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principios de los años 90, la publicación New Yor-

ker publicó tres artículos de Paul Brodeur en los 

que sostenía afirmaciones como que la radiación de 

fondo de las líneas de alta tensión causó brotes de leucemia 

en niños que vivían en Denver, Colorado (Brodeur 1990a, 

1990b, 1992).

En 2008, la Revista de Investigación de Traumatología 

publicó un artículo según el cual los profesionales del “ma-

saje terapéutico” en el centro sanitario de la Universidad de 

Connecticut eran capaces con sus propias manos de dismi-

nuir el crecimiento de las células de osteosarcoma (cáncer) 

mediante la manipulación de los campos energéticos que 

rodean las células (Jhaveri y otros, 2008). Los profesiona-

les colocaban las manos sobre células que se encontraban 

en un habitación con forma de L, pues se suponía que algu-

nos patrones indeterminados de radiación no serían capaces 

de doblar la esquina. La autora de este artículo es Gloria 

Gronovicz, profesora de cirugía en el centro médico de la 

Universidad de Connecticut.

Irónicamente, el razonamiento que subyace detrás de 

ambas afirmaciones se basaba en la presencia de campos 

magnéticos de aproximadamente 2 miligauss. La fuente 

del “perjudicial” campo de 2 miligauss que supuestamente 

causó el brote de leucemia en Colorado provenía de la ra-

diación residual de las líneas de alta tensión (Haferneister 

1996, Brodeur 1993). El campo curativo emitido por las 

manos de los profesionales en la Universidad de Connecti-

cut era supuestamente también de 2 miligauss, pero el edi-

ficio en el que se realizaron los experimentos no contenía 

ninguna indicación de que estuviera protegido de la radia-

ción electromagnética del exterior.

Ambas  afirmaciones  sobre  los  efectos  de  los  campos 

electromagnéticos de baja intensidad tuvieron gran influen-

cia. Las publicaciones de Brodeur provocaron un miedo 

generalizado a vivir cerca de las líneas de alta tensión, lo 

que se convirtió en una leyenda urbana tan poderosa que, 

en 1991, el Congreso solicitó a la Academia Nacional de 

Ciencias (NAS) que preparara un informe sobre el tema. 

El Comité para el Estudio de Posibles Efectos de Campos 

Electromagnéticos en Sistemas Biológicos y otros de la 

NAS publicó en 1997 el informe “Posibles efectos sobre 

la salud por exposición a campos eléctricos y magnéticos 

internos”.

Once años después, Jhaveri y los colaboradores del ar-

tículo de la  Revista de Investigación en Traumatología 

concluyeron que el masaje terapéutico aumentaba el cre-

cimiento de células óseas normales en platos de cultivo 

pero disminuía el crecimiento de células óseas canceríge-

nas (2008) . Referencias a este artículo y citas del mismo 

aparecieron en las páginas web de clínicas de salud ofre-

ciendo servicios de curación a distancia (también llamado 

“toque terapéutico”, reiki o qigong). También aparecieron 

referencias a esta y otras publicaciones de Growicz en la 

página web del quiropráctico Lynn Karew, que ejerce en 

Santa Mónica, California. “Vemos que el contacto humano 

tiene la capacidad de afectar incluso al crecimiento de las 

células y de ese modo tiene un potencial terapéutico real…

los descubrimientos también dan esperanza a muchos pa-

cientes que sufren de crecimiento celular anormal, en par-

ticular enfermos de cáncer. Por lo general, los tratamientos 

CABLES DE ALTA TENSIÓN Y CÁNCER 

Curación a distancia y sistema sanitario

Incomprensión y tergiversación 

del magnetismo

Eugenie V. Mielczarek y Derek C. Araujo

El miedo que en los años 90 se tenía a que campos magnéticos cientos de veces menores que 

el campo magnético terrestre pudieran causar cáncer ha sido sustituido. Veinte años más tarde, 

anuncios realizados por hospitales autorizados sostienen que se puede entrenar a personas para 

emitir y manipular esas mismas fuerzas para curar.

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de medicina energética y en concreto el masaje terapéutico 

prometen beneficios importantes para nuestro cuerpo” (Ka-

rew, sin fecha).

