SECTAS

Sección: 
DOSSIER SECTAS
Pagina final: 
23
pinchar aqui para descargar pdf


Recomendamos la lectura de este artículo en formato pdf, respetando su maquetado original.
Para ello pinche en la imagen de la primera página que aparece arriba.
Para facilitar su difusión, proporcionamos también la versión del artículo en html y texto, pero tenemos que advertirle que su extracción ha sido realizada por herramientas automáticas y puede que no conserve completamente la composición original.

Enlace al artículo en html (en nueva ventana):  SECTAS
Texto plano (desmaquetado) del artículo :  Mostrar el texto plano (segunda vez esconde)

Dossier

Sectas
Andrés Carmona Campo
Filósofo y socio de ARP-SAPC

Entréganos tu cerebro, lavamos tus bolsillos, lavamos tu cerebro, aquí llega el pardillo.
Entréganos tu cerebro, hasta la última gota, lavamos tu cerebro, te hemos dejado en pelotas.
¡Sectas!
(SKA-P: «Sectas», El vals del obrero. RCA, 1996).

E

s difícil acercarse al fenómeno sectario y al propio
concepto de secta, principalmente porque no está
nada claro qué significan los términos ni tampoco
qué quiere hacer quien utiliza esa terminología. Secta no
es una palabra ni mucho menos aséptica, y quien la usa
normalmente no lo hace en sentido neutro, sino más bien
con intenciones peyorativas. De hecho, nadie dice de sí
mismo que pertenece a una secta o que es un sectario. Las
aproximaciones al significado de secta son tantas que sería
imposible en este espacio referirse a todas, y sería más bien
objeto de un texto solo para eso. Aquí nos referiremos a
algunas.
Un primer acercamiento podría ser a partir de la etimología. Caben aquí dos opciones. Una es derivar secta de
sequi, que significa ‘seguir’, de modo que sería un término
neutro para designar a los «seguidores» de alguna doctrina
particular. En este sentido, serían sectas las escuelas filosóficas (platónica, aristotélica, estoica…) y religiosas: en
el Nuevo Testamento se usa así la palabra para referirse
a los diferentes grupos judíos1 e incluso a los primitivos
cristianos, a quienes se señala directamente como «secta»2
y también como «secta de los nazarenos»3. Sin embargo,
como decíamos, hoy día casi nadie utiliza secta en este sentido neutro. Otra opción es buscar la raíz de secta en secare:
cortar o separar. Así, una secta sería ‘un grupo separado
de otro mayor y con respecto al cual es minoritario’ (por
lo menos al principio). Según esto, el cristianismo sería
el escéptico 20

una secta con respecto al judaísmo; el protestantismo, en
relación al catolicismo; y los testigos de Jehová, en referencia al protestantismo. Y también lo sería el trotsquismo
en relación al comunismo oficial del PCUS. Pero este significado no se agota al señalar esa mera relación genética
o paterno-filial entre grupos religiosos o políticos (ideológicos, en general), sino que añade un cariz peyorativo del
grupo matriz o mayoritario hacia el separado o minoritario.
Matiz que suele indicar su carácter herético, desviado o
maligno mientras que, por su parte, el grupo desgajado suele justificar la separación acusando al grupo mayor de haber
perdido la pureza originaria y que, en su opinión, ellos sí
mantienen todavía.
El término secta también suele emplearse de un modo
más o menos amplio y poco riguroso para designar a los
grupos religiosos o ideológicos cuyas creencias y prácticas
resultan novedosas (o escandalosas) para el grupo social de
referencia que sea mayoritario. En este sentido, en un contexto de mayoría católica, serían sectas todas las religiones
procedentes de oriente: hinduismo, budismo, jainismo y
todas sus versiones new age, y por extensión todos los grupos de creyentes en pseudociencias del tipo extraterrestres
o similares. A efectos de eliminar la connotación peyorativa
del término secta, viene utilizándose en el ámbito académico el más eufemístico de nuevos movimientos religiosos
(NMR), si bien no deja de ser un término, cuanto menos,
etnocéntrico: cualquier religión o sistema de creencias solo
otoño 2016

(foto: Tom Simpson, flickr.com/photos/randar/)

puede ser nuevo en relación a otro más viejo o tradicional
que se tome como referencia. De esta forma, el budismo
será un NMR en Europa pese a tener siglos de antigüedad
desde sus orígenes chinos, pero también podría decirse que
el cristianismo fue un NMR en China cuando llegó allí de
mano de los misioneros.
En el caso de las religiones, estas suelen utilizar para sí
mismas un término positivo; y para las demás, otros que
van de lo neutral a lo peyorativo, queriendo distinguirse
como las auténticas frente a las otras. Así, cada confesión
cristiana habla de sí misma como Iglesia (Católica, Evangélica, Ortodoxa, de los Santos de los Últimos Días…) pero
ninguna se autocalifica de secta. Este término, el de secta,
es el que suelen utilizar para designar a las demás confesiones, o por lo menos a algunas de ellas, normalmente a
aquellas que por unas razones u otras les resultan más incómodas. Incomodidad que puede deberse a algunos de los
motivos que hemos dicho más arriba: que hay entre ellas
una relación genética de confesión-madre a confesióndesgajada, o a que la otra confesión o religión le esté quitando prosélitos a un ritmo creciente. Así, como decíamos,
los católicos hablan de los protestantes como sectas, y los
protestantes consideran sectas a los testigos de Jehová o
los mormones, y para todos ellos las religiones orientales
y el llamado movimiento New Age no son sino sectas. Evidentemente, esta caracterización de secta no es válida por
parcial: implica que hay una religión o confesión que es
otoño 2016

la verdadera o la mejor en comparación con las demás, y
cuya verdad es comparable a la verdad que pueda tener la
afirmación de cualquier madre sobre que su hijo es el más
guapo y listo del mundo.
Desde una perspectiva más neutral, al no aceptar de entrada que una religión o confesión posee la verdad frente a
las otras, habrá que buscar otra forma de entender qué es
una secta. Y para eso no valdrá la mera cuestión cuantitativa de su número de miembros, porque entonces un mismo
grupo podría ser una secta allá donde es minoría y no serlo
donde fuera mayoría; por ejemplo, los católicos en EE. UU.
y en el sur de Europa, respectivamente. Tampoco servirá la
«rareza» de sus creencias, pues dicha rareza lo será en comparación con aquellas otras que consideremos «normales»
o «aceptables». Y desde una perspectiva neutral, la referencia normal y aceptable solo podrá ser la que se derive
del conocimiento racional y científico, y comparado con
ella, todas las religiones y confesiones creen «cosas raras»:
tan raro, ilógico, irracional (y falso) es pretender que hay
extraterrestres reptilianos entre las familias más poderosas
de la Tierra, como afirmar que hace 2.000 años nació un
niño-dios de