Turno de réplica

Inauguramos aquí un nuevo recurso para canalizar las posibles discusiones que se establezcan a raíz de artículos publicados en la revista El Escéptico. Comenzamos con una extensa nota enviada por el Dr. Luis Carlos Silva, un lector aludido en una de las reseñas de nuestro Sillón Escéptico del número 41, y una contrarréplica del autor de la reseña, Víctor Javier Sanz.

Artículo original: Sanz VJ (2014) Reseña sobre Medicina sin Apellidos. Un debate sobre la medicina natural  y tradicional en Cuba El Escéptico 41:72-76.

 

El telescopio y la técnica del buldócer. A propósito de una reseña sobre un libro cubano acerca de la Medicina Natural y Tradicional.

Luis Carlos Silva Ayçaguer, Ph D.

Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba

[email protected]

Racionalidad y vocación crítica

Recientemente, las páginas de El Escéptico[1] incluyeron una reseña valorativa del libro “Medicina sin apellidos.  Un debate sobre la medicina natural  y tradicional en cuba”,[2]  publicado en 2013 por la Editorial Universidad de La Habana.[3] En un primer momento consideré que procedía redactar una breve nota aclaratoria sobre algunos errores del comentarista, Dr. Javier Sanz Larrínaga, relacionadas con mis convicciones y mis aportes al libro. Pero una lectura más detenida aconseja ir un poco más lejos y profundizar acerca de cómo debería desarrollarse el debate científico.

El Dr. Sánz comienza consignando que no es cierta la opinión del prologuista del volumen según la cual los participantes en este debate nos dividamos en dos grupos: aquellos cuyo derrotero intelectual es “racional y crítico” y quienes se adhieren al enfoque “alternativo”. Según se afirma en la recensión, hay capítulos del libro cuyos autores no pertenecen ni a uno ni a otro grupo. En sus palabras: «… existe también un grupo  intermedio, aquel que considera algunas pseudomedicinas  como dignas de estudio y de ser aplicadas a la práctica médica, como es el caso de la acupuntura, que es la piedra  de toque en donde se retratan los auténticos médicos  científicos. Lo veremos en los últimos párrafos.»  A juzgar por la reiterada aparición de mi nombre en “los últimos párrafos” relacionados con este tema, pertenezco a dicho tercer grupo. Esto quiere decir, en síntesis que, o no soy crítico con algunas pseudomedicinas (“como es el caso de la acupuntura”), o bien no soy racional a la hora de valorarlas. 

Tal encasillamiento roza lo insólito, habida cuenta de que la defensa de la racionalidad y el despliegue de una vocación crítica, no solo han sido leitmotiv de toda mi trayectoria académica, sino que he publicado respectivos libros enteramente dedicados a ese empeño. Por más señas, así lo atestiguan los mismísimos títulos de esas obras.[4] [5] En cuanto a la acupuntura, disciplina en torno a la cual el Dr. Sanz se extiende para endilgarme, con iracundia digna de mejor causa, posiciones irracionales y acríticas, las menciones presentes en mis libros y artículos han sido escasas y tangenciales, tal y como más abajo detallo. Sin embargo, admito que para valorar mi falta de crítica o de racionalidad, corresponde ceñirse a mi participación en el libro reseñado.

Realizar afirmaciones sin capacidad para respaldarlas

Destiné el último párrafo de la contribución que ha desatado la irritación del Dr. Sanz a denunciar una perniciosa conducta: la de “realizar afirmaciones sin capacidad para respaldarlas” y a la naturaleza inaceptable de hacer acusaciones “sin mencionar en lo más mínimo algún elemento que sirva para creerlas”.  Resulta irónico que, al analizar dicha contribución, el Dr. Sanz incurra en ambas faltas. Veámoslo pausadamente.

En un esfuerzo por distinguir entre aquellas posiciones de los acupunturistas basadas en presupuestos místicos y palabrería ininteligible de las de quienes intentan evaluar efectos fisiológicos concretos con métodos universalmente aceptados, luego de aludir a quienes se empantanan en la mística china de los meridianos, los flujos de energía vital, el equilibrio entre el yin y el yang, los riñones del cielo, y conceptos afines, escribí lo siguiente: [6]

«Personalmente, he tenido oportunidad de trabajar con  profesionales que exhiben esa vocación verdaderamente científica. En un esfuerzo investigativo en el que participé, bajo la dirección de uno de los profesionales más  destacados en la materia en España -estudio aparecido luego en una revista de renombre dentro del campo de  las llamadas medicinas alternativas y del que fui coautor  (Vas, Perea, Méndez y Silva, 2006)- tuve la satisfacción  de interactuar con ellos y aprender de un profesional de  este último tipo.»

