LAS ISLAS DE LOS HURACANES, LAS LLUVIAS Y EL CALOR EXTREMO

Edición 2010 - Número 8 (242) - 4 de septiembre de 2010

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Ángel Díaz

(Artículo publicado originalmente en el diario El Mundo del S. XXI)

Cuando un científico presenta resultados fraudulentos no sólo está atacando a la credibilidad de su laboratorio, o incluso la de todo el sistema de investigación, sino que también les está costando, a ambos, mucho dinero.

Junto a la confusión que genera en la sociedad y la pérdida de buena imagen para todos, la publicación de unos resultados erróneos o falsos acarrea numerosos costes: concretamente, pueden ser más de 400.000 euros por un solo caso y más de 85 millones de euros anuales para el conjunto de instituciones de EEUU, según un estudio estadístico que se acaba de realizar en este país.

Los autores del trabajo, del Instituto del Cáncer Roswell Park, dividen los costes provocados por la mala conducta en tres fases: la realización de la propia investigación fraudulenta; las pesquisas que, una vez descubierto el engaño, han de ponerse en marcha para clarificar los hechos; y el desagravio.

Daño intangible

"Estos costes incluyen todas las inversiones de dinero (fondos de la institución, becas) realizadas en la investigación fabricada, además de intangibles como la pérdida de productividad del equipo científico asociado, pérdida de confianza, desmoralización", señala el informe, que publica la revista 'online' 'PLoS Medicine'.

Con este enfoque, los autores han calculado los gastos acumulados tras un fraude típico, que ascendían a 525.000 dólares (unos 400.000 euros al cambio actual), y después los han extrapolado a las 217 denuncias recogidas en el último informe anual de la Oficina de Integridad en la Investigación, organismo que vela por la transparencia científica en EEUU.

La suma total ascendería a 110 millones de dólares (85 millones de euros), que se han perdido entre engaños y trampas. El estudio tiene también en cuenta costes como la pérdida de becas o fondos por parte de la institución afectada, lo que puede resultar "devastador para los miembros honestos del laboratorio". Incluso, cuando se trata de un centro involucrado en tareas sanitarias, los propios pacientes pueden salir perjudicados.

Otros costes no afectan a la institución pero sí a terceros: por ejemplo, todas las investigaciones que tengan en cuenta los resultados de un experimento fraudulento se verán perjudicadas. El estudio, de hecho, recuerda un caso en el que unos resultados falsos fueron citados por 21 artículos a lo largo de 15 años. "La pregunta obvia es: ¿Podemos 'reeducar' a todos los que han sido dominados, consciente o inconscientemente, por investigación fraudulenta? Y, si es así, ¿cómo?", se preguntan los autores, liderados por el investigador médico Arthur Michalek.

Conclusiones erróneas

Los expertos calculan que entre un 0,1% y un 1% de las investigaciones que se publican contienen algún tipo de fraude, definición en la que caben desde plagios hasta resultados inventados o cualquier tipo de conducta que derive en conclusiones erróneas. En las encuestas, un 2% de los científicos reconoce haber actuado de forma inadecuada alguna vez, mientras que el 14% asegura conocer casos en los que ha ocurrido.

De acuerdo con el biólogo Pere Puigdomènech, presidente del Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), más grave aún que las pérdidas económicas es la merma de credibilidad del sistema. "La investigación sólo tiene sentido si hay unas normas y se sigue el método científico", asegura. En España, se ha empezado a afrontar el problema recientemente, ya que el creciente impacto de nuestra ciencia acarrea consigo, inevitablemente, un aumento de las malas prácticas.

Este comité del CSIC, que existe desde hace dos años, identifica, estudia y arbitra los problemas que surgen entre investigadores. Se ha enfrentado a denuncias de plagios, falsos currículos, conflictos entre directores de un proyecto y el resto del grupo y, recientemente, a una publicación en 'Science' (http://www.sciencemag.org/cgi/content/full/327/5962/144-a) que incluía, según Puigdomènech, "fallos". "No podemos decir si ha habido fraude porque no podemos saber cuál ha sido el comportamiento de los investigadores", matiza.

Cuando aparece un problema de este tipo, "se dedica mucho tiempo y el trabajo cuesta dinero", explica este experto, aunque insiste en que "cuantificarlo en términos económicos es lo de menos". Lo que está claro es que, en esto como en tantas cosas, lo más barato es prevenir. "Que todo el mundo sepa que existe una instancia que se va a ocupar de estos temas y que van a actuar las autoridades disciplinarias", comenta. "La institución tiene que demostrar que cuando algo ocurre, se ataca; tenemos que decir al contribuyente que se gasta eficientemente el dinero y que no todo vale".

URL: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/08/18/noticias/1282118464.html

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