Hipersensibilidad electromagnética, el negocio del miedo

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Hipersensibilidad electromagnética El negocio del miedo Víctor Pascual del Olmo L a hipersensibilidad electromagnética es uno de los temas más mediáticos en la actualidad debido a dos casos: Podemos presentó la propuesta de aceptarla como una enfermedad el pasado 3 de julio ante el Parlamento Europeo1, y el pasado 27 de agosto un tribunal francés reconoció la incapacidad a una trabajadora por sufrir esta dolencia2. Pero ¿existe la hipersensibilidad electromagnética o electrosensibilidad? Según la OMS3, no. Existe el término y la OMS lo define, pero en su definición apunta que, tras las pruebas realizadas, no hay relación entre aquellos que dicen ser electrosensibles y la aplicación o no de ondas electromagnéticas. ¿Cómo sabemos que esta dolencia no tiene relación con las ondas electromagnéticas? Primero, hay que escoger a sujetos que dicen ser electrosensibles; después hay que ponerles en una habitación jaula de Faraday, y así evitamos que entren ondas electromagnéticas del exterior. Ponemos un emisor de RF que emita radiación en un amplio ancho de banda. Este dispositivo se enciende o se apaga de forma aleatoria. Si la electrosensibilidad existiese, este sujeto se empezaría a sentir indispuesto al poco de empezar a recibir ondas electromagnéticas, y se empezaría a sentir mejor poco al dejar de recibirlas. En los experimentos realizados, los sujetos se sienten bien o mal independientemente de que el dispositivo esté funcionando o no; es decir, no podemos afirmar estadísticamente que el malestar de ese sujeto sea debido a la emisión de ondas electromagnéticas. Marine Richard es la protagonista del caso francés antes mencionado. Parece ser que empezó a sufrir reacciones de estrés al pensar que estaba siendo contaminada por las ondas electromagnéticas. Terminó desplazándose a una zona aislada de los Alpes para dejar de sufrir este mal, y al verse alejada de su lugar de trabajo comenzó su periplo en los tribunales. El fallo del tribunal puede crear jurisprudencia, al dar la incapacidad por una patología que no ha sido reconocida por la OMS. Además, esta decisión da alas a el escéptico 32 todos los que defienden que las radiofrecuencias producen problemas, que utilizan dicha noticia como prueba. Que la justicia abandone la ciencia supondrá que todo dependa del peritaje y las alegaciones, y que estos no estén basados en pruebas reales. Si no padecen electrosensibilidad, ¿qué les ocurre? Habría que distinguir dos casos: ● Enfermedad no identificada correctamente. ○ Enfermedades psíquicas, infecciones bacterianas, víricas y fúngicas, parásitos, etc. que no han sido correctamente identificadas. ○ Pequeño malestar no especificado, amplificado por la autosugestión. ● Efecto malcebo (efecto placebo con consecuencias negativas). Aunque este efecto lo puede sufrir cualquiera, suele ser más habitual en los hipocondríacos. En algunos casos, el efecto malcebo puede producir efectos visibles en la salud, como eccemas y sarpullidos. Bendito internet. Las webs sobre electrosensibilidad afirman que la hipersensibilidad electromagnética está recogida como enfermedad por la OMS, y que nada menos que el 10% de la población mundial es electrosensible. Si hacemos un recorrido por la web buscando electrosensibilidad, podremos encontrar alguno de los síntomas de aquellos que padecen esta dolencia: cefalea, insomnio, cansancio crónico, irritabilidad, alteraciones en la piel, picor, quemazón, infecciones recurrentes, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria a corto plazo, tristeza sin motivo aparente, alteraciones cardiacas, mala circulación sanguínea, desorientación, congestión nasal, disminución de la libido, trastornos del tiroides, escozor de ojos, acúfenos, ganas de orinar frecuentemente, nerviosismo, debilidad capilar, manos y pies fríos, rigidez muscular4… Varios de estos síntomas son comunes en quienes sufren otoño-invierno 2015 Otra de las críticas es que varios de los estudios mencionados fueron publicados en la misma revista: Electromagnetic Biology and Medicine; de bajo índice de impacto y que, curiosamente, suele publicar artículos rechazados por otras. También hace un hueco a la hipersensibilidad electromagnética, obviando lo que dice la OMS. (foto: Mitchel Diatz, www.flickr.com/photos/mitch2742/) estrés por vivir en grandes ciudades y, por lo tanto, rodeados de antenas de comunicación; así, es fácil decirle a una persona estresada que padece de hipersensibilidad electromagnética. Otros