Este párrafo bastó para que Sanz escribiera:

«… según el profesor Silva, el ejemplo perfecto de "acupuntor científico" viene personificado por el Dr. Jorge  Vas y sus colaboradores, con los que ha participado en sus aquelarres de magia china disfrazados con estadística.»

Cabe en este punto subrayar que el mencionado artículo del que fui coautor junto con el Dr. Vas y otros destacados epidemiólogos,[7] no da cuenta sobre los resultados de un estudio sobre acupuntura sino que, simplemente, ofrece detalles sobre un protocolo concebido para: «to assess the efficacy of acupuncture for acute low back pain, … to estimate the specific and non-specific effects produced by the technique, and to carry out a cost-effectiveness analysis». Allí se propone realizar un ensayo clínico multicéntrico aleatorizado y a doble ciego, con cuatro tratamientos: acupuntura en los puntos teóricamente previstos, acupuntura en puntos ajenos a la teoría de esta disciplina, acupuntura placebo (sin producir una verdadera incisión) y tratamiento convencional.

No me detendré en el tono ofensivo de las palabras empleadas por el Dr. Sanz, el cual, en última instancia, es irrelevante. Lo es porque la ironía puede zaherir, pero nunca sirve para persuadir.  Lo que no puedo pasar por alto es la aseveración de que he participado en “aquelarres de magia china”, con el agravante adicional de ocultar tales reuniones de brujos con un disfraz salido de mi especialidad. Curioso testimonio, pues lo único que hice fue colaborar en la confección de un protocolo de investigación. Absolutamente nada más. Personalmente, creo que se trató de un muy decoroso proyecto de ensayo clínico controlado, con asignación aleatoria a 4 grupos y doble enmascaramiento. Si el protocolo en cuestión –es decir, el artículo publicado en BMC donde se expone detalladamente dicho proyecto- tiene errores, estaré encantado de que Sanz, o quien sea, los señale. Pero lo cierto es que ni siquiera participé en la investigación ni en el análisis de sus resultados. De hecho, jamás he tenido la oportunidad de colaborar en estudio alguno para evaluar la acupuntura: ni solo, ni con el Dr. Jorge Vas, ni con sus colaboradores, ni con ninguna otra persona. ¿Podría ofrecer el Dr. Sanz algún ejemplo que fundamente su afirmación de que he participado en “aquelarres de magia china”, contribuyendo además a disfrazarlos con estadística? Le sugiero que no se esfuerce en hallarlos: no existen.

Más adelante, el Dr. Sanz expone que «La "acupuntura científica", como su nombre indica, es  la acupuntura comprobada y explicada por leyes y teorías  científicas. En el libro que comentamos, el representante  y defensor de esta modalidad de timo pseudomédico  es el profesor Luis Carlos Silva». A juicio del comentarista no existe ni puede existir una “acupuntura científica”. Respeto ese punto de vista, pero ni lo suscribo ni lo niego, por tratarse de un asunto controvertido que no domino. Por eso mismo, nunca en mi vida he usado la expresión “acupuntura científica”. Ni en el artículo que Sanz analiza, ni en ningún otro que tenga mi autoría o coautoría. Sin embargo, según Sanz, no solo defiendo esa modalidad sino que soy su representante. Un verdadero delirio. Lo que dije y sostengo es que para valorar la acupuntura –y de hecho, cualquier propuesta terapéutica- se puede seguir tanto un trillo metodológico acorde a los estándares valorativos de la ciencia como un enfoque pseudocientífico.

Revisando el sitio Web de El Escéptico Digital, me encontré el Informe de situación elaborado por la oficina de política pública del “Center for Inquiry”. Se trata de un trabajo titulado “Acupuntura. Una evaluación científica”[8]. ¿Podrá distinguir Sanz entre este título y el de un hipotético informe titulado “Una evaluación de la acupuntura científica”? Sinceramente, supongo que sí, aunque él no haya conseguido hacer esa distinción al leer mi artículo. Dicho informe, cuyo contenido suscribo de cabo a rabo, concluye con lo que allí se proclama como “el principal precepto de la medicina moderna”. Según ese materialdicho precepto es “aquel que defiende que las prácticas clínicas han de ser juzgadas con criterios consistentes, evaluables, imparciales y replicables”. ¿Exactamente en qué punto el protocolo publicado en BMC que ha desatado su ira se aparta de esas cuatro condiciones? Tiene la palabra el Dr. Sanz.

Hubiera preferido que este colega, antes de endilgarme la condición de representante  y defensor de la “acupuntura científica”, se hubiese informado de manera mínimamente rigurosa. Pero como no fue el caso, me veo obligado a hacer un muy sucinto repaso sobre las pocas ocasiones en que me he referido a la acupuntura a lo largo de mis 35 años de producción científica.

