JM Mulet en la semana negra de Gijón

JM Mulet, autor de Los productos naturales ¡vaya timo!, la última novedad de la colección que edita Laetoli en colaboración con ARP-SAPC, participará en la Semana Negra de Gijón que se celebrará del 22 al 31 de julio. La organización explica que "José Miguel Mulet está más acostumbrado a ver su nombre en las páginas de prestigiosas revistas especializadas donde suele publicar investigaciones sobre biología. Doctor en Bioquímica y Biología Molecular, investigador en Suiza y en España, y profesor de Biotecnología en la Universidad Poltécnica de Valencia, es además un autor divertido y valiente que llega a la Semana Negra a presentar su libro Los productos naturales, ¡vaya timo!i, que no dejará a nadie indiferente."

El lanzamiento del libro está teniendo un gran impacto en los medios, con críticas favorables del libro y entrevistas al autor, como la que ha realizado el diario El Mundo. Ahora se está presentando en diversas ciudades, de las que daremos más información en esta página a medida que se vayan confirmando, y en la propia web del autor.

Comentarios

El capítulo I trata sobre Agricultura Ecológica (AE). Estamos de acuerdo en que lo natural no es siempre lo mejor y que la agricultura no puede ser ecológica... como concepto científico. Pero legalmente si: Es un método de producción agrícola y ganadera caracterizado por el mantenimiento de la biodiversidad de los ecosistemas y la fertilidad del suelo, que excluye el uso de productos químicos de síntesis tales como abonos, fertilizantes y biocidas (herbicidas, insecticidas, etc.), así como el de organismos modificados genéticamente. Lo cual no significa una vuelta al pasado, sino un paso más en la aplicación del conocimiento científico global al medio-ambiente y a la salud.

El autor sostiene que la AE que es más pija (por cara -estoy en parte de acuerdo y lo he defendido en otros foros), pero no más sana ni mejor para el medio. Así, sin citar apenas fuentes (algunos metaestudios). Y lo peor, tratando de mostrar que el ecologismo (todo en el mismo saco) es algo trasnochado, sin fundamento, que quiere la vuelta a las cavernas y que solo pretende asustar al ciudadano/a con sus temores apocalípticos. Vaya, un panfleto sin fundamento que hace poco honor al escepticismo (en el que se supone que bebe), como herramienta intelectual para el avance de la Ciencia.

Donde comete más errores es cuando sostiene que los alimentos ecológicos no son más respetuosos (mejores) con el medio ambiente. Al afirmar ésto, sin referencias bibliográficas, olvida toda la Ecología (una Ciencia de Síntesis). Con esta afirmación está suponiendo que tratar un cultivo de soja con un herbicida como el roundup (glifosato), que se fija en los tejidos vegetales y que contamina el suelo y las aguas subterráneas, es lo mismo que no tratarlo. Como si el herbicida se pasease por el ecosistema sin hacer ni mu. Tampoco tiene en cuenta el papel de los insecticidas de síntesis en la muerte indiscriminada de insectos (pérdida de Biodiversidad) y su acumulación en los niveles superiores de la cadena alimentaria, afectando a la capacidad reproductora de aves, reptiles, mamiferos, etc. Obvia también los estudios sobre la acumulación de sustancias de uso industrial (PCBs) y agrícola en la sangre de los seres humanos y en la leche materna, con sus efectos sobre la salud (cáncer) o la reproducción (disruptores hormonales). Yo creo que el autor, que es químico en origen y biotecnólogo de profesión, tiene mucho que aprender de la Ciencia y de cómo se construye. Pero sobre todo tiene que aprender como crítico y como escéptico. No se pueden ridiculizar con argumentos poco serios, casi humorísticos, a los que defienden posiciones conservacionistas respecto al medio-ambiente o a los que que sitúan los avances tecnológicos en su lugar, al servicio del progreso general, y no de unas cuantas multinacionales. Muchos de esos ecologistas tienen también conocimientos científicos, trabajan en universidades (no es mi caso) y, además, también practican el sano ejercicio del escepticismo... en este caso al cuadrado. ¡Qué lastima que el libro se edite en colaboración con la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, a la que tanto admiro por su lucha contra las Pseudiciencias! ¡Qué lejos de otros títulos, como los Ovnis, la Religión, la parapsicología o la conspiración lunar!

