"Un premio Nobel apuesta por educar a los niños para que "pidan pruebas, en lugar de creer""

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primer contacto aplicación. Los socialistas equiparan, de hecho, la medicina alternativa a la científica cuando lo cierto es que no existen pruebas concluyentes de que este tipo de tratamientos sea efectivo más allá del efecto placebo. Que un responsable del Colegio de Médico de Sevilla, Rafael Cobos, haya indicado que la Sanidad pública se ahorraría dinero introduciendo estas técnicas y aumentaría, al mismo tiempo, la calidad de vida de la población evidencia hasta qué punto algunas instituciones están dispuestas a falsear la realidad para defender los intereses de colectivos que han encontrado en la práctica alternativa un jugoso negocio. Decir, después de que hayan sido excluidos de la Seguridad Social fármacos por su dudosa o nula efectividad, que los presupuestos del Estado deben costear prácticas pseudocientíficas porque lo demande el público revela una desfachatez y un corporativismo preocupantes. Cualquier procedimiento o fármaco financiado por la Seguridad Social debe tener probada efectividad, y no hay que introducri terapias con fines electoralistas o siguiendo políticas populistas, ha manfiestado Pedro Caba. Para este ex vicepresidente de la Organización Mundial de la Salud, la propuesta socialista conmueve por su ingenuidad o ignorancia. ARP manifestó en julio que considera lamentable que, desde posturas políticas progresistas, se dé pie al oscurantismo más recalcitrante; denunció la grave irresponsabilidad en que incurren algunos colegios de médicos y universidades que dan respaldo a este tipo de técnicas [las medicinas alternativas] no por su validez científica, nunca demostrada, sino porque un amplio colectivo de médicos en paro ha encontrado en las mismas su sustento; y advirtió que la inclusión en la Sanidad pública de cualquier terapia debe fundarse, exclusivamente, en su efectividad real demostrada científicamente, y no en una demanda social, en unos intereses corporativistas y en unos intereses empresariales -multinacionales farmacéuticas- como sucede con esta propuesta. La iniciativa socialista en Andalucía revela, amén de que la batalla por dotar de credibilidad al margen de la ciencia a las medicinas alternativas no ha hecho más que comenzar, un preocupante avance del populismo, que no entiende de siglas, y saca a la luz la necesidad de que la comunidad científica y académica permanezca vigilante ante las tropelías propugnadas desde el poder político, exija que todos los productos y prácticas que vaya a financiar la Sanidad pública se midan con la misma vara y no dude en denunciar los intereses que se ocultan tras iniciativa que se presentan como de interés general cuando en realidad responden únicamente a intereses lucrativos y pueden ir en detrimento de la salud de la población. LUIS ALFONSO GÁMEZ Un premio Nobel apuesta por educar a los niños para que pidan pruebas, en lugar de creer Es casi un tópico acusar a los científicos y a la ciencia de estar aislados del mundo, indiferentes en su torre de marfil a las consecuencias prácticas de sus investigaciones y teorías, expresadas en una complicada jerga que resulta incomprensible a la sociedad. Ésta, por su parte, contempla los avances de la ciencia con recelo, cuando no con abierta hostilidad; una situación peligrosa de la que los profesionales de la investigación -la de verdad- no son o no quieren ser conscientes. Ambos tópicos se rompen cuando tropezamos con personas de la talla de León M. Lederman, premio Nobel de Física en 1988 y premio Enrico Fermi en 1993. Sin que fuese obstáculo para una dilatada carrera científica -catedrático en la Universidad de Columbia, director de los Laboratorios Nevis en Irvington y del famoso Fermilab, del que es hoy director emérito-, Lederman siempre se ha mostrado preocupado por la educación de la sociedad, fruto de la cual es el Centro para la Educación en la Ciencia Leon M. Lederman, la principal apuesta educativa del Fermilab. El Nobel se dedica hoy activamente a la organización de la enseñanza de las ciencias en las escuelas primarias de barrios periféricos, así como a la colaboración en programas educativos en el Tercer Mundo. Lederman es consciente de la crítica imagen de la ciencia en tre la opinión pública. En una entrevista concedida a Alicia Rivera, publicada en El País el pasado 28 de julio, respondía a este problema sin ocultar la parte de responsabilidad de los propios científicos: Es cierto. Tenga en cuenta que la ciencia estuvo implicada en el armamento nuclear y eso no se ha olvidado. La tecnología procedente de la ciencia es positiva, pero también ha tenido aspectos negativos. Si mira la ecología, los daños a la biosfera, a la capa de ozono, el calentamiento global, etcétera, todo eso viene de una utilización muy despreocupada y descuidada de la tecnología. Y todo ello ayuda al desarrollo de actitudes y creencias pseudocientíficas, cuando no abiertamente anticientíficas. Al hablar del auge de la pseudociencia, lejos de considerarlo un asunto sin importancia, Lederman se