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Homeopatía II:

 

diluye que algo queda

Sacha Marquina Reyes

(foto: www.flickr.com/photos/davidstanleytravel/)

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(foto: www.flickr.com/photos/olivepress/)

El aclarado

En este segundo artículo hablaremos de la concentración 

(o más bien la falta de ella) en las pociones homeopáticas, es 

decir, lo diluido que está el principio activo en el excipiente 

(hablaremos de agua, aunque se usan otros excipientes 

como alcohol o lactosa).

Recordemos que el método para preparar una poción 

homeopática consiste básicamente en mezclar una parte 

del ingrediente en muchas partes de agua, agitar bien 

(la tradición habla de diez fuertes sacudidas) y volver a 

repetir el proceso con el líquido resultante. Las partes de 

agua que agreguemos en cada paso y el número de pasos 

determinarán el grado de dilución final del potingue.

Recordemos también que, según los homeópatas, cuanto 

más diluida la poción, más poderosa. Se ha llegado a 

afirmar  que  si  una  poción  homeopática  cayera  al  mar 

terminaría siendo tan poderosa que ningún pez enfermaría 

jamás (sí, la homeopatía también funciona en animales).

Las escalas

Hahnemann mezclaba una parte del principio activo en 

99 partes de agua, por lo que en cada paso la sustancia 

quedaba diluida por un factor de 100. Esta es la escala 

centesimal o escala C. Así, una dilución 2C consiste en 

mezclar una parte en 100, y a continuación otra mezcla de 

una parte en 100. El resultado será que habrá una parte del 

principio activo por cada 10.000 partes del producto final.

Algunos homeópatas mezclan una parte de principio 

activo en 9 partes de agua. Esta es la escala D (de decimal) 

escala X (por los números romanos). Es fácil ver que si 

aplicamos la escala X dos veces (10x10), el resultado es el 

mismo que aplicar la escala C una vez (100). De esa forma, 

una poción homeopática con dilución 30X es equivalente a 

una dilución 15C (siempre la mitad).

Por último, Hahnemann llegó a desarrollar, al final de su 

vida, una escala llamada escala LM o escala Q, en la que 

en cada paso se diluye una parte en 50.000.

1X

Ingredientes: whisky (inglés), coca-cola.

Esta primera dilución, la más fácil de realizar (basta 

mezclar una parte de sustancia con 9 de agua), es el 

equivalente aproximado a pedir un whisky en un pub (la 

medida en los pubs ingleses es de 25 ml.) y mezclarlo con 

una coca-cola. A pesar de que a algunos estas medidas 

inglesas nos parecen algo mezquinas, ningún remedio 

homeopático es tan poco potente.

3C

Ingredientes: cuentagotas, acuario de 50 litros.

Coge con un cuentagotas una sola gota de cualquier 

sstancia (aproximadamente 0’05 ml.), y viértela en un 

acuario de 50 litros. Habrás logrado una dilución de 3C 

(una parte en un millón). Nuevamente, aún estamos muy 

lejos de lograr nada digno de llamarse homeopático.

4C: Ingredientes: whisky, piscina olímpica.

El arsénico (perdón, arsenicum) es un tradicional remedio 

homeopático usado para curar trastornos digestivos o 

incluso envenenamientos por... arsénico.

La Agencia de Protección Medioambiental de Estados 

Unidos  ha  definido  cómo  máximo  permitido  en  el  agua 

potable una parte de arsénico por cada cien millones de 

partes de agua. Y no es que con una parte en cien millones 

te vayas a intoxicar, siempre se deja un amplio margen de 

seguridad para evitar efectos a largo plazo de una ingesta 

continuada del elemento tóxico.

Bien, este límite de arsénico en el agua potable equivale 

a una dilución 4C. Es lo que obtienes si echas el whisky 

del pub en una piscina olímpica (las de 50 metros), que 

contiene aproximadamente 2.500.000 litros de agua. 

