La alternativa Racional 16

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HACE 20 AÑOS
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Hace 20 años... La Alternativa Racional número 16 Luis R. González Del Editorial (Abril 1990) Creo en el hombre, en sus obras. Creo que para bien o para mal somos los responsables de nuestro futuro. Creo que en este momento hay demasiadas tendencias irracionales y oscurantistas que tienen gran fuerza en la configuración del futuro social. Creo que debemos ser auténticamente conscientes de que es necesaria una actitud activa. Creo que como racionalistas y humanistas debemos contribuir a proponer soluciones basadas en el hombre, en su capacidad de plantearse y resolver problemas. Y, desde esta perspectiva, todos los que contribuyen a diluir la responsabilidad del hombre son nuestros enemigos (ideológicamente hablando, aclara Félix): los astrólogos porque eliminan nuestra responsabilidad y nos hacen marionetas de los astros; algunos ufólogos porque eluden nuestra responsabilidad pasándosela a los extraterrestres; a ciertos ocultistas porque eluden nuestra responsabilidad pasándosela a "las fuerzas ocultas" o las "sociedades secretas que dominan el mundo"; a algunas religiones ­incluyendo la católica de Juan Pablo II- porque eluden nuestra responsabilidad y se la pasan a un supuesto dios "que ya proveerá"; a algunas filosofías más o menos orientalizantes porque egoístamente ­insolidariamente- pretenden alcanzar el Nirvana individual sin pensar en colaborar con los demás; a algunas religiones porque eluden la responsabilidad y participación activa al promover que éste es un "valle de lágrimas en el que estamos para sufrir" y que hay otra vida donde seremos felices... Creo que nuestra responsabilidad es nuestra y de nadie más. Por supuesto, tú, amigo lector, puedes discrepar. Estas páginas están abiertas a tus discrepancias. C ompartí y comparto, tanto en el fondo como en la forma, este credo personal, esta obsesión manifestada por Félix Ares; aunque con el paso del tiempo, cada vez soy más escéptico de que la humanidad no se vaya a extinguir en pocas décadas. Y remarco lo de la forma porque, pese a que el propio Félix pedía perdón por anticipado a las feministas por emplear la palabra "hombre", no consiguió evitar un airada réplica de una socia y amiga, Mercedes Quintana, en un número posterior que ya comentaremos. Desde la perspectiva que nos ofrecen las dos décadas transcurridas solo puedo decir que, en mi opinión, la solución al lenguaje sexista no pasa por identificar claramente los sexos (juez/jueza, ingeniero/ingeniera) sino precisamente por evitar dicha diferenciación cuando no sea relevante. Y creo que ello se logra mejor actuando sobre el inconsciente colectivo para conseguir que desaparezcan las connotaciones negativas que acompañan a determinados usos del vocabulario, el escéptico 12 que actuando radicalmente sobre las palabras. Por una de esas casualidades de la vida este número de LAR es, en cierta medida, un monográfico de éste vuestro seguro servidor, en mi doble faceta de traductor y autor. Como traductor, tuve el honor de ofrecer al lector en castellano un jugoso artículo de Philip Klass sobre los "secretísimos" documentos que la NSA1 no divulgará. Por aquellos años y ante la falta de pruebas definitivas de la presencia de los extraterrestres, la ufología había empezado a deslizarse sin frenos por el tobogán de la conspiranoia. Algunos años atrás se había aprobado en Estados Unidos la Ley de Libertad de Información (FOIA) y los ufólogos pensaron que por fin iban a poder obtener acceso a dichas pruebas no en nuestros cielos, sino en los archivos del gobierno norteamericano. Hoy, cuando dicha ley ha sido explotada hasta la saciedad, y medidas similares han puesto al descubierto los archivos gubernamentales de países como España, el Reino Unido, Chile y Suecia (entre otros muchos), la prueba definitiva sigue sin aparecer, y a los ufólogos ya se les está acabando el recurso de apelar a la conspiración en la sombra. ¡Los platillos volantes ya no aparecen ni en los Wikileaks! No obstante, algunos siempre son capaces de reconvertirse y hablar de exopolítica. El otro artículo de mi traductora autoría se centraba en algo que siempre me ha apasionado: las llamadas Leyes de Murphy. Su autor, Robert M. Prize analizaba su metafísica, dividiéndolas en tres tipos: + Los proverbios sobre la naturaleza humana, como el octavo corolario a la