El pozo

Sección: 
CUADERNO DE BITÁCORA
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cuaderno de bitácora

El pozo
JAVIER ARMENTIA

E

n la zona occidental de la comarca de Pamplona, donde habita el que escribe este cuaderno, existe un pueblecito llamad oI z a .

Pues bien, un vecino de mi amigo se animó a construir el pozo. ¿Dónde comenzar a taladrar? Hablando de la cosa con amigos tuvo conocimiento de un experto en la prospección ac u í fe r a que por unos simples 9.000 euros le marcaba el lugar idóneo. Echó cuentas y se animó. Y concertó la cita: para su sorpresa el lugar de encuentro iba a ser un bar en una localidad cercana, y debía l l evar un plano detallad od el a fi n c a .Ye ld i n e r o , p o rs u p u e s t o . . . En una mesa del bar,e l prospector, un hombre bien conocido en la zona, y hasta famoso por ser el mejor de todos los que se mueven por N avarra, desplegó el catastral, colocó un péndulo sobre él y lo dejó moverse dentro de los límites de l afinca del cliente. Hizo unas marcas aq u íya l l á , volvió a colocar el péndulo... y tras un rato marcó con una X el lugar donde deberían hac e re lp o z o . El trabajo había fi n a l i z ado, en poco más de diez minutos. Los euros cambiaron de mano, ad i ó sy luego nad a . . . N ada más que encargar el proceso de hac e re l pozo: ahí colocaron el talad r o ,e xactamente en el punto que el zahorí había descubierto rad i e s t é s icamente, y comenzaron a horad a r e l s u e l o . Bajando y bajando cada vez más profundamente, lo que prolongó la labor y, por supuesto, encareció aún más el proceso. Finalmente, a una profundidad de 150 metros, aparec i ó e l agua. Tal profundidad exigía redimensionar la bomba eléctrica del pozo, lo que aún supuso un poco más de incremento del presupuesto. Pe r o ,a l f in y al cabo, el vecino de Iza consiguió su pozo (ilegal) y se quedó contento. Este hombre, unos días después, hablaba con su vecino f inca, mi amigo, quien intentó hac e r l ev e rq u ea l l í ,e nI z a ,n o rmalmente los pozos no tienen más que unas decenas de

M e cuentan los que de estas cosas saben que tal topónimo hac er e ferencia a los juncos, y es cierto que, allí donde la agricultura ha llenado de cereal el terreno, aparecen manchas húmedas con juncos, cañizos y otras plantas amantes del agua en grandes cantidades. A Iza se ha ido a vivir un buen amigo, a una de esas viviendas unifamiliares que (aunque esto mejor sería objeto de otra historia) prometen las delicias a las familias que huyen de los pisos enlat ad o s . Como muchos otros pueblos cercanos a la ciudad, Iza ha ido cambiando su fisonomía con las urbanizaciones de adosados. En parcelas de unos mil metros cuadrados, estos nuev o sr u r a l i t a s

comienzan a hacer sus pinitos de burgués llegado al campo y, así, unos se colocan un tremendo jardín con arboleda, otros una piscina-cubeta para usar los pocos días que la temperie lo permita y algunos se lanzan a la horticultura amateur. Unos y otros consumen agua, que han de pag a rr e l i g i osamente si la toman de la acometida legalmente colocada... un dinero que algunos pretenden obviar haciendo por su cuenta y riesgo (e ilegalmente) un pozo para aprovechar lo que el subs u e l ot i e n e .

Mi amigo intentó hacerle ver que allí, en Iza, normalmente los pozos no tienen más que unas decenas de metros, a lo sumo: que el agua sale casi cuando no quieres. Que, desde luego, un zahorí no es lo más conveniente para hacer prospecciones (...) y que, ya el colmo, lo de la radiestesia era simple y llanamente una tomadura de pelo.
26 (2004) el escéptico

cuaderno de bitácora
metros, a lo sumo: que el agua sale casi cuando no quieres. Que, desde luego, un zahorí no es lo más conveniente para hacer prospecciones ( acaso, concedía, uno de la zona que conoce bien el terreno y las pistas que la propia naturaleza d e j a evidenciando ac u í feros cercanos a la superfi cie, que siempre será más efe c t i v o . . . )yq u e , ya e l colmo, lo de la radiestesia era simple y llanamente una tomadura de pelo. Que, en fin, a pesar de todo y aunque no le creyera sus argumentos rac i onales para dudar de todo eso, que contar a cuánt ol ei b aas a l i re l agua, y que si no era mejor haber pag ado sin más una tasa de riego de la mancomunidad de aguas de la región. Por supuesto, el crédulo vecino no llegó siquiera a considerar las dudas. Mi amigo lo dejó por imposible, pero me contó el asunto para ver si podía darle argumentos por si el tema volvía a sus conversaciones. ¿Qué más decirle? En efe c t o ,l a s pruebas que se han hecho en situaciones control adas con zahoríes han mostrado que no ac i e r t a n más allá de lo que el azar les deja (incluso en el caso del subvencionado estudio de Munich sobre el asunto, una historia que muestra cómo se pueden gastar unos 250.000 euros de dinero público por parte de un grupo de físicos en hac e re l idiota dejándose engañar por av i s p ados zahoríes). El azar es, considerando el caso que me contaban, en una región llena de agua (y juncos), asegurar un acierto casi completo. Incluso había habido mala suerte: un lecho de margas que había convertido el punto elegido en el peor de l o sp o s i b l e s . Le expliqué que ni los zahoríes eran más que adivinos, históricamente perpetuados como siempre sucede con estas cosas, ni el uso del péndulo de radiestesista mejoraba las cosas. Que la fama de estas gentes venía de fa l ac i a s como considerar éxito a cualquier cosa, el famos o post-hoc. Que la publicidad de estas gentes se mantiene porque a quien no le funciona, o quien se siente timado, no suele ir por ahí contándolo. Po re lc o n t r a r i oe l é x i t o, siempre.
(Corel)

Ayer volvimos a hablar del tema: el vecino, por supuesto, no ha atendido a las razones de mi amigo. Pero una sombra de duda había nacido en é l :o t r ov e c i n o ,e ls i g u i e n t ee nl al í n e ad e adosados, había hecho un pozo a pelo, y en menos de veinte metros había dado con una vía de agua s u ficiente para su terreno. Sin pag a r además 9.000 euros. Eso, claro, jode. A mi amigo, y a mí con él, nos consolaba al menos un poco el que, si bien los argumentos no habían valido de mucho, la constat ación pública y notoria entre tus vecinos de que eres un pardillo podía llegar a servir como la más efi c a zd el a s argumentac i o n e s .

Consuela pensar que, si bien los argumentos no valen para mucho a veces, la constatación pública y notoria entre los vecinos de que eres un pardillo puede ser la más eficaz de las formas de convencer.
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