Conferencia ofrecida en el I CONGRESO NACIONAL SOBRE PSEUDOCIENCIA, en Zaragoza, del 16 al 18 de diciembre 1993

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EL FRAUDE DE LOS PLATILLOS VOLANTES

Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona

No me considero un ufólogo, ni siquiera un asiduo investigador del fenómeno ovni. Me interesan los ovnis por muchas razones, como creo que a cualquier persona informada debería preocupar un mito tan representativo de nuestra época.

Mantengo sobre el tema una opinión racional y escéptica, lo que a lo largo de estos años me ha hecho merecedor de los más variados ataques e insultos. No es raro encontrar en este mundo de la ufolatría a gentes que, en cuanto conocen a alguien capaz de hacer preguntas incómodas, contraatacan con argumentos ad hominem, que evidentemente sólo tienen acogida dentro de sus círculos creyentes. A lo largo de esta conferencia, que conserva la misma estructura en gran parte de un artículo que publiqué este año en la revista MUY INTERESANTE, mencionaré algunos de estos sujetos, españoles y extranjeros. Todo ello con el ánimo de poder tener un referente de las afirmaciones que irracionalmente tanto se prodigan.

Quiero aclarar, en cualquier caso, que no me mueve en absoluto un afán de descalificar a estas personas, sino mostrar claramente qué tipo de historias configuran el mito ovni.

INTRODUCCIÓN

Objetos volantes no identificados. Según muchos, y en opinión de la mayoría de la población, se trata de naves extraterrestres que visitan con quién sabe qué fines nuestro planeta. Si esto fuera cierto, casi todos los científicos de la Tierra estarían equivocados. Más aún, podrían ser parte de una confabulación planetaria que intenta mantener a la gente en la ignorancia de que los "hermanos del espacio" están entre nosotros. Sin embargo, lo más probable es que detrás de los platillos no haya sino creencia irracional y pseudociencia, fraude y, sin duda, un gran negocio.

5 de noviembre de 1990: "algo" atraviesa los cielos vespertinos de media Europa. En Alemania, Inglaterra, Italia, Francia e incluso España, miles de testigos contemplan el "euro-ovni". Entre ellos, simples ciudadanos, controladores aéreos, dotaciones policiales, y pilotos de aerolíneas comerciales y militares. En opinión de un comandante de un avión de Air France en vuelo hacia Barcelona, "el ingenio, que estaba a 1.000 o 2.000 metros por encima de nosotros, era de forma trapezoidal con una docena de luces de colores verde, amarillo y naranja y una gran luz más potente, de unos tres kilómetros entre las luces de los extremos, pero era imposible distinguir una cabina. Al principio pensé que era una formación de aviones militares con las luces encendidas. Ahora estoy convencido de que era un conjunto bien constituido, un ingenio espacial"...

Agosto de 1976: a medianoche de un viernes de ese mes, una familia que habitaba en el barrio de Zurbarán, en Bilbao, percibe un extraño sonido, como de grifo goteando. El padre se levanta de la cama y ve desde la ventana, sobre un rascacielos situado enfrente, una masa luminosa informe, de gran tamaño y color rojo-anaranjado. Este hombre, Manuel, toma una grabadora portátil y graba una cinta con el extraño sonido, que todos asocian al ovni. La grabación dura media hora, aunque el fenómeno permanece en el aire durante tres horas, según los testigos. Posteriormente, tras un ruido calificado como de "acelerón", el ovni se desplaza sobre la casa de los testigos, y el ruido continúa. A las tres de la mañana, aproximadamente, el ruido cesa y el ovni desaparece. Toda la familia corrobora la descripción de los hechos, e incluso, una vecina del rascacielos atestigua haber oído el ruido, aunque no viera el ovni...

Estos casos, como otros muchos (según algunos investigadores varios millones), podrían aparecer en cualquier libro o revista sobre los ovnis, intentando demostrar que las astronaves extraterrestres nos visitan. Sin embargo, tras ser investigados se descubrió que ambos tenían causas naturales.

El 5 de noviembre de 1991 se producía la reentrada en nuestra atmósfera de la tercera sección de un cohete lanzador soviético del tipo Protón, que dos días antes había liberado un satélite meteorológico, el Horizont 21. El contenedor, de decenas de metros de tamaño viajaba a una velocidad superior a 20.000 kilómetros por hora y a una altura cercana a los doscientos kilómetros. Atravesó Europa, mientras se incendiaba y rompía debido a la fricción de la atmósfera, produciendo un espectáculo luminoso visible en una gran área. Este ovni era, como acertadamente había afirmado el comandante de Air France, un ingenio espacial, pero humano. La explicación del caso, su verdadero origen, no fue noticia, aunque casi todos los periódicos europeos habían hablado del avistamiento. Al fin y al cabo, ese año estaban de moda los ovnis en Europa, con avistamientos en Bélgica que posteriormente se demostraron originados por pruebas de un avión americano experimental, siendo otros producidos fraudulentamente desde ultraligeros con luces.

