Un guion para Berlanga. COVID-19 y la política nacional

Sección: 
Monográfico COVID-19 y pensamiento crítico

Un guion para Berlanga.

COVID-19 y la política nacional

Elena Campos Sánchez. Investigadora posdoctoral asociada a proyecto Grupo de Inmunología Viral. Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO, CSIC-UAM). Presidenta Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP)

 

Quién nos iba a contar que unos nanómetros de tamaño, lo que mide el virus SARS-CoV-2, nos iba a demostrar lo esperpéntico de nuestra democracia actual. Vivimos momentos cuya puesta por escrito resulta más propia de un guion de Berlanga; con la diferencia de que la mordaz ironía y las ácidas sátiras habituales constituyen la cruel realidad, superando la ficción del cineasta.

Hace unos días, el Reino Unido amanecía estupefacto ante la alarma de haber perdido el rastreo de 30.000 infectados por coronavirus debido a un error humano, inconsciente de que el copy-paste entre archivos CSV y Excel no es infinito, y este último se limita a un total de 1.048.576 filas, nada más y nada menos1. Ante tal desacierto, una se cuestiona... ¿alarmados? ¿Y nuestros 2000 muertos resucitados en 24 horas2? Supera eso, Berlanga; ni los Monty Python con Brian.

Tal ha sido el caos vivido durante estos meses, que hablar de «fuentes oficiales» es casi sinónimo de «tome el dato con pinzas y desempolve calculadora y gafas de cerca». Esto es gravísimo; tanto como peligroso.

Indudablemente, el peor drama se ha vivido en el sistema sanitario y, por ende, por todos los fallecidos, víctimas directas o indirectas de la pandemia (es decir, infectadas por SARS-CoV-2 o afectadas por el colapso sanitario y la pérdida de oportunidad terapéutica). «Se veía venir», nos repetimos, rememorando los recortes y privatizaciones que veníamos acumulando independientemente del color político gestor. Podría verse venir, sí. Y no hemos hecho nada por evitarlo.

De regreso al ámbito pandémico, tampoco hemos superado el baile de cifras oficiales, siete meses después. 43.556 paisanos españoles por encima de lo previsto fallecieron en sesenta días, entre el 10 de marzo y el 9 de mayo de 20203. No se ha confirmado que «un accidente de tráfico enorme» fuera parte de la causa4. Además, duele observar que cuatro días antes del establecimiento del estado de alarma nacional (iniciado el 14 de marzo y que llegó hasta junio), ya había exceso de mortalidad en España5. Exceso de mortalidad que volvía a contabilizar (al menos, hasta que los muertos desaparecieron) un total de 2.540 fallecimientos entre el 27 de julio y el 15 de agosto (a 24 de agosto). Hoy, 10 de octubre, he vuelto sobre la última actualización de estos informes de mortalidad fechada a 6 de octubre y, sorpresa, se ha devuelto la vida a 502 personas fallecidas en dicho periodo, de coña6. No sabemos cuánto tiempo durará este dato, ya que ni los difuntos parecen estarlo: si desde el Gobierno se restaron 2.000 fallecidos en mayo7, desde el Instituto de Salud Carlos III los resucitados vienen por fascículos (ver tabla adjunta). Se desconoce el procedimiento milagro o «fármaco resucitador»:

Exceso de mortalidad por todas las causas, observada entre el 13 de marzo y el 10 de octubre de 2020. Fuente: Instituto de Salud Carlos III. Informes MoMo8

Fecha de emisión del Informe

Exceso (en Número) de fallecidos informado

24 junio de 2020

44.536

29 junio de 2020

44.546

6 julio de 2020

44.285

13 julio de 2020

44.008

19 julio de 2020

44.118

28 julio de 2020

43.938

24 agosto de 2020

46.096

21 septiembre de 2020

47.190

6 octubre de 2020

47.259

Exceso de mortalidad de 13 de marzo a 7 de octubre de 2020 a tiempo real9

44.520

 

La verdad es que restar importancia al uso de mascarillas motivado por la ausencia de stock de las mismas10, o comprar material sanitario a través de empresas de cosmética y jabones11,12, en lugar de a distribuidores consolidados de dicho material, auguraba consecuencias. Se llega a dudar entre si se nos miente o se nos toma por tontos, considerando mentir el hecho de faltar a la verdad mediante incoherencias argumentales evidentes. Al menos aún no nos han recomendado inyectarnos desinfectante, a lo Donald Trump; aunque tampoco es que se persiga contundentemente a quienes lo hacen; solo se les advierte13. Como atender a un guion de película mala.

Grotesco, ya que nos dirigen porque los hemos votado. Hemos depositado nuestra confianza en su gestión. Da prácticamente igual la administración que se mire.

Como extremeña, sigo los datos de mi región y de mi pueblo. El Servicio Extremeño de Salud (SES) refería un único caso de coronavirus activo a 25 de septiembre14, cuando un día antes ya iban ocho confirmados por PCR informados por el alcalde a partir de pruebas realizadas en el centro de salud, ente público y competencia del SES15. Esto sin comparar con lo reportado por el Ministerio de Sanidad a partir de los datos hipotéticos remitidos desde las autonomías… que por supuesto no coinciden, al menos en lo referente a la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, orgullosa de un hipotético descenso del 66.% en los contagios cuando era un descenso de la aceleración; quizás derivado del hecho de dejar de examinar a los contactos no convivientes, lo que evidentemente revierte en un descenso del crecimiento del número de positivos, junto a la pérdida de su trazabilidad16. Detección precoz en toda regla. Comprensión de lo que supone una pandemia.

