Carta al presidente del gobierno «las decisiones políticas, con conocimiento»

Excmo. Sr. Presidente:

Mi nombre es Jorge Javier Frías Perles, y me dirijo a usted en calidad de presidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC), asociación que impulsa el desarrollo de la ciencia, el pensamiento crítico, la razón, el laicismo y la investigación crítica de las afirmaciones paranormales. El objeto de la presente es hacerle llegar el manifiesto que nuestra asociación redactó hace unos años con motivo de las elecciones generales, y que hizo llegar a los principales partidos políticos. En él exponemos nuestra preocupación por las políticas sobre ciencia, laicismo y sociedad que afectan directamente a los objetivos de nuestra asociación, y que creemos que debe cumplir cualquier gobierno que actúe en beneficio de la ciudadanía.

Aunque las ideas aquí expuestas deberían ser de necesario cumplimiento en cualquier momento, aprovecho la formación de su nuevo gobierno para volver a recordarlas. Además, vivimos un momento en el que la inversión en ciencia, educación y sanidad ha ido recortándose a mínimos históricos. En este último ámbito, además, hemos vivido peligrosos intentos de equiparar pseudoterapias, cuya ineficiencia ha sido ampliamente demostrada, a la categoría de medicamento. Además, las incursiones de éstas en nuestro sistema público de salud acarrean un coste adicional a las arcas del estado – sin hablar del desprestigio que supone-. No solo es necesario un aumento de la inversión, sino también un uso racional de la misma.

Por ello nuestro manifiesto lleva el título de “las decisiones políticas, con conocimento”, que expongo a continuación:

La Declaración Universal de los Derechos Humanos y diversos acuerdos internacionales ratificados por España recogen, entre otros derechos y al mismo nivel que ellos, el de participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten; señalan también la obligación de los Estados de garantizar el desarrollo y difusión de la ciencia y la cultura, y de respetar la libertad para la investigación científica y la creación.

La salvaguarda de estos derechos por los poderes públicos no puede quedar al albur de las posiciones políticas de cada momento; su defensa, al contrario, obliga a todos los representantes políticos y al conjunto de los ciudadanos.

Un desarrollo sostenible y que beneficie a toda la sociedad sin discriminaciones requiere un conocimiento científico del entorno; ese conocimiento proporciona las mejores armas contra la enfermedad, el hambre y otras lacras. Pero para avanzar en él es imprescindible una política realista que valore la ciencia, conozca sus prioridades, su funcionamiento, sus retos, y que invierta lo necesario en dotarla de medios materiales y humanos.

La política científica debe evitar, por una parte, el recelo o incluso rechazo de algunos colectivos contra la ciencia pese a las innegables ventajas que ha aportado a la humanidad; y por otra, la difusión de teorías pseudocientíficas que se recogen en programas de partidos políticos de todo signo e incluso se toman como base para decisiones de esos mismos partidos cuando gobiernan (terapias que no han demostrado eficacia, creencias erróneas sobre la incidencia en la salud de determinadas tecnologías o alimentos…).

ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico insta a que se haga llegar a la población la información adecuada, tanto a través de la educación como de los medios de comunicación social. Esto implica desechar alarmas injustificadas, aclarar ideas irracionales y promover su análisis público y racional, así como no contribuir a la difusión de bulos, o fake news.

Insta también a que los representantes de la ciudadanía basen sus decisiones –en especial las relativas a la salud– en los conocimientos que aportan las investigaciones científicas contrastadas y verificadas, y consideren solo los riesgos comprobados o verosímiles.

Y, por último, pide que se evite la financiación pública y el apoyo de las autoridades al adoctrinamiento religioso en los centros educativos para que la educación sea laica y que el alumnado se forme en base al conocimiento científico y tecnológico, la crítica racional y la formación humanística y artística que le permita el desarrollo pleno y libre de su propia personalidad. Los alumnos y alumnas no deben recibir en el mismo espacio informaciones contradictorias, como son las que se derivan de teorías científicas comprobadas y las que se basan únicamente en la fe y en una supuesta “revelación”, cuya creencia en ella es personal y subjetiva y no se basa en ningún hecho probado.

Le deseo una fructífera legislatura llena de decisiones políticas con conocimiento. Atentamente,

 

Jorge Javier Frías Perles

Presidente de ARP-SAPC