de estos síntomas los encontramos fácilmente en personas de edad avanzada. Y por último, algunos de los síntomas están relacionados con cambios hormonales como los que ocurren en la pubertad, el embarazo o la menopausia. Si a todo esto le sumamos que tendemos a ser hipocondríacos y no nos informamos adecuadamente, cualquier persona con alguno de esos síntomas que esté cerca de una antena puede convertirse en electrosensible. Estudios en contra de las radiofrecuencias. Es interesante buscar artículos que dicen lo contrario de lo que uno piensa. En un artículo, “Oxidative mechanisms of biological activity of low-intensity radiofrequency radiation”5, publicado el pasado mes de abril, podemos encontrar un compendio de otros estudios e investigaciones sobre el tema de las ondas electromagnéticas y de cómo podrían afectarnos. En concreto, nos habla de la posibilidad de que los campos electromagnéticos no ionizantes afecten a los iones de nuestro cuerpo y esto repercuta en un aumento de radicales libres y sus efectos oxidativos adversos. Esto tiene bastante sentido y sería una línea interesante de investigación, ya que nos olvidamos de la capacidad de ionización que ha sido comprobada hasta la saciedad y nos centramos en un efecto biológico diferente. Una de las primeras críticas al trabajo es la metodología usada: se basa en cien estudios diferentes sin explicar por qué ese número ni el criterio de elección; y tampoco los clasifica por efectos comunes. Agruparlos por efectos es muy importante para ver si realmente los estudios se contradicen o no. La conclusión es que las ondas electromagnéticas son malas, a pesar de haber mencionado estudios según los cuales aquellas provocaban efectos positivos, porque hay algunos que son negativos. otoño-invierno 2015 El negocio del miedo Como decía Sam Vimes (personaje de las novelas de Mundodisco del genial Terry Pratchett), “Averigua dónde está el dinero y ya tendrás la mitad del problema resuelto”. Aunque bien es cierto que el miedo a las radiofrecuencias viene de la propia ignorancia de la población y que no está relacionada con ningún interés económico, sí hay un sector que se lucra de este miedo. Es habitual encontrar en algunas tiendas las conocidas orgonitas (cristales en forma de conos y pirámides que contienen metales en su interior) que prometen absorber las radiaciones electromagnéticas o convertir la “energía negativa y artificial” en “positiva y natural”6. Otro invento conocido son las pegatinas para el móvil que “absorben” las radiaciones electromagnéticas del móvil, mejorando la cobertura7. Así que tenemos, por un lado, una serie de ciudadanos que no se han informado correctamente; y por otro, empresas que generan desinformación y ofrecen productos que alimentan el miedo colectivo. Al final, el individuo se plantea lo siguiente: si realmente no existe peligro, ¿por qué hay tantos productos para evitar los efectos adversos? A nadie le gusta sentirse engañado, así que hay dos reacciones: enfadarse al descubrir que te están engañando para venderte un producto, o negarlo y defender dicho producto y así no sentirse manipulado. También es común encontrar casos de “especialistas” que ofrecen sus servicios de forma “gratuita”. La petición de Podemos en el Parlamento Europeo para aceptar la electrosensibilidad como enfermedad y aumentar la protección de los infantes en las escuelas trajo apoyos y ataques de diferentes sectores, pero he querido rescatar uno que me resulta peculiar. Un individuo solicitó a José Manuel López, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, que dejasen de llamar enfermos a los que padecen electrosensibilidad, porque no son enfermos, son una nueva raza que es capaz de detectar —y así poder evitar— las malvadas ondas electromagnéticas, o así es como se lo hace ver a sus pacientes/ clientes. Cambiar el término de enfermo por “nueva raza” busca cierta autorrealización del individuo al hacerle sentirse especial8. Referencias 1 http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP// TEXT+WQ+E-2015-010810+0+DOC+XML+V0//EN&language=EN 2 http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/discapacidad-para-trabajad... 3 http://www.who.int/peh-emf/about/WhatisEMF/es/index1.html 4 http://www.electrosensibilidad.es/ 5 http://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.3109/15368378.2015.1 043557 6 http://www.orgonitas.com 7 http://www.quantum-pendant.com/ 8 https://www.osoigo.com/es/jose-manuel-lopez-vais-a-seguirtachandonos-de-... 33 el escéptico

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