En orden cronológico, lo hice:

1995: en mi libro sobre regresión logística,[9] donde incluí una sección titulada “Experimentos para no ir a China”, orientada a enfatizar la importancia de valorar si el efecto de la acupuntura –caso de existir- pudiera deberse exclusivamente a la sugestión, ya que, de ser así, el estudio de toda la parafernalia de meridianos y armonías energéticas, sobra. Podría ser suplida por la pantomima, susceptible a su vez de ser aprendida en un par de horas.

1997: en mi libro destinado a dar una mirada crítica al uso actual de la estadística, donde figura una dura crítica a la, a mi juicio, pueril y descabellada teoría de la auriculopuntura.3

2006: en el artículo de Biomedical Center del que fui coautor, que no contenía otra cosa que un protocolo de investigación, como ya expliqué. 6

2012: en mis tres contribuciones para el libro objeto de la reseña, 5 [10] [11] en todos los cuales critico los desatinos místicos que suelen envolver a esta modalidad.

2013: en un trabajo publicado en la Revista Cubana de Salud Pública[12] que aborda el papel de los medios masivos de información en materia de salud y donde denuncio  la irresponsabilidad del periódico oficial Granma al incluir un trabajo que exalta la acupuntura como medio para combatir la hipertensión sin que tal empleo tenga el menor fundamento serio, a la vez que se cuenta con estudios sólidos que desmienten su eficacia.

Cuando se afirma que yo considero que la acupuntura debe ser aplicada, advierto que, nuevamente, el Dr. Sanz suple el rigor con lo que imagina. Jamás he dicho tal cosa. No porque lo descarte, sino porque no tengo una opinión formada al respecto. Queda aquí desafiado a que señale algún pasaje de la contribución que ha incentivado su imaginación (o de cualquier otra de mi autoría) en que yo haya sostenido tal punto de vista. 

A la luz de todo lo anterior, comedidamente, lo invito a que medite en una oración que sé que leyó (puesto que figura en el texto mío que está enjuiciando) pero que no interiorizó (puesto que incurre en el artificio que dicha oración denuncia). Cito: «A una voz popular le oí decir una vez, palabras más o menos: “Nada como inventarme un interlocutor estúpido para quedar yo como victorioso”».

Mirar por el telescopio

Suelo recordar a mis alumnos que lo que sacaba de quicio a Galileo no era tanto que los inquisidores estuvieran errados en sus juicios astronómicos, sino que se negaban a mirar por el telescopio cuando él les invitaba a hacerlo para que corroboraran la veracidad de sus hallazgos. Se negaban arguyendo que ya Ptolomeo había establecido cómo eran las cosas y que la doctrina católica ya había asumido la validez del sistema ptolomeico, de modo que no tenían que mirar nada. En efecto, ese es el nodo a partir del cual se produce la bifurcación entre el pensamiento dogmático y el que se guía por la racionalidad. 

Aparentemente, subyugado por la tarea de  denostar al Dr. Jorge Vas, Sanz arremete, como quien conduce un buldócer, contra cualquiera que ande cerca. Al abarcar en esa embestida a alguien que contribuya a valorar científicamente la acupuntura, no solo recuerda a los inquisidores eclesiales sino que pone de manifiesto la misma visceralidad irracional que muchos vemos como un síntoma de la pseudociencia.

Sus razones tendrá para ejercer tamaño encono, aunque lo despierte un autor que, agrade o no, ha publicado numerosos artículos en revistas diversas, incluyendo varias ajenas al mundo de las “terapias alternativas”, cuyo prestigio considero difícil de cuestionar, tales como Trials,[13] [14] American Journal of Obstetrics and Gynecology,[15] British Medical Journal,[16] Rheumatology[17] y Pain[18] [19] [20]. No me toca evaluar esas razones ni las supuestas fechorías del Dr. Vas. Al menos a mí no me corresponde valorar a una persona, sea como acupuntor, como investigador, o como gestor de algún servicio. En el marco del debate ontológico y epistemológico, me interesa enjuiciar las hipótesis, los métodos usados para valorarlas y los resultados obtenidos por quienes las enuncian. Y siempre trataré de hacerlo con acuerdo a lo que apunté en uno de los artículos del libro:10 «los estándares valorativos de la ciencia no son materia de elección personal. Son los que son, nos gusten o no, produzcan desenlaces acordes con nuestros deseos o contrarios a ellos.»

, 2010, 2014En este punto, cabe detenerse en el momento más asombroso de la reseña. El Dr. Sanz denuncia que yo pertenezco al grupo intermedio “que considera algunas pseudomedicinas como dignas de estudio...,  como es el caso de la acupuntura”. O sea, se me incrimina por considerar a la acupuntura como una disciplina que merece estudio. Me cuesta trabajo diferenciar esta reconvención de la que desplegaban los inquisidores, pues de hecho me acusa, ni más ni menos, de contribuir a que se mire por el telescopio.

De lo que no me quedan dudas es de que sin trabajos como los de Vas, no podrían acometerse los mismos metanálisis que permiten aquilatar los méritos de la acupuntura, tal y como hace Barker Baussel en su extraordinario libro,[21] citado por cierto en la reseña que nos ocupa. Tales metanálisis son resultado de haber mirado por el telescopio. Baussel no solo cita muchos estudios donde se valora la acupuntura (Capítulo 11: What High-Quality Trials Reveal About Complementary and Alternative Therapies) y revisiones sistemáticas realizadas con el mismo fin (Capítulo  12: What High-Quality Systematic Reviews Reveal About Complementary and Alternative Therapies), sino que destina un capítulo íntegro a testimoniar acerca de los estudios de este tipo en que el propio Baussel fue un participante (Capítulo 8: Some Personal Research Involving Acupuncture).  Afortunadamente, Baussel, como Galileo, como Edzard Ernst,[22] [23] como la Colaboración Cochrane[24], entre tantos otros, también prefiere mirar por el telescopio.

Una pincelada lateral: el conservadurismo de Mario Bunge

Quiero concluir con una observación final. El Dr. Sánz expresa su decepción por el hecho de que el libro padezca de una “ausencia notable”, ya que nadie se pronuncia en él sobre Freud y el psicoanálisis. Me sorprende su sorpresa. Considero obvio que esta modalidad no es parte de lo que ha dado en llamarse “medicina natural y tradicional”, objeto del libro, tal y como no lo son la ufología, ni los ruegos a la Virgen de Fátima, ni la cartomancia.

No obstante, el autor de la reseña se formula una pregunta acerca de cómo “los actuales  marxistas-leninistas cubanos” valoran a esta disciplina y a su creador. Sinceramente, advierto sorna en el término omnicomprensivo que Sanz elige para describirnos. Los cubanos somos muchos y, como ocurre en todos lados, habrá todo género de opiniones. No constituimos una secta donde todos repiten una consigna o una doctrina; tal adocenamiento no se produce siquiera entre el subconjunto de quienes somos estudiosos del materialismo dialéctico y hallamos en sus ideas fuentes valiosas para comprender el mundo.  Pero para satisfacer su curiosidad, aunque sea parcialmente, Sanz puede conocer mi punto de vista leyendo un reciente artículo[25] en el cual expuse modestamente mi opinión sobre Freud y su obra. 

Luego de hacer una declaración que considero delirante e imposible de fundamentar, según la cual «la mayoría de los filósofos marxistas han (SIC) desempeñado un papel reaccionario al rechazar casi  todos los avances científicos de su tiempo»[26], aconseja el camino correcto que nos alejaría de los atavismos que nos atenazan: «Avancen a partir de  Marx y Engels: reemplacen el materialismo dialéctico por el materialismo científico y sistémico». Y nos sugiere un mesías: Mario Bunge, alguien que a su juicio es “poco sospechoso de conservadurismo”. Me permito discrepar. Lamentablemente, la obra de Bunge contiene zonas donde se despliega un conservadurismo ramplón y extemporáneo. Remito a Sanz y al lector a que lo aprecie leyendo el artículo arriba citado,22 donde se hallará un análisis sobre su más reciente libro, titulado “Filosofía para médicos”[27] que lo ponen claramente de manifiesto. Por otra parte, sin desmedro de los notables aportes de Bunge a lo largo de su obra, agradezco la asesoría, pero prefiero un mesías más dúctil, menos prepotente, que dude a veces, que se exprese de manera más acompasada y no como dueño absoluto de la verdad. 

El presente artículo desborda el afán, natural pero secundario, de desmontar las falsedades en que incurre la reseña de Sanz con respecto a mí; tiene en realidad un aliento mucho mayor, orientado a esclarecer cuáles han de ser las reglas del debate, si se quiere que sea fructuoso. Es grande el peligro de que permitamos que nuestras emociones nos lleven a perder la objetividad. Flaco favor le hacemos a la defensa de la ciencia cuando caemos en esa trampa. Es humano que nos ocurra, claro está; pero domesticar las emociones es justamente una de las precondiciones para ejercer el pensamiento racional. Que procure extirparlas de sus textos es mi consejo para el Dr. Sanz Larrínaga y para todos los que combatimos las estafas pseudocientíficas.