Una nota más: El Actimel no es ecológico. ¿Por que lo mete el autor en el apartado Leche y yogures ecológicos para criticarlos?

Haré una entrada más larga en mi blog, cuando termine de leer el libro.. si puedo, porque el cap 2 trata sobre los OMGs y supongo que habrá cargas de profundidad.

http://www.casimirobarbado.co.cc/agroecologia.htm

Si tanto tiene que opinar sobre el tema, ¿por qué no escribe usted su porpio libro? Lo mismo alguien se lo compra

Gracias. Es una buena idea. Lo pensaré.
La extensión de mis comentarios es directamente proporcional a la cantidad de falsedades que JM vierte sobre la agricultura ecológica y sobre las bondades de los OMGs. Pero lo peor es que se venda como pensamiento escéptico, cuando es dogmatismo e intento de desprestigiar a una buena parte del movimiento ecologista que se basa en hechos científicos constatables.
Aprovecho la respuesta para colocar el documento completo en pdf:
http://www.scribd.com/fullscreen/60529909?access_key=key-2gcqx4sl0v2jznw...

Comienza el capítulo con una afirmación impactante y falsa. Por si sola desacredita todo el capítulo y por tanto, buena parte del libro, al sostener que el DDT no es tóxico para los seres humanos (http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnicas/FIS...) y que su prohibición internacional fue debida a las presiones ecologistas surgidas a raíz de la publicación en 1962 del libro “La Primavera silenciosa” de Rachel Carlson, responsabilizando a este movimiento de la muerte “ecológica” (recurso sarcástico y gratuito que utiliza en diferentes capítulos) por malaria de 50 millones de personas en África, pero, eso sí, una vez que se había erradicado esta enfermedad de Europa y EEUU.
Son los mismos argumentos tendenciosos del capítulo sobre DDT de la web http://www.mitosyfraudes.org/INDICE.html, incluyendo las anécdotas de investigadores octogenarios que han ingerido DDT (Santiago Carrillo, es un fumador empedernido y aún vive y no por eso rechazamos la implicación directa del tabaco en el cáncer ¿o no?). Por cierto, en esta misma web niegan también el Cambio Climático, las terribles consecuencias de Chernóbil, el efecto de las dioxinas y del asbesto, etc. ¡Todo lo que la Ciencia ha ido revelando día a día en torno a la contaminación y sus efectos sobre el medio y nuestra salud, y que los “anticientíficos” ecologistas venían denunciando desde siempre!
Es curioso. El autor sostiene que el DDT lo prohibieron los gobiernos por las presiones ecologistas y sin embargo, en la p 52 dice que “A pesar de la presión ecologista, sería impensable que se dictara una normativa prohibiendo el cultivo y la investigación sobre transgénicos, puesto que no hay ninguna prueba de que hayan ocasionado ningún perjuicio a la salud o al medio-ambiente. Por tanto, la actitud (de la UE) no es prohibir, pero sí dificultar”. O sea: Antes sí cedían los gobiernos y ahora no.
En la p 41 sostiene Mulet que los OMGs son muy naturales. Que cuando comemos pan estamos comiendo un transgénico de hace miles de años, porque la especie Triticum aestivum de la que obtenemos la harina se ha originado mediante el cruce, al azar, de dos especies de gramíneas silvestres. Y digo yo, ¿qué clase de OMG es un híbrido de dos especies? ¿Una mula también es un transgénico porque tiene cromosomas de burro y de yegua? Parece que es una forma de decirle al lector que los OMGs han estado con nosotros desde la noche de los tiempos y no ha pasado nada. Por supuesto que existe la transferencia de genes entre Agrobacterium y las plantas que parasita. Es una relación ecológica más (una especie de toma y daca natural, como entre la ladilla y el ser humano). El ADN humano lleva genes de virus, en recuerdo de infecciones que hemos ido superando como especie. Pero es un proceso natural, lento, sometido a la variación y a las fuerzas de selección natural. No ultrarrápido, como la transgénesis artificial, mediante la que insertamos genes de resistencia a herbicidas o insecticidas en plantas que no los tienen de forma natural y los ponemos en circulación en el medio sin contención alguna.
El problema no es la biotecnología (que permite avanzar en el conocimiento y la resolución de problemas relacionados con la salud, el medio ambiente y determinados procesos industriales), sino en la liberación al medio de los organismos transgénicos. Y aquí no vale el recurso de la utilidad teórica de los OMGs: Plantas contra la contaminación o adaptadas a la sequía, cabras que producen leche con medicinas, etc. Está bien que los Gobiernos y las empresas investiguen, pero con limitaciones y criterios restrictivos relacionados con el aislamiento de los OMGs. Pero lo que los ecologistas o conservacionistas ponen en tela de juicio es la cruda realidad de los transgénicos de hoy (no los del mañana): Casi el 100 % de los OMGs han sido autorizados por su resistencia a herbicidas y/o su capacidad insecticida. Además, esta oposición se basa en argumentos basados en estudios alternativos, realizados por investigadores/as en diferentes laboratorios, aplicando los mismos conceptos científicos que utilizan los defensores de los transgénicos. Un mismo lenguaje, procedimientos experimentales parecidos, pero conclusiones opuestas. Eso es Ciencia. El tiempo irá dando la razón o quitándosela a unos o a otros.
Los ecologistas (científicos) o conservacionistas (científicos) no se oponen a la Biotecnología (Greenpeace no lo hace http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Transgenicos/). Lo que quiero decir, en contra de la idea que subyace en el libro, es que no todos los ecologistas son iguales (lo mismo que no son iguales todos los biotecnólogos/as) y que es un falso argumento a favor de los transgénicos presentar al movimiento ecologista, en general, como una nueva religión basada en dogmas y postulados anticientíficos, que niegan el progreso y propician, por ejemplo, la ceguera de millones de personas al oponerse a la producción de arroz dorado (con vitamina A). Yo creo que, además, es un argumento ofensivo… para el que lo elabora y lo publica.

