Astrología, apuntes sobre la historia y evolución de un mito

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Astrología, apuntes sobre la historia y evolución de un mito
Desde el lejano pasado el hombre ha convivido con el miedo al destino y ha intentado encontrar una razón y un alivio para sus desgracias en el cielo. La astrología, como arte de adivinación, es una actividad humana de una extraordinaria antigüedad que, como cualquier otro sistema de creencias, ha experimentado periodos de transformación y reinvención a lo largo de las distintas épocas históricas. Muchos de los elementos principales de la astrología occidental los podemos rastrear desde muy lejos en el tiempo, entre los cielos y las religiones de las antiguas culturas del Oriente Medio, hace más de cuatro mil años. LOS ORÍGENES MESOPOTÁMICOS DE LA ASTROLOGÍA OCCIDENTAL Mesopotamia ("la tierra entre los dos ríos") tuvo un extenso periodo de importancia política y cultural desde hace cinco mil años hasta el comienzo de nuestra era cristiana. Los mesopotámicos creían que el mundo físico

CÉSAR ESTEBAN INSTITUTO DE ASTROFÍSICA DE CANARIAS

terrestre y el humano estaban íntimamente conectados con los reinos celestes divinos e intangibles formando una sola unidad. El medio natural se consideraba como el principal medio de comunicación entre la humanidad y un panteón complejo de dioses y diosas. El destino de todas las cosas se decidía mediante una asamblea divina que controlaba las fuerzas de la naturaleza. Su líder era Anu, dios del cielo, y por debajo de él se encontraba Enlil, dios de la tormenta. Thorkild Jacobsen [1946: 131-132] nos proporciona una visión elocuente de lo que denomina "Estado Cósmico" mesopotámico que define la relación entre los asuntos celestes y terrestres: "Los objetos y los fenómenos que rodeaban al hombre se personificaban en distintos grados [...]. Se consideraban seres vivos, con personalidad y con capacidad de decisión [...]. En un mundo así cobra sentido el considerar las relaciones entre los fenómenos naturales como relaciones sociales, funcionando como órdenes o deseos".

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En definitiva, este "Estado Cósmico" podríamos definirlo como una sociedad en que la esfera de los sucesos terrestres es inseparable de la de los sucesos celestes. Dentro de este contexto no resulta extraño que los mesopotámicos desarrollaran complejos sistemas de adivinación basados en distintas prácticas, como la observación de las entrañas de animales, la posición de los cuerpos celestes o el nacimiento de seres deformes. Buena parte de los dioses babilonios estaban asociados a astros celestes: Samas con el Sol, Marduk con Júpiter, Nabu con Mercurio, Inanna con Venus. Al contrario de lo que ocurrió posteriormente con los griegos, los dioses y diosas mesopotámicos, aunque tenían cierta responsabilidad en unas estrellas o planetas determinados, ésta no era fija ni exclusiva. Los primeros ejemplos de prácticas astrológicas pueden encontrarse en los textos cuneiformes del tercer milenio antes de Cristo (periodo babilónico antiguo) con la posible referencia a un eclipse ocurrido en el 2403 a.C. De esta época proceden los primeros presagios astrológicos. De la época del emperador Ammizaduga (1600 a.C.) proviene la primera evidencia del desarrollo de una astrología con un cierto grado de sofisticación en la Tableta de Venus. Esta tableta contiene 59 presagios basados en la primera y última visibilidad de Venus antes de la puesta o la salida del Sol en su periodo de 584 días. Estos presagios o señales anticipan intenciones divinas, predicen el tiempo atmosférico (y su repercusión en la agricultura) y ayudan a preparar posibles crisis políticas. He aquí un ejemplo de presagio: "En el mes noveno, día quince, Venus desaparece en el oeste por tres días, y en el mes noveno, día dieciocho, Venus vuelve a ser visible al este, las fuentes brotarán, Adad traerá la lluvia, Ea sus inundaciones, se enviarán mensajes de reconciliación entre los reyes".

Figura 1: Copia del periodo babilónico tardío del compendio astronómico Mul Apin. La tableta mide 8,4 cm de largo y está considerada como una obra maestra de escritura cuneiforme en miniatura, se encuentra en el Museo Británico.