Notas


[1] Sanz VJ (2014) Reseña sobre Medicina sin Apellidos. Un debate sobre la medicina natural  y tradicional en Cuba El Escéptico 41:72-76. http://www.escepticos.es/node/4040

[2] Melo O (2013) (coordinador) Medicina sin apellidos.  Un debate sobre la medicina natural  y tradicional en Cuba. La Habana: Editorial Universidad de la Habana. 

[3] Todos los trabajos que figuran en el libro pueden descargarse desde la siguiente dirección: http://lcsilva.sbhac.net/Otros/Debate%20MNT/Debate%20sobre%20Medicina%20Natural%20y%20Tradicional.htm

[4] Silva LC  (1997) Cultura estadística e investigación en el campo de la salud: una mirada crítica. Madrid: Díaz de Santos.

[5] Silva LC  (2009)  Los laberintos de la investigación biomédica. En defensa de la racionalidad para la ciencia del siglo XXI. Editorial Díaz de Santos, Madrid.

[6] Silva LC (2012) Algunas enseñanzas del presente debate. Juventud Técnica. (accesible en http://lcsilva.sbhac.net/Otros/Debate%20MNT/30.Algunas_ensenanzas_del_presente_debate_Dr_en_ciencias_LC_Silva.pdf)

[7] Vas J, Perea E, Méndez C, Silva LC, Herrera A, Aranda JM et al (2006) Efficacy and safety of acupuncture for the treatment of non-specific acute low back pain: a randomised controlled multicentre trial protocol. BMC Complementary and Alternative Medicine 6:14.

[8] Slack R (2010) Acupuncture: a science-based assessment: a position paper from the Center For Inquiry Office of Public Policy. Center For Inquiry. (Accesible en http://www.centerforinquiry.net/uploads/attachments/Acupuncture_Paper.pdf)

[9] Silva LC (1995) Excursión a la regresión logística en ciencias de la salud. Editorial Díaz de Madrid: Díaz de Santos.

[10] Silva LC (2012) Las razones para el debate, posición de la OMS ante la MNT y la teoría de probabilidades. Juventud Técnica. (accesible en http://www.sld.cu/sitios/revsalud/temas.php?idv=30478)

[11] Silva LC (2012) Sobre las categorías, el lenguaje y los métodos de la ciencia. Una propuesta experimental sobre el poder de las flores. Juventud Técnica. (accesible en http://www.sld.cu/sitios/revsalud/temas.php?idv=30478)

[12] Rojas F, Silva LC, Sansó F, Alonso P (2013) El debate sobre la medicina natural y tradicional y sus implicaciones para la Salud Pública. Revista Cubana de Salud Pública. Vol 39, No 1. (accesible en http://lcsilva.sbhac.net/Articulos/ )

[13] Vas J, Modesto M, Aguilar I, Santos K, Benítez N et al (2011) Effects of acupuncture on patients with fibromyalgia: study protocol of a multicentre randomized controlled trial. Trials 12 (1), 59.

[14] Vas J, Aranda JM, Modesto M, Aguilar I, Barón M, Ramos M et al. (2014) Auricular acupuncture for primary care treatment of low back pain and posterior pelvic pain in pregnancy: study protocol for a multicenter randomised placebo-controlled trial. Trials 15: 288-297.

[15] Vas J, JM Aranda JM, Nishishinya B, Mendez C, Martin M, Pons J et al. (2009) Correction of nonvertex presentation with moxibustion: a systematic review and metaanalysis. American Journal of Obstetrics nnd Gynecology 201 (3), 241-259.

[16] Vas J, Méndez C, Perea E, Vega E, Panadero MD, José María León JM et al. (2004). Acupuncture as a complementary therapy to the pharmacological treatment of osteoarthritis of the knee: randomised controlled trial. British Medical Journal doi:10.1136/bmj.38238.601447.3A

[17] Vas J, Ortega C, Olmo V, Pérez F, Hernández L, Medina J et al. 82008) Single-point acupuncture and physiotherapy for the treatment of painful shoulder: a multicentre randomized controlled trial. Rheumatology 47(6):887-893.

[18] Vas J, Aranda JM, Modesto M, Benítez N, Herrera A (2012) Acupuncture in patients with acute low back pain: a multicentre randomised controlled clinical trial. Pain 153 (9), 1883-1889.

[19] Vas J, Perea E, Mendez C, Sanchez C, Leon JM (2006) Efficacy and safety of acupuncture for chronic uncomplicated neck pain: a randomised controlled study. Pain 15;126 (1-3):245-55.

[20] Vas J, Rivas F (2013) Suitability of comparator groups in acupuncture studies.  Pain. 154(11):2576.