La investigación del caso de Zurbarán se prolongó hasta el año 85. Un equipo de "ufólogos" (término con que se autodenominan aquellos que dicen estudiar el tema ovni, UFO en inglés) concluyó en 1980 que el caso era un fraude perpetrado por la familia, y el sonido, las máquinas de un buque "probablemente de la Armada". Sin embargo, F. Ares, L.A. Gámez y J. Martínez Villaro, pertenecientes entonces a un equipo de investigación racional del fenómeno ovni, ARIFO, lograron descubrir cómo la luz producida por una colada de acero en unos altos hornos cercanos a la casa había sido reflejada en el humo, generando el avistamiento. Y lo más curioso, dieron con el origen del sonido: era el canto de un sapo partero en celo, especie que abundaba en unas huertas de las cercanías. Todas las piezas de este ovni "perfecto" encajaron ocho años después de producido el suceso. Sin embargo, el autoproclamado "único investigador español dedicado a tiempo completo" del tema ovni, el escritor J.J. Benítez, calificó a los investigadores de grupúsculo de aficionados, y afirmó que la cinta del supuesto ovni estaba siendo analizada por parte de la Armada Española, afirmación no confirmada por este organismo, y que casi una década después -sin más noticias del asunto- podemos tachar de falsa.

¿QUÉ PUEDE SER CONFUNDIDO CON UN OVNI?

Decir "he visto un ovni" no indica sino el desconocimiento del observador para identificar lo visto. Ateniéndonos a esta definición negativa, un ovni puede ser cualquier cosa: basta con que lo divisemos en el aire y no sepamos qué es.

Esta definición negativa impide un tratamiento científico del asunto. Por usar el ejemplo de F. Ares de Blas, presidente de ARP, es como si alguien tratara de hacer una ciencia sobre los "no-vasos", entendiendo por ello cosas que no son vasos: hay ilimitados objetos que entran en esta definición, y no es posible fundar una ciencia para su estudio...

Por ello, si entendemos "ovni" como aquello que ve la gente cuando dice haber visto un "ovni", nos encontramos con que la mayor parte de los ovnis (hasta un 98%) son confusiones: se trata de objetos o luces que nada tienen que ver con los invasores del espacio.

Más de la mitad de los avistamientos nocturnos tienen origen astronómico: la Luna, planetas como Venus o Júpiter, o estrellas brillantes. Del resto de casos, muchos son originados por objetos naturales: nubes de forma lenticular, reflexiones de luz en capas de inversión térmica (o sea, espejismos), relámpagos, los denominados "rayos en bola" (bolas de gas ionizado que se mueven de manera aparentemente caótica), auroras boreales, bólidos, estrellas fugaces y otros meteoros (objetos cósmicos que penetran en nuestra atmósfera), bandadas de pájaros...

También hay ovnis artificiales, es decir, manufacturados: aviones, helicópteros, globos aerostáticos (especialmente los estratosféricos), basura espacial, satélites artificiales, secciones de cohetes en su reentrada en la atmósfera terrestre...

Todos los mencionados son en general objetos físicos (o luces). Pero no hay que despreciar un cierto número de casos fraudulentos (la gran mayoría de las famosas fotos de ovnis tuvieron un origen de este tipo), diversos tipos de alucinaciones individuales y colectivas, histeria de masas, de origen psicosocial.

Casi cualquier cosa puede ser tomada por un ovni, basta que el testigo sea lo suficientemente desconocedor del fenómeno observado o que las condiciones del avistamiento impidan su reconocimiento. Así, no podemos hablar de testigos de mayor o menor calidad: un astrónomo puede ser tan ignorante como un piloto de combate o un labrador. Peor aún, personas presuntamente cualificadas, como las tripulaciones aéreas, se han demostrado como testigos muy poco fiables. Por ejemplo, en la guerra de Corea, el estado mayor americano comprobó cómo una tercera parte de las salidas de intercepción por parte de cazas se habían originado al confundir Venus con un avión enemigo.

MARCIANOS Y UFOLOGÍA.

Los dos casos comentados suponen un buen ejemplo de lo que sucede en torno a los platillos volantes: los avistamientos llegan, tarde o temprano a medios de comunicación, que generan una noticia. Algunos pretendidos investigadores recogen datos del ovni y rápidamente pasan a engrosar la lista de casos aparentemente inexplicables para la ciencia. Pocas veces y pocas personas se toman la molestia de estudiarlo a fondo, y cuando esto sucede, si la explicación es "normal", el caso se olvida. El porcentaje de casos inexplicables oscila, según los autores, entre un 2 y un 8 por ciento solamente.

