ESTIMADA ANA MATO

Edición 2012 - Número 257

Volver al sumario


J. M. Mulet

(Artículo publicado originalmente en la bitácora Los productos naturales ¡vaya timo!).

Estimada Sra. Ana Mato, Ministra de sanidad:

Leo con estupor que hoy ha recomendado utilizar la medicina natural para ahorrar, concretamente sacar medicamentos para afecciones leves y sustituirlos por alguna cosa natural. Qué esto lo diga una señora ministra me preocupa, y mucho. Solo quiero incidir en la obvio y es que la medicina solo es una, aquella que tiene detrás una evidencia científica que la respalda, lo demás es pseudociencia. Sus palabras pueden utilizarse para legitimar algo tan ilegitimo como que "alguna cosa natural" puede sustituir a la medicina. Si quiere que el sistema público español, uno de los mejores del mundo, se base en pseudociencia, yo creo que lo mejor es simplificar, despedir a médicos y personal sanitario, ahorrarnos una pasta en medicamentos y equipamiento y reconvertir los hospitales en centros de culto para diferentes religiones, puesto que la medicina natural tiene en común con las religiones que su funcionamiento no va más allá de la fe que ponga el paciente en ella. De hecho cuando aprueba el MIR la gente se hace oncólogo o hematólogo pero ¿médico naturópata? Es cierto que muchos medicamentos tienen su origen en la naturaleza, es decir, proceden de plantas o de animales, pero eso no quiere decir que la naturaleza es tan buena y tan sabía que nos quiere curar. Que una molécula natural sirva como tratamiento es una casualidad, porque esa molécula desempeña una función en su organismo de origen. Moléculas procedentes de plantas como la quinina o el taxol una vez han superado rigurosos ensayos clínicos se incorporan a la Medicina, a la de verdad, la que no lleva apellidos y se prescriben con receta, con una dosis determinada y conveniente purificadas para que otros componentes que pudieran haber en la planta no interfieran. Pensar en tratamientos a base de hierbas e infusiones es un poco ilusorio, ya que en una hierba, aunque realmente tenga algún efecto beneficioso, nunca estamos seguros de la cantidad de principio activo que contiene y un tratamiento para una enfermedad seria no puede prescribirse a ciegas.

La mejor prueba de que la medicina natural no es una medicina de verdad es que en estados Unidos existen dos centros dedicados a las terapias alternativas, complementarias y naturales y en 30 años de existencia han sido incapaces de desarrollar una tratamiento efectivo para ninguna enfermedad, incluso algunas suposiciones empíricas, como que los antioxidantes del té previenen el cáncer , cuando se someten a estudios rigurosos, dan resultados muy flojos, o inexistentes.

Por lo demás recordarle que el mundo de las medicinas “naturales” es muy confuso y técnicas tan poco naturales como la homeopatía o la magnetoterapia tratan de colarse en esta definición. Abrir es sistema público de salud a "alguna cosa natural" puede ser un resquicio por el que se cuele toda la pseudociencia y no solo pagaríamos las consecuencias para la salud de utilizar tratamientos que no son efectivos, sino que además ni siquiera sería una ahorro, porque estos tratamientos baratos no son, solo tiene que ver la tarifas de cualquier terapetuta alternativo. Como escribí hace un tiempo en Los Productos Naturales ¡vaya timo!, Realmente la medicina natural o Naturopatía, término acuñado por John Scheel en 1895 a imitación de la homeopatía de Hannemann se basa en que para estar sano hay que comer bien, tomar el sol, respirar aire sano y tener una dieta muy sana. Mal empezamos. Una dieta equilibrada protege de las enfermedades carenciales (falta de vitaminas o de algún otro nutriente), pero nadie se cura de una infección, un cáncer o una enfermedad genética con una buena dieta. Sus ideas fueron recogidas por Benedict Lust que en 1896 fundó la American School of Naturopathy, y popularizadas por John Kellogg, creador de los cereales que llevan su nombre, y persona de espíritu megalómano y muy dado a creer en tonterías (ver la película “El balneario de Battle Creek”). Como muchas terapias alternativas, utiliza alegremente el término de “energía vital” y el término holístico para referirse a que ellos enfocan la enfermedad como un todo. Echándole mucha cara consideran a Hipócrates como el primer naturópata puesto que ya hablaba de hidroterapia, de ejercicios y de masajes. La afirmación me parece contraproducente. Anunciarse como que siguen utilizando las técnicas de Hipócrates implica que en 2.500 años no han aprendido nada nuevo. Y cuidado, un naturópata también puede ser peligroso. Según la naturopatía las paperas, la varicela, la rubeola y otras enfermedades infantiles son necesarias para el desarrollo del sistema inmunológico, por lo que no hay que vacunarse contra ellas sino (como todos sus remedios) cuidar la dieta. Los movimientos antivacunas, amparados en la medicina natural, se están cobrando muchas victimas infantiles al año por padres crédulos que no vacunan a su hijos, lo malo es que cuando su hijo no puede superar la infección y se muere, de poco sirve quejarse al naturópata para recuperar al niño.
Muy natural, pero poco recomendable

Espero que su estrategia de hablar de "alguna cosa natural" no vaya encaminada a ahorrarse una pasta en vacunas ¿no? En fin, que confío que solo hayan sido unas declaraciones desafortunadas a pesar de su cargo y que, como en la mayoría de los casos, salvo alguna deshonrosa excepción, en el sistema público de salud sigan reconocidos tratamientos y fármacos efectivos y avalados por los correspondientes ensayos clínicos.

URL: http://www.losproductosnaturales.com/2012/06/estimada-ana-mato.html

Volver al sumario

autores: 
EED: