La Academia de Lagado

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La Academia de Lagado No podemos impedir -ni sería deseable- que un chiflado exponga sus teorías, ni que un farsante se acerque al público, pero no permitamos que ni chiflados ni farsantes -ni políticos- tomen las riendas del saber LUIS ANGULO SUARDIAZ ...Y el capricho prendió con tanta fuerza entre la gente que no hay una sola ciudad en el reino sin una academia semejante. En tales centros los profesores ingenian nuevas reglas y métodos de agricultura y construcción, y nuevos instrumentos y herramientas para todos los trabajos y artesanías, con los cuales (según prometen) un hombre hará la tarea de diez y en una semana construirán un palacio (...). El único inconveniente es que ninguno de estos proyectos se ha perfeccionado todavía, y en el ínterin, el campo yace miserablemente baldío, las casas en ruinas y la gente sin alimentos ni vestidos. n las discusiones sobre temas paranormales, se muestran a menudo tres posturas bien definidas. La de los llamados cabras, es decir, escépticos recalcitrantes; y las de las dos variedades de crédulos: los ovejas, o crédulos relativistas, y los borregos, también conocidos como crédulos militantes. Así, en una discusión sobre psicofonías, un borrego dirá: Las psicofonías son un hecho demostrado, ¿no las habéis oído por televisión?, y añadirá que su causa son espíritus parlanchines, energías psíquicas, Jonathan Swift fuerzas inmateriales, esto, Los viajes de Gulliver lo otro y lo de más allá (sobre todo, lo último). Un oveja adoptará una postura de mente abierta: Las psicofonías son hechos extraños pero reales, nuestra ciencia actual no puede explicarlas, pero sin duda, en un futuro no muy lejano el trabajo científico de nuestros parapsicólogos nos dará una explicación. El cabra tipo doméstico será benevolente: Lo más seguro es que sean malinterpretaciones de los ruidos de fondo, tal vez arrugas o deterioros de la cinta. Sin embargo, el tipo montés sentenciará: ¡Burdas falsificaciones!. Habitualmente, los creyentes en los fenómenos paranormales, tanto ovejas como borregos, defenderán sus argumentos acusando a los cabras de tiránico dogmatismo. Dirán que no se puede rechazar de plano ningún hecho susceptible de ser investigado y que es nuestro deber tomar una posición más flexible, que nos permita aceptar nuevas teorías y descubrimientos por muy asombrosos que sean. Ejemplos encontramos en todas partes: 1. Pretenden que todo es falso, que no hay nada y que es necesario ceñirse en todo y para todo a la ciencia (aun siendo la ciencia del siglo XIX). Todo el mundo sabe que están obligatoriamente en contra y sólo escuchan los que están convencidos de antemano (...). ¿Por qué E no intentar un estudio objetivo de los fenómenos verdaderos o supuestos, tratar de extraer lo verdadero de lo falso y hacer razonar a la gente a partir de entonces, después de un estudio previo y no antes? (...). Yo siempre he sido enemigo del fanatismo, de la santurronería y de la superstición. Y yo os juro que ellos prostituyen a la diosa Razón en curiosas circunstancias y muy a menudo (...) la Razón es mucho más grande que nuestros pequeños razonamientos, y sabe admitir un hecho, aunque el mismo parezca inconcebible para la ciencia de hoy en día [Chauvin, 1973]. 2. Existe un concepto ochocentista de la ciencia que aún hoy está divulgadísimo, escepticismo de tipo macizo y elemental (...). Si la ciencia quisiera desconocer esta vasta extensión, no haría sino abandonarla a las más deplorables interpretaciones extracientifícas, con un daño irremediable para el progreso del conocimiento humano [Talamonti, 1986]. 