia o ficción?

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El planetario ¿Ciencia o ficción?
MANUEL ROCA

E

n este ano 2003, el Planetario del Parque de las Ciencias de Granad ar e c i b i r áas uv i s itante 1.000.000. Dejando a un lad ol af r i a ldad de las cifras, me gustaría hacer una brev er e f l exión que sirva para poner rostro a esos números y para hacer memoria de algunas de las ac t i v i d ades r e a l i z adas durante estos años. También, por qué no, para recordar alguna anécdota divertida. He sido testigo de momentos muy emocionantes. Recuerdo el día en que ayudé a desembal a r aquella máquina con aspecto y nombre de r o b o tf u t u r i s t a , Skymaster ZKP3. Su laboriosa y compleja instalación. Su despegue, con un programa elaborado en el Parque de las Ciencias. Y la ilusión de su puesta de largo en cada una de las inauguraciones posteriores. A punto de cumplir ocho años, los cientos de proyectores que recrean este sueño han proporcionado miles de noches cuajad a s d e e s t r e l l a s . Nos han llevado al mismísimo Polo Norte para ver el espectáculo de una noche interminable. Han hecho posible recrear el Sol de media noche, evitándonos el largo viaje hasta el círculo polar ártico en verano. Nos han trasladado a miles de millones de kilómetros de distancia para ver a nuestro Sistema Solar en un espectáculo de danza difícil de imag i n a r, algo que nunca nad i e ha podido ver en la realidad. Han hecho las delicias de los más pequeños, con el viaje del r atón Ulises a la Luna. Nos han permitido ver el Universo a los ojos de un poeta y hojear el álbum d e fo t o s familiar de nuestro Sistema Solar, r e c orriendo los rincones más interesantes. Todo ello con unos guiones y unas imágenes pensadas para quien nunca ha mirad oa lc i e l o , evitando acudir a lecciones mag i s t r a l e s ,e c u ac i ones o cálculos complicados. Con la sencillez y el rigor con que se desvela la ciencia en el resto del Museo y, como siempre, con la complicidad de q u i e nl ov i s i t a . Y no sólo de astronomía se ha llenado en estos años el planetario. Los conciertos y los recitales de poesía han encontrado en él un marco incomparable. Sin duda son una buena muestra de la permanente apuesta de este centro por la

c u l t u r a ,s i nh acer distinción entre cultura de cienc i a soc u l t u r ad el e t r a s . Pe r oa l final, lo que realmente hace mág i c oa l planetario no son las máquinas, sino las personas que miran al cielo con asombro, respeto y también con admiración. Que, en defi n i t i va ,n oe s otra cosa que lo que ha venido haciendo la humanidad desde sus orígenes y que nuestro ritmo de vida y la contaminación lumínica nos ha hecho o l v i d a r. E s d i f í c i l e x p l i c a r l a s e n s ación que produce observar esa mirada, mezcla de sorpresa, asombro y reflexión, con la que muchos visitantes abandonan el planetario. Algunos, tímidamente, se ac e rcan a la mesa de control a dar las grac i a s .O t r o s salen absortos en sus pensamientos. Se me han acercado niños llenos de ilusión a preguntar qué hay que hacer para ser astrónomo. También he visto llorar a grandes y a pequeños. Para el asombro no hay edad e s . Lo cierto es que poca gente s a l ei n d i ferente. Recuerdo que un año, durante la jornada de puertas abiertas con que se celebra el aniversario, alguien olvidó sus muletas en el planetario. Sin duda ha sido el caso más llamat i v o entre los que se han marav i l l ado contemplando e s t ec i e l o . Sin embargo, todo esto no debería hacernos olvidar que esta máquina casi perfe c t ae su nr e f l ej od el ar e a l i d ad. Nos muestra en pocos minutos lo que todos podemos disfrutar cad ad í aal ol a r g o de nuestras vidas. Sería estupendo que recuperáramos esa costumbre que tenían nuestros antepas ados de mirar al cielo, sobre todo en los tiempos que nos han tocad ov i v i r. Es bueno que recordemos que todos estamos subidos en la misma nav e viajando a gran velocidad por el espac i o ,e nu nr i ncón del Cosmos. Nuestra casa, la Tierra, es menos que una gota de agua perdida en la inmensidad del océano. Como también lo era para quienes nos precedieron. Lo que nos diferencia de ellos es que hoy más que nunca la visión que la ciencia nos proporciona de la realidad está al alcance de todo aquel que quiera conocerla. Los planetarios son un mag n í fi c o foro para dar a conocer la ciencia y fomentar el pensa-

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(Parque de las Ciencias de Granada)

miento crítico. Un buen programa de planetario debe resolver dudas y plantear nuevos interrogant e s . Logrando que el visitante salga con la sat i sf acción de haber entendido aquello que durante años no era capaz de ver y con el deseo de resolver nuevas dudas planteadas al mirar al cielo con o j o sd ec i e n t í fi c o . Otra labor muy importante es aclarar qué hay de cierto (nad a )yd e falso (todo) en la astrología ac t u a l . Los argumentos de los astrólogos no resistirían una sesión de planetario porque bajo su cúpula se hace muy cierto el dicho de que viajar enriquece y durante unos minutos podemos ver nuestra realidad cotidiana desde otra perspectiva . Sin duda es la mejor forma de poner a cada uno en su sitio y separar la astronomía (ciencia) de la a s t r o l o g í a( fi c c i ó n ) . Av e c e se sd i f í c i l ev i t a rl at e n t ación de recurrir a imágenes y a efectos espectaculares, que consiguen un gran resultado en el momento pero no acompañan al visitante cuando sale por la puerta

y vuelve a sus quehaceres habituales. Es imprescindible que cada programa vaya dejando un poso que ayude a interpretar nuestra realidad s i n supersticiones ni miedos absurdos. Sin duda, el f omento de la aplicación del método científi c oy del pensamiento crítico es uno de los mejores l e g ados que podemos dejar los que nos dedicamos a la divulgac i ó nc i e n t í fi c a . Con el deseo de que la labor que hacen los planetarios de acercar la Ciencia a todos los sectores de la sociedad siga dando sus buenos frutos, me at r evo a animar a todas aquellas personas que aún no los conocen a que visiten el más cercano y pasen una noche bajo su cielo estrellad o . (Basado en un artículo publicado en el diario Ideal de Granada, el 24 de abril de 2003)

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