En este proceso, que se inició a finales de la década de los 40 en Estados Unidos y que puede no terminar nunca, se descubren las características de los dogmas religiosos: influencia de las creencias (gran parte de los investigadores afirman sin ambages que los ovnis son astronaves extraterrestres), ninguna base científica (al no usar el método científico), razonamientos circulares (los ovnis lo explican todo) y dogmatismo sectario (ataques a quienes no comparten las ideas propias).

Podría pensarse que la postura imparcial o escéptica en torno a los platillos volantes sería conceder el beneficio de la duda a la hipótesis platillista. Al fin y al cabo, hasta los mismos científicos admiten la posibilidad de que exista vida en otros mundos, e incluso que se hayan desarrollado civilizaciones inteligentes en otras partes de la Galaxia.

Sin embargo, el tema de la vida extraterrestre, a menudo asociado al tema ovni, nada tiene que ver con los avistamientos de luces en el cielo. Una cosa es que puedan existir los extraterrestres y otra que nos visiten en la Tierra por millares, sin que nadie pueda aportar una prueba.

Téngase en cuenta que bastaría con una simple pieza de tecnología no terrestre para demostrar que los ETs están aquí. Al carecer de esta sencilla prueba, los ufólogos partidarios de los "marcianos", tienen que bucear en la historia para proporcionar algo sólido que cimiente su creencia.

ASTRONAUTAS EN LA ANTIGÜEDAD

Se denomina astroarqueología a toda una serie de estudios, ajenos a la ciencia arqueológica, acometidos por escritores desde hace unas décadas, que pretenden demostrar que el contacto de los humanos con los extraterrestres viene de antiguo.

El más conocido de los fabuladores de este tipo es sin duda el suizo Erich von Däniken, autor de best-sellers sobre el tema y sobre el cual ha hablado profusamente en una anterior conferencia el profesor César Vidal. Líneas de Nazca en Perú, estatuas en la isla de Pascua, pirámides egipcias y precolombinas, petroglifos como los de Palenque (México), piedras grabadas en Ica (Perú), huellas de hombres junto a las de dinosaurios, mitos transculturales como el del Diluvio Universal... parece que todo vale para ellos.

Aunque por razones obvias de espacio no es posible adentrarnos en cada uno de estos casos, la Arqueología no considera estos pretendidos misterios como algo genuino. El origen humano, en todos los casos, está asegurado. Por ejemplo, no sabemos la razón por la que las culturas Nazca diseñaron kilómetros de dibujos en el suelo del altiplano peruano. Pero es falso afirmar que sólo se pueden ver desde el aire, que no se pueden hacer sin volar, o que son pistas para astronaves. Sabemos, por el contrario, que ese tipo de dibujos se repite en la alfarería y en el tejido de esas culturas, y que disponían de la tecnología elemental suficiente para reproducirlos a gran escala. ¿Qué falta hacen aquí los extraterrestres, salvo si suponemos que los Nazcas eran tan estúpidos que sólo con ayuda exterior podían hacerlo?

En general, en estos estudios se encuentra una posición nunca afirmada explícitamente de etnocentrismo decimonónico. Según esto, las civilizaciones pretéritas eran intrínsecamente unos cafres. Los egipcios eran incapaces de hacer pirámides porque vivieron hace mucho, los mayas no digamos, los pobrecitos nazcas debían ser poco menos que inválidos mentales... ¿Cómo podría gente tan atrasada hacer esas grandiosas obras, si no era con ayuda de seres superiores, ergo extraterrestres? Sólo un profundo desconocimiento de la historia puede producir afirmaciones de este tipo.

Para colmo, se ha demostrado que algunos de estos pretendidos astroarqueólogos son capaces de falsear datos, ocultar información, o ­como en el caso del mismo von Däniken, perseguido judicialmente en Brasil por esta causa- alterar los restos arqueológicos para hacerlos encajar en su teoría.

Un ejemplo de este tipo de historias lo encontramos en las afamadas piedras de Ica. Estas falsificaciones suelen ser datadas por los astroarqueólogos en unos 70 millones de años de antigüedad. En ellas se representan hombres conviviendo con dinosaurios, operaciones de trasplantes y muchas otras cosas. La leyenda (por emplear un término adecuado) cuenta que los extraterrestres crearon en la Tierra una civilización hace muchos millones de años, que posteriormente fue extinta. Debían provenir de las Pléyades, pues en las piedras aparecen varias referencias a este grupo de estrellas.