3. Por el contrario pensamos que todos aquellos que crean en la regla de la razón deberán examinar la investigación de fenómenos paranormales con mentalidad abierta, y ponerse a pensar en la manera de ampliar los límites de nuestras teorías presentes con el fin de poder incluir estos fenómenos [Costa de Beauregard y otros, 1980]. Así podríamos seguir dando ejemplos ad nauseam, pues siempre se suple la falta de argumentos sólidos con una imperiosa necesidad de mente abierta. Los cabras domésticos generalmente se intimidan y temen ser acusados de cerriles, reconociendo tácitamente hechos que en ningún caso están demostrados. Es decir, se van a pastar a los prados de discusión de los ovejas, donde se encuentran hierbas menos ásperas, pero más insípidas. Esta postura -advierte Isaac Asimov- da como resultado el que muchos científicos vacilan en atacar los diversos géneros de insensateces que circulan por la sociedad, por temor a hacer un mal papel y parecer dogmáticos y de mente cerrada [Asimov, 1982]. Algunos miembros de ARP se sienten incapaces de salvar tal argumentación y, a 36 (Otoño 1998) el escéptico menudo, consideran que están rechazando proposiciones de los pseudocientíficos de forma intuitiva y sin bases sólidas en las que apoyarse, y, claro, esta forma de actuar no es demasiado racional. Además, tampoco puede ser compatible con uno de los puntos mas importantes del ideario de la asociación: ARP no rechaza los hechos a priori, antes de investigarlos, sino que los examina objetiva y cuidadosamente antes de manifestarse al respecto. Lo que representa una muy alabable actitud de mente abierta. Un defensor de lo paranormal nos abrumará con nombres, fechas, estadísticas, frases -muchas de reputados científicos-, libros, referencias, artículos, universidades, laboratorios, institutos, etcétera, que acostumbran, a su vez, responder mayormente a malinterpretaciones, invenciones, falsedades, autoengaños y ambigüedades. Aunque bien es cierto que a nadie le es posible dominar con absoluta soltura todos los campos en los que se difunde la locura paranormal, no suele ser difícil demostrar la inconsistencia de las afirmaciones de la ciencia patológica. En primer lugar, observar la cantidad de contradicciones que se presentan entre las proposiciones paranormales y los conocimientos de la pérfida ciencia oficial nos indicará en buena medida con qué velocidad podemos rechazar las primeras. Además, debemos tener en cuenta, como nos señala Richard P. Feynman, que somos lo suficientemente ingenuos, torpes y tontos como para comprender que quizá nos estén engañando. No es necesario atesorar cinco o seis doctorados en ciencias para darnos cuenta de las contradicciones entre ciencia y paraciencia: sinceramente, considero que el nivel de conocimiento de un estudiante de BUP es más que suficiente en la mayoría de los casos. Resumiendo, con un examen objetivo, cuidadoso y exhaustivo de unos diez minutos, podemos rechazar la mayoría de las pseudociencias sin necesitar ningún tipo de experimentación. Como diría Wolfgang Pauli: ¡Esto está mal! Dummheit, tontería, tontería. Unsinn, ¡falsch! Váyase a casa. Volvamos a nuestros agrestes prados dialécticos, y démosle la vuelta al argumento. Cuando se afirma un fenómeno paranormal, al mismo tiempo se están negando a priori los conocimientos normales y sólidamente establecidos -además de insultando la inteligencia de los científicos- . Hay que tener la mente lo suficientemente abierta como para no negar las evidencias si no se tienen abundantísimas razones para ello, simplemente la navaja de Occam. Konstantin Raudive, estudioso y gran propagandista del Fenómeno de las Voces Electrónicas (EVP), fallecido en 1974. Quizás algún lector piense que no es tan fácil rechazar así, a priori, lo paranormal, incluso que me paso de dogmático y cerril, y que tal y que cual. Bien, intentaré demostrar que no es cierto. En el numero 26 de La Alternativa Racional, un lector, Xavier Souto Suárez, escribía diciendo que deseaba conocer resultados de las investigaciones de los escépticos sobre lo paranormal y señalaba a las psicofonías como ejemplo interesante desde el punto de vista de la experimentación [Souto Suárez, 1992]. Concédanme diez minutos. `Umsología' o la investigación inútil Antes de entrar en materia, tendremos que definir qué es una psicofonía, y además, si es apropiado aplicar tal nombre al fenómeno al que se refiere. Según Sinesio Darnell, famoso umsólogo, una psicofonía es un fenómeno paranormal en el que voces que no son de origen acústico graban cintas magnetofónicas, son voces no audibles directamente por nosotros, de procedencia desconocida y que se comportan inteligentemente [Darnell, 1989]. Fernando Jiménez del Oso es más escueto: Puede llamarse psicofonía al registro en cinta magnética de voces y sonidos cuyo origen y nael escéptico (Otoño 1998) 37 Hay que tener la mente lo suficientemente abierta como para no negar las evidencias si no se tienen abundantísimas razones para ello turaleza escapan a la ciencia actual [Jiménez del Oso, 1990]. Yo lo seré aún más: son sonidos de supuesto origen desconocido que están grabados en una cinta. Por tanto, considero inadecuado el nombre que se aplica a dicho fenómeno, pues parece indicarnos directamente su supuesto origen: Para observar las psicofonías, tenemos que utilizar una serie de dispositivos preparados para funcionar de forma normal, pero, y esto es lo importante, tales dispositivos no deben funcionar de forma normal psico se refiere a mente. Esto es lo que Henri Broch define como efecto Felpudo [Broch, 1985], es decir, designar una cosa u objeto con una palabra que remite a otra cosa, permitiendo sacar implicaciones desmedidas en relación con las que sería lícito sacar.1 La presencia de este efecto nos puede dar ya un indicio de la naturaleza pseudocientífica del asunto. Para evitar confusiones, a partir de ahora llamaré a este fenómeno somni (Sonido Magnetofónico No Identificado), cuya equivalencia inglesa es Umso (Unidentificated Magnetofonic Sound). Umsología y umsólogo son términos derivados. Otra cuestión que nos queda por saber es cómo se obtiene -supuestamente- un somni. Según los más reputados umsólogos, el proceso es bastante sencillo. Una cinta virgen, un magnetófono y un micrófono son los elementos indispensables. Se debe operar de la siguiente manera [Darnell, 1989]: 1. Introduzca la cinta en el aparato. 2. Busque un lugar tranquilo. 3. Ponga en funcionamiento el magnetófono y el micrófono. 4. Permanezca en silencio unos minutos (1, 2 ó 3). 5. Dé las gracias a los espíritus y pare la grabación. 6. Rebobine la cinta y escuche atentamente. 7. Tenga paciencia y lo demás se dará por añadidura. Este es el método para obtener los mejores somnis, pero si te invade el prurito rigorista, además puedes utilizar cámaras anecoicas -habitaciones insonorizadas de coste elevado y abundancia escasa-, jaulas de Faraday -que impiden el paso de on1 El nombre de felpudo proviene de la idea de que si en un felpudo pone Limpiese los pies, no debemos sacar la conclusión de que hay que quitarse los zapatos y los calcetines para limpiarse los pies. Basta con restregar un poco los zapatos. das electromagnéticas-, osciloscopios, campanas de vacío, emisores de ondas portadoras, controles de condiciones atmosféricas y una buena botella de vino. No desesperes, de este otro modo, son casi imposibles de obtener, pero haberlas haylas. Aclarados estos puntos, entremos en materia. Fijémonos por ejemplo en el micrófono -según los umsólogos, es indispensable-: un micrófono es un dispositivo que contiene un traductor o transductor que es accionado por ondas sonoras y produce señales eléctricas esencialmente equivalentes. Sin mayor complicación. Algo parecido a un dispositivo que traduce el albanés al turco. Para que un micrófono funcione, necesita ser accionado por ondas sonoras y sólo por ellas, como nuestro traductor, que sólo funciona cuando se le habla en albanés. Pues bien, si el micrófono sólo actúa con ondas sonoras y los somnis no son ondas sonoras, o al menos no del tipo que recoge el micrófono (de un espectro similar al oído humano), ¿para qué queremos este dispositivo? ¿O es que la supuesta energía sómnica se transmite por ondas que son y no son ondas acústicas?. Desde luego, nuestro traductor se sorprendería mucho si le hablásemos en un albanés que no es albanés. Nos fijamos ahora en la tecla de grabación (Rec). Ésta coloca sobre la cinta magnética la cabeza grabadora, que es un dispositivo que pasa las señales eléctricas a la cinta por medio de campos magnéticos variables, quedando las partículas de ésta imantadas por medio de un código esencialmente equivalente a las señales eléctricas. Es decir, un dispositivo que nos pasa del turco oral al turco escrito: papel, lápiz y conjunto de símbolos. Se obtienen somnis con jaulas de