Ley de Murphy: "Es imposible hacer algo a prueba de idiotas, porque los idiotas son muy ingeniosos". + Las referidas a la entropía, parafraseada en la Ley de la Conservación de la Maldad de Issawi: "La cantidad total de maldad existente en un sistema se mantiene constante". + Las que tratan lo que el autor denomina la Sincronicidad Negativa, con la Primera Ley como ejemplo paradigmático: "Si algo puede salir mal, saldrá". Prize argumenta que, en este último caso, el orden que se destruye es aquel definido por el ser humano. A la alfombra le da lo mismo que la tostada le caiga encima por el lado untado o por el otro. Y claro, considerar la Ley de Murphy como una ley metafísica real, supondría la existencia de una maliciosa propensión cósmica hostil al hombre... en otras, palabras, una esquizofrenia paranoide. Pero tranquilos, en realidad Murphy y sus leyes son un intento por proyectar nuestro deseo de orden en el mundo, buscando algún método en la locura para eliminar la horrible incertidumbre de la ignorancia. El artículo principal de este número es una investigación de campo del CSICOP coordinada por el propio Paul Kurtz sobre una supuesta casa encantada. El problema con este tipo de casos es que, a falta de una confesión en toda regla (como ocurre esta vez y en la gran mayoría de ocasiones), la mera aplicación de la Navaja de Occam siempre deja resquicios para que los creyentes sigan defendiendo la realidad de lo sucedido o descrito. A veces, ni siquiera una confesión basta. Ejemplo claro de ello en la ufología española es el llamado asunto Ummo, eje central de mi artículo de réplica titulado "Vamos a contar verdades". Salía (innecesariamente) en defensa de mi amigo Luis A. Gámez, quién se había llevado un rapapolvo en las páginas de Cuadernos de Ufología por osar poner en entredicho algunos de los casos favoritos del gran patriarca Antonio Ribera. Por aquel entonces no contábamos con ninguna de las múltiples variantes de confesión (siempre sin aportar pruebas) que el ínclito José Luis Jordán Peña nos ha ido regalando en estos años, desde la original ­aparecida en exclusiva en el número 31 de LAR-. Ello no ha sido obstáculo para que todavía hoy se siga defendiendo la existencia real de los ummitas. Pero de todo ello, ya hablaremos en su momento. En los telefilmes sobre juicios norteamericanos, siempre utilizan la fórmula: "¿Jura usted decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad?". Y, en verdad, resulta muy oportuna para sobrevivir en este mundillo donde abundan las medias verdades (cuando no las argumentaciones deshonestas) para defender creencias personales. Aparte del famoso "caso (im)perfecto", pasaba revista a diversos casos muy queridos por Ribera como los Triángulos de la Muer- te, Adamski, la supuesta abducción del argentino Dionisio Llanca y last but not least, la abducción de los Hill y su mapa estelar. Quisiera aprovechar esta ocasión para informar de un hecho poco conocido que recalca una vez más la importancia de la investigación in situ. En 2007, un escéptico local hizo lo que ningún ufólogo había hecho en los 46 años anteriores: repetir el viaje de los Hill de noche. Ello le permitió descubrir el verdadero estímulo que estuvo detrás del supuesto ovni avistado entonces. No era Saturno, como el escéptico Robert Sheaffer había argumentado desde su sillón, sino una torre de vigilancia forestal, erigida en 1959 y provista de una luz blanca en el techo. Completan este número las secciones habituales de recomendaciones, en esta ocasión ampliadas a las nuevas tecnologías, en concreto, a los documentales en video. Uno de Jacques Cousteau, dentro de la colección Mundo fantástico, toca un tema que parece haberse borrado de la memoria colectiva, pese a estar de plena actualidad por sus efectos multiplicadores sobre cualquier desgracia natural, como la que afectó recientemente a Haití. Cousteau muestra los devastadores efectos que sobre aquel territorio ha tenido la superpoblación: pérdida de vegetación (empleada para cocinar los escasos recursos), la consiguiente imposibilidad del terreno para acumular agua potable, y la erosión inevitable que ocasiona la muerte de la pesca litoral, reduciendo aún más las fuentes de alimento, y dejando a sus habitantes indefensos ante cualquier catástrofe adicional. ____________________________________________ 1 Agencia Nacional de Seguridad de los EEUU 13 el escéptico

 

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