Cualquier persona mínimamente informada en temas de astrofísica sabe, sin embargo, que la edad que se asigna a este cúmulo estelar es de unos diez millones de años (aunque en la bibliografía se dan edades en un rango de 100 a 10 millones de años. Este error de un orden de magnitud es normal en astrofísica, por lo que nadie debería extrañarse). Aun asignando la cota más antigua a las Pléyades, las siete u ocho estrellas más brillantes (hoy) del cúmulo son precisamente las más jóvenes. Además un cúmulo es un sistema dinámico: en él las estrellas orbitan, se mueven continuamente. En definitiva, las Pléyades de hace 70 millones de años no eran observables desde la Tierra como lo son hoy, con su peculiar forma de cacillo. Así, si en las piedras de Ica aparecen dibujos de las Pléyades tal y como se ven hoy, para creernos la hipótesis extraterrestre debemos suponer que esos superhombres eran tan listos que sabían que cuando gente como Benítez, 70 millones de años después, las estudiaran, sólo podrían interpretar su origen pleyadiano si imprimían en las piedras el aspecto de este cúmulo estelar que presenta en nuestro milenio. Tal clarividencia es, en cualquier caso, un tanto sospechosa.

Por finalizar con este tema, debo comentar que el Sr. Benítez se reafirma en sus aseveraciones, y se permitió el lujo de indicar que yo era un ignorante de la astrofísica, por ponerle peros a sus teorías.

OVNIS PARANORMALES

No todos los ufólogos son platillistas. Algunos de ellos abrazan las igualmente irracionales teorías parapsicológicas, pretendiendo que el fenómeno ovni está más relacionado con los poderes paranormales que con los extraterrestres.

Para ellos, la psique humana es capaz de proyectar y materializar los ovnis. Con ello intentan explicar la variedad de formas, los movimientos antinaturales o el extraño efecto producido sobre los testigos. También cabe combinar esta explicación con la creencia extraterrestre. Así, se encuentran abundantes casos de testigos ovni que posteriormente dicen tener poderes paranormales y ser capaces de sanar con las manos, según ellos habiendo recibido tal poder de los tripulantes de la nave.

Ante este cúmulo de teorías, la postura racional es clara: si en más de un siglo de parapsicología no se ha podido aportar una sola prueba científica de la existencia de estos fenómenos, ¿cómo vamos a aplicar gratuitamente todo ello al fenómeno ovni? Una vez más se puede ver que la fe mueve montañas.

Lo mismo sucede cuando para explicar el extraño comportamiento de los ovnis se hace uso de terminología de la física moderna o de la ciencia­ficción: invocar el hiperespacio o la multidimensionalidad para justificar los ovnis no tiene ningún sentido, al no ser sino hipótesis de trabajo sin comprobación alguna.

Es importante tener en cuenta que la pluralidad de teorías sobre los ovnis indica cuán vaga es la definición del objeto, y la carencia de base experimental. No se puede hacer ciencia sobre algo que no existe. Así que el campo del estudio científico no es tanto los ovnis como aquellos que ven ovnis.

OVNIS, PSICOLOGÍA Y SOCIOLOGÍA

Hay una componente importante en el fenómeno ovni que es estudio de la psicología: el testigo. Todo aquello que entra en el cajón de sastre que es el ovni, tiene en común que hay un ser humano que protagoniza el avistamiento. Por ello, es importante detenerse en la psicología del testimonio, ¿son fiables los testigos y sus recuentos de lo sucedido?

El sistema de percepción humano es una maquinaria muy compleja, desarrollada a lo largo de un proceso evolutivo largo, y preparada para permitir al organismo obtener una información válida que asegure su supervivencia. En situaciones extrañas, potencialmente peligrosas, súbitas o que generen miedo, está comprobado que este sistema perceptivo funciona usando clichés asumidos culturalmente. Además, las descripciones de aquello que observamos o sentimos las hacemos usando los mismos patrones.

Por ejemplo, si vemos algo desconocido en el cielo, sin una referencia clara de otro objeto cuyas dimensiones conozcamos, es imposible asignar distancia, altura o tamaño al ovni. A pesar de ello, los testimonios abundan en descripciones de tamaños, alturas, velocidades, que son imposibles de determinar si no se supone algo: así, un pájaro cercano confundido con algo muy lejano nos hace pensar en un objeto de cientos de metros de largo. Y viceversa: un planeta como Venus nos puede parecer un objeto cercano a sólo kilómetros de nosotros.

Se ha comprobado que los testigos emplean patrones culturales o sociales en su descripción de los hechos. Es clásico el estudio en que se presentaba a estadounidenses una foto de un autobús lleno de personas de raza blanca, y un negro. Uno de los blancos, distinguible claramente, llevaba un cuchillo. Sin embargo, al ser preguntados sobre quién llevaba el arma, casi todos los testigos acusaron al negro. Similarmente, en el tema ovni, los testigos se ven influenciados por factores ajenos.