manifiesta con contundencia: Sí, y es un problema. Las abducciones por extraterrestres, la astrología, los adivinos y todo eso son fundamentalismos radicales. Hay fundamentalismo no sólo en Irán, en Irak o en Israel; también en las calles de las ciudades norteamericanas o europeas. Los fundamentalismos son lo opuesto a la ciencia, son sistemas rígidos de creencias que no toleran discusión alguna. Un buen aviso el que nos da este premio Nobel sobre la importancia y el peligro de la proliferación de creencias, inocuas en apariencia, pero que revelan un trasfondo de irracionalidad y de plena asunción de postulados abiertamente absurdos. Un fundamentalismo ideológico que abre el camino a paisajes tenebrosos que desearíamos evitar. Para ello, el arma fundamental es la educación en el sentido crítico y el escepticismo. Cuando educas a los niños -indica Lederman- les enseñas a ser escépticos, a pedir pruebas el escéptico (Verano 1999) 7 primer contacto en lugar de creer. ¿Que has visto platillos volantes y extraterrestres? ¡Venga ya!. En eso estamos, respetado amigo, en eso estamos. JOSÉ MARÍA BELLO La divulgación de la ciencia y el auge de la pseudociencia, objeto de debate en Gran Canaria El hotel Gloria Palace de San Agustín, en el Sur de la isla de Gran Canaria, acogió el curso Ciencia y pseudociencia en la sociedad del conocimiento del 5 al 7 de julio, dentro de la programación de la Universidad de Verano de Maspalomas. El objetivo del curso, coordinado por la autora de estas líneas, era reflexionar sobre la curiosa y preocupante paradoja que se da en las sociedades desarrolladas y postindustriales: cada vez dependemos más para nuestra supervivencia y bienestar cotidianos de los productos del conocimiento científico y tecnológico, pero, al mismo tiempo, predomina más y más la ignorancia científica y la superstición más burda; y, en el discurso de los medios de comunicación social que conforma la opinión pública y la voluntad ciudadana, coinciden en un mismo plano de credibilidad las versiones científicas y pseudo o anticientíficas de multitud de fenómenos y acontecimientos. Luis Angel Fernández Hermana, director de En.red.ando y corresponsal científico de El Periódico de Catalunya, abrió las jornadas con una interesante charla sobre La ciencia entre la opinión pública y la opinión personal, en la que hizo un repaso crítico de la situación del periodista científico y de la comunicación de la ciencia en los medios de comunicación tradicionales y reflexionó sobre los cambios que podrían acontecer con la revolución que supone la implantación de la sociedad de la información -o del conocimiento-. Para Fernández Hermana, la comunicación social de la ciencia no esca8 (Verano 1999) el escéptico Javier Armentia y Teresa González de la Fe, durante la intervención del primero en la Universidad de Verano de Maspalomas. pa de la tendencia actual hacia el espectáculo de la información y la información como espectáculo, que está teniendo como resultado el descenso del número de lectores de los periódicos y la caída de la credibilidad de los medios escritos. A continuación, Luis Alfonso Gámez, periodista de El Correo y director de esta revista, convirtió la charla anunciada como El periodismo y la crítica a las pseudociencias: una asignatura pendiente en Hacer frente a la tentación demoniaca: una cuestión de supervivencia. El mensaje, sin embargo, era el mismo: la necesidad de estimular la alfabetización científica y el pensamiento crítico frente al auge de las peseudociencias y las supersticiones. Dicha alfabetización, a su juicio, descansa sobre tres pilares: los científicos -que no son muy dados a hacer divulgación de sus disciplinas y especialidades-, los educadores y los periodistas -más activos en la divulgación de las supercherías que de la ciencia-. Gámez fue especialmente crítico con su propio sector, el de los medios de comunicación, a los que acusó de no tratar los fenómenos paranormales con las mismas herramientas con las que tratan otros asuntos, como la contrastación de fuentes. Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona y presidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, dedicó su charla -con el sugerente título de ¿Por qué creemos en cosas increíbles? Un marciano telépata consulta el horóscopo mientras se medica homeopáticamente- a hacer un repaso del origen de las distintas creencias pseudocientíficas y a ahondar en las causas que explican su pervivencia y expansión en la cultura contemporánea. La astrología, la ufología, la telepatía, la telequinesis, la premonición, la adivinación, la parapsicología y las distintas creencias pseudomédicas fueron objeto de un análisis crítico, y con frecuencia irónico, del que no escapó la propia práctica científica cuando se convierte en artículo de fe. Completó la segunda jornada la charla de Francisco Rubio Royo, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y rector honorario de la misma, acerca de La educación superior en la sociedad del conocimiento. Partiendo de los profundos cambios sociales que se están sucediendo

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