Comunidad de Madrid y sus localidades que se debaten entre los modos ON, OFF y stand-by. En menos de 60 segundos (viernes 9 de octubre) entendimos el motivo de Schödinger para elegir un gato: apelativo de madrileño, confinado sin confinar: opción 1, zona sanitaria, vía Consejería de Sanidad; opción 2: por municipio, a partir de la orden Ministerial, luego mediante estado de alarma… ¿Quién ganaría la carrera publicando en el Boletín Oficial (BO)? Saquemos el crono, o esperemos tomando un café. Tal es la absurdidad, que podrían permitirte o no ir a comprar fuera de tu zona sanitaria (que en Madrid puede implicar cruzar la calle) en función de qué boletín se publicase antes y hasta que el BOE desbancara al BOCM. ¿Por qué y para qué se perdió tiempo impugnando la orden ministerial previa para volver a la misma casilla de salida? Y lo peor: en esas horas de total incertidumbre práctica, de haber sufrido un infarto o accidente grave, hubieras sido con bastante probabilidad una nueva víctima, ante el bloqueo circulatorio que se provocó. Quedaba la opción helicóptero.

Ante tal guerra de guerrillas política, innegable a día de hoy, y lejos de pretender justificarla lo más mínimo, habría que cuestionarse: ¿de verdad nos sorprenden las actitudes pasotas o el resurgir mediático de ciertos movimientos negacionistas? Si no hay quien se aclare, ni tampoco manera de hacer un seguimiento certero de la situación; si tenemos diecisiete autonomías cada una con su proceder, tal que pareciera estar hablando de realidades distintas... Y el papel de la judicatura, ¿cómo lo entendemos? Invito a leer la opinión de colegas internacionales17.

Vivir en la contradicción normativa no contribuye, en absoluto, a la adherencia de la población hacia las medidas preventivas que se le puedan pedir. Además, ¿para qué?, cuando la falta de ejemplo modélico se evidencia día tras día, tras día y tras día, solo con fijarnos en nuestros queridos políticos. ¿Cómo contener la desconfianza (social e individual) hacia las fuentes pretendidas como seguras, objetivas u oficiales ante la manifiesta y absoluta inconsistencia de los mensajes emitidos por parte de quienes se supone están en la cúspide gestora? Cuánto tardaremos en recuperar lo perdido. Cuánto más aguantaremos esta falta de respeto y empatía. No es que hubiera ausencia de planificación en la primera ola, lo cual podría aceptarse; es que no hemos aprendido nada. Seguimos prácticamente igual. La evasión de responsabilidades corre más que la patata caliente del Grand Prix.

Recordando meses atrás, curioso resultó ver cómo se apelaba a la ciencia cual bote salvavidas. Grande. Como el Titanic, se mantiene medio hundida, pero aún flota. Y ahí vimos a nuestros gestores y políticos asiéndose a ella. Confiándole ganar la maratón, tras haberla dejado morir de inanición. El 6 de mayo de 2020 asistimos a una intervención memorable en el Congreso de los Diputados. Nuestros políticos, por fin, hablaban de ciencia y utilizaban nombres de reconocidos investigadores… eso sí, como armas arrojadizas. Inaudito. Ahora todos creían en la ciencia, y esta nos iba a sacar del atolladero18. Mejor dicho: fue la excusa bienintencionada para mantener el estado de alarma. Tras venirse demostrando científicamente que a los investigadores nos sobra con poco, álguienes (y perdóneme la RAE) estimaron preciso destinar 76 millones de euros para proteger al sector cultural, y 30 para salvar a la humanidad19,20. ¿Herencia cultural? Clara declaración de intenciones. Tal era la situación de emergencia sociosanitaria y la necesidad imperiosa de que la ciencia trabajara a destajo que una de las primeras medidas fue someter a los investigadores a las mismas pautas de confinamiento estricto que al resto de trabajadores no esenciales: teletrabajo. Sin olvidar que la burocracia que afea a este país no cesa ni en tiempos de emergencia sanitaria.

Por cierto, las referencias constantes a la ciencia y a nuestros científicos emitidas desde el Congreso duraron poco; aunque algo más que el caso hecho a sus propuestas, publicadas en la prestigiosa revista de ciencia médica The Lancet por activa, en agosto21, y por re-activa, un mes después22. Tremenda la paciencia y el estoicismo de nuestras Margaritas del Val.

Para recordar: primero, los impuestos salen de tu esfuerzo; segundo, la única forma de frenar los contagios es controlar el vector de transmisión: nosotros. Hoy, por antinatural que parezca, el mayor gesto de cariño, amor y respeto por alguien consiste en vestir mascarilla y guardarle la distancia.

 

18 Intervención de Adriana Lastra y réplica del Presidente del Gobierno. 6 de mayo de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=Lf1RJBYbU7Q