No hay que olvidar que hay una cultura ovni fuertemente afincada en nuestra sociedad. No es ajena a ello el que vivamos una era espacial, que el cine y la literatura nos transmita una imagen de los ovnis y los extraterrestres, y que culturalmente, la idea de la vida extraterrestre sea ampliamente aceptada.

Estos -y otros muchos- factores psicosociales suelen ser olvidados por la mayoría de los ufólogos, y del común de los mortales. Por ello, tendemos a creer que el testimonio de un piloto es de mayor calidad que el de un labrador. No es así, como podemos comprobar en el caso del euro-ovni.

LA CREENCIA POR ENCIMA DE TODO

A veces se intenta justificar la importancia del fenómeno ovni debido al gran número de testigos existentes. Por ejemplo, en una encuesta realizada en 1991 por la Organización Roper, se muestra que un 7% de los estadounidenses han visto un ovni. Esto supone más de quince millones de personas en EE.UU. ¿No debería la ciencia entonces hacer caso de este tema, dejando aparte sus prejuicios?

En la misma encuesta tenemos otro dato importante: muchos más americanos, un 11%, dice haber visto fantasmas. ¿La ciencia debería estudiar también este mito folklórico?

Porque también hay posibles aportaciones de la antropología al estudio de los ovnis. Un hecho curioso: los casos famosos que a finales de los 40 dieron origen al tema ovni están todos solucionados: su origen es totalmente natural. Es decir, que el fenómeno se fundamenta en algo inexistente. Sin embargo, ello no ha hecho que la ufología desapareciera. Como apuntan diversos estudios en este sentido, aunque los ovnis no existieran, la ufología seguiría viva, puesto que es un sistema de creencias.

La creencia en los ovnis, y esto también resulta paradójico, queda incluso reforzada cuando un caso básico es explicado. Se da una situación similar a la de las sectas que predicen el fin del mundo para un día concreto. Se ha comprobado que, tras pasar esa fecha y seguir el mundo entero, los fieles -lejos de abjurar de sus creencias- tienen más fe aún. Por hacer uso del abundante acervo castellano: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

En un artículo del periodista L.A. Gámez publicado por la revista "La Alternativa Racional" -que edita la asociación escéptica Alternativa

Racional a las Pseudociencias, ARP- sobre la similitud entre ovnis y mitos, el autor cita la obra "Fantasmas en el cielo", de los ufólogos D. Clarke y A. Roberts: "todavía tenemos nuestros dragones, pero ahora se manifiestan como luces extrañas en el cielo, platillos volantes o extraterrestres".

Hay, según ellos, una importante conexión entre las visitas de ETs y las de hadas: su aparición repentina, el antropomorfismo, su origen ultraterreno o sus grandes e inexplicables poderes. Es difícil creer que esto sea casual.

MENSAJES DE MÁS ALLÁ

Hasta el momento, nos hemos estado refiriendo a "avistamientos" ovni, pero la fenomenología incluye también otras muchas modalidades de contacto. Tenemos, por ejemplo, a los contactados, personas que afirman estar recibiendo mensajes de los extraterrestres.

Los contactados no hablan de ovnis, porque ya los tienen identificados por completo: son astronaves ETs. Hay muchos tipos de contacto, algunos de ellos usando técnicas tan devaluadas científicamente como la escritura automática o las tablas de oui-ja. Otros reciben llamadas de teléfono, telegramas o incluso cartas, como sucedió (y aún hoy en día sucede) en el llamado caso UMMO, perla brillante de la ufología hispana desde los años 60.

El caso UMMO es muy complejo, pues incluye múltiples mensajes enviados a personas muy diferentes, e incluso fotos, como las obtenidas en San José de Valderas (Madrid) en junio de 1967, y que se demostraron fraudulentas. Los mensajes (mayoritariamente en español, lo que es de agradecer a los presuntos ummitas), provenían de una raza de seres que venían de un planeta llamado UMMO, en torno a una estrella conocida como Wolf 424. Aunque aún hoy hay quien crea que contienen algo desconocido para los humanos, y por lo tanto son genuinos, el contenido de los mensajes denota la existencia de varios autores, y los conocimientos que transmiten no pasan de ser elementales sobre astronomía y física. Todo parece indicar una tomadura de pelo prolongada durante demasiados años. En la revista "La Alternativa Racional", uno de los autores de esta mascarada, José Luis Jordán Peña, ya ha dejado recientemente claro el origen de los ummitas: Madrid. Sin embargo, aún hoy siguen apareciendo mensajes de estos extraterrestres. Una vez más se confirma cómo a pesar de las evidencias los creyentes nunca se darán por vencidos.

