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Ya está en la calle El Escéptico nº 40

Acaba de salir de imprenta el número 40 de la revista El Escéptico, que lleva a portada el artículo "Cables de alta tensión y cáncer", de Eugenie V Mielczarek Y Derek C. Araujo. El dossier de este número está dedicado a los cursos de verano sobre pensamiento crítico que tuvieron lugar el pasado año. También son temas de portada una crítica al psicoanálisis a partir de la publicación sobre este tema de la revista Mente y Cerebro, el prólogo del libro El postmodernismo ¡vaya timo!, y un trabajo sobre el informe alternativo PIIISA.

La revista está en fase de distribución, por lo que pronto estará en los buzones de socios y suscriptores. Puede suscribirse en http://www.escepticos.es/revistas

Sumario:
 
***DOSSIER: Cursos de verano
* El Seminario Galileo Galilei: primeras actividades de reflexión sobre la laicidad (Manuel Navarro y Juan Antonio Aguilera).
* Curso de verano; Escepticismo y pensamiento crítico: La ciencia ante los fenómenos paranormales o las vulgares estafas (Fernando Cuartero).
* Entrevista a Xavier Luri (Andrés Carmona Campo y Juan Soler).
* Los problemas sociales de las pseudociencias (José Manuel Gómez Soriano).
 
***ARTÍCULOS
* Piiisa, sembrando ciencia con escepticismo (José María Agüera Lorente).
* La ética en las investigaciones con personas (A. González Arias).
* Prólogo a El posmodernismo ¡vaya timo!
* Un sudamericano en París (Mario Bunge).
* Introducción a El posmodernismo ¡vaya timo! ¿Qué diablos es el posmodernismo? (Gabriel Andrade).
* Entrevista a Alberto de Figueiredo (Andrés Carmona Campo y Juan Soler).
* La revista Mente y Cerebro y el nuevo engaño del psicoanálisis (Víctor Javier Sanz Larrínaga).
* Un marciano en mi buzón (3.7): alienígenas para niños (Luis R. González).
* Sin noticias del espectro de Catalina: una investigación cazafantasmas en La Laguna (Carlos J. Álvarez y César Esteban).
*CABLES DE ALTA TENSIÓN Y CÁNCER. Curación a distancia y sistema sanitario. Incomprensión y tergiversación del magnetismo (Eugenie V Mielczarek Y Derek C. Araujo).
 
***SECCIONES
* Editorial (Jorge J. Frías).
* Primer Contacto (Jorge J. Frías).
- Visita a los escepticos paraguayos
- Celebración de los 15 años de El Escéptico
- Ciencia, filosofía y magia1, Día de la ciencia en el IES Secretari Coloma
* 12 Hace 20 años. La Alternativa Racional, número 21 (Luis R. González).
* Mundo escéptico: ¿Es la ciencia un antídoto contra el pensamiento mágico? (Sergio López Borgoñoz).
* De oca a oca: Ganamos batallas (Félix Ares).
* Sillón escéptico (Roberto García Álvarez):
- Noticias De Marte, de Diego Zuñiga
- C’e Qualcuno Là Fuori?, de Margherita Hack y Viviano Domenici
- Comer Sin Miedo, de J. M. Mulet
- Ideología Religiosas, Los Traficantes de Milagros y Misterios, de Gonzalo Puente Ojea
* Red Escéptica Mundial (Sacha Marquina Reyes)
 
***HUMOR
* Viñeta de Martin Favelis.
* La pulga snob (Andrés Diplotti).
* A tontos y a locos (David Revilla).
 

Nuevos vídeos de las charlas de EEEP Madrid

Ya están disponibles en el canal youtube de EEEP Madrid las charlas de tres de los últimos cuatro eventos (el último se cargará en breve). Son las que dieron Jacob Petrus, Jesús Zamora Bonilla y Miguel Aballe tratando los temas, respectivamente, de los chemtrails, los denominados textos sagrados, y el reciclado de envases:

"De las inocentes estelas a los pérfidos chemtrails", por Jacob Petrus, licenciado en Geografía por la Universidad de Barcelona, especializado en climatología.