Faraday, así que la energía sómnica tampoco es de tipo electromagnético. Entonces, ¿por qué utilizamos el Rec? Accionar la tecla grabadora puede introducir errores en el experimento. Si la grabación no se hace por medio de este dispositivo, ¿por qué no quitarlo? Desgraciadamente parece ser que tanto el micrófono como la cabeza grabadora son indispensables. Bueno, está bien, tendremos que aguantar estas dos posibles fuentes de error. Y el motor, ¿qué me dicen del motor? Nunca se sabe cuándo se produce este elusivo fenómeno, ningún aparato es capaz de captar la energía sómnica (exceptuando los modestos magnetófonos). Así que no sabemos cuando se magnetiza la cinta, ¿será tal vez cuando pasa por la cabeza grabadora?, ¿será antes?, ¿será después? Chi lo sà? Pero curiosamente el fenómeno precisa que el motor esté en marcha, introduciendo así un nuevo riesgo de error. Volviendo a la analogía de los idiomas, además del traductor de albanés, el lápiz, el papel y el código, necesitamos un dispositivo que mueva el lápiz sobre el papel, o viceversa, a pesar de que ni el traductor traduce ni el lápiz pinta, pero de repente -voilà!- el papel aparece es- 38 (Otoño 1998) el escéptico crito. Aplausos, por favor. Razonando de igual manera: ¿es necesario introducir la cinta en el magnetófono?, ¿hay que quitar el precinto de la cinta?, ¿es necesario conectar el aparato a la red?, ¿sería más científico hacer la investigación dentro de un búnker de cemento?, ¿se hacen los experimentos con luz o sin luz?, ¿el experimentador debe estar presente o no?... Resumiendo, para observar este fenómeno, tenemos que utilizar una serie de dispositivos preparados para funcionar de forma normal, pero, y esto es lo importante, tales dispositivos no deben funcionar de forma normal. Es decir, tenemos un traductor de albanés oral a turco oral, con un dispositivo que lo pasa a turco escrito, otro que lo lee a viva voz y un nuevo traductor en este caso del turco al albanés. Sin embargo, para desencadenar el fenómeno al traductor albanés le hablamos en sueco. Más absurdo, imposible. Pero no sólo esto, aún hay más. Es evidente que, para que algo se grabe, algo debe ocurrir. En el planteamiento de la experiencia sómnica, se descarta cualquier tipo de energía conocida.2 Los efectos sómnicos se deben producir por una energía desconocida, que tiene algunas características ininteligibles para la ciencia actual. Esta energía o fuerza no depende ni del tiempo -podemos grabar hechos producidos en el pasado- ni de la distancia -el alejamiento no la afecta en absoluto-. No se puede poner en forma matemática y se comporta de forma diferente dependiendo del parapsicólogo con el que hablemos. Los investigadores de lo paranormal utilizan osciloscopios, contadores geiger, termómetros, etcétera, que muchas veces dan resultados positivos -pregunten al padre Pilón-, pero estos efectos son, según la jerga pseudocientífica, simples efectos concomitantes. También podemos utilizar otros criterios que nos permiten rechazar las psicofonías: 1. Criterio de practicidad. Toda teoría científica aumenta nuestro conocimiento de la Naturaleza: nos permite realizar predicciones, nos abre nuevos campos de experimentación, tiene aplicaciones prácticas, consolida teorías anteriores e incluso refuta otras. Pues bien, ¿para qué sirve una psicofonía?, ¿explica algo?, ¿podemos prever algo con ellas?, ¿nos indican cómo es el mundo? 2. Criterio de falsificación. En la ciencia normal, si se descubre a alguien haciendo trampas, es muy difícil que cualquier resultado de ese alguien se dé por 2 La palabra energía es muy utilizada por los pseudocientíficos en su sentido más amplio. Para un parapsicólogo, es ese algo que permite explicar todo: mover objetos con la mente, transmitir pensamientos, conocer el futuro, reconocer vidas pasadas, sanar enfermedades, etcétera. bueno. Es más, el campo de investigación en el que trabaje se verá muy afectado por estar bajo sospecha. Conocemos gran cantidad de falsificaciones en el mundo de las psicofonías. ¿Son sólo estas falsas?, ¿debemos considerar las otras verdaderas hasta que se demuestre lo contrario? En el modo de actuar de la ciencia, la tarea de la demostración recae en el que afirma, y cuanto más extraña sea la afirmación más clara debe ser la demostración. Especialmente en el mundo de la parapsicología, el investigador es culpable mientras no demuestre lo contrario. 