En general, los contactados acaban creando sus propios grupos de creyentes en el tema, de tipo sectario, y hasta se ha podido calificar de sectas peligrosas algunos de ellos. Normalmente transmiten un mensaje de tipo milenarista (el fin del mundo se acerca) y mesiánico (aquellos que se conviertan se salvarán). Por esta razón, muchos se sitúan lateralmente a la iglesia católica, transformando a Dios, Cristo, los ángeles y demás en extraterrestres.

El lema "ángeles ayer, extraterrestres hoy", acuñado por uno de los contactados europeos más conocidos y antiguos, el italiano Eugenio Siragusa, con delegaciones también en nuestro país, es característico de estos grupos. Suelen también acudir al llamado Tercer Secreto de Fátima, y demás "grandes misterios", tienen relación con algunas apariciones marianas, y siempre que hacen una predicción determinada, suelen fallar.

Esta fenomenología de los contactos, nacidos dentro del tema ovni y herederos de su terminología platillista, son la más clara muestra de que todo esto es pura creencia irracional. Como tales creyentes, debemos respetarles; pero no por ello lo que dicen tiene un ápice de realidad.

SECUESTRADOS POR ETs

Los extraterrestres de las creencias contactistas suelen ser buenos, quieren el bien para la Tierra y librarla de la hecatombe a que la conducimos. Son nuestros "hermanos mayores" como a veces los denominan estas sectas. Pero no todo es amor y paz en el Universo, por lo que se ve. Otra de las caras del fenómeno ovni son los testimonios de personas que dicen haber sido raptadas (en la jerga ufológica se dice abducidas) por astronaves, normalmente para ser sometidas a análisis médicos o experimentos de fecundación. ¿Increíble? Las abducciones son, desde la década de los 80, uno de los campos más fructíferos dentro de la ufología, y aunque hasta entonces eran despreciados por los mismos ufólogos creyentes, ahora todos las consideran prueba innegable de la realidad del fenómeno. La moda se desató en los años 80, con la publicación del libro "Intrusos" de Budd Hopkins (podríamos clasificarlo como el gurú de la abduccionología, por usar una palabra realmente espantosa) y el famoso "Comunión", del escritor de terror Withley Strieber.

El escenario de abducción típico sitúa a la víctima de noche en su casa. Es despertada (o despertado) por algún ruido o luz extraña. A veces distingue a un ser cerca de la cama. El sujeto se siente paralizado contra su voluntad. Posteriormente, no recuerda nada. Al día siguiente, la víctima suele tener dolores de cabeza, o musculares, y una sensación extraña.

Tras someterse a sesiones de hipnosis, la víctima relata cómo es secuestrada por seres extraños, llevada a algún lugar también extraño (algunos describen los platillos volantes) y sometida a una exploración. Hay quien describe vejaciones muy variadas, llegando a la violación y fecundación. A veces se describe la implantación de sondas en la base del cráneo o en el seno nasal con variadas intenciones, entre ellas el "controlar" al abducido.

¿Son estos casos reales? ¿Hay algún experimento genético de cruce de razas interestelares en marcha sin que lo sepamos? Hace unos años, cualquier presunto ufólogo que afirmara la veracidad de estos fenómenos podría haber sido tachado de loco. Hoy no, más bien al contrario. Ello puede deberse a que la ufología está un tanto desesperanzada por no haber podido encontrar una sola prueba fidedigna de la realidad de los platillos extraterrestres, así que acuden a esta fenomenología donde ­fíjense bien- no hay pruebas posibles, o muy pocas.

Como ya hemos comentado, no podemos olvidar a la psicología en este caso. Por un lado, se comprueba el fenómeno "natural" de las alucinaciones en estados de transición de la vigilia al sueño. Al dormirnos (alucinaciones hipnagógicas) o al despertar (hipnopómpicas), cualquier persona puede sufrir una alucinación que entrañe visión de otras personas, quedarse paralizado o sentirse transportado fuera del cuerpo. Así que el fenómeno es explicable en claves naturales.

Por otro lado, tenemos que el relato completo de la abducción nace de las sesiones de hipnosis. Este tema merece un espacio mucho mayor, pero según la psicología científica, la hipnosis es sólo un estado de conciencia en el que el paciente es terriblemente sugestionable. Aparte de que esto hace que el hipnotizador o quienes están junto a él pueda influir en la confección del relato del abducido, lo que queda claro es que un sujeto bajo hipnosis no tiene por qué ser más veraz.

Por ejemplo, cuando se somete a una persona hipnotizada a una regresión, induciéndole a pensar que es un niño de pocos años, los pacientes no actúan como niños, sino tal y como solemos los adultos imitar a los niños. Esto es importante, porque parece que los "abduccionólogos" entronan las técnicas de hipnosis como algo completamente fiable. No es así: en un estudio se sometió a personas a hipnosis, pidiendo detalles sobre una supuesta abducción. Los sujetos solían recordar un gran número de detalles, similares a las de los relatos de abducidos, aun cuando estas personas no habían sido abducidas nunca.