Durante casi toda la era mesopotámica, los presagios astrológicos concernían principalmente a cuestiones públicas y estatales y estaban diseñados para afrontar el futuro, preservando la estabilidad política y social con el fin de evitar crisis políticas. Los textos con presagios astrológicos tienen generalmente una estructura prefijada, primero la prótasis:

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la observación del fenómeno y, a continuación, la apódosis: el presagio. Ejemplo: Prótasis: Venus es visible al oeste, en el camino estelar de Enlil Apódosis: entonces, el rey de Akkad no tendrá enemigos. El nivel de lo absurdo de los presagios formulados por los antiguos babilonios se ejemplifica en el siguiente de la serie denominada Shumma Izbu: Si un perro blanco te orina, la pobreza caerá sobre ti. Si es un perro negro el que te orina, la enfermedad se adueñará de ti. Pero si es un perro marrón, serás dichoso. Por lo que sabemos de la lectura de los textos cuneiformes que han sobrevivido hasta nuestras fechas, la astrología no fue una disciplina empírica ni mucho menos científica, pues no hay ninguna referencia a series de observaciones que diesen lugar posteriormente al establecimiento de los augurios. Según todas las evidencias el nacimiento de los presagios astrológicos fue una mezcla de imaginación, miedo y superstición religiosa. Del periodo babilónico antiguo (época cassita, segundo milenio a.C.) proviene la compilación más extensa de presagios astrológicos: el Enuma Anu Enlil. Se encontró en la biblioteca del emperador Asurbanipal en la capital asiria de Nínive y consta de unos 7.000 presagios agrupados en unas 70 tabletas, veintidós de ellas dedicadas a la Luna, dieciocho al Sol, cinco a Venus, cuatro a Marte, dos a Júpiter, tres a los truenos y relámpagos y una a las Pléyades. De especial importancia

Según todas las evidencias el nacimiento de los presagios astrológicos fue una mezcla de imaginación, miedo y superstición religiosa.
es el texto conocido como Mul Apin, de periodo asirio (principios del primer milenio a.C.) que constituye el primer gran catálogo estelar anterior a la introducción de los signos zodiacales. Los encargados de la elaboración de los augurios eran los sacerdotes-astrónomos que constituían una clase política muy cercana al poder real, observaban la posición de los objetos durante la noche y su relación con otros hechos que tenían lugar simultáneamente, como fenómenos meteorológicos, acontecimientos políticos, y enviaban puntualmente informes periódicos al rey. Estos in-

formes son los llamados "diarios astronómicos" que sobreviven intermitentemente desde 652 hasta 47 a.C. Un diario típico podía recoger información sobre la Luna, los planetas, solsticios, equinoccios, la estrella Sirio, meteoritos, cometas, meteorología, el precio de determinadas cosas, el nivel del río y diversos hechos históricos. Los observadores no hacían distinción entre la ocurrencia de fenómenos atmosféricos o geológicos y astronómicos, pues en aquellas épocas a la esfera celeste no se la consideraba físicamente desligada de la esfera de los sucesos atmosféricos o terrestres. El rey, dependiendo del signo del presagio, realizaba rituales dedicados a los dioses para anular los augurios negativos. En el periodo denominado neobabilónico (612-539 a.C.) parece que surgió el concepto de zodiaco como doce signos ocupando 30º de extensión sobre el cielo. En el periodo persa (539-331 a.C.) se obtuvieron periodos precisos para el Sol, la Luna y los planetas así como una racionalización en la observación de eclipses. Parece que con la caída del imperio asirio acaba la elaboración periódica de los "diarios astronómicos" y las cartas dirigidas a los reyes con los presagios astrológicos. La posibilidad de predecir la posición de los planetas, el Sol y la Luna destruyó la premisa teológica que se ocultaba detrás de los "diarios astronómicos" de que los astros podían ser manipulados por la voluntad de los dioses, por lo que había que seguirlos continuamente. En el periodo persa, los astrólogos reales ya no cuentan con el apoyo de los emperadores y emerge una concepción más cercana a la que tenemos en la actualidad de la astrología: la predicción del destino de las personas sobre la base de la posición de los planetas en el momento de su nacimiento. Según algunos investigadores, la invención de la carta natal fue una respuesta a la crisis de la astrología al perder su importancia política anterior y buscarse un nuevo puesto en la sociedad. Esta crisis es similar a la ocurrida en el siglo XVIII cuando la credibilidad intelectual de la astrología en Europa se derrumbó debido a la revolución astronómica y los aires racionalizadores de la ilustración. Su reaparición a finales del siglo XIX se debió en buena parte a la adopción del lenguaje de la psicología y su reubicación en un nuevo contexto esotérico y ocultista [ver Campion 2000a]. Las cartas natales mesopotámicas se dedicaron a la elite aristocrática de la sociedad. La más temprana que conocemos fue realizada a un niño anónimo nacido el 29 de abril de 410 a.C. El texto recoge los nombres del padre y de la madre, datos astronómicos relevantes y una sola línea de lacónica interpretación astrológica: "Las