3. Criterio de reducción del efecto. Cuanto mayores sean los controles, menores son los efectos. ¿Llegará el momento en que colocando los controles necesarios desaparezcan los efectos? Curiosamente, las mejores y más Foto tomada de http://www.ctv.es/USERS/seip. El parapsicólogo español Pedro Amorós en su laboratorio, atiborrado de cintas de presuntas psicofonías. excitantes psicofonías se obtienen cuando los controles son más laxos. Serían necesarios, además, controles independientes, pues generalmente si un investigador cree en sus propias teorías con fe ciega, los experimentos pueden resultar más acordes con sus esperanzas que con la realidad. 4. Criterio de reproductibilidad azarosa. Las psicofonías, como muchos otros fenómenos paranormales, se producen siempre por puro azar. En la ciencia oficial , los móviles se mueven, los reactivos reaccionan, las radiaciones radian, los cultivos crecen... cuando el experimentador pone los medios necesarios. Un umsólogo puede poner todos estos medios y el efecto se dará cuando le dé la gana... al efecto. Este problema conlleva una reproductibilidad básicamente nula. el escéptico (Otoño 1998) 39 5. Criterio de formalización matemática. Como hemos visto, no podemos deducir ningún tipo de ley en el lenguaje básico de las ciencias, las matemáticas, ni siquiera en forma estadística. No es un problema sólo de la umsología. Por lo general, ninguna pseudociencia ha dado hasta la fecha alguna ley de interés. 6. Criterio de supercoherencia . Las psicofonías son siempre muy coherentes con los lugares donde supuestamente se producen. En el palacio de Linares, las psicofonías respaldaban al 100% una leyenda sobre el palacio. Sin embargo, según los herederos del marqués de Linares, esta leyenda es absolutamente falsa. Las voces del más allá nos hablan de un mundo supranatural que coincide con las teorías de parapsicólogos y espiritistas. ¿Será por esto que sólo ellos son capaces de grabarlas? Creo que esto da una idea bastante aproximada del absurdo que representa la umsología. Llegado a este punto, considero que dedicar tiempo y dinero a una investigación sobre este asunto es estúpidamente inútil. `Psicoestilografía' e inteligencia gatuna Tal vez Xavier Souto Suárez siga pensando que exagero y que es necesario, a pesar de todo, una investigación experimental. Puede tener razón, una mente abierta no debe descartarla nunca. ¿En todos los casos? Pongamos un ejemplo. El autor de este artículo fue en su día un distinguido parapsicólogo con títulos de varias universidades americanas y europeas -disculpen que no las incluya aquí por falta de espacio y exceso de modestia-. Durante mis investigaciones, descubrí un fenómeno paranormal de gran importancia, que bauticé con el nombre de efecto Ludovico, en honor a su descubridor, o sea yo. Las primeras manifestaciones fueron del todo casuales. Estuve un día, hasta bien entrada la noche, trabajando en mi laboratorio inmerso en temas tan apasionantes como la cábala, invocaciones espiritistas y materializaciones ectoPortada de un disco compacto con su- plásmicas. Al terpuestas voces de ultratumba que la re- minar mis experivista Enigmas distribuyó en abril pa- mentos, ya cansado, salí del laborasado. 40 (Otoño 1998) el escéptico torio, cerrando la puerta con llave, pero dejando en su interior mi cuaderno de notas y un bolígrafo. A la mañana siguiente, descubrí un fenómeno extrañísimo, alguien o algo había escrito en mi cuaderno: Visión extensa más fórmula con un cuerpo negro menos dificultades colapsando la fusión con el metro. Les aseguro que era imposible que nadie entrara en el laboratorio. Yo era el único que tenía la llave de su puerta, y yo no había escrito eso. Sólo podían ser seres supranaturales venidos del más allá, o tal vez una energía desconocida para la ciencia actual. Además, el mensaje me dio la clave para solucionar los problemas que tenía el día anterior. Podría haberlo dejado así, pero, como en realidad soy un escéptico y casi siempre utilizo la metodología científica, me puse a investigar. Durante los meses sucesivos, al salir de mi laboratorio dejaba sobre la mesa hojas limpias y material para escribir. Tras un laborioso trabajo de recolección y catalogación, éstos son los resultados: 1. Los mensajes que se refieren al pasado están escritos en castellano antiguo y con pluma. 