Casimiro Jesús Barbado López
Continuará...

Capítulo 2: Transgénicos, la amenaza fantasma. (Continuación)
El autor no tiene en cuenta o, mejor dicho, pasa casi de puntillas, por los aspectos sociales y económicos derivados de la producción basada en los OMGs: El agravamiento de los problemas generados por el modelo agrícola industrial; la pérdida de la soberanía alimentaria de los Estados y de los pueblos, por presiones políticas de las empresas biotecnológicas y la dependencia de los agricultores de unas pocas multinacionales, a las que tienen que comprar tanto las semillas transgénicas (terminator), como el propio herbicida.
Tal vez sea este el momento de darle al autor un poco de su propia medicina ad hóminen y denunciar que su alegato contra la Agricultura Ecológica y la defensa de los transgénicos responde a los intereses de las empresas y fundaciones vinculadas al sector, que probablemente, pagan sus investigaciones y/o sus campañas de divulgación. Pero no voy a utilizar su misma estrategia, porque no es correcta y, además, no tengo la certeza de que el autor sirva a estos “amos”. Pero, en cualquier, caso la máxima “no se muerde la mano que da de comer” es de aplicación en este ámbito. O expresado de otra manera: Los biotecnólogos/as que manifiesten su oposición a la liberación al medio de los OMGs tienen escasas posibilidades de trabajar para empresas del sector. Todo lo contrario a los miles de ecologistas o conservacionistas que, equivocados o no, defienden un futuro más sostenible y más justo, sin servilismos. Su posicionamiento es fruto de la coherencia ética e intelectual, y puede evolucionar en función de argumentos sólidos, no por intereses económicos. Eso sí es independencia.

No quisiera extenderme mucho más, pero no puedo dejar de rebatir las siguientes afirmaciones que Mulet hace sobre los transgénicos. Tampoco me extenderé en referencias bibliográficas que no conducirían a nada, pues el autor alegará que no son estudios revisados por pares; que se han revisado y estaban mal diseñados; que los ha hecho o los ha encargado Greenpeace; que sus autores son desconocidos, etc.