"El Evangelio y el Corán: entre el mito y el documento histórico", por Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Filosofía de la Ciencia en la UNED.

"El color de la pseudociencia: del verde azulado al azul verdoso, y viceversa", por Miguel Aballe, físico especializado en materiales metálicos.

Todos los vídeos de EEEP Madrid, en su canal youtube.

"El cientificismo", una conferencia de Mario Bunge

Sostenía Isaiah Berlin que los pensadores y los artistas podían dividirse en dos grandes grupos, de acuerdo con una particular interpretación del fragmento del poeta Arquíloco “muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola, y grande”. Así, según Berlin, el grupo de los erizos estaría formado por aquellas personas convencidas de la existencia de un principio ordenador, unificador y sistematizador de la rica experiencia de la vida humana en general, y de sus múltiples manifestaciones sociales, políticas y culturales. En cambio, en la carpa de las zorras estarían todos los convencidos de la imposibilidad de reducir la casi infinita variedad de lo real existente a un único conjunto de categorías genéticas y explicativas. Berlin pensaba que gente tan distinguida como Platón, Hegel o Dostoievski eran grandes erizos, en tanto que catalogaba en el predio de las zorras a figuras no menos célebres, deL estilo de Aristóteles, Shakespeare y Goethe.

¿Qué hubiera pensado sir Isaiah de un tipo como Mario Bunge, por ejemplo? Sospecho que hubiese tenido que idear un nuevo taxón ad hoc, tal vez el de las zorras erizadas, o el de los erizos zorrunos, vaya usted  a saber. Una nueva categoría, ésta, diseñada ex profeso para una figura tan multidimensional como la del profesor Bunge. “Muchas cosas sabe la zorra” sería un buen frontispicio arquiloquiano para la enciclopédica erudición y la muchedumbre de intereses y pasiones intelectuales de don Mario. Al mismo tiempo, “pero el erizo sabe una sola, y grande” es una proposición que uno podría grabar, con permiso del ilustre profesor porteño, en la cabecera de su propia cama.

Tratar de reseñar una conferencia de Mario Bunge es tarea tan ardua como intentar encajar los contenidos de la Enciclopedia Británica en las dimensiones de un cuento de Jorge Luis Borges. El profesor Bunge practica una modalidad de acrobacia intelectual que le permite abordar un sinfín de contenidos –“muchas cosas sabe la zorra”- de una forma sistemática, casi geométrica, encajando tales contenidos dispares en los perfiles perfectamente definidos –“pero el erizo sabe una sola, y grande”- de una soberbia urdimbre de ideas, conceptos, definiciones, teoremas, demostraciones e hipótesis.

El pasado 30 de abril el profesor Bunge impartió una charla titulada “cientificismo” en la Facultad de Derecho de la UNED. Bajo este epígrafe, el ilustre pensador argentino desplegó una vez más algunas de las ideas-fuerza de su pensamiento, recogidas en lo fundamental en su obra magna en ocho tomos Tratado de filosofía básica, y en una versión más dietética en su libro Ser, saber, hacer. En efecto, el profesor Bunge obsequió a los presentes, durante una hora aproximadamente, con una intervención en la que abordó de forma sucinta pero muy jugosa algunas de sus ideas sobre ontología (el estudio de existencia de las cosas), gnoseología y epistemología (el estudio del conocimiento humano), axiología (el estudio de los valores), praxiología (el estudio de la acción humana), ética (el estudio de los valores morales), economía, psicología social, sociología, criminología forense y neurociencia cognitiva.

Muchas cosas sabe la zorra. Pero don Mario, viejo erizo, abordó esta variedad casi amazónica de temas desde el común denominador del “cientificismo” (en realidad, y mejor dicho, “cientifismo”, como el propio ponente se encargó de aclarar). En boca de otros, este concepto podría merecer una severa sanción moral por parte de ciertas almas sensibles y acomplejadas. Pero don Mario es mucho don Mario, y su visión cientifista de la múltiple realidad humana emana de un pasmoso sentido común, musculado en un activismo académico y social de decenios, sostenido en una erudición portentosa y conducido por los rieles de una recta guía moral.
Una guía moral concretada en la ética del agatonismo, que el profesor Bunge resume en el precepto “goza de la vida y ayuda a vivir”, y que define como una combinación de egoísmo con altruísmo y de utilitarismo con deontologismo. Ni Kant, pues, ni Bentham, sino una combinación lineal de ambos.