En una entrevista de julio de 2008, la reportera del Hart-

ford Courant Hilary Waldman preguntó a Gronowicz si de-

bería un persona con osteoporosis o una pierna rota acudir 

a un profesional de reiki. La respuesta literal de Gronowicz 

fue: “No sabemos” (Waldman, 2008)

CAMPOS MAGNÉTICOS PERJUDICIALES

A principios de los 90 la reacción de pánico de la co-

munidad internacional frente a los campos supuestamente 

perjudiciales que emitían las líneas de alta tensión alcan-

zaron tal nivel de locura que algunas comunidades solici-

taron que las empresas eléctricas protegieran las líneas y 

las soterraran (Thomley 1998, Hafemeister 1996, Comité y 

otros 1997). Comerciantes oportunistas vendieron puerta a 

puerta monitores para controlar la exposición a la radiación 

exterior de los preocupados ciudadanos y “algunas normas 

municipales trataron de limitar los campos B (es decir los 

campos magnéticos) a menos de 2 miligauss” (Hafemeister 

1996).

Los estudios científicos demostraban repetidamente que 

la preocupación por los presuntos efectos en seres huma-

nos causados por campos magnéticos sumamente débiles 

era infundada. El informe final de la Academia Nacional 

de Ciencias (NAS), que examinaba el riesgo potencial para 

la salud de las líneas de alta tensión, presentó un estudio 

exhaustivo de los presuntos peligros. La documentación 

de apoyo sobre la radiación de fondo que procede de las 

líneas de alta tensión incluía mediciones de ingenieros, cál-

culos de científicos y una evaluación sobre las afirmaciones 

epidemiológicas. Después de un examen detallado de las 

pruebas, la Academia Nacional de Ciencias (NAS) con-

cluyó que no había base creíble para suponer que campos 

de 2 miligauss fueran perjudiciales desde el punto de vista 

biológico.

Los resultados del informe se fundamentaban en múlti-

ples fuentes de pruebas corroboradas. Además de una falta 

de confianza en los estudios epidemiológicos, el concepto 

de que campos de 2 miligauss sean perjudiciales para la 

biología celular contradice la más fundamental de las leyes 

de la física, incluyendo la segunda ley de la termodinámica, 

Algunos aprovechados vendie-

ron monitores para controlar la 

exposición a la radiación exte-

rior y “algunas normas muni-

cipales trataron de limitar los 

campos magnéticos a menos 

de 2 miligauss”.

(foto: www.flickr.com/photos/celestindevilla/)

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por la que se calcula el nivel de ruido térmico de una célula, 

y las leyes que gobiernan nuestro uso y entendimiento de 

la radiación electromagnética. Se publicó una serie de artí-

culos de Robert Adair (Adair, 1991, 1991, 1998) y William 

Bennett (Bennet, 1994) con cálculos detallados, basados 

en estas leyes, sobre los efectos en las células humanas de 

campos electromagnéticos. Los cálculos demostraban que 

el impacto de un campo de tan bajo nivel sería insignifican-

te en comparación con los efectos del campo residual que 

tiene lugar de forma natural en el interior de las células. El 

lector puede imaginarse a sí mismo reducido al tamaño de 

una molécula en el interior de una célula. Allí vería cargas 

eléctricas que colisionan con las moléculas y crean fluctua-

ciones en el campo eléctrico. Estas fluctuaciones produci-

rían ruido térmico con una energía de aproximadamente 8 

órdenes de magnitud (10

8

) mayores que la energía asociada 

a un campo eléctrico externo.

El informe de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) 

concluía que no existen mecanismos teóricamente acepta-

dos que afecten a los procesos biológicos activos en cam-

pos magnéticos de tan bajo nivel. “De este modo incluso el 

más sutil de los campos causado por procesos biológicos 

debe surgir de campos cuya magnitud sea un número de 

órdenes superior que el campo usado en una resonancia 

magnética”. La tabla 1 compara las energías de los cam-

pos magnéticos con origen en diversas fuentes: el campo 

magnético terrestre, campos que se encuentran en el medio 

ambiente y campos producidos por equipos de resonancia 

magnética. Los campos producidos por las líneas de alta 

tensión supuestamente perjudiciales son de magnitud va-

rias veces inferiores que cualquiera de estos campos.

Tabla 1: comparación de las energías asociadas con los 

procesos vitales

* 1kT = constante de Boltzmann x temperatura corporal 

nominal = 0,025 electronvoltio (eV)

De este modo, el informe de la Academia Nacional de 

Ciencias (NAS) descarta los efectos carcinógenos de vivir 

bajo las líneas de alta tensión, pues los campos de ruido tér-

mico son bastante más potentes que los campos residuales 

de las líneas de alta tensión. No podrían atribuirse efectos 

perjudiciales para la salud a campos de un nivel tan bajo. 