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cosas te irán bien". Una indicación del papel poco importante de esta actividad durante dicho periodo es que el número de tabletas que recogen cartas natales sobre el número de tabletas referidas a datos puramente astronómicos es sólo de 32 frente a 1.800. Es interesante comentar que mientras Egipto y Mesopotamia desarrollan muy pronto la escritura, en el caso del país del Nilo no tenemos referencias sobre el desarrollo de una astrología hasta el siglo IV a.C., y debido precisamente a la importación de la astrología mesopotámica a Egipto en plena época helenística. Este hecho es materia de debate en la actualidad. La diferencia más obvia entre ambas culturas es el diferente grado de seguridad física de sus territorios. Mesopotamia era una región esencialmente insegura, sin fronteras naturales, rodeada de enemigos y donde cada ciudad-estado podía ser una amenaza para sus vecinas; por otra parte sus principales ríos producían inundaciones erráticas que eran una amenaza constante a su agricultura y a la alimentación de su población. Por contra, Egipto se encontraba protegido por el desierto, sin vecinos poderosos frente a sus fronteras y gozando de la inundación anual y puntual del Nilo, que determinaba precisamente las cosechas. Estos factores ambientales bien pudieron definir una distinta "cosmología política". En este sentido, la opinión de Kramer (1963: 123) resulta muy interesante: "Los pensadores sumerios, fieles a su concepción del mundo, no tenían confianza en el hombre y su destino. Estaban firmemente convencidos de que el hombre estaba hecho de arcilla y de que fue creado para proporcionar comida, bebida y refugio a los dioses. La vida humana estaba acosada por la incertidumbre y la inseguridad y desconocía su destino debido a la impredecible voluntad de los dioses". La utilización masiva de artes adivinatorias por parte de los mesopotámicos pudo plantearse como una solución a las dificultades de la toma de decisiones políticas en un ambiente complejo e inseguro. La realeza sagrada es una característica de la sociedad de Egipto y Mesopotamia, pero la concepción del monarca era distinta. Mientras en Mesopotamia el emperador es un sir-

Figura 2: Zigurat de la ciudad de Ur dedicado a la diosa de la Luna. Construido hacia el 2095 a.C. Desde templos como éste hacían sus observaciones los sacerdotes-astrónomos babilonios.

viente humano de los dioses, en Egipto el faraón es un dios hecho hombre. Ésta es una diferencia cualitativa de gran importancia. El monarca babilonio tenía la responsabilidad de servir a los dioses y a su pueblo, por lo que necesitaba de una sabiduría especial para afrontar estos retos a la vez para mantener la armonía natural y política. Debía, por lo tanto, aprender a navegar entre presagios, sueños y oráculos. DESARROLLO DEL ZODIACO La introducción del zodiaco es una de las contribuciones más importantes de la astronomía mesopotámica a la astrología. De hecho, las constelaciones zodiacales son los elementos más popularmente conocidos de la astrología en nuestros días. El origen de las constelaciones es todavía un tema muy controvertido y posiblemente nunca se resolverá en su totalidad, pero todos los investigadores están de acuerdo en otorgar a los mesopotámicos la autoría de buena parte de ellas. El zodiaco se originó por la necesidad de un sistema de referencia para localizar los planetas y el resto de cuerpos celestes móviles sobre la esfera celeste. En el periodo babilónico antiguo (alrededor de 1800 a.C.) se utilizaba un sistema de tres grupos de doce estrellas situados en tres caminos o bandas a lo largo del cielo (caminos de Anu, Ea y Enlil). Un sistema de referencia celeste similar fue desarrollado por los egipcios alrededor del

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2100 a.C. La evolución de este sistema babilónico de 36 estrellas dio lugar a la diferenciación de 18 constelaciones "que se sitúan en el camino de la Luna", es decir, en la eclíptica. Muchas de estas constelaciones corresponden con las zodiacales que conocemos en la actualidad: Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Aries, pero también Las Pléyades, Orión, Perseo, Auriga, parte de Piscis, la diosa Anunitu. La posición de los planetas en las constelaciones podía implicar presagios diferentes para los mesopotámicos: "Si Marte se acerca a Escorpio habrá una brecha en el palacio del príncipe". La creación posterior de doce signos zodiacales cubriendo 30º de cielo sin tener relación directa con la disposición y extensión exacta de las constelaciones a las que hacen referencia pudo ser una necesidad de proyectar sobre el cielo los doce meses del año astronómico, así como por su utilidad para la construcción de cartas natales u horóscopos. Por otra parte, este cambio pudo obedecer también a motivos religiosos debido a la importancia cada vez mayor de los dioses solares. La primera referencia a efemérides indicando la posición de planetas respecto al zodiaco proviene de 419 a.C.: "Nisannu: Júpiter y Venus, al extremo de Géminis, Marte en Leo, Saturno en Piscis. día 19: Mercurio como estrella de la tarde se pone en Tauro. Día 2 de Addaru: Júpiter en el extremo de Cáncer, Venus en Aries, Saturno, Marte y Mercurio invisibles". En definitiva, el zodiaco se establece como un sistema de referencia donde podemos tabular la posición de los planetas en términos de grados respecto al punto origen del zodiaco. A cada uno de estos signos zodiacales se les otorga unos ciertos "poderes" astrológicos. TRANSMISIÓN DE LA ASTROLOGÍA MESOPOTÁMICA A LOS GRIEGOS Ningún investigador duda del origen mesopotámico de la astrología occidental. La ruta de esta transmisión fue desde Mesopotamia a Egipto, Grecia e India a partir de la época del imperio de Alejandro Magno (época helenística). Distintas leyendas nos dicen que la transmisión a Grecia de las prácticas astrológicas fue llevada a cabo por Beroso, un sacerdote babilonio que se trasladó a la isla griega de Cos fundando una escuela en el III a.C. En realidad no sabemos exactamente lo que ocurrió desde la elaboración de la primera carta natal en el 410 a.C. y el texto astrológico completo más temprano que se conoce, el Astronomicon, de Marco Manilio, escrito durante el reinado de Tiberio (entre el 14 y el 37 d.C.). Los únicos textos griegos sobre astrología que han sobrevivido son el Carmen Astrologicum de Doroteo de Sidón, escrito a comienzos del siglo I d.C. y el celebérrimo Tetrabiblos de Claudio Ptolomeo, del siglo II d.C.

Este último libro presenta una técnica muy compleja de elaboración de las cartas natales que nunca se ha podido encontrar en los textos cuneiformes. Es posible que los fundamentos de las técnicas que describe Ptolomeo se originaran en Persia y que se desarrollasen posteriormente en Grecia, pero esto no es más que una hipótesis. Una de las contribuciones importantes atribuidas a la astrología griega fue el establecimiento del carácter de cada planeta. Aunque en el Enuma Anu Enlil ya se distingue entre planetas benéficos (Venus y Júpiter), maléficos (Marte y Saturno) y ambivalentes (Mercurio), parece ser que los griegos les proporcionaron el carácter que se puede encontrar en la astrología contemporánea. Existe una diferencia fundamental entre la astrología babilónica y la posterior griega. La primera de ellas fue esencialmente reveladora, en el sentido de que los signos o presagios celestes nos proporcionan indicios sobre cuál puede ser la voluntad de los dioses. No hay un concepto de causa y efecto implícito. La posición de los planetas no causa los hechos sino que nos indica que éstos pueden producirse. No existe un determinismo. La posición de los planetas y los hechos que presagian están gobernados, en última instancia por la voluntad caprichosa de los dioses. Hay varios factores que pueden haber influido en la evolución de una astrología reveladora a otra determinista como es la griega. Por una parte los avances en la predicción de las posiciones planetarias a partir del siglo IV a.C. y, por otra, la aparición del estoicismo con Zenón de Citio. Esta corriente filosófica mantiene la naturaleza cíclica de la creación con periodos de muerte y destrucción del Universo y la ley del destino humano. De hecho, los estoicos consideran que todas las cosas del Cosmos obedecen una misma ley del destino y que las mismas leyes físicas gobiernan tanto a los objetos terrestres como a los de la esfera celeste. La vida humana está predestinada. La combinación de la filosofía estoica y la aristotélica impregna el Tetrabiblos de Ptolomeo, cosa que se demuestra en este pasaje: "Las estrellas así como los planetas, según recorren sus órbitas, producen muchas impresiones sobre el Ambiente. Generan calor, vientos y tormentas, una influencia a la que todos los objetos terrestres están sujetos. Más aún, la configuración mutua de todos estos cuerpos celestes, mezclando sus influencias individuales, produce una multiplicidad de cambios". Este pasaje revela ya un sentido determinista, una relación causa-efecto, concepción mecánica del mundo reinterpretada a partir del estoicismo que será también asumida por los únicos autores de los que tenemos textos astrológicos en latín: Marco Manilio, que escribió el Astronomicon y Julio Firmicio, que escribió la Mathesis. Ambos autores entienden que los indicadores celestes