Marisa Marquina, Manuel Corroza, Antonia de Oñate y Juan Rodríguez, con Mario Bunge

 

Entrevista a Mario Bunge: “Me quedan muchos problemas por resolver, no tengo tiempo de morirme”

El filósofo, físico y humanista Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) defiende el pensamiento científico como arma para conocer y mejorar el mundo; sueña con construir una “sociedad de socios”, justa y democrática; y arremete contra el posmodernismo, “la filosofía de los ignorantes, reaccionarios e inmorales”. Todo esto, con tal energía y lucidez que hace olvidar que tiene 94 años. 

En Ciencia, técnica y desarrollo, su última obra reeditada por Laetoli, defiende que la ciencia y la técnica son los motores de la sociedad moderna. ¿Ciencia y política van de la mano?

Sí, pero cuidado: yo no creo, como creía Foucault, que la ciencia sea un arma política. Los científicos no se proponen alcanzar el poder, sino conocer. Politizar la ciencia es distorsionarla. A mí me interesa la política en parte porque mi padre era médico y político, en parte porque me impactó mucho la gran depresión que empezó en 1929 y, además, porque viví casi toda mi vida en Argentina bajo dictaduras militares.

Me refiero a la dimensión política de la ciencia como herramienta para mejorar el mundo.

Eso sí, la ciencia y la técnica servirán para mejorar el mundo si los dirigentes y sus asesores se dan cuenta de que la política debe utilizar los resultados de la investigación. Esto es, que en lugar de improvisar al calor de las elecciones, estudien seriamente los problemas demográficos, económicos, culturales y sanitarios de la sociedad para proponer soluciones constructivas.

Pero los científicos normalmente no se meten en política...

Hay científicos de dos tipos: naturales y sociales. Un físico no tiene nada que decir como especialista científico acerca de la sociedad. En cambio, un politólogo, un historiador, un demógrafo, un epidemiólogo, un educador o un jurista tienen mucho que decir. En medicina social hay trabajos interesantes en los que basar políticas sanitarias, como el experimento Whitehall, un estudio en Inglaterra sobre el estado de salud de los empleados públicos, que tienen todos el mismo acceso al sistema sanitario. El primero de estos estudios, que duró 30 años, demostró que los jefes viven más y mejor que sus subordinados; en otras palabras, la subordinación enferma.

“Necesitamos mejores teorías económicas y sociológicas para dar con la verdad”

Una de las conclusiones era que el estrés afecta más al empleado de bajo rango e insatisfecho que a su jefe.

Así es. Antes se creía que el ejercicio del poder causaba úlceras, y no es así. Es al revés. La sumisión causa úlceras. El subordinado, al no participar en las decisiones sobre su propio trabajo, se siente inferior y, de hecho, lo es. Esto tiene una repercusión desfavorable sobre su salud.

Cuando habla usted de ciencias sociales o económicas, ¿realmente cree que son ciencias?

No, en la actualidad son semiciencias porque están dominadas por ideologías. Además algunas ignoran lo esencial. La teoría microeconómica que se enseña en las facultades ignora la producción, da por sentado que las mercancías están ahí listas para ser consumidas. Ignora las crisis económicas. Enfoca su atención en el equilibrio, que se da cuando el consumo iguala a la oferta, pero es un caso muy particular que no se cumple en las crisis. Tratan de explicar un desequilibrio con la teoría del equilibrio.

¿Y la sociología como ciencia tiene algo que aportar a la crisis?

Mucho. La sociología, la economía y la política se deberían unir y la ciencia social debería ser una en lugar de dividirse en departamentos que no se hablan entre sí. Tampoco debería organizarse en escuelas de pensamiento, que es una división puramente ideológica. Necesitamos mejores teorías económicas y sociológicas para dar con la verdad.

¿Usted cree que existe la verdad?

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