Cualquier mecanismo biológico que pudiera iniciar un cán-

cer debería empezar a un nivel celular y estos mecanismos 

solo pueden operar dentro de las leyes de la física. Los 

miedos a los campos magnéticos de bajo nivel desencade-

nantes de procesos carcinógenos manejados políticamente 

pierden toda credibilidad científica.

CAMPOS MAGNÉTICOS CURATIVOS

A diferencia de los artículos del New Yorker que provo-

caron el miedo sobre los efectos perjudiciales de los cam-

pos magnéticos, la correspondiente investigación del autor 

Gronowicz sobre las presuntas propiedades curativas de 

los campos magnéticos producidos por los profesionales 

de masajes terapéuticos sí parecieron sustentarse sobre es-

tudios científicos previos. Las citas de la investigación de 

Gronowicz sobre campos curativos se basan en un artículo 

de John Zimmerman (1999) “Imposición de manos y ma-

sajes terapéuticos: una teoría comprobable” publicado en la 

Revista del Instituto de Bio-Electro-Magnetismo (BEMI). 

Sin embargo, han sido vanos los intentos reiterados de lo-

calizar el artículo y la publicación en que apareció.

Aunque las citas del artículo de Zimmerman aparecen en 

numerosos artículos sobre curación a distancia, el propio 

artículo parece haber desaparecido. La investigación de 

Gronowicz  (Jhaveri  y  otros,  2008)  había  sido  financiada 

por el Centro Nacional de Medicina Alternativa y 

Complementaria (NCCAM) del Instituto Nacional de Salud 

(NIH). Por eso, apenas sorprende que el mismo artículo 

de Zimmerman se citara también en la página web del 

NCCAM en su revisión sobre la medicina energética. Ni la 

biblioteca de la Universidad George Mason ni la del NIH 

han podido localizar el periódico. Una búsqueda en la web 

sobre su autor, John Zimmerman, psicólogo del sueño, nos 

lleva a la referencia Tomas de tierra y efectos terrestres: 

resumen de la investigación y desarrollo (2/10/06) y una 

cita de un artículo publicado en el boletín Brain-Mind 

(Cerebro-mente) del 30 de septiembre de 1985 (Vol.10, 2 

punto). La página web Earth fx products (Earthing 2006ª, 

2006b) publicita una “compañía de investigación centrada 

en el desarrollo de las ciencias de la salud y productos para 

conexión a tierra

1

”.

La búsqueda de la publicación BEMI por parte de los 

bibliotecarios fue infructuosa pero apareció una nota a pie 

de página en el periódico Terapias de movimiento y trabajo 

corporal que llevaba a los lectores a contactar con Zimmer-

man directamente por su artículo sobre masaje terapéuti-

co. Parecer ser que el artículo de Zimmerman se publicaba 

privadamente pero de alguna forma se abrió camino en las 

citas de publicaciones sobre medicina alternativa y comple-

mentaria (CAM). En un esfuerzo por localizar a Zimmer-

man, uno de los autores de este artículo (Eugenie Mielcza-

rek) contactó con los colegas de Zimmerman de su última 

dirección profesional, pero no fueron capaces de confirmar 

su paradero.

Después  de  un  examen  deta-

llado de las pruebas, la NAS 

concluyó  que  no  había  base 

creíble para suponer que cam-

pos de 2 miligauss fueran per-

judiciales.

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La leyenda sobre los efectos de los campos magnéticos 

tiene su origen en Dolores Krieger, una enfermera que se 

inspiró en una monja que afirmaba que sus poderes cura-

tivos dependían de poder manipular el campo que rodeaba 

el cuerpo mediante una serie de movimientos específicos 

(Krieger, 1975). Este campo de energía provenía de pro-

cesos naturales como el torrente sanguíneo o la actividad 

eléctrica del corazón y medía aproximadamente 0,004 mi-

ligauss (Hobbie y Roth, 2007). Un campo de dicha magni-

tud es increíblemente débil: 3 órdenes de magnitud inferior 

a la radiación de fondo, 4 órdenes inferior a la radiación 

medioambiental y 8 órdenes menor que el campo magnéti-

co terrestre (ver tabla 2)

Valores normales de los campos magnéticos

* un miligauss equivale a una milésima de gauss

La afirmación extraordinaria de Krieger tuvo resonancia 

entre los enfermeros, tras haber descrito ese tipo de con-

tacto como “la licencia de impresión de enfermería” en el 

artículo que publicó sobre el masaje terapéutico. Entre los 

enfermeros de EE.UU., protocolos de curación a distancia 

como el masaje terapéutico, reiki o qigong se basan en un 

conjunto de movimientos realizados sobre el cuerpo del pa-

ciente que presuntamente libera energía positiva con pro-

piedades curativas. Está disponible en internet el vídeo que 

muestra la utilización de estos movimientos en la zona de 

urgencias del Centro de Traumatismos de la Universidad de 

Maryland, Baltimore (Donnell, 2010).

Curiosamente, nunca se menciona la energía negativa, 

dejando preguntas sin respuesta, tales como qué ocurriría 

de no seguirse el ritual de curación prescrito o si hubiera 

errores. Jack Hitt, un periodista del New York Times Ma-

gazine (2009) contestó parcialmente estas preguntas. Hitt 

describe la cultura de curación a distancia en Serbia. El 

protocolo serbio para curación a distancia puede incluir ac-

cesorios como antenas que, presuntamente, pueden sintoni-

zarse tanto para ayudar como para causar daño a distancia. 

Al menos en la cultura serbia de curación a distancia, se 

considera que los  campos magnéticos supuestamente cura-

tivos también pueden causar daño.

La comunidad científica ha prestado poca atención a las 

afirmaciones de Krieger. Se le concedió el premio Ignobel 

(parodia de los Nobel) en 1998 (investigaciones improba-

bles, s.f.). Hasta su aparición en la Revista de Investigación 

de Traumatología, una publicación médica con revisión 

por pares, las afirmaciones sobre el éxito de estos proto-

colos se limitaban a publicaciones sobre medicina alterna-

tiva y complementaria (CAM). Así, las afirmaciones sobre 

curación a distancia mediante los campos emitidos por la 

manos de los profesionales de masajes terapéuticos pasaron 

casi totalmente inadvertidas entre los médicos.

EL NIH SE TOPA CON LOS IMANES CURADORES

Cuando el debate sobre los efectos perjudiciales de los 

campos magnéticos que rodean las líneas de alta tensión 

parecía  estar  tocando  a  su  fin,  periodistas  científicos  de 

los principales diarios (Brody 2000) se hicieron eco de lo 

que en la literatura médica los médicos llamarían “alivio 

magnético de dolores articulares y síntomas neurológicos” 

(Vallbonna y Richards 1999).  Empezaron a aparecer en 

las estanterías de algunas tiendas pequeños imanes de 300 

gauss. Se vendían colchones y almohadillas equipadas con 

imanes. Una beca otorgada por el NCCA tuvo como re-

sultado un artículo en una publicación sobre medicina al-

ternativa y complementaria que pregonaba los beneficios 

curativos de los imanes (Alfano y otro, 2001). El estudio 

sobre las líneas de alta tensión se había olvidado. Por arte 

de magia, los imanes con campos débiles se vendían como 

curativos. Actualmente hay proveedores de estos productos 

que se siguen anunciando en internet.

Las  bases  de  las  afirmaciones  de  algunos  proponentes 

de la terapia magnética eran ridículas. Eugenie Mielcza-

rek, una de los autores de este articulo, asistió a una de las 

sesiones en las que algunos vendedores afirmaban que sus 

colchones eran mejores porque sus imanes solo incorpo-

raban uno de los polos: el polo norte. Desgraciadamente, 

durante esa época, amigas que se recuperaban de un cáncer 

de mama le consultaron, con la esperanza de que sus pulse-

ras magnéticas aliviarían la concentración de fluidos posto-

peratorios en senos y axilas. El pedicuro de Mielczarek le 

preguntó seriamente si llevar imanes en el calzado mejora-

ría su juego de golf; y un amigo con diabetes acudía a una 

clínica en Pensilvania en la que  impartían conferencias los 

vendedores de imanes curativos. En 2007 se resolvió a fa-

vor del demandante (el Consejo Nacional contra el Fraude 

Médico) el juicio contra los anunciantes de esos productos. 