[21] Bausell R (2007) Snake oil science: the truth about complementary and alternative medicine. Oxford: Oxford University Press.

[22] Manheimer E; White A, Berman B, Forys K, Ernst E  (2005) Meta-analysis: Acupuncture for Low Back Pain. Annals of Internal Medicine 142 (8):651-663.

[23] Ernst E, White AR (1988) Acupuncture for back pain: a meta-analysis of randomized controlled trials. Archives of Internal Medicine 158: 2235-2241.

[24] The cochrane library (2010) Acupuncture: ancient tradition meets modern science. (Accesible en  http://www.thecochranelibrary.com/details/collection/691705/Acupuncture-ancient-tradition-meets-modern-science.html)

[25] Silva LC (2013) Reflexiones a raíz de “Filosofía para Médicos”, un texto de Mario Bunge. Salud Colectiva 9(1):115-128.

[26] La “prueba” que ofrece es de una endeblez extrema. Queda abierta la invitación a que el Dr. Sanz intente darle un respaldo serio a tamaña afirmación.

[27] Bunge M (2012). Filosofía para médicos. Barcelona: Gedisa.

 

RESPUESTA AL LIBELO DEL SR. LUIS CARLOS SILVA AYÇAGUER TITULADO: EL TELESCOPIO Y LA TÉCNICA DEL BULDÓCER. A PROPÓSITO DE UNA RESEÑA SOBRE UN LIBRO CUBANO ACERCA DE A MEDICINA NATURAL Y TRADICIONAL.

Víctor Javier Sanz Larrínaga

A modo de introducción

Tras leer el libelo del Sr. Luis Carlos Silva contra mi recensión al libro Medicina sin apellidos. Un debate sobre la medicina natural y tradicional en Cuba, está claro que esta vez debo ser más claro y contundente. No obstante, para contener la ira y los delirios, de los que me acusa el Sr. Luis Carlos Silva, y con el fin de que las emociones no obnubilen mi mente, tomaré un gran tazón de tila y contaré hasta diez antes de comenzar la respuesta.

Pues bien, una vez relajado y tranquilo, tras ingerir la pócima natural, comienzo el escrito.

Para empezar, aclaremos que el artículo de la discordia no es un artículo de tesis (es decir, debidamente argumentado y sustentado con la bibliografía pertinente), sino la mera recensión sobre un libro en una revista de divulgación escéptica. Más aún, el comentario al artículo del Sr. Luis Carlos Silva es uno más dentro de la recensión. En cualquier caso, mi escrito no es descalificador, ni mucho menos lo extiendo al pensamiento cubano; en realidad, los contraargumentos dirigidos al Sr. Luis Carlos Silva los extraigo varias veces de los propios autores de libro, como es el caso del Dr. Emilio Carpio Muñoz o del Dr. Marcos Díaz Mastellari. Por tanto, no sé a qué viene una respuesta tan excesiva, ad hominem, prolija, autoritaria y tergiversada.

Vayamos al fondo del problema: el desenmascaramiento de un falso científico

Distinguía en mi reseña, por una parte, la acupuntura tradicional, es decir, la basada en las tradiciones médicas chinas de hace 23 siglos, o lo que es lo mismo: la explicada de modo mágico-religioso (Tao, Yin-Yang, Qi, meridianos, etc.). El representante más claro de esta acupuntura en el libro objeto de la recensión es el Dr. Marcos Díaz Mastellari. Para él, medicina tradicional china y medicina occidental (científica) son sistemas médicos totalmente diferentes. Pues bien, al igual que hay gente que cree en Dios, el alma, los santos o la Virgen, poco tengo que recriminar a quien así piensa, siempre y cuando sea coherente con sus principios y no traspase la barrera de la creencia o la fe.

    Y aquí está el problema, hay un segundo grupo de acupuntores que traspasa esa barrera e intenta darnos gato por libre, magia por ciencia. Es decir, intenta hacer pasar toda la parafernalia mágico-religiosa de la acupuntura como ciencia (como compatible con la ciencia), ya sea mediante ensayos clínicos, ya sea mediante explicaciones tomadas de la neurofisiología o de cualquiera otra rama de la medicina científica (en mi libro La acupuntura ¡vaya timo!, 2012, explico con todo lujo de detalles esta cuestión).