Otro efecto importante es que, tras una sesión de hipnosis, las presuntas víctimas creen mucho más en la historia. Quedan tan convencidos que llegan incluso a tener problemas psicológicos. Como decía el investigador escéptico americano Phil J. Klass en torno a este tema: algunos están jugando a un juego muy peligroso.

Como siempre, en torno a las abducciones también se ha generado un mundo de negocio: hay compañías que por un módico precio ofrecen una póliza de seguros contra abducciones; existen grupos de terapia para "ayudar" a las presuntas víctimas, y cuantas más personas sean sometidas a hipnosis por los abduccionólogos, más casos aparecerán.

Los abduccionólogos americanos, que son al fin y al cabo los que marcan la moda, están ahora como niños con zapatos nuevos con un maravilloso caso de secuestro que ¡por fin! se relaciona directamente con los ovnis. Se trata de un secuestro de una neoyorquina, Linda Napolitano, que fue raptada de su apartamento a finales del 89 mediante un rayo de luz desde un ovni, según atestiguan unos cuantos testigos, incluyendo pretendidamente unos escoltas del entonces presidente de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar y a una conductora que pasaba por el Puente de Brooklyn y vio el ovni.

El investigador americano Phil Klass ha escrito bastante sobre el tema, poniendo de manifiesto serias incoherencias de todo el relato que Budd Hopkins, como el hecho de que nadie viera llegar al ovni, ni cómo se sumergió en el río, o cómo posteriormente volvió junto al apartamento y la envió de vuelta con otro rayo... Sólo una conductora de los cientos de coches que pasaban a esa hora por el Puente de Brooklyn. ¡Una vez más el caso del siglo echado a perder!

Aunque en España todavía no está de moda ser raptado por los extraterrestres, sólo es cuestión de tiempo. Por eso, puede servir de ayuda el consejo de la ufóloga Ann Druffel cuando uno va a ser abducido: basta con decir de manera contundente al secuestrador "vete de aquí y no vuelvas". Según ella, funciona.

De hecho, el principal defensor en nuestro país de los extraterrestres malvados es el inefable Salvador Freixedo. Para él resulta claro que esto es una seria amenaza, pues de las 70 razas extraterrestres que se pasean por la Tierra, aunque sólo 10 son hostiles, lo son mucho. Y además deben andar en contubernios con los gobiernos, especialmente el americano, quien a cambio de proporcionarles a los ETs humanos y animales para experimentos genéticos y para obtener sangre está recibiendo a cambio avanzada tecnología extraterrestre.

Un ejemplo del tipo de argumentos tan sabrosos de Freixedo: desde el año 85 han desaparecido casi por completo las misteriosas mutilaciones de ganado en el centro-oeste de los EE.UU. En efecto, hubo una aparente ola (generada por los medios de comunicación) de reses que aparecían mutiladas y sin sangre. A pesar que los casos se podían explicar mediante causas naturales (las mutilaciones no eran sino el resultado de pequeñas alimañas mordiendo las partes blandas de las reses), muchos investigadores, entre ellos Freixedo, acusaron a los extraterrestres. Lo de la práctica desaparición después de 1985 se debería, según el investigador español a que en California se sintetizó en aquella época sangre artificial, por lo que los ETs ya no necesitarían chupar sangre de vacas... ¿No es encantador? Otra "prueba" de la existencia de estos acuerdos secretos es que el número de españoles altos y rubios aumentan: obviamente esto sólo puede deberse a la mejora genética inducida por los extraterrestres. ¡Y yo que pensaba que era cosa del colacao de los desayunos!

EL "PÉNDULO DE FOUCAULT" UFOLÓGICO

Una afirmación generalizada de los ufólogos es que los gobiernos ocultan información sobre el tema ovni. Existe desde hace unos años una línea de la ufología que afirma tener las claves que demuestran esa conspiración de silencio. Por ejemplo, el autor de este artículo y otros escépticos españoles, miembros de ARP, han sido acusados en diversas ocasiones de pertenecer a los servicios de inteligencia que intentan desprestigiar el tema ovni. ¡Ni que decir tiene que esto es sencillamente estúpido!

Según algunos, esta conjura pretende desestabilizar al mundo ante la amenaza de un "enemigo exterior", y aprovechar la confusión para instaurar un gobierno mundial de tipo orwelliano. Otros abogan por la existencia de un pacto entre EE.UU. (al menos) y los ETs para proporcionarles seres humanos (como comida o como experimentos de laboratorio, según los casos) a cambio de tecnología, como ya hemos comentado.

Una vez más, la racionalidad nos previene de creer estas teorías sin más. Es dudoso que durante cuarenta años se pueda mantener un secreto internacional como éste (y más durante los años de guerra fría), pero sobre todo, las escasas pruebas documentales en que se apoyan estas hipótesis salvajes son en su mayoría falsificaciones de documentos secretos americanos.