2. Los que se refieren al presente se escriben con bolígrafo y dicen cosas como ¿qué pasa tronco? o como mola tu buga. 3. Hay también espíritus infantiles que pintan con rotuladores y hacen graciosos dibujillos. 4. Algunos mensajes están en idiomas extranjeros, de los cuales he podido traducir algunos. 5. Otros son francamente indescifrables, al estar escritos en lenguas extraterrestres, como es el caso: XX 6. Los mensajes son más abundantes en las noches de luna llena y cuando las conjunciones astrológicas son propicias. El rigor científico con el que trabajo se extiende también al material, que es de gran altura tecnológica. El papel es reciclado de gran calidad, las plumas y bolígrafos son de diseño alemán y, además, utilizo un sofisticado ordenador para recoger los datos y redactar informes. Cualquiera que lo desee puede ver los papeles de mis psicoestilografías, junto con un certificado de una universidad estadounidense que demuestra que la caligrafía de los papeles no es la mía, otro certificado de una universidad de Perú que testifica que algunos mensajes están escritos en perfecto quechua -idioma que desconozco-, así como un certificado notarial que confirma que las falsificaciones de los certificados anteriores son tan buenas como los auténticos. Invito a las mentes abiertas que sean inmunes a los vicios de la ciencia oficial a que repitan mis trabajos para demostrar si mis descubrimientos son falsos o si en realidad abren un nuevo campo en el mundo de lo paranormal. No tengo explicación para tan extraño fenómeno: tal vez sea una energía de psicoquinesis, o tal vez un efecto desconocido de la mecánica cuántica (materia esta última en la cual soy un experto). La ciencia no lo sabe aún, pero tendremos que seguir investigando. Se podría pedir una subvención a alguna universidad para patrocinar este tipo de estudios. Lamentablemente, la dogmática ciencia oficial impide insidiosamente que me den los fondos necesarios para trabajar en este tema. Tema que posiblemente cambie el destino de la humanidad. Como se ve, las psicoestilografías son unos fenómenos paranormales de fácil experimentación. ¿Podría ARP rechazar a priori el efecto Ludovico sin antes experimentar con él? No creo que los miembros de la asociación se lancen, poseídos por su espíritu científico, a colocar hojas en blanco por las habitaciones de sus casas para recibir mensajes del más allá; supongo que todo esto les parecerá una sandez. Pero, ¿serán tan lúcidos frente a otras chifladuras semejantes, como las psicofonías? El debate esta abierto. Frente a los defensores de lo paranormal, un escéptico suele quedar en inferioridad. Demostrar la inexistencia de algo es muy difícil, como mucho se puede aumentar la improbabilidad de su existencia. Pero debemos tener en cuenta que la tarea de demostrar recae siempre en el que afirma. Si no fuera así, podríamos llegar a afirmar cualquier cosa. Por ejemplo, yo estoy convencido, y además afirmo, que mis gatos son excelentes matemáticos. Tienen la costumbre de sentarse y descansar largo tiempo delante de mis libros, hasta el punto de haber absorbido sus contenidos y ser capaces de resolver ecuaciones diferenciales en derivadas parciales. Cuando les planteo un problema, lo miran largamente, bostezan considerándolo trivial y dan la solución con un pequeño maullido. Es una pena que no me pueda comunicar con ellos, pues no comprendo bien su lenguaje. ¡Adelante, escépticos, aprendan el lenguaje de los gatos y nieguen mi afirmación! Aunque alguno logre entender a los gatos, y diga que no saben contestar a los problemas, siempre se puede aducir que ellos ya no se interesan por estos temas. En resumidas cuentas, para un parapsicólogo una negación a posteriori tiene tanta validez como una negación a priori. Por