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y los sucesos terrestres vienen determinados por un mismo antecedente: la mente divina. Los astrólogos griegos atribuyeron también distintas propiedades a los signos del zodiaco, en buena parte basadas en las figuras que representan los signos. Otras propiedades adicionales son los cuatros elemento o "humores": fuego, aire, tierra y agua que según Aristóteles constituyen el mundo sublunar. A cada uno de los signos se le asocia uno de estos elementos, lo que define una clasificación cuaternaria. Otra clasificación es la ternaria, con signos "cardinales", "fijos" y "móviles". Y una última polaridad en masculinos o activos y femeninos o pasivos. Los signos de tierra se consideran "prácticos". los de agua "emotivos", los de aire "intelectivos" y los de fuego "inspiradores". Las propiedades de los signos se debilitan o aumentan según los planetas que se hallen en ellos. Se tiene una combinación especialmente intensa cuando un planeta se encuentra en un signo que domina. Según el Tetrabiblos de Ptolomeo, la influencia de cada planeta es más fuerte cuando está en un signo determinado, se dice que este planeta "domina" el signo: Sol-Leo, Luna-Cáncer, etcétera. Como los griegos eran muy aficionados a la geometría, también influye el ángulo que forman entre sí los planetas: conjunción (muy cercanos), cuadratura (a 90º), oposición (180º). Un horóscopo será entonces la interpretación de la combinación de las propiedades de los planetas y de los signos allá donde se encuentren sobre la bóveda celeste en el momento del nacimiento. ASTROLOGÍA EN EL IMPERIO ROMANO La astrología fue ampliamente aceptada en el Imperio Romano y fácilmente incorporada a su religión. Se utilizó principalmente durante la época imperial y la ejercían dos clases de astrólogos: por una parte los itinerantes, que realizaban su arte al aire libre y públicamente, generalmente en el foro o el circo de las ciudades, estando algunos de ellos especializados en las apuestas de las

Figura 3: Representación de Eón-Mitra, dios del Tiempo, rodeado por los signos del zodíaco. Relieve en mármol de época imperial romana.

carreras o los gladiadores y, por otro, los profesionales, con clientes pertenecientes a la élite intelectual y social; generalmente eran extranjeros (egipcios, babilonios y griegos) debido al atractivo de su personalidad exótica, quizás como ocurre en la actualidad en España con los adivinos de origen sudamericano. Los astrólogos fueron muy utilizados por los emperadores, sobre todo Augusto y Tiberio. Fue tanta la fe

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que tenían algunos emperadores, que llegaron a prohibir su práctica (excepto por ellos mismos) debido al miedo que les producía que los astrólogos fueran consultados por sus enemigos. Hubo varios decretos imperiales prohibiendo estas prácticas. Por ejemplo, los emperadores cristianos como Constantino o Teodosio prohibieron su uso por considerarlo un desafío subversivo a la autoridad de Dios, que en la Tierra residía en la Iglesia. El colapso del imperio romano supuso el desuso de la astrología por largo tiempo en Europa occidental. Durante el imperio romano la astrología estuvo íntimamente relacionada con la iconografía y los contenidos de las denominadas religiones mistéricas, como el hermetismo y el mitraísmo, originarias de Egipto y Asia Menor respectivamente. Estas religiones estaban profundamente influidas por la doctrina platónica de la encarnación del alma a través de las esferas planetarias. DE LA ANTIGÜEDAD A LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA Uno de los aspectos más nocivos de la astrología ha sido la denominada medicina astrológica, establecida desde los antiguos griegos y recogida en el Astronomicon de Marco Manilio. Se basa en la asociación de las distintas partes del cuerpo con signos del zodiaco y de que muchas de las enfermedades las causan los planetas. Restos de estas creencias supersticiosas los podemos observar en los idiomas modernos. Por ejemplo, en varias lenguas a la gripe se la denomina "influenza" esto proviene de la creencia antigua de que la enfermedad estaba producida por la influencia de los astros. Otra anécdota interesante es que en Italia, en el siglo XV, se creía que la sífilis (traída del Nuevo Mundo tras su descubrimiento) la había causado la conjunción, ocurrida en 1484, de Saturno con Júpiter en Escorpio, signo que domina los genitales, y Saturno, que es un signo maléfico. La Iglesia cristiana, hostil a la astrología, intentó construir una medicina alternativa a la astrológica. En vez de los signos del zodiaco eran los santos los que gobernaban distintas partes del cuerpo. Así se debía rezar a santa Apolonia para los dientes, a San Erasmo para la barriga y a Santa Lucía para los ojos. En la cosmología medieval Dios es el primum mobile, es decir el motor que mueve todas las esferas celestes y planetarias. Esta idea sustentó el convencimiento de que la influencia de las estrellas podía causar movimientos o acciones sobre la Tierra y por lo tanto también sobre la vida de los hombres. Paracelso, médico alemán del siglo XV, intentó racionalizar la influencia de los astros como debida a una especie de onda astral. Antes de suministrar cualquier medicina, los médicos astrológicos debían tomar en consideración la posición de los planetas. Si se quería que una medicina fuese efi-

caz había que esperar a que la Luna se alejara del planeta que favorecía la enfermedad en cuestión y se acercase a otro que la obstaculizara. La medicina astrológica empleaba asociaciones entre distintos metales y cuerpos celestes: oro-Sol, plata-Luna, hierro-Marte, etcétera. El uso abusivo de la medicina astrológica se ilustra en el texto del siglo XII De urina non vista escrita por Guillermo de Marsella. Esta obra se basa en el diagnóstico de enfermedades mediante el análisis visual de la orina de los enfermos. Este método tenía un problema que era cuando no se podía obtener la orina del enfermo. El autor resolvía el problema construyendo el horóscopo del paciente para conocer la apariencia que debía tener dicha orina. Resulta paradójico que el considerado primer tratado de medicina impreso en castellano, escrito por el médico y astrólogo Diego de Torres en 1485, llevara el título Eclipse de Sol. En esta obra además de predecir el eclipse de Sol ocurrido el 16 de marzo de 1485, ofrece "medicinas preservativas y curativas y remedios contra la pestilencia que significa el eclipse de Sol". Una de las innovaciones astrológicas más importantes realizadas en la Edad Media la llevaron a cabo los astrólogos árabes, que incluyeron una complicación más a los horóscopos: el concepto de las casas. Como la Tierra gira sobre su eje cada 24 horas, los astros aparentan desplazarse diariamente sobre la esfera celeste. Los árabes idearon un sistema de doce husos inmóviles sobre la esfera de 30º de anchura, denominados casas y separados por meridianos denominados cúspides. Como era de esperar, cada casa está dominada por un signo del zodiaco y Aries domina la primera casa, que coincide con el horizonte este. Cuando un signo se encuentra en la casa que domina se intensifica su efecto en el horóscopo. La cúspide de la primera casa se denomina "ascendente", mientras que la cúspide de la sexta es el "descendente". Son muy importantes en el horóscopo actual. Todavía hay discusiones entre los astrólogos para definir el tamaño de las casas y la posición exacta de las cúspides. La Iglesia, en sus intentos de luchar contra la astrología popular, creyó conveniente en el siglo XII aceptar los métodos de la astrología árabe para intentar "racionalizar" la lectura de los presagios celestes y ponerlos bajo control eclesiástico, así como controlar el cómputo del tiempo, la predicción de eclipses y la determinación de momentos importantes del ritual cristiano, como la pascua. Con el renacimiento surge la ciencia moderna y la separación definitiva entre astronomía y astrología, aunque esta última era aceptada y utilizada en toda Europa. Dentro de la revolución científica de esta etapa se realizaron dos descubrimientos importantes en el siste-

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ma del mundo que alteraban de raíz las preconcepciones astrológicas: la redondez de la Tierra y el heliocentrismo. La redondez de la Tierra plantea varios problemas graves a la astrología como la invalidez del sistema clásico de las casas para millones de personas que viven por encima del círculo polar ártico. Otro problema de los habitantes de esas zonas frías es que cuanto más cercanos al polo estemos, más son las constelaciones zodiacales que se encontrarán siempre por debajo del horizonte. El horóscopo es, en definitiva, una aplicación de la cosmología ptolemaica geocéntrica en pleno siglo XXI. Podemos decir que la astrología todavía, en los tiempos que corren, no se ha adaptado a la cosmología copernicana, ya que son las posiciones geocéntricas y no las heliocéntricas las que influyen sobre los humanos. Por otra parte, el descubrimiento en el siglo XVIII del nuevo planeta Urano (por parte de la astronomía, no de la astrología) planteó un nuevo problema para los astrólogos. ¿Por qué no habían sido capaces de detectarlo? Por otra parte, en los siglos posteriores se descubrieron dos planetas más: Neptuno y Plutón. ¿Quiere esto decir que los horóscopos realizados antes de estos descubrimientos son erróneos?. Por otra parte, la órbita de Plutón tiene una inclinación de unos 18º y en parte de su órbita lo podemos encontrar fuera de las constelaciones zodiacales. Finalmente, en los últimos siglos se han descubierto miles de nuevos cuerpos celestes en el sistema solar como asteroides, satélites de otros planetas o cometas. Si el efecto astrológico de los cuerpos celestes no depende de la distancia ni de la masa que tienen, según defienden los astrólogos. ¿Por qué estos objetos no influyen? ¿Por qué no influyen objetos tan enormes como las galaxias externas, los cuásares o los agujeros negros, es decir, el resto de objetos del Universo?. Tras la revolución científica de los siglos XVI y XVII, mientras los astrónomos admitieron los nuevos cambios en la concepción del mundo, los astrólogos no se dieron por enterados y algunos de ellos continuaron haciendo grandes negocios llegando a ser muy célebres entre las sociedades de la época, algo parecido a nuestros adivi-

Figura 4: La medicina astrológica consideraba al cuerpo humano como un microcosmos cuyas distintas partes estaban regidas por los doce signos del zodiaco. Este dibujo proviene del Libro del gremio de los barbero-cirujanos de York y fue escrito en el siglo XV (Biblioteca Británica).

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Figura 5: Horóscopo del Observatorio Real de Greenwich elaborado por John Flamsteed, primer astrónomo real británico, con motivo de la colocación de la primera piedra del edificio. Los astrólogos suelen mostrar este horóscopo como prueba del carácter de que su actividad es respetada por los científicos, sin embargo suelen olvidar que en la parte inferior del cuadrado central está escrita la frase Risum teneatis amici, que quiere decir "contened la risa, amigos"

inicial del nombre de pila del ladrón, aunque no el nombre completo (Lilly era consciente del peligro que corría al proporcionar pronósticos cuya veracidad fuesen fácilmente comprobables). Como era de esperar, no se libró de ir a juicio por ejercer unas prácticas adivinatorias tan peligrosas como lucrativas. LA PRECESIÓN DE LOS EQUINOCCIOS Es interesante que la mayoría de los astrólogos todavía usen la posición de los signos zodiacales tal y como estaban situados hace dos mil años ignorando los efectos evidentes de la precesión de los equinoccios, por lo que los signos del zodiaco no corresponden con la posición de las constelaciones actuales a las que hacían referencia. El punto origen de posiciones sobre la eclíptica, el llamado punto Aries (que define la posición del Sol en el equinoccio de primavera) se ha desplazado atravesando, desde hace unos 2000 años, casi completamente la constelación de Piscis y parece que está a punto de entrar en la de Acuario. Resulta paradójico que la primera mención explícita sobre la existencia de la precesión de los equinoccios en textos astrológicos no aparece hasta 1879 en The Textbook of Astrology de A. J.

nos televisivos de hoy en día. La venta de almanaques astrológicos y la astrología horaria (elaboración de horóscopos para hechos particulares que ocurrían en un momento determinado) eran los productos más solicitados. Uno de los astrólogos profesionales más famosos de la época fue el inglés William Lilly, especialmente conocido por su obra Christian Astrology, escrita en 1647. Una de las actividades más provechosas de Lilly fue la investigación astrológica de crímenes. Con el estudio del horóscopo del momento y lugar exacto del crimen, este adivino podía decir si un objeto había sido robado o había "desaparecido espontáneamente", la edad y el sexo del ladrón, incluso la longitud y quizá la

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Figura 6: Horóscopos por ordenador, tecnología al servicio de la especulación. El uso de parafernalia tecnológica siempre es una buena estrategia de marketing.

Pearce, aunque el fenómeno astronómico fue descubierto oficialmente por los griegos en el siglo IV a.C. ¡más de dos mil años antes! De cualquier forma, algunos astrólogos reconocen que la precesión crea dificultades y existe una minoría que sostiene que los signos deben mantenerse con la posición de las constelaciones originales y la consideran a la hora de construir sus horóscopos. Éstos son los partidarios de la denominada astrología sidérea frente a la tradicional astrología trópica, que es la mayoritaria. Sin embargo, la existencia de dos escuelas genera dificultades y contradicciones insalvables que resultarían inaceptables en cualquier disciplina científica. Por ejemplo, supongamos una persona nacida un 24 de marzo en la actualidad. La mayor parte de los astrólogos (trópicos) nos dirán que esta persona es Aries: tenderá a imponerse a los otros, será un pionero y preferirá actividades de dirección; a la minoría que emplea la astrología sidérea, esa misma persona será un Piscis: tendrá escasas ambiciones mundanas, no aspirará a cargos ni poder, preferirá estar en soledad, soñando, alejado de la competitividad, de la rivalidad y la lucha. Es difícil imaginar una diferencia de caracteres tan acentuada. Pues bien, estas dos deducciones astrológicas se basan en los mismos datos. ASTROLOGÍA Y OCULTISMO. LA ERA DE ACUARIO Durante el siglo XIX nace una nueva concepción de la astrología que, sin lugar a dudas, es la más popular hoy en día. La astrología pasa a considerarse más como un

vehículo de diseminación de ideas religiosas y filosóficas alternativas que como un método de adivinación preciso de los sucesos humanos. Dentro de esta interpretación, el astrólogo, más que una persona que domina una técnica, es una persona investida de ciertos poderes de percepción espiritual superior. En este decantamiento ocultista tuvieron un papel destacado los teósofos, como Elena Blavatsky o el astrólogo-teósofo Alan Leo, los rosacrucianos y otros movimientos espiritualistas y esotéricos que crearon una nueva astrología diseñada como vehículo para facilitar la evolución espiritual hacia una Nueva Era. En su obra celebérrima Isis sin velo, Blavatsky afirma que para elaborar una astrología efectiva es necesaria una percepción espiritual superior. Sus palabras son claras a este respecto: "La astrología es una ciencia tan infalible como la astronomía, pero es necesario que el intérprete sea igualmente infalible. Ésta es una condición sine qua non de muy difícil realización que ha sido siempre un gran obstáculo para su desarrollo. La astrología es a la astronomía como la psicología a la fisiología. En astrología y psicología uno tiene que ir más allá del mundo visible de la materia y entrar en el dominio del espíritu trascendente. Es la misma antigua lucha entre las escuelas platónicas y aristotélicas, y no es precisamente en nuestro siglo de escepticismo saduceo en que la primera vaya a prevalecer sobre la segunda". Posiblemente, uno de los mitos astrológicos más populares en la actualidad es el de la llegada de la Era de Acuario, gracias en parte al famoso musical de los años sesenta Hair. No hay consenso entre los astrólogos sobre la fecha en que comienza dicha Era ni siquiera sobre su carácter. Estas disputas se deben en parte a que no existe un acuerdo sobre cuál fue la posición exacta del punto cero de Aries sobre el cual se comenzó a medir la posición de los signos, allá por el siglo V a.C. A

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esto hay que añadir que tampoco han existido fronteras exactas y fijas entre las distintas constelaciones zodiacales, que han sido tradicionalmente arbitrarias, hasta su fijación definitiva en una fecha tan tardía como 1928 por la Unión Astronómica Internacional. Nicholas Campion [2000b], destacado historiador de la astrología, ha realizado un estudio comparativo acerca de las distintas determinaciones disponibles sobre la fecha de comienzo de la Era de Acuario recopilando los datos de 95 publicaciones. Las distintas propuestas recogen fechas que van desde 1457 hasta 3500 d.C. Las determinaciones recogidas se pueden clasificar en tres grandes grupos. 1) Las determinaciones basadas en la precesión de los equinoccios colocan el comienzo de la Era principalmente entre los siglos XXIV y XXV. 2) Otros astrólogos y videntes la fijan con relación a los movimientos planetarios. Por ejemplo, la clarividente Jeanne Dixon propone que comenzó a partir de la conjunción planetaria del 5 de Febrero de 1962, fecha en la que también se produjo el nacimiento del anticristo (que a estas alturas ya está un poco entradito en años el muchacho...). 3) Finalmente, otros especuladores dan fechas simbólicas o la hacen coincidir con el año 2000, por simple tradición milenarista o como los fieles de la secta raeliana que sostienen que la Era de Acuario comenzó con el nacimiento de su profeta, Claude Vorilhon: Raël. Según propone Campion [2000b], el mito de la Era de Acuario tiene su origen en el último cuarto del siglo XIX y se trata de una invención de los mismos ocultistas y teósofos, principalmente Alan Leo, que anuncian la llegada de una nueva época de armonía y evolución espiritual. UNA PIEZA QUE NO ENCAJA: LA ASTROLOGÍA EN LA ACTUALIDAD Durante el siglo XX los astrólogos han llevado a cabo algunos intentos, aunque escasos, para intentar adquirir una respetabilidad científica. G. E. Sutcliffe elaboró una teoría según la cual los cuerpos celestes tienen influencia sobre la vida en la Tierra mediante una especie de ondas electromagnéticas, que nadie ha logrado probar. Sin embargo, la mayoría de los astrólogos intenta rehuir esta responsabilidad dando la espalda a la racionalidad (absolutamente necesaria en una disciplina científica) con comentarios de este tipo: "La astrología es una ciencia espiritual y siempre huirá del escrutinio de la ciencia". Sin embargo, cuántas veces hemos visto a los astrólogos utilizar un ordenador para construir la carta natal, algo que proporciona un cierto halo "científico" a su actividad. Es una paradoja muy común en la pseudociencia: utilizar la ciencia cuando conviene y de-

nostarla cuando contradice nuestras expectativas. En definitiva, los astrólogos han contribuido bien poco a la constitución de una base científica para su actividad. Lo único que podemos concluir después de un análisis histórico y racional es que la astrología, lejos de constituir una disciplina científica, ha sido un elemento relevante, aunque cada vez menos importante, en el devenir histórico del pensamiento humano. é NOTA El presente texto está basado en una conferencia impartida por el autor dentro del curso universitario multidisciplinar Ciencia y Pseudociencia en el umbral del siglo XXI celebrado en la Universidad de La Laguna durante el curso 1999-2000 y organizado por el activo colectivo escéptico canario.

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