Aquí van:

a) El autor afirma que los OMGs no son malos para la salud, aunque ni la comunidad científica ni la EFSA (http://www.efsa.europa.eu/en/topics/topic/gmo.htm ) niegan sus posibles efectos, de ahí su estricta regulación y los estudios epidemiológicos que se han hecho y van a seguir haciéndose en el futuro.
b) También rechaza el Principio de Precaución por ser un freno para el progreso en general, y, en este caso, por sus consecuencias terribles en el Tercer Mundo, como la muerte y ceguera de miles de niños, que poco importan a los ecologistas, porque quedan muy lejos de nuestra conciencia (p 50). El autor olvida que la solución a los problemas de los países en vías de desarrollo pasaría por un reparto más justo de los recursos y una mayores cuotas de solidaridad y justicia internacionales.
c) Sostiene que la agricultura es siempre agresiva contra el entorno, pero que el uso de plantas MG resistentes a los herbicidas es mejor para el medio ambiente, porque permite reducir la cantidad de agroquímicos en los tratamientos. Si esto fuese así, la Agricultura Ecológica sería entonces la solución perfecta, en contra de lo que sostiene el autor, ya que no emplea productos químicos de síntesis. Sin embargo hay estudios que confirman que las plantas MG resistentes a herbicidas aumentan el uso de herbicidas y generan resistencias. También asegura que las plantas MG que incorporan el gen de la toxina Bt (un insecticida) son mejores para el medio que las plantas convencionales, ya que ahorran insecticida. Incluso son mejores que el uso puntual de las bacterias vivas productoras de la toxina, que es un tratamiento permitido en la Agricultura Ecológica. Pero no tiene en cuenta que las plantas MG con el gen Bt producen la toxina continuamente, exista o no la plaga contra la que se ha diseñado. Además, algunos estudios confirman que pueden provocar resistencias en insectos y afectar a otros que no son diana, así como a sus depredadores; mientras que la acumulación de la toxina en el suelo podría tener efectos nocivos para la fauna edáfica. Se trata de investigaciones que se pueden rebatir o confirmar por pares en laboratorios independientes. ¿Lo son los de Monsanto, Dupont o Syngenta? ¿Y los de la EFSA? Supongo que la misma independencia que los laboratorios de Greenpeace y los de los investigadores que realizan informes contrarios a los transgénicos.
d) Tampoco aborda el problema de la polinización cruzada entre los OMGs y sus variedades convencionales. Ni cómo afectan las plantas transgénicas a los agricultores ecológicos. Supongo que esto no le importa al autor, dado que le niega valor ambiental a este tipo de agricultura. Es más, como ya vimos en el capítulo 1, considera que esta práctica agrícola puede llegar a ser potencialmente peligrosa debido a la contaminación por micotoxinas o E. coli. He de reconocer que en este tema se adelantó a la metedura de pata alemana sobre los pepinos almerienses http://www.losproductosnaturales.com/2011/05/peligros-de-la-agricultura-...
e) Finalmente no menciona ni una línea sobre lo que supone para la sociedad la biopiratería, es decir, la privatización de “genes, microorganismos, plantas y animales que son patrimonio de la humanidad, para beneficio único y exclusivo de unas compañías biotecnológicas que han secuenciado esos genes”. Para saber más al respecto podéis leer http://www.agronoms.cat/media/upload/editora_24//GregorioALVARO_editora_...