muchos resultados negativos que coleccionemos los escépticos, en una investigación siempre se puede tener a mano la famosa regla 22 de la parapsicología: El escepticis- mo destruye el sutil fenómeno paranormal. Regla que, por cierto, es sólo válida para esta ciencia. La Nueva Academia Swift publicó Los viajes de Gulliver en 1726. El capítulo de la Academia de Lagado era una caricatura cruel de algunas sociedades científicas de su época, más preocupadas por la especulación que por la investigación [Swift, 1726]. Si el autor fuera nuestro contemporáneo, sin duda, la Academia reflejaría cualquier pseudoinstituto de investigación paranormal. El pasaje al que me refiero muy bien podría quedar así: El primer hombre que vi era de aspecto consumido. Traje, camisa y piel eran todos del mismo color. Había trabajado durante ocho años en un proyecto para extraer de las pirámides energía cósmica, que, envasada en frascos herméticamente cerrados, sería sacada para calentar el ambiente en días inclementes. Me suplicó que le diera algo de dinero como incentivo a su genio, teniendo en cuenta lo caras que estaban las pirámides ese año. Penetré en otra cámara, rogándome mi guía con un susurro que no levantara la voz, pues el proyectista se encontraba en estado de trance y se tomaría muy a mal una interrupción. Era el habitante más antiguo de la Academia, y su actividad, desde su llegada, consistía en intentar una comunicación en la que fueran innecesarios los teléfonos, correos o telégrafos. Vi también a otro proyectista que trataba de mover objetos con la mente para poder ahorrar así los servicios de mudanzas. En otra habitación había un maestro ciego de nacimiento, que tenía varios aprendices de su misma condición. Su actividad era distinguir colores mediante el tacto, lo llamaban percepción dermóptica. Fue realmente una desgracia mía el hallar en aquella ocasión unos discípulos no muy aventajados y ocurrió que hasta el propio profesor se equivocara por lo general. En otro aposento tuve la gran satisfacción de encontrar a un proyectista que había ideado un nuevo sistema de diagnóstico médico. Hacía girar un péndulo sobre un gran conjunto de tarjetas en las cuales se encontraban escritas todas las enfermedades posibles, y el péndulo indicaba la enfermedad aumentando la velocidad; según el proyectista, este sistema también tenía utilidad para buscar agua o materiales preciosos. Un ayudante preparaba remedios a base de sustancias tan diluidas que desaparecían del preparado o utilizaba agujas que clavaba por todo el cuerpo del paciente. Me maravi- En la ciencia no existe la democracia, y estamos obligados a aceptar la tiranía de los hechos y los razonamientos el escéptico (Otoño 1998) 41 llaron con otros sistemas alternativos como la utilización de cristales de cuarzo, de pulseras metálicas magnetizadas o de aparatos que ionizaban el ambiente. Recorrí toda la Academia y vi los mayores portentos. Proyectistas que conocían el carácter de las personas mirándoles tan sólo las manos, otro que hacían combinaciones de letras y números pronosticando el futuro, uno que se dedicaba a escrutar el cielo para recibir a los visitantes de las estrellas y otro que estudiaba los movimientos de los astros para designar al nuevo gobernante de la nación... Si se compara el texto original con éste, la Nueva Academia de las Pseudociencias parecerá tan cómica como la parodiada por Swift. En definitiva, para rechazar la pseudociencia, nos basta con un poco de sentido del humor y el absurdo saldrá a flote. Más vale una carcajada que cien silogismos. Generalmente, toda esta ciencia patológica se puede rechazar a priori, pues es precisamente ella la que transgrede todas las reglas del pensamiento mínimamente lógico. Aunque cueste decirlo, en la ciencia no existe la democracia, y estamos obligados a aceptar la tiranía de los hechos y los razonamientos. No podemos escudarnos tampoco en lo desconocido. Es cierto que aún sabemos poco del universo que nos rodea, pero mucho de lo que sabemos nos indica qué caminos no conducen a ninguna parte. Es decir, no sabemos lo que es, pero muchas veces sí sabemos lo que no es. La ciencia se autodepura, afina