De nuevo este nivel es muchísimo más concentrado que 

cualquier mejunje homeopático. Eso explica que existan 

esos remedios basados en el arsénico

y que no baste con 

beber agua del grifo.

12C

Ingredientes: leche, el Mar Mediterráneo.

El Mar Mediterráneo contiene aproximadamente 3,5x10

18

 

(3’5 trillones) de litros de agua.

Bien, coge de nuevo el cuentagotas y separa una gota 

de leche. La leche de vaca (lac vaccinum) es un potente 

remedio homeopático contra la depresión. Ahora divide la 

gota de leche en diez partes (lo sé, suena complicado). Ahora 

coge un décimo de gota y échalo al Mar Mediterráneo. 

Espera un poco a que las corrientes lo mezclen bien (el 

Mediterráneo tiene una tasa de renovación de agua de 90 

años) y habrás logrado una dilución 12C. ¿Habrá que avisar 

a los bañistas, de Algeciras a Estambul, para que no abran 

la boca so pena de que se sientan mágicamente alegres y 

aliviados? Tampoco esta vez, pues los homeópatas diluyen 

sus pociones mucho más.

Eso sí, la dilución 12C es interesante porque en este límite 

entra en juego la constante de Avogadro, que nos dice la 

cantidad de moléculas en un mol de una sustancia, y que 

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por tanto nos indica que a partir de esta dilución es probable 

que ya no quede ni una molécula del principio activo en 

la poción. Obviamente en el Mar Mediterráneo sí habrá 

moléculas de leche (tantas como había en el décimo de 

gota que cogimos), pero esto es porque este mar es mucho 

más grande que una cápsula o un frasco homeopático. Es 

decir, a partir de 12C podemos decir que hemos logrado el 

lavado perfecto. El frasco habrá quedado impoluto, sin una 

molécula de nada que no sea agua (si pudiéramos lavar con 

agua pura, claro).

30C

Ingredientes: cebolla, nave espacial, mucho tiempo libre.

Este es el nivel de dilución que proponía Hahnemann 

como estándar. Hagan la cuenta, si en una dilución 15C 

ya no quedan moléculas del principio activo, en una 

dilución 30C ya no quedan ni siquiera moléculas de agua 

que hayan estado en contacto con ninguna molécula del 

ingrediente original.Ahora un poco de cálculo. Un mol 

de agua son 18 gramos (16 de oxígeno y 2 de hidrógeno), 

por lo que un litro de agua son un poco más de 50 moles 

de agua o (multiplicando por la constante de Avogadro) 

aproximadamente 3x10

25

 moléculas de agua. Para llegar a 

algo parecido a 30C (que son 60X, o sea 10

60

) necesitaremos 

multiplicar ese número de moléculas por 10

35

 (para así 

llegar a 10

60

). Un km

3

 de agua son 10

12

 litros, así que 

necesitamos 10

23

 km

3

 de agua, para poder echarle una 

molécula de algo y lograr nuestra dilución 30C. ¿Dónde 

podemos encontrar tanta agua? Pues lamentablemente en 

ningún sitio del Universo conocido. En la Tierra hay apenas 

mil millones de km

3

 de agua, así que nos harán falta cien 

billones de planetas como el nuestro.

Una vez encontrados los cien billones de mundos, 

cogemos una nave espacial y en uno de esos planetas 

acuáticos esconderemos una sola molécula de cebolla 

(allium cepa), y habremos logrado una potente poción 

homeopática  30C,  eficaz  contra  los  ojos  irritados,  el 

lagrimeo y las alergias. Eso sí, debemos descartar aquellos 

planetas cuyos océanos no sean de agua purísima, porque si 

ya contienen alguna molécula de otra cosa, ¿qué ganaremos 

añadiendo una molécula más?

200C

Ingredientes: no disponible (producto registrado por 

Boiron).

Este es el grado de dilución del popular Oscillococcinum

remedio homeopático contra la gripe preparado a base 

de hígado y corazón de pato de Berbería. Es muy difícil 

imaginar tal grado de dilución (es como si hiciéramos el 

truco de la molécula de cebolla en los cien billones de 

mundos, pero sólo en uno de 10

170

 universos paralelos). 