Continuará…

Casimiro Barbado López

Sinceramente, compré el libro para conocer el planteamiento de la editorial Laetoli y de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico sobre la irrupción en el mercado y en la publicidad de los mal llamados productos “verdes”: Coches ecológicos, ecobolas, productos de higiene, iones negativos, etc., debido a la creciente sensibilización del consumidor/a respecto a los problemas medio-ambientales.
Pero cuál sería mi sorpresa cuando comencé a leer las cinco primeras palabras de la introducción: La cuestión es estar asustado (p 9). Y así, a lo largo de unas 40 líneas en las que el autor minimizaba los problemas medio-ambientales del planeta, tildando a los ecologistas de nuevos jinetes de la Apocalipsis, mientras comparaba sus visiones catastrofistas con las amenazas sobre el fin del mundo y el castigo eterno que predicaban las diferentes religiones hace unos siglos. Fue entonces cuando comprendí que había que hacer algo para defender el pensamiento crítico, contra un libro que parecía beber en sus fuentes y, de paso, devolver al movimiento ecologista la racionalidad que el autor le estaba arrebatando desde el principio.
Y así lo adelanté en mi facebook antes de comenzar mis comentarios sobre este libro.
Soy un "forofo" de la colección Vaya Timo. Voy a empezar a leer, ahora mismo, el libro del colega M. Mulet sobre el timo de los productos naturales. Y va a ser como un experimento. Mi hipótesis de partida es que, teniendo razón en muchos aspectos, se equivoca en el enfoque de otros, como en el de los OMGs, porque, poniendo la Ciencia y a la Tecnología en la cima del conocimiento, se olvida de la Ecología (una especie de “ceni-ciencia” recién llegada). Es lo que les pasa a muchos de los que “creen saber porque miden la sombra con un compás. ¿Confirmaré mi hipótesis o tendré que cambiarla por otra más acorde con los hechos?
Pero, ¿cómo luchar contra un libro auspiciado por una Sociedad Escéptica como la ARP-SAPC? No sabía cómo hacerlo. Cogí el ordenador y me puse a escribir durante varios días.
Esta es, por fin, la cuarta y última parte:
Capítulos 3, 4, 5 y 6: Medicina natural, farmacopea natural, tú también puedes ser un médico naturista y hogar natural.
Estaba convencido de que iba a estar de acuerdo en casi todas las críticas que Mulet hace a las medicinas naturales o alternativas. Y así es, pero no comparto la forma en la que las plantea, porque abusa de la ridiculización, del sarcasmo y de la anécdota. En resumen, el autor rechaza las terapias naturales porque se basan en presupuestos anticientíficos y no hay ensayos clínicos contrastados que las avalen, aunque, como reconoce en la p 62, no se les puede negar su posible efecto placebo.
Supongo que al compartir este punto de vista con el autor, me estoy convirtiendo en el blanco de las críticas de los defensores de estas terapias. Pero no me importa. Lo he hecho en alguna ocasión con la misma independencia con la que estoy escribiendo ahora: http://casimirobarbado.blogspot.com/2009/10/ecotrolas.html
Algunos/as se preguntarán por qué defiendo las posiciones y argumentos ecologistas y, sin embargo, no defiendo las medicinas naturales, cuando tal vez están en el mismo lado del espectro ideológico. No es cuestión de ideologías. Si no de herramientas para conocer el mundo. Creo que quedó muy claro cuando hice referencia a los OMGs. Pero voy a repertirlo una vez más: Los ecologistas o conservacionistas, además de oponerse a los transgénicos por razones económicas y sociales muy importantes, manejan los mismos conceptos científicos y, por supuesto, la misma Metodología en la construcción del conocimiento. Es falso que pertenezcan a una nueva religión basada en principios anticientíficos. La diferencia fundamental entre partidarios y detractores de los OMGs solo estriba en la hipótesis a comprobar, que para los primeros es su inocuidad para la salud y el medio ambiente y para los segundos, es su efecto perjudicial. No es el caso de las medicinas naturales. Por ejemplo, la homeopatía se sustenta en el supuesto de que el agua conserva la memoria de las sustancias que han estado disueltas en ella, pero no hay pruebas que avalen esta hipótesis (algo que, además, contradice los principios más elementales de la Química). Tampoco existen ensayos clínicos que respalden sus beneficios, más allá del efecto placebo.
Me parecen muy acertadas sus críticas a los programas de radio (algunos en emisoras públicas como RNE) y revistas como Discovery Salud, que se presentan con una apariencia científica, pero en el fondo son pura charlatanería. Creo que la sociedad tiene que dotarse de leyes que nos protejan de los fraudes que se ocultan bajo la categoría de medicinas alternativas, farmacopea natural (no científica) y supuestos productos ecológicos del hogar (ecobola, ecoducha y otros timos). Además, me parece muy positiva la defensa que hace de la Sanidad Pública y que nos recuerde, a pesar de las críticas a la fitoterapia, que las plantas han desempeñado y desempeñan un papel fundamental en medicina, como fuente de algunos fármacos.
Pero… y este pero es demoledor: Sobran en el libro dos equiparaciones tendenciosas y malintencionadas:
La primera es la que hace entre homeopatía y agricultura ecológica, dos prácticas regidas por axiomas que no tienen fundamento, según el autor (p 66), cuando el desarrollo de la segunda se debe a las abrumadoras pruebas sobre los efectos de los agroquímicos de síntesis sobre la salud y el medio ambiente (cap 1).
La segunda es la que establece entre ecologistas y terapeutas alternativos (charlatanes, farsantes y timadores), cuando en la p 107 desarrolla con sarcasmo las recetas para hacerse “médico naturista”, aconsejando al lector tener en la consulta las revistas Integral, Discovery Salud y el boletín de Greenpeace o alguna publicación ecologista para crear sintonía con sus clientes. Quizá este párrafo representa a la perfección la filosofía que subyace en el libro y el tipo de argumentos que emplea su autor para arrimar el ascua a su sardina antiecológica, antiecológista, agroquímica y transgénica.