sus modelos, pero las revoluciones científicas no desmantelan todo lo anterior; más bien lo completan. Mucho me temo que ni la próxima, ni la siguiente, ni ninguna revolución dará la razón a la parapsicología. Cada día que pasa, la ciencia necesita más dinero y esfuerzos para continuar su camino, no desperdiciemos los fondos públicos -ni privados- en construir academias pseudocientíficas. No podemos impedir -ni sería deseable- que un chiflado exponga sus teorías, ni que un farsante pueda acercarse hasta el público -tampoco conseguimos que los políticos no mientan-, pero, por favor, no permitamos que ni los chiflados, ni los farsantes -ni los políticos- tomen las riendas del saber. Permitan, para finalizar, una larga cita de John A. Wheeler, reputado físico, director del Centro de Física Teórica de la Universidad de Texas: ...¿Es seguro que cuando se escribe tanto sobre cucharas dobladas, parapsicología, telepatía, triángulo de las Bermudas, radiestesia, y cuando otros escriben sobre etéreos cuantificados, bioactocrónica, levitación y química oculta, debe haber alguna realidad detrás de estas palabras?, ¿seguro que donde hay humo es porque hay fuego? No, donde hay tanto humo no hay mas que humo. (...) No hay maldita la cosa sobre la que no se pueda investigar. La investigación guiada por un mal 42 (Otoño 1998) el escéptico juicio constituye un agujero negro para el buen dinero. Nadie puede evitar decir las verdades del barquero a quien ha visto defraudar 10.000 dólares a un buen amigo, hacer polvo 100.000 dólares de una distinguida organización benéfica de investigación y hacer desaparecer 1.000.000 dólares procedentes de los contribuyentes -todo en aras de la investigación en materia de ciencia patológica-. (...) Ha llegado el momento de que todo aquél que crea en la regla de la razón le cante las cuarenta a la ciencia patológica y sus proveedores [Wheeler, 1979]. Referencias Asimov, Isaac [1982]: ¿Mente abierta? [Open mind]. En Asimov, Isaac [1983]: La mente errabunda [The roving mind]. Trad. de Néstor Míguez. Alianza Editorial (Col. El Libro de Bolsillo, Nº 1.282). Madrid 1987. 77-79. Broch, Henri [1985]: Los fenómenos paranormales. Una reflexión crítica [Le paranormal]. Trad. de Juana Bignozzi. Editorial Crítica (Serie General (Col. Estudios y Ensayos), Nº 107). Barcelona 1987. 206 páginas Costa de Beauregard, Oliver; Mattuck, Richard D.; Josephson, Brian D.; y Walker, Evan Harris [1980]: Carta sin título en contestación a John A. Wheeler sobre una carta de éste a la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), pidiendo la expulsión de la parapsicología de dicha asociación . The New York Review of Books (New York). 26 de Junio. En Gardner, Martin [1981]: La ciencia. Lo bueno, lo malo, lo falso [Science. Good, bad and bogus]. Trad. de Natividad Sánchez Sáinz-Trápaga. Alianza Editorial (Col. El Libro de Bolsillo, Nº 1.366). Madrid 1988. 311316. Chauvin, Rémy [1973]: Prólogo al libro de Duval, Pierre: La ciencia ante lo extraño [La science devant letrange]. Trad. de Álvaro Castillo. Editorial Plaza & Janés (Col. Realismo Fantástico, Nº 74). Barcelona 1980. 256 páginas. Darnell, Sinesio [1989]: El sonido de otro mundo. Más Allá (Madrid), Nº 2 (Abril). Jiménez del Oso, Fernando [1990]: Voces entre lo espiritual y lo físico. Especial de Tiempo (Madrid), Nº 424 (18 de Junio 1990). Souto Suárez, Xavier [1992]: Carta sin título. En Correo del Lector. La Alternativa Racional (San Sebastián), Nº 26 (Octubre), 45. Swift, Jonathan [1726]: Los viajes de Gulliver [Gullivers travels]. Trad. de Begoña Gárate Ayastuy. Alianza Editorial. Madrid 1987. Talamonti, Leo [1986]. Universo prohibido [Universo proibito]. Trad. de Vicente Villacampa. Editorial Plaza & Janés (Col. Realismo Fantástico). Barcelona. Wheeler, John A. [1979] Fuera lo pseudo del taller de la ciencia. Carta al presidente de la AAAS. En Gardner, Martin [1981]: La ciencia. Lo bueno, lo malo, lo falso [Science. Good, bad and bogus]. Trad. de Natividad Sánchez Sáinz-Trápaga. Alianza Editorial (Col. El Libro de Bolsillo, Nº 1.366). Madrid 1988. 303308. Luis Angulo Suardiaz es bioquímico.

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