    Estos acupuntores son los auténticamente peligrosos, los auténticos pseudomédicos y pseudocientíficos, puesto que utilizan (parasitan) la ciencia para justificar unas teorías falsas, mágicas y esotéricas. En la recensión dejo suficientemente clara esta cuestión, ya que no es posible valorar ni explicar la acupuntura tradicional (mágico-religiosa) de modo científico sin caer en el sofisma de la doble explicación (Sanz, 2012), es decir, sin contradecirse:

En efecto, si es "acupuntura" es pseudocientífica (puesto que es explicada por los principios y teorías de la medicina tradicional china) y si es "científica" (es decir, explicada por teorías neurofisiológicas o bioquímicas) no es acupuntura, puesto que eso ya existe como terapia científica: punción contra-irritativa o distractora, punción seca en los puntos gatillo miofasciales y las múltiples técnicas de estimulación eléctrica nerviosa segmentaria. Dicho de otro modo, si lo que se pretende es estudiar el efecto neurofisiológico y bioquímico de un pinchazo o de una corriente eléctrica en la piel, eso ya lo contempla la biomedicina con sus teorías (puntos gatillo, teoría del «control de puerta» del dolor, etc.), técnicas (punción seca, PENS, etc.) e indicaciones terapéuticas precisas (dolores miofaciales, contracturas musculares, dolor osteo-articular, etc.). Los neurofisiólogos y los fisioterapeutas se encargan de todo ello. El término de acupuntura no pinta nada, sólo confusión y engaño. Que es de lo que se trata.

Pues bien, a este grupo pseudocientífico, que coloniza la mayoría de las publicaciones internacionales, es al que pertenece el Sr. Luis Carlos Silva.

Y no sólo pertenece a ese grupo, sino que, en el colmo de la ignorancia, se siente orgulloso de ello. He aquí sus palabras:

Personalmente, he tenido oportunidad de trabajar con profesionales que exhiben esa vocación verdaderamente científica. En un esfuerzo investigativo en el que participé, bajo la dirección de uno de los profesionales más destacados en la materia en España -estudio aparecido luego en una revista de renombre dentro del campo de las llamadas medicinas alternativas y del que fui coautor (Vas, Perea Méndez y Silva, 2006)- tuve la satisfacción de interactuar con ellos y aprender de un profesional de este último tipo. No es un investigador aislado, una rara avis; baste decir que entre 2003 y 2010, solo en la revista a la que he aludido, se han publicado 938 artículos sobre acupuntura.

Y esto es, precisamente, lo que le duele al Sr. Luis Carlos Silva: que se le desenmascare como pseudocientífico y pseudomédico (como colaboracionista con «las llamadas medicinas alternativas»), y por eso reacciona de manera desmesurada e impropia de un auténtico científico.

¿Qué argumentos emplea el Sr. Luis Carlos Silva para defenderse de este desenmascaramiento?

Varios y falaces, como no podía ser de otra manera.

1. La acusación en cuestión -dice Luis Carlos Silva- es una falsedad que «roza lo insólito», porque él es un hombre crítico a carta cabal, un racionalista de toda la vida. Y para mostrar el nefando error que he cometido al desenmascararle, lo primero que hace es endilgarme su currículo de hombre crítico.

Pues bien, Sr. Luis Carlos Silva, me importa un bledo si Ud. tiene un currículo enorme y una carrera crítica sin par. Me alegro por Ud., pero yo -en mi escrito- me limito a realizar una recensión de un libro sobre pseudomedicinas en el cual hay un artículo firmado por un tal Luis Carlos Silva: artículo en el que se defiende la acupuntura y su autor colabora con acupuntores. Argüir su currículo para justificar la falta de argumentos es de una puerilidad extrema. La próxima vez, antes de criticarle, acudiré a su partida de nacimiento, no sea que allí me encuentre con algún dato bibliográfico importante o algún estudio sin publicar.

2. El segundo argumento roza lo ridículo y el esperpento. La realidad de los hechos, es decir, de sus palabras escritas, es muy tozuda y no puede negarse. Por eso, en el libelo, no le queda más remedio que admitir su participación (colaboración) en estudios de acupuntura china, aunque, eso sí, sólo «tangencialmente», como buen matemático. Incluso matiza la cuestión:

Lo único que hice fue colaborar en la confección de un protocolo de investigación [a eso me refería cuando dije que aportó el disfraz matemático necesario para que el acupuntor Dr. Jorge Vas y compañía llevaran a cabo sus fechorías pseudomédicas]… Pero lo cierto es que ni siquiera participé en la investigación ni en el análisis de sus resultados.

¿Esta Ud. de broma, Sr. Luis Carlos Silva? Esto es como si un general para justificar la derrota de su ejército afirma que él se limitó a diseñar la batalla, elegir el armamento, dar la orden a sus soldados y dirigir sus operaciones. Eso sí, sin participar en la batalla. Vamos, que Ud. pasaba por casualidad por allí, le invitaron a participar en un aquelarre de magia china, y Ud. como buen científico aceptó. Al final, igual resulta que Ud. no se enteró de nada e hizo la función del clásico «tonto útil». Pues no, Ud. sabía perfectamente en dónde se metía y lo que hacía, y ahora ante mi crítica, que pone al descubierto sus vergüenzas pseudocientíficas, recula y dice que solo pasaba por allí y que no sabía de qué iba la fiesta. Actitud cobarde en donde las haya.

