El padre de la Atlántida, Ignatius Donnelly, creó el mito moderno y configuró la pseudo-arqueología

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EL PADRE DE LA ATLÁNTIDA, IGNATIUS DONNELLY, CREÓ EL MITO MODERNO Y CONFIGURÓ LA PSEUDO-ARQUEOLOGÍA
CHARLES E. ORSER, JR., Redactor de Scientific American Discovering Archaeology y profesor de antropología en la Universidad Estatal de Illinois (EEUU)
Ningún otro nombre en arqueología aúna imágenes más fantásticas y más absurdas que la Atlántida. El mítico reino ha generado centenares de libros, canciones, películas de serie B e incluso un área turística en las Bahamas donde los veraneantes aventureros pueden visitar las "ruinas" del continente sumergido. entonces dirigir su carrera hacia la política. Donnelly se mudó a las vastas praderas de Minnesota y se convirtió en un especulador de la tierra, vendiéndola a los inmigrantes recién llegados al corazón de América. Su activa mente lo mantuvo inquieto, sin embargo, cambiando su afiliación Atlantis: The Antediluvian world, política tan a menudo como las páCuando los arqueólogos piensan en la obra ¿cumbre? de I. Donnelly. ginas de un calendario. Donnelly la legendaria isla de la Atlántida, sus pensamientos se retrotraen hasta Platón, el filósofo clási- fue, sucesivamente, demócrata, republicano, republicano co que escribió un poco acerca de su historia hacia el año liberal, granger (miembro de una coalición de granjeros 360 a.C. Pero entre los pseudo-arqueólogos, la Atlántida que luchaba contra prácticas monopolísticas en el transtrae a la mente otro nombre, un escritor más reciente, una porte de grano), miembro de la Alianza de Granjeros y un persona con el impresionante nombre de Ignacio de Loyola populista. Sirvió durante tres mandatos en la cámara de representantes de los EEUU y uno en el senado de MinDonnelly. Como su reverenciado tocayo, el fundador de los eru- nesota; fue candidato a vicepresidente, y sólo faltaron meditos jesuitas, Donnelly también creó una herencia dura- nos de 150 votos para llegar a convertirse en gobernador de Minnesota. dera: el mito moderno de la Atlántida. Su carrera política, a veces caprichosa y a menudo freLa vida de Donnelly fue tan intrigante como las historias que creó. Nacido en Filadelfia (EEUU) en 1831, este nética, le dejó un comprensible cansancio y se dedicó a hijo de inmigrantes irlandeses fue un pensador inmerso en escribir para liberarse de lo que él llamaba "el sucio pozo bibliotecas que vio grandes cosas en su propio futuro. Es- negro de la política" A los 49 años de edad, después de tudió abogacía pero se dio cuenta a sus veintitantos años devorar la popularísima novela de Julio Verne 20.000 lede edad que la ley nunca sería bastante para él. Decidió guas de viaje submarino (que se publicó en 1881), Don58

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Ignatius Loyola Donnelly, encontró un cierto éxito en su dedicación a la política, pero alcanzó la fama gracias a un libro suyo en el que se inventaba la leyenda de la Atlántida.

nelly terminó su obra cumbre sobre pseudo-arqueología: Atlantis: The Antediluvian world (La Atlántida: El Mundo Antediluviano). Mientras que su carrera política terminó como promesa incumplida, la Atlántida lo catapultó sobre el escenario mundial. Antes de 1890, después de solamente ocho años tras la primera edición, la Atlántida había superado sorprendentemente la reimpresión número 23. El libro tuvo un éxito monumental entre el público lector y el mundo literario. Es, con rotundidad y llanamente, el libro pseudo-arqueológico más importante jamás escrito y ha constituido un referente para el diluvio de obras pseudo-arqueológicas que han venido después. Donnelly fue un escritor de talento y abrumador. Donde Platón había estado vago y oscuro, Donnelly fue directo y claro. Donde Platón estaba clásico y distante, Donnelly estaba moderno y familiar. Usando tácticas que él había aprendido probablemente en las humeantes trastiendas de la "edad dorada" de la política estadounidense, Donnelly escribía de una manera directa, cara a cara. Su meta era convencer a los lectores de que la Atlántida había sido real y que él podía probarlo. El que su "prueba" fuese completamente absurda, no parecía importarle. Con fuerza literaria y energía intelectual, Donnelly respiró vida en la Atlántida y habló a los lectores en una lengua que podían entender. Donde Platón había colocado la Atlántida "más allá de las columnas de Hércules", Donnelly proclamó resueltamente que estaba "en el Océano

Atlántico, enfrente de la boca del mar Mediterráneo". Platón describió la Atlántida como una generosa isla que "contenía llanuras llenas de suelo fértil y tenía muchos bosques en sus montañas". Donnelly promovió astutamente la Atlántida como "el verdadero mundo antediluviano; el jardín del Edén; el jardín de Hespérides". Platón dijo "todo el cuerpo"de los guerreros de la Atlántida "fue tragado por la Tierra [tras] un día y noche penosos". No fue así , proclamó Donnelly. En su afirmación más audaz, declaró con confianza que algunos atlantes habían escapado a la destrucción y habían establecido "una reproducción" de su hogar de la Atlántida en el antiguo Egipto. Habiendo así llevado su argumento a territorio inexplorado por Platón, el cielo era el límite. Donnelly desvergonzadamente afirmó que el alfabeto fenicio se basaba en el de la Atlántida (al igual que el de los mayas); que las herramientas de la edad de bronce europea se derivaban de la tecnología de los atlantes y que la Atlántida fue la localización original de la "familia de naciones" aria (nótese que Adolfo Hitler creía que los arios eran los descendientes de la Atlántida). En la elucubración de estas audazmente extrañas afirmaciones, Donnelly transportó con eficacia la Atlántida hasta el mundo moderno. Ya no estaba simplemente la isla perdida debajo del mar. Es cierto, no podemos visitarla nosotros mismos puesto que sigue estando por descubrir, pero podemos experimentar su "majestuosidad" hoy entre las pirámides y los templos del antiguo Egipto, y podemos estudiar su alfabeto examinando estelas erosionadas y textos descoloridos. Podemos incluso encontrarnos a los descendientes directos de estos distinguidos isleños sin más esfuerzo que desplazarnos a algunos de los lugares más remotos del mundo. Donnelly murió en 1901, pero está lejos de ser olvidado. Los pseudo-arqueólogos más prominentes de hoy reconocen de buena gana su deuda hacia él. Charles Berlitz (famoso por sus obras sobre el triángulo de Bermudas) lo llamó "el Platón de atlantología moderna" en Atlantis: The eight Continent (La Atlántida: El Octavo Continente); J. M. Allen, autor de Atlantis: The Andes Solution (La Atlántida: La solución de los Andes) dijo que el libro de Donnelly "comenzó el moderno entusiasmo por la leyenda de la Atlántida" e incluso Graham Hancock, el pseudo-arqueólogo más prolífico actual, menciona la contribución de Donnelly a este tema en los reconocimientos de su popular Fingerprints of the Gods (Las huellas de los dioses). Por eso, la próxima vez que usted encienda su TV y vea a alguien buscando desesperadamente los místicos restos de la Atlántida en algún rincón perdido de la Tierra, recuerde que, tras él, podrá ver el fantasma de Ignacio de Loyola Donnelly, el padre de la Atlántida. é Traducción: Sergio López Borgoñoz
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