Por tanto no debemos temer por los patos de Berbería, pues 

solo con capturar una molécula perdida del olor que mana 

de una lata de foie gras habría suficiente hígado para curar a 

todos los griposos que en el mundo han sido y serán.

Si algún lector dispone de estadísticas de bajas laborales 

por gripe en el sector de la manufactura de foie gras en la 

zona de Berbería será interesante echarles un vistazo.

Algo falla

Tras todo lo dicho vemos que nuestros intentos de 

fabricar una poción homeopática casera fallan en al 

menos dos puntos importantes. Veremos cuáles son estos 

dos problemas y cómo los resuelven los homeópatas 

profesionales.

1. Por un lado parecería que mezclas que ocurren 

en la Naturaleza, como una hoja de un árbol que cae al 

río Amazonas o un perro que hace pis en la orilla de la 

playa, deberían dar como resultado potentes pociones 

homeopáticas.

Explicación: las mezclas incorrectas (por ejemplo cuando 

vertimos una pizca de leche en el mar Mediterráneo) no 

funcionan porque no se ha agitado violentamente el líquido 

después de cada paso. Sin estas sucusiones el remedio no 

queda potenciado o dinamizado, ya que las agitaciones 

transfieren parte de la esencia espiritual de la sustancia al 

agua. Se ignora qué parte de esta esencia se transfiere, pero 

sin duda debe ser menos de la décima parte, y de ahí lo de 

las diez sacudidas.

2. Por otro lado mucho antes de llegar a las diluciones 

que usan los homeópatas nos hemos quedado sin una sola 

molécula de lo que supuestamente cura.

Explicación: aunque ya no haya ni una molécula del 

principio activo (y por tanto estés comprando solo agua), 

el agua tiene memoria y recuerda las sustancias con las que 

estuvo en contacto (o con las que a su vez estuvieron en 

contacto éstas, propiedad transitiva necesaria a partir de 

30C). Esta memoria es muy selectiva, pues obviamente el 

agua ha estado en contacto con muchas más sustancias a lo 

largo de su vida.

Suponemos que la lactosa y otros excipientes usados 

también tienen memoria. Quizá el tiempo en que cada 

excipiente es capaz de recordar condiciona la fecha 

de caducidad del remedio, de forma que un preparado 

homeopático caducado se habrá olvidado ya de todo.

Gestión de residuos

Un tema que a menudo, y algunos podrían pensar que 

convenientemente, se olvida cuando hablamos de la 

preparación de pociones homeopáticas es la gestión de 

residuos. Una vez que hemos hecho la primera mezcla, 

y debemos separar una parte de cien para continuar con 

la siguiente, ¿qué hacemos con las 99 partes restantes? 

¿las tiramos por el váter? Hay que tener en cuenta que 

tras cada fase estaremos tirando 99 partes de un líquido 

con propiedades cada vez más potentes. Si intentamos 

llegar a la dilución 200C del Oscillococcinum tendremos 

que deshacernos del líquido sobrante 199 veces. Y en las 

últimas rondas este residuo será miles de veces más potente 

que los remedios homeopáticos habituales (30C). ¿Qué 

podemos hacer? ¿enterrarlo como los residuos nucleares? 

¿enviarlo al espacio exterior?

La solución es nuevamente sencilla e ingeniosa: antes 

de verter al váter el líquido con las 99 partes sobrantes 

de cada mezcla introducimos en él lo que nos ha sobrado 

del hígado de pato de Berbería (es decir, todo el hígado 

menos una molécula). De esa forma despotenciamos 

el residuo, añadiéndole mucha más concentración del 

ingrediente activo, y así podemos luego tirar de la cadena 

con la seguridad de que se trata de un producto totalmente 

inocuo y no curará la gripe de ninguno de los cocodrilos 

que habitan el sistema de alcantarillado.