Como en la novela de Umberto Eco, una conjura imaginaria puede llegar a ser creída a pies juntillas por muchos presuntos expertos.

EL SECRETO MEJOR GUARDADO

La acusación generalizada en el mundo de la ufología a los gobiernos y fuerzas militares de ocultar los datos oficiales sobre ovnis viene de antiguo. Como suele suceder en este tema, se originó hace unas décadas en EE.UU. Se suele olvidar que desde el año 1975, gracias al Acta de Libertad de Información, cualquier estadounidense puede obtener información reservada sobre cualquier tema, incluyendo los ovnis.

Obviamente, estos documentos no salen a la luz completos, reservándose la privacidad de los testigos, e informaciones relevantes sobre los mecanismos de defensa o espionaje. Cualquier persona puede entender la razón de esto: el funcionamiento de la defensa de los países exige que un enemigo potencial no tenga acceso a esa información "sensible". Sin embargo, los ufólogos americanos han aprovechado esta circunstancia para acusar a su gobierno, a los militares y a las agencias de información de ocultar las pruebas.

Esta acusación se desmonta si tenemos en cuenta que los documentos americanos sobre ovnis no pasan de unas tres hojas por mes en las últimas décadas, y son mayoritariamente cartas de particulares a organismos de información y sus respuestas.

En España, el tema ovni permanece declarado secreto desde marzo de 1979. Desde mediados del año pasado, sin embargo, el Mando Operativo Aéreo, ha comenzado a liberar la información en su poder, en gran parte gracias a las gestiones de investigadores como Vicente-Juan Ballester y Joan Plana. En bloque, estos documentos no aportan ninguna prueba de apoyo al fenómeno ovni. Son unos sesenta casos entre los años 62 y 88, poquísimos si realmente hubiera algo importante que ocultar.

Más aún, queda claro que no existe ni ha existido realmente investigación sobre el caso: los informes desclasificados sólo contienen documentación aportada sobre avistamientos, pero ningún intento por aclararlos.

¿QUÉ NOS DEPARA EL FUTURO?

A pesar de que la ufología se basa en casos que ya han sido explicados, y de que no ha sido aportada ninguna prueba racional concluyente, está claro que seguiremos oyendo hablar de ovnis durante mucho tiempo. Las publicaciones pseudocientíficas viven momentos de éxito editorial en nuestro país, y la escasa formación o interés científico de sus habitantes nos convierten en un perfecto caldo de cultivo para la propagación de lo irracional.

Debemos entender el fenómeno ovni como parte de un auge de la irracionalidad. Igual que la astrología, el satanismo, las falsas medicinas alternativas, las apariciones marianas y un sinfín de temas de este tipo.

Tras haber conseguido colar en la Universidad de Verano del Escorial un curso sobre ovnis, además, los ufólogos menos críticos comienzan a alardear de tener respaldo universitario, intentando justificarse de esta manera, ya que no pueden aportar pruebas fehacientes. De poco vale que el Ejército libere la información sobre ovnis, pues los ufólogos siempre podrán acusarle de ocultar otros casos.

Lo que sí se ha dado, desde aquel cursillo de verano, es una radicalización de las posturas de quienes viven de vendernos los ovnis, que han generalizado los ataques contra los escépticos. Este frente de batalla incluye descalificaciones en medios de comunicación (el ya mentado Benítez nos acusó a los racionalistas de "ser unos mal nacidos o agentes de alguna potencia extranjera" en un programa de radio) y en sus libros y artículos. Ahora somos los "negativistas", los "vampiros ufológicos" y otras lindezas. ¡Pues bienvenidas sean! El problema es que los insultos pueden llegar a perturbar la normal vida de algunas personas. Y si no que se lo cuenten al investigador Félix Ares de Blas, que fue víctima de una pesada broma desde la revista "Más Allá", donde incluyeron su dirección y teléfono, junto con el nombre deformado (Félix Ares de Epi, una terminología acuñada por uno de los ufólogos y oscurantólogos más prolífico de nuestro país, Manuel Carballal, quien personalmente se desmarcó del asunto... También lo hicieron el director de la revista, el Sr. Campoy y el encargado de la misma de ovnis, Javier Sierra. Pero -claro- sólo a título personal: todavía estamos esperando alguna excusa al implicado o una mera mención en las páginas de la revista).

En definitiva, mientras exista un mercado proclive a vender estos temas de manera acrítica, los ovnis seguirán existiendo. Es de esperar en España un aumento de los casos de abducción y de las teorías de conjura internacional, así que vayan preparándose. Sólo una postura crítica y racional, y sobre todo una labor de educación científica pueden conseguir algo.