JAMES RANDI Y EL MAESTRO YODA

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ANUARIO 2018
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James Randi, con el autor de este texto

James Randi y el maestro Yoda

J

ames Randi, «el asombroso Randi» (The
Amazing Randi) como era conocido en la
década de los cincuenta del siglo pasado en
su faceta de ilusionista, cumple ahora noventa
años. Aunque su aspecto es más parecido al de
un entrañable duende del bosque, también puede recordarnos al misterioso maestro Yoda. En El
imperio contraataca (1980), Yoda vive apartado
del mundo en el pantanoso planeta Dagobah. Allí
lo descubre Luke Skywalker en su huida de las
tropas imperiales. Al principio, Luke desprecia a
Yoda debido a su aspecto y su tamaño. Sin embargo, acabará descubriendo que no debe fiarse
de las apariencias y aprende gracias a él muchos
de los secretos jedi.

El joven James Randi de los años cincuenta es ahora un anciano nonagenario, menudo y de larga
barba blanca. Al igual que el maestro Yoda, el maestro Randi también engaña en apariencia: este
débil e indefenso ancianito esconde todo un arsenal de racionalismo, escepticismo y magia que es el
horror de timadores y pseudocientíficos. El maestro Yoda entrena a Luke en los secretos de la Fuerza
y le advierte de los peligros de su lado oscuro. La Fuerza en sí misma y los poderes que es capaz de
otorgar a los jedis no dejan de ser poderes paranormales (precognición, adivinación, telepatía, telequinesia…), tal vez inspirados en los siddhis (capacidades paranormales muy similares a las de los jedis),
y que supuestamente adquieren los yoguis que alcanzan las más altas cotas de meditación según el
yoga religioso. Por cierto, los siddhis también tienen su lado oscuro, y si el yogui se deja llevar por él
se convierte en brujo. Sea como sea, el caso es que James Randi también tiene poderes y advierte de
su lado oscuro. Pero no son poderes ficticios e imaginarios como los de los jedis, los yoguis o los que
supuestamente estudia la parapsicología. Son poderes reales y consisten en la inteligencia y la habilidad para generar las ilusiones cognitivas y perceptivas en las que se basan los juegos de magia que
Randi controla a la perfección. Gracias a ellos puede aparentar la aparición y desaparición de objetos,
la lectura de la mente o la transformación de una cosa en otra. Mientras estos «poderes» se utilicen en
un escenario para entretener, divertir y, sobre todo, encandilar al público generándole la «ilusión de lo
imposible» en la que consiste la magia, todo es perfecto. El problema es cuando el mago se pasa al
lado oscuro y utiliza esos «poderes» para fines perversos e inmorales: para engañar al prójimo haciéndole creer que tiene auténticas facultades paranormales para doblar cucharas con la mente, adivinar
el futuro, comunicarse con los difuntos o curar enfermedades con el pensamiento. Entonces es cuando
el apacible James Randi se nos muestra como el azote de farsantes, hipócritas y vende-crece-pelos
en todo su esplendor. En esta faceta, no solo ha desenmascarado a multitud de ellos directamente
(uno de los más famosos: Uri Geller), sino a todos ellos gracias a su reto del millón de dólares. Quien
afirme tener cualquier poder paranormal o mantenga cualquier proposición pseudocientífica (como la
memoria del agua o el origen emocional de las enfermedades) puede optar al reto y llevarse un millón
de dólares; y si no tiene intereses egoístas, puede donarlo a la ONG u obra de caridad que mejor le
parezca. Ningún Darth Vader ha logrado todavía superar el reto y demostrar que realmente tiene los
poderes de Darth Vader.
Científicos y divulgadores del pensamiento crítico y el escepticismo hay muchos. Randi añade ese
toque mágico que le permite ver los ardides y estratagemas, las cancamusas, que a los demás se les
podrían pasar por alto. Eso es lo que mostró James Randi a finales de los años setenta y principios de
los ochenta con el Proyecto Alpha. Entrenando a varios Skywalkers en los trucos de magia fue capaz
de engañar a comités científicos para que creyeran que tenían auténticos poderes paranormales. Señalaba de esta forma la necesidad no solo de vigilar los controles científicos habituales en el diseño
de experimentos contra sesgos y errores típicos, sino también de estar atentos a los engaños puros y
duros pero sofisticados de quienes usan el lado oscuro del ilusionismo.
A sus noventa años, James Randi continúa en la senda, manteniéndose como ejemplo de honradez,
ética y firmeza, tanto para magos como para científicos y público en general. Gracias, maestro, y ¡feliz
cumpleaños!
Andrés Carmona

Anuario 2018

77 el escéptico

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