Capítulo 7: Energía Natural.
Reconozco que no es mi campo. Solo diré que las reflexiones para minimizar las consecuencias de Chernóbil me parecen patéticas, en la línea del panfleto negacionista http://www.mitosyfraudes.org/INDICE.html mencionado en la 2ª parte. Fukushima, desgraciadamente, ha puesto las cosas en su sitio: La Energía Nuclear de Fusión tiene sus días contados, aunque el autor insista en que se presenta como la única la solución al Cambio Climático. Probablemente, y a la espera de otras tecnologías, la respuesta está en el uso de todas las Energías Renovables, el ahorro energético y un cambio en nuestra mentalidad devoradora de recursos.
Sobre los costes de la Energía Nuclear, me pregunto si en los 35 €/ MWh contabiliza el autor la gestión de los residuos radiactivos (una cantidad “infinita”) y los ingentes costes medio-ambientales y socio-económicos de los accidentes que han ocurrido, como el de Japón, y los que puedan suceder en el futuro.
Todos estos comentarios se resumen en una CONCLUSIÓN y una RECOMENDACIÓN:
CONCLUSIÓN:
El libro “Los productos naturales ¡vaya timo!” es un panfleto antiecologista. Ofrece información sesgada, no tiene en cuenta los conocimientos derivados de la Ecología ni de las Ciencias Ambientales y maneja anécdotas y argumentos ad hóminen de forma tendenciosa, para desprestigiar al adversario y justificar la agricultura basada en los OMGs. Es, por otra parte, una patada en el trasero a la Educación Ambiental, que parte del lamentable estado en el que se encuentra el planeta, como consecuencia de los impactos medio-ambientales y del derroche consumista de una pequeña parte de la población, para tratar de propiciar actitudes y conductas más responsables en nuestra relación con el medio y con los demás.
Mi crítica se dirige al autor, obviamente, pero sobre todo a la editorial Laetoli, por propiciar esta publicación bajo el paraguas del pensamiento crítico de la colección ¡Vaya Timo!
RECOMENDACIÓN:
A pesar de todas estas críticas, recomiendo su lectura. Aunque puedo prestarlo, si alguien quiere ahorrarse los 16 € que cuesta este cúmulo de razones para justificar la inquina casi enfermiza del autor hacia los conservacionistas. Pero quien me lo pida, que sepa que tiene anotaciones por toda su geografía.
Obviamente es una recomendación con trampa. Lo que persigo es que el lector aprenda por experiencia propia cómo no debe ser un libro que pretende utilizar el pensamiento crítico como herramienta para formar conciencias, para divulgar los avances científicos y para luchar contra las pseudociencias.
A MODO DE EPÍLOGO:
Pensé titular esta crítica así: “La colección vaya timo, ¡vaya timo!” Pero no lo voy a hacer por respeto a muchos de los autores que han precedido a Mulet y que me han aportado una visión de cómo el pensamiento crítico y la palabra pueden estar al servicio de la Cultura Científica. Este libro, a mi juicio, consigue el efecto contrario.
Por eso voy a titular mi crítica de esta oirá retorcida manera: “Los productos naturales ¡vaya timo! ¡VAYA TIMO!”
Un afectuoso saludo a todos/as, independientemente de su posicionamiento en el tema de los productos naturales.
Casimiro Jesús Barbado López
Profesor de Biología y Geología
Vocal de la Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica