Mentiras impunes

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Mentiras impunes LUIS ALFONSO GÁMEZ S i hay algo que me sorprendería es que a alguien le sorprendiera la última demostración de falta de rigor de Fernando Jiménez del Oso y sus colaboradores. El caso de la segunda muerte inventada de García Lorca no es sino otra muestra más del paño por el que está cortado el periodismo esotérico: una mezcla de sensacionalismo y nulo respeto a la realidad. La historia increíble, el amarillismo, siempre ha de prevalecer sobre la realidad. Si un testigo advierte al final de su narración sobre un contacto con extraterrestres que todo puede haber sido un sueño, se corta la apostilla a la hora de emitir la grabación. Si una película como Alternativa 3, en la que se desvela una conspiración planetaria ante el riesgo del fin del mundo por catástrofe ecológica, no es más que una broma, no se avisa de ello a los telespectadores y se rodea su emisión de un halo de misterio. Si, en el extremo de una fotografía de un cadáver de un presunto alienígena, aparecen los restos de unas gafas de manufactura humana, se mete un tajo a la foto y ya tenemos marciano calcinado. Y es que la realidad nunca debe estropearnos una buena historia. Luego, una vez explotado el misterio, es posible que se reconozca en letra pequeña la metedura de pata. Se hará, claro, por obligación, y así se calificará de cuestión puramente semántica, sin trascendencia, el haber dicho hasta la saciedad que la NASA investigó la sábana santa o se mentirá descaradamente durante una entrevista televisiva cuando a uno le recuerdan cómo hizo el ridículo hace veinte años persiguiendo platillos volantes donde sólo había faros de automóviles. El negocio estará ya hecho y si se rectifica, siempre con la boca pequeña, será como réplica a críticas demoledoras o para evitar demandas de plagio, como hace años hizo un conocido editor español saliendo en defensa de un autor de su cuadra que había bebido demasiado literalmente de algunas fuentes. El negocio es lo único que importa. Y la verdad es incómoda porque el engaño está en la misma esencia de un mundo como el de lo paranormal, en el que las pruebas objetivas se deshacen en las manos cuando se exponen a una mínima investigación. Que nadie crea, por ser Enigmas la revista a la que Eduardo Giménez ha pillado in fraganti, que el resto de las publicaciones esotéricas se conduce con mayor rigor que la que tiene en su cúpula a Fernando Jiménez del Oso, flanqueado por Iker Jiménez y Lorenzo Fernández. No es así; ni lo ha sido nunca. Ninguna revista esotérica española se ha conducido con un mínimo de respeto a la verdad, como tampoco lo ha hecho ningún programa de la televisión misteriosa o de la radio misteriosa. España es diferente y décadas de fraudes no han ido en menoscabo de la credibilidad de los charlatanes de lo paranormal; pero ya es hora de que eso cambie y que a todos los Paco Rabanne se les meta en el mismo saco. Como ha escrito Julián Marías, la mentira debe producir el desprestigio, la descalificación inmediata e inapelable. Para ello, es menester que conste, que sea puesta de manifiesto; que el que miente sea enfrentado con su mentira, actual o pretérita. De ella se puede y debe pedir cuentas. Esto, por supuesto, no se hace, y a nadie se le obliga a justificar lo dicho o aceptar las consecuencias. Nada perjudica más a la salud de una sociedad que la impunidad de la mentira. 56 (Verano 1999) el escéptico nistas de la serie han publicado estas interesantes ficciones en un libro, en el que nos advierten, por si hubiera dudas, que las catorce historias son una mezcla en diferentes grados de datos históricos reales con puras invenciones, y son por lo tanto ficciones. La otra muerte de Federico García Lorca y La Corporación se inspiran de un modo muy libre en La luz prodigiosa y en un fragmento de Esta noche moriré, novelas ambas de Fernando Marías. Los otros doce cuentos son originales y fueron escritos para la serie de televisión y este libro. De igual modo, todos los personajes entrevistados son ficticios, salvo nuestros amigos el doctor Josetxu Fombellida y el periodista Txema Soria. Es decir, se podía comprobar que la segunda muerte de Lorca es imaginaria por tres fuentes: la novela de Marías (premio Ciudad de Barbastro), la serie de televisión y el libro de Bas y Marías. ¿Demasiada bulla por un simple despiste? Bueno, si en un punto tan fácilmente comprobable se obvia confirmar la noticia, ¿cómo podemos confiar en lo demás que se publique en Enigmas? Tengamos en cuenta que un artículo, antes de su publicación, ha de ser leído y revisado. ¿Es que nadie en la redacción de Enigmas se dio cuenta de que ni uno de los datos de la historia de Juan Jesús Vallejo es auténtico, de que nunca han existido ni Rogelio Bermejo, ni Rocío Pérez Sanz, ni el convento de San Bartolomé, ni el artículo del Ideal...? Por no hablar de la foto que presentan como la única existente del personaje que bajo el nombre de Manolo vivió refugiado en el convento de San Bartolomé hasta su muerte en 1954-. ¿Se trataba de Lorca. Sí. La imagen es una ampliación de una auténtica foto del poeta insertada en un trucaje fotográfico realizado ex profeso para la serie y que se presentó como tal en la prensa en su día. Siendo malpensados, se podría argüir que no les importa su falsedad. Enigmas se distribuye en Sudamérica y allí únicamente dispondrán de la versión de la revista, por lo que un sector de público hispano podría tomar esta disparatada historia como real al no tener acceso a las fuentes originales. En fin, para colmo, en el mismo número de la revista, topamos con un artículo de Santiago Camacho -jefe de redacción y, por lo tanto, responsable en parte de la metedura de pata lorquiana- sobre la manipulación de los medios de comunicación por parte de los gobiernos para ocultar la realidad de los ovnis. Uno de los objetivos de lo que el autor denomina proyecto Mindshift es hacer circular datos falsos. ¡No sé por qué se molestan! Referencias Marías, Fernando; y Bas, Juan [1999]: Páginas ocultas de la historia. Ediciones Destino. Barcelona. Vallejo, Juan Jesús [1999]: Lorca, el dos veces muerto. Enigmas (Madrid), Año V - Nº 8 (agosto), 60-65.

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