Sin noticias del espectro de Catalina: una investigación cazafantasmas en La Laguna

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Sin noticias del espectro de Catalina: una investigación cazafantasmas en La Laguna Carlos J. Álvarez y César Esteban E l atractivo de las leyendas sobre casas encantadas y fantasmas es innegable. Y La Laguna, con sus históricos y antiguos inmuebles, cuenta con algunas de ellas. Quizás la más famosa sea la del fantasma de Catalina en la Casa Lercaro, (actual sede del Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHAT)), una joven que según la leyenda hace unos siglos se quitó la vida en su noche de bodas al intentar ser casada contra su voluntad. Dicen que se lanzó desde una ventana a un pozo situado en el típico patio de casa lagunera del palacio. Desde hace años, se cuentan anécdotas sobre el fantasma de Catalina y toda una serie de poltergeist asociados con ella: ruidos inexplicables, cambios bruscos de temperatura, luces que se encienden, sonidos de pasos, puertas que se abren solas, guardas de seguridad que renuncian a sus puestos de trabajo, alteraciones electromagnéticas (sea eso lo que sea), voces, sensaciones de frío, etc. Como es lógico, estas supuestas experiencias y leyendas han sido aireadas y publicitadas por los periodistas e "investigadores" del misterio, creyentes o crédulos y tanto locales como nacionales, como es el caso del programa pseudocientífico y acrítico "Cuarto Milenio". Se cuentan al público como ciertas y sin un ápice de crítica o duda por parte de estas personas que se ganan la vida divulgando misterios inexistentes. Todo ello a pesar de que existen dudas serias sobre la existencia real de esta chica, a partir de la investigación del propio personal del MHAT, o de la más que probable inexistencia de un pozo donde supuestamente cayó y que, sin poder demostrarse y haciendo alarde de una cara dura considerable, fue detectado por una supuesta médium inglesa, una tal Angie Freeland y por un grupo con el rimbombante nombre de Tenerife Paranormal Society el año pasado, según noticia aparecida en los medios locales. Lo cierto es que con algunos amigos escépticos hacía años que barajábamos la idea de pasar unas horas nocturnas en Lercaro, sobre todo porque la diversión y el buen rato (o quizás el terror profundo y el miedo en estado puro) estaban asegurados. Así que a principios de 2012 me decidí y presenté la solicitud formal al MHAT para una estancia-investigación en la Casa Lercaro. Con el fin de comprobar la existencia de todo este elenco de fenómenos al parecer inexplicables, y sobre todo analizar si los mismos, en el caso de experimentarse, tienen una explicación física, naturalista y "terrenal", un equipo formado por cinco profesores e investigadores de varias facultades de la Universidad de La Laguna y del Instituto de Astrofísica de Canarias, casi todos miembros de ARP-SAPC, podíamos pasar parte de la noche en las dependencias del Palacio Lercaro una vez que tuvimos el permiso. Tras una reunión preparatoria celebrada unos días antes, en el lugar adecuado, es decir la Tasca el Tonique, acompañados por buenas tapas y vino como no podía ser de otra forma, allí estábamos el día L un equipo multidisciplinar formado por un astrofísico, un jurista, un biólogo, un filósofo y un psicólogo, en una fría y tenebrosa noche lagunera. De nuevo, unas horas antes, y fieles a la tradición, preparamos todo el material en el Bodegón Viana. Tras consultar la abundante bibliografía sobre Lercaro y sobre investigaciones en casas embrujadas aportadas por Ricardo Campo, nuestro miedo volvió a presentarse al darnos cuenta de un hecho nefasto: justo a las 12 de la noche...¡sería viernes 13! Uf, un mal augurio...Venciendo el pánico, con "el corazón encogido y el pulso tembloroso" (frase de la película "los 300"), nos dirigimos por las frías calles hacia nuestro objetivo. Por supuesto, íbamos pertrechados con todo el equipo propio de unos ghostbusters profesionales (grabadoras y cámaras digitales, linternas, termómetros, etc.). No pudimos llevar el "ectoplasmógrafo digital" ni "el oscilómetro electromagnético", ni siquiera la mochila de sulfatar típica de los ghostbusters, porque César Esteban, el físico del equipo, se los dejó en el coche con los nervios. A destacar también las botas de tacón que nuestro profesor de derecho, Luis Capote, llevaba calzadas, las más adecuadas para los suelos de madera de la casa y para la generación de poltergeist. Durante más de tres horas, se obtuvieron numerosas fotografías de las estancias del palacio, analizamos los posibles 63 el escéptico primavera 2014 ruidos anómalos percibidos, se registraron posibles cambios de temperatura de forma continua y estancia por estancia (ahí estaba César termometro en mano), e incluso dejamos grabadoras en varias habitaciones de la casa durante periodos de tiempo largos con el fin de captar posibles "psicofonías", esos sonidos supuestamente atribuidos por los defensores de lo oculto a entes sobrenaturales. Se analizaron pormenorizadamente todas las estancias de la casa, particularmente la cocina, lugar "encantado" por antonomasia; se permaneció en silencio y atentos durante intervalos largos de tiempo; además, se visitaron concienzudamente los subterráneos y el jardín, donde supuestamente está el famoso pozo y que al parecer, sólo es una loza traída de otro lugar y sin pozo debajo. Hubo dos momentos que considero de los más freak. Uno de ellos es cuando pedimos al guardia que apagara todas las luces del museo e hicimos un recorrido sólo con linternas. Ya sabemos que los fantasmas tienen querencia por la oscuridad. Ni siquiera así vimos pudimos percibir nada anómalo, aunque algún sustito nos llevamos. El otro momento estelar fue cuando nos sentamos durante un buen rato en absoluto silencio solo a escuchar, a percibir...Imagine el lector de El Escéptico la situación, todos mirándonos y sin hacer nada. La risa (nerviosa, claro) fue difícil de reprimir. Pero el momento estelar fue cuando uno de nosotros, con voz profunda y sin esperarlo, dijo: "Catalina, manifiéstate". De un enorme susto pasamos a un ataque de risa de los más geniales que recuerdo. La conclusión de todo este buen rato fue contundente: sin rastro del fantasma de Catalina. Tampoco registramos ningún fenómeno que no pudiera atribuirse fácilmente a causas naturales. Algunos ejemplos son los siguientes: 1. Los únicos cambios de temperatura registrados (muy leves) fueron, como es lógico, en aquellas zonas con corrientes de aire, como la entrada de la famosa cocina, flanqueada por dos puertas una enfrente de la otra y que dan al patio y el pasillo que se encuentra bajo la escalera de ascenso al granero. Algunos visitantes dicen haber experimentado "sensación de frío" en dichos lugares, aunque más que un descenso de temperatura real, lo que se produce es una sensación de enfriamiento localizado debido a la acción de las corrientes de aire, muy húmedas generalmente en La Laguna 2. En la El equipo "cazafantasmas" casi al completo en un rincón de la Casa Lercaro. De izquierda a derecha: Luis Capote, César Esteban, Ricardo Campo y Carlos Álvarez. Catalina declinó salir en la foto. No pudimos llevar el "ectoplasmógrafo digital" ni "el oscilómetro electromagnético", ni siquiera la mochila de sulfatar típica de los ghostbusters, que nos dejamos en el coche con los nervios. segunda planta se encuentran numerosas vitrinas del museo, con estructuras frágiles y cristales que vibran, sobre viejas vigas de madera que conforman el suelo y que se mueven a la menor presión. El conjunto hace que los pasos de una persona o cualquier movimiento sean transmitidos a varios metros de distancia, produciendo un fenómeno curioso, como si alguien estuviera caminando lejos de donde nos encontramos. Esto lo comprobamos repetidamente. 3. Los estores, debido al viento que se cuela por las rendijas, golpean con las paredes, produciendo ruidos lógicos. 4. Las vitrinas, próximas entre sí y con distintas orientaciones relativas, producen reflejos multiplicados de objetos y luces (que pueden estar situados incluso fuera de la sala, pues varias habitaciones tienen ventanas abiertas a otras salas o pasillos) que pueden llevar a falsas percepciones de presencias o movimientos, sobre todo cuando son observadas indirectamente por el rabillo del ojo. 5. Tanto las voces que fueron grabadas como las percibidas por nosotros fueron las lógicas de personas que pasaban por las dos calles a las que da la casa. Los sonidos externos se perciben curiosamente intensos en el interior del museo debido a que las ventanas del inmueble no están en absoluto insonorizadas, la mayor parte de los suelos de la primera planta son de madera e incluso varios accesos a los patios no tienen puertas. 5. Todos los sonidos grabados y percibidos correspondieron a los esperables en cualquier casa antigua como el crujir de las maderas, el viento colándose por rendijas o sonidos de la calle. 6. Tampoco se encontró ninguna presencia fantasmal o extraña en las más de 150 fotos que hicimos. 7. La teleplastia tipo cara de Bélmez que un periodista local del misterio encontró en la cocina era francamente mala como pareidolia (ver más abajo): las tengo mejores en los azulejos de mi baño. En resumen, no pudimos registrar ni el más mínimo fenómeno anómalo. Y sí que encontramos explicaciones físicas y naturales a muchas de las experiencias y fenómenos narrados por visitantes y supuestos investigadores crédulos de lo oculto. Pero quizás lo más interesante de nuestra estancia en Lercaro, y en el caso de Carlos Álvarez, como psicólogo y neurocientífico, es lo que nos dicen dichas experiencias sobre cómo funciona el cerebro humano. Un ejemplo claro primavera 2014 el escéptico 64 A la izquierda: Carlos Álvarez en plena faena; en el centro: César Esteban comprobando si se había colado algún ectoplasma en la última fotografía; a la derecha: continuando la búsqueda. es el siguiente: debido a que se produjo un cambio en el servicio, tuvimos la oportunidad de conversar durante nuestra estancia con dos guardias de seguridad, uno de ellos llevaba varios años trabajando en el palacio y en horario nocturno en muchísimas ocasiones mientras que el otro sólo llevaba unos pocos meses. Preguntados sobre sus experiencias allí, el primero afirmó tajantemente que no había experimentado nada extraño, y que todos los fenómenos se debían al crujir de las maderas y a otras explicaciones como las encontradas con nosotros. Además nos confirmó que no creía en historias de fantasmas. Sin embargo, el otro guarda, el que llevaba menos tiempo en el museo, sí daba crédito a las narraciones paranormales, decía que "algo había" y que notaba malas sensaciones al entrar al palacio e incluso llegó a escuchar voces en la planta alta en una ocasión cuando el museo ya se encontraba cerrado. Lo que ilustran las vivencias y explicaciones de estos dos guardias en la misma casa es una propiedad de nuestro cerebro, y que se conoce en Psicología como profecía autocumplida o sesgo confirmatorio: nuestras creencias y expectativas pueden llevarnos a ver, oír o sentir aquello en lo que creemos o esperamos. Tendemos a buscar (y encontrar) explicaciones que cuadran con nuestras El momento estelar fue cuando uno de nosotros, con voz profunda y sin esperarlo, dijo: "Catalina, manifiéstate". De un enorme susto pasamos a un ataque de risa de los más geniales que recuerdo. creencias y desechar aquellas que no. Y esto ocurre sobre todo ante estímulos físicos o ambiguos. Nuestro cerebro, en virtud de la evolución biológica del mismo, y porque ha sido adaptativo para nuestra supervivencia, se empeña en dar explicación incluso a lo que no la tiene. Es lo que se denomina pareidolia en Psicología de la Percepción, y ocurre cuando vemos caras o formas con significado en nubes, en montañas, en piedras o en azulejos. Estos dos fenómenos científicos, pareidolia y sesgo confirmatorio, consideramos que explican las supuestas vivencias sobrenaturales de la Casa Lercaro, de otras casas encantadas así como de otras muchas experiencias de tipo paranormal. Las leyendas y cuentos sobre fantasmas y entes sobrenaturales tienen mucho atractivo. Son interesantes desde una perspectiva antropológica o etnológica. Y nos parece legítimo que sean explotadas como atractivo turístico o histórico. Pero una cosa es eso y otra bien distinta es lo que hacen "investigadores" irresponsables y crédulos, sin ninguna formación científica, o los periodistas que viven de vender misterios y ocultismo: hacer creer que dichos cuentos son reales. Esto sí que nos parece preocupante, porque conlleva un fomento de la irracionalidad, de la superstición, de la credulidad y del oscurantismo en detrimento del espíritu crítico y el escepticismo, propios de la Ciencia. Y esta preocupación fue la que nos llevó a vivir esta experiencia en Lercaro, siempre con la mente abierta y alertas y proclives a encontrar alguna evidencia, por mínima que fuera, de actividad paranormal. El resultado no pudo ser más contundente al no encontrar ninguna evidencia de anomalías. Por último, destacar el impacto en los medios locales de la nota de prensa enviada a través del Gabinete de Comunicación de la ULL, que fue publicada en varios periódicos de Tenerife, entrevistas en la radio, así como un artículo más largo que escribimos para otro periódico local, con contenido similar al de este artículo pero mucho más resumido, centrándonos en resultados y conclusiones. Y para terminar, solo nos resta destacar la amabilidad y el trato de la dirección del museo, de sus trabajadores y administración así como de los guardias de seguridad, quienes hicieron posible este trabajo de campo. Gracias a todos. 65 el escéptico primavera 2014

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