Esta conducta demuestra, en última instancia, que Ud. será un extraordinario matemático, pero en medicina le engañan como a un chino, nunca mejor dicho. Todavía no se ha enterado que la acupuntura china no es una propuesta terapéutica cualquiera. Le recuerdo que lo primero que debe hacerse en todo estudio medianamente serio es analizar y definir claramente qué terapéutica es y qué se pretende con ella. Si hubiera tenido en cuenta este elemental principio, se habría dado cuenta que la acupuntura tradicional china (o Zhen-Jiu) es un método terapéutico universal fundamentado y explicado por las teorías mágico-religiosas de la medicina tradicional china: Tao, Yin-Yang, Qi, órganos Zang-Fu, meridianos, acupuntos, pulsos chinos, etc. En resumen, la acupuntura forma parte indisoluble de un sistema médico mágico-religioso sin el cual no puede entenderse (de no ser así, estaríamos hablando de otra cosa -punción seca, TENS, etc.-, pero no de acupuntura). Y como decía más arriba, el sistema médico chino (mágico-religioso) y el sistema médico occidental (científico) son sistemas médicos totalmente diferentes e incompatibles.

Esto explica (medicina basada en la ciencia) que, por muy perfectos que sean los protocolos y la "cocina matemática" empleados (en un estudio de acupuntura), el contenido será siempre pseudocientífico y, en consecuencia, será imposible aplicarle los estándares científicos y metodológicos habituales: imposible una definición precisa del procedimiento, imposible un diagnóstico objetivo y homogéneo, imposible cuantificar Qi, imposible la formación de grupos homogéneos, imposible el doble ciego, imposible el control placebo, etc., etc. Con este panorama, no es de extrañar que en algunos ensayos se hayan llegado a obtener los mismos resultados con palillos de dientes pinchando en cualquier lugar de la piel, que con la «acupuntura verdadera», es decir, pinchando con agujas en los acupuntos específicos. Permítame, pues, Sr. Luis Carlos Silva, un consejo: si la próxima vez le llama el Dr. Jorge Vas para elaborar un protocolo con el fin de valorar la efectividad terapéutica del bálsamo de Fierabrás en una población de unicornios hipertensos, hágame caso: rechácelo. Entre el bálsamo de Fierabrás y la acupuntura no hay ninguna diferencia, a excepción de la vía de administración.

3. Por último, el Sr. Luis Carlos Silva acude al falso argumento del escéptico como inquisidor, que es típico de los pseudocientíficos. En ARP-SAPC es raro el día que no nos llaman inquisidores y comisarios de la verdad absoluta. Según esta falacia, los pobres médicos alternativos, que se dedican a engañar a los pacientes con sus modernos "crecepelos", son los nuevos Galileo condenados injustamente por los escépticos intolerantes, que -como diría Ud.- se niegan a mirar por el telescopio.

Este tipo de argumentos pasa por alto que lo que se propone no son teorías científicas novedosas, sino teorías y técnicas falsas e ineficaces, peligrosas, disparatadas y en contra de todo el sistema científico.

4. La conclusión es clara: Ud. piensa como los pseudocientíficos, colabora con los pseudocientíficos y emplea las mismas falacias que los pseudocientíficos, no lo dude: es un pseudocientífico.

Bonus track ideológico

Al final del libelo, el Sr. Luis Carlos Silva me muestra claramente su ideología. Así, una cita que hago de Mario Bunge, criticando el materialismo dialéctico, enfurece al Sr. Luis Carlos Silva y tilda al profesor argentino de «mesías» y de conservador «ramplón y extemporáneo». Ciertamente los marxistas-leninistas entienden mucho de mesías, ya que tienen unos cuantos en su santoral (alguno momificado). Y si hay algo extemporáneo y ramplón en política, eso es el marxismo-leninismo soviético practicado en Cuba. En cualquier caso, allá Ud. con su ideología totalitaria, casposa y trasnochada, pero como intelectual comprometido con la racionalidad, la libertad, la ciencia y la democracia, Ud. no le llega a Mario Bunge ni a la suela de los zapatos. Él sí puede mostrar un currículo impresionante de artículos, libros y reconocimientos internacionales, en comparación con su mediocridad de camarada al servicio del régimen. Así que la próxima vez que invite a sus alumnos a mirar por el telescopio: límpielo primero, está lleno de pseudociencia e ideología de la peor especie.