Mielczarek fue una de las personas que acordaron ser tes-

tigos periciales en caso de necesidad. La Comisión Federal 

de Comercio amenazó también con demandar a los provee-

Cualquier mecanismo  biológi-

co que pudiera iniciar un cán-

cer debería empezar a un nivel 

celular y estos mecanismos 

solo pueden operar dentro de 

las leyes de la física.

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dores que afirmasen que esos productos poseían propieda-

des beneficiosas para la salud. 

El Centro Nacional de Medicina Alternativa y Comple-

mentaria (NCCAM) del Instituto Nacional de Salud (NHI), 

otorga una falsa apariencia de respetabilidad a los proto-

colos de la medicina alternativa y complementaria. La in-

fluencia del NCCAM ha llegado al sistema docente médico, 

dando respetabilidad a los cursos de medicina integradora 

de los currículos médicos y programas en hospitales y clí-

nicas prestigiosas. Donald Marcus y Laurence McCullough 

(2009), catedráticos de bioética y medicina de la Facultad 

de Medicina de Baylor, evaluaron las becas de formación 

en medicina alternativa y complementaria otorgadas por el 

NIH en las universidades de medicina, y llegaron a esta 

conclusión: “estos… planes de estudio… incumplen las 

normas generalmente aceptadas de la medicina basada en 

pruebas. Tolerando esta situación, las escuelas de profesio-

nales de la salud no están cumpliendo con sus obligaciones 

formativas y éticas hacia los estudiantes, los pacientes y la 

sociedad” (Marcus y McCullough, 2009).

Además, la promoción por parte del NCCAM de las 

cuestionables medicinas alternativas se extiende más 

allá de la comunidad médica hasta el público general. El 

NCCAM mantiene una página web con el fin de informar 

al público sobre la validez de los tratamientos de medici-

na alternativa. Esta página web deja la errónea impresión 

de que la bioquímica y la física biológica son campos de 

investigación no desarrollados. Se usan adjetivos engaño-

sos para mantener un nivel de duda en lo que se refiere a 

la legitimidad de técnicas y tratamientos no probados. Por 

ejemplo, el tutorial de la página web del NCCAM sobre 

“los imanes para el dolor” (NCCAM, s.f.) afirma que “to-

davía no se conocen los mecanismos por los que los ima-

nes afectan al cuerpo humano”; “investigadores, científicos 

y fabricantes de imanes proponen que los imanes podrían 

funcionar (…) cambiando el funcionamientos de las células 

Una de las autoras de este ar-

ticulo asistió a sesiones donde 

los vendedores afirmaban que 

sus colchones eran mejores 

porque sus imanes solo incor-

poraban uno de los polos: el 

polo norte.

(foto: Mario’s Planet - www.flickr.com/photos/[email protected]/)

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nerviosas, equilibrando el proceso de crecimiento y muerte 

celular, incrementando el flujo sanguíneo y el intercambio 

de oxígeno e incrementando la temperatura del cuerpo”. En 

ningún momento el documento del NCCAM (s.f.) “Antece-

dentes: reiki; tutorial de introducción” hace mención a los 

cálculos científicos que ocasionaron la controversia sobre 

los campos magnéticos perjudiciales emitidos por las líneas 

de alta tensión. Tampoco se dice que las reacciones quími-

cas responsables de esos cambios en las funciones de las 

células nerviosas, del equilibrio en el crecimiento celular y 

de los incrementos del flujo sanguíneo no pueden tener su 

origen en campos magnéticos de 300 a 5000 gauss. Des-

graciadamente, se hace caso omiso de las publicaciones y 

conclusiones que los científicos obtienen adecuadamente.

¿Mera  ignorancia  o  puro  engaño?  ¿Refleja  la  flagrante 

omisión de la mayor parte de información científica rele-

vante  una  total  ignorancia  por  parte  del  NIH?  ¿O  refleja 

la influencia de los proveedores y aliados de la medicina 

alternativa que buscan mantener la financiación guberna-

mental de los protocolos de base no científica o mitológicos 

mediante el NCCAM?

EL FUTURO DE LA MEDICINA ESTADOUNIDENSE

Si es pura ignorancia lo que lleva a la indiferencia hacia 

la investigación científica relevante por parte del NCCAM, 

entonces la estructura médica de los EE.UU. está sumida 

en el mayor de los caos. Si el director del NIH y el secreta-

rio del Servicio de Salud y Bienestar no pueden reconocer 

esta ignorancia, las bases del sistema sanitario nacional y 

su integridad fiscal están amenazadas. En la última déca-

da el gobierno estadounidense ha malgastado millones de 

dólares controlando tratamientos basados en pautas no ba-

sadas en el método científico ni en lo que se entiende como 

criterio científico básico. La tendencia al aumento del gasto 

gubernamental en medicina basura se debe a los esfuerzos 

de Tom Harkin, senador por Iowa. Harkin, el mayor aban-

derado de la medicina alternativa y complementaria con 

que cuenta el Senado, contribuyó a un aumento especta-

cular del presupuesto anual del NCCAM (Arwood, 2003) 

que alcanza la asombrosa cifra de 128,8 millones de dó-

lares. Recientemente el senador Harkin aseguraba la con-

tinuidad de la financiación gubernamental de la medicina 

alternativa ya complementaria, presentando una reforma 

de la legislación sanitaria en la que se requiere a las ase-

guradoras que cubran los servicios cualquier profesional 

sanitario con licencia estatal, incluidos quienes se dedican 

a la medicina alternativa y complementaria. El presidente 

Obama promulgó el 23 de marzo de 2010 la Ley de Protec-

ción y Atención Asequible al Paciente (PPACA) de 2010, 

en la que se mantiene con modificaciones la disposición del 

senador Harkin que prohibía la discriminación de profesio-

nales autorizados por los estados. 

Es preciso invertir esta tendencia desacertada con el fin 

de rescatar la integridad científica y financiera de nuestro 

sistema sanitario. La financiación estatal del Centro Nacio-

nal de Medicina Alternativa y Complementaria (NCCAM) 

y de los profesionales de la medicina alternativa y comple-

mentaria, aprobada en la ley de reforma del sistema sanita-

rio, debería dirigirse hacia tratamientos y técnicas médicas 

de  eficacia  probada.  Los  gobiernos  se  enfrentan  al  desa-

fío apremiante de construir un sistema sanitario de calidad 

para aquellos que lo necesiten y al mismo tiempo controlar 

costes sanitarios que se disparan. Desperdiciar nuestros es-

casos recursos en presuntos tratamientos que no se basan ni 

en el conocimiento científico ni en la experiencia es un acto 

de grave irresponsabilidad. Nuestros dirigentes políticos se 

lo deben a la comunidad científica, a los demandantes de 

los servicios sanitarios y a los contribuyentes que aseguran 

que todo sistema sanitario con financiación estatal se base 

en tratamientos médicos basados en la ciencia.

Agradecimientos 

Los autores quisieran agradecer por su gran ayuda a los 

bibliotecarios, estudiantes y a la Universidad George Ma-

son. En cualquier caso, las opiniones expresadas en este 

artículo son únicamente de los autores del mismo.

Eugenie V. Mielczarek  es profesora emérita de física de 

la Universidad George Mason. Sus publicaciones incluyen 

“El hierro: elemento universal de la naturaleza” (Rutgers 

University Press 2000). En 2009 fue reconocida por la Aca-

demia Washington de ciencias por su importante investiga-

ción en la física biológica”.

Derek C. Araujo es vicepresidente y consejero general 

del Centro para la Investigación y director de los programas 

legales del mismo. Es licenciado en filosofía y letras por la 

Universidad de Harvard y doctor en derecho por la Univer-

sidad de derecho de Harvard.

Traducción de Eva Rodríguez

1-Nota de Redacción: 

“Grounding” en el original; se ha traducido como “conexión a 

tierra” en páginas españolas donde se informa sobre presuntos 

beneficios para la salud de establecer conexiones físicas entre el 

ser humano y la tierra, para recuperar la energía que se ha perdido 

por no andar descalzos sobre el terreno. Según esta nueva moda, 

el ser humano deja de recibir 200 voltios, energía que calculan 

que la tierra proporciona al cuerpo por metro en un día normal; de-

terminados materiales (asfalto, madera, plástico o goma) impiden 

que los electrones pasen al cuerpo. Para combatir esa pérdida de 

electrones, venden esteras de puesta a tierra, e incluso conjuntos 

de aparatos que pueden usarse durante el sueño. Esta Redacción 
no sale de su asombro ante semejantes afirmaciones.

Desperdiciar nuestros escasos 

recursos en presuntos trata-

mientos que no se basan ni en 

el  conocimiento  científico  ni 

en la experiencia es un acto de 

grave irresponsabilidad.