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A

cabo de volver de Dragon*Con, la “convención 

de las convenciones” que cada año se celebra 

en  Atlanta  durante  el  fin  de  semana  del  Día  del 

Trabajo. La convención ha creado recientemente Skeptrack, 

un conjunto de conferencias y actos diseñado para presentar 

y promover el escepticismo científico.

Éste era el tercer año que participaba

 

en Dragon*Con y 

resultó  gratificante  ver  a  tantas  personas  conocidas  -D.J. 

Grothe, Ben Radford y Joe Nickell del Center for Inquiry; 

Phil Plait de la

 

James Randi Educational Fundation; y Da-

niel Loxton de la

 

Skeptics Society por citar unos pocos. Fue 

una experiencia maravillosa y poco común codearse con 

representantes de los tres grandes grupos de escépticos de 

Estados Unidos. 

Pero Dragon*Con no es solo una convención de escépti-

cos. Es algo más grande.

Desde su inicio hace más de una década, Dragon*Con se 

ha centrado, sobre todo, en el mundo de la ciencia ficción, 

sobre todo en las series de televisión y de cine como La gue-

rra de las galaxias, Star Trek, Expediente X y Doctor Who

Las más de 40.000

 

personas que fueron a la convención 

(muchas de ellas

 

con disfraces muy elaborados) eran muy 

diferentes, con intereses que abarcaban desde las culturas 

china y británica hasta la música gótica o las batallas robó-

ticas. No sorprende, pues, que también mostraran interés en 

la ciencia y que hubiera charlas sobre exploración espacial 

e ingeniería genética. Como podría esperarse, algunos de 

esos coloquios se dedicaron a temas escépticos y se presen-

taron conferenciantes como Ben Radford, Michael Shermer 

y yo mismo. Las charlas tuvieron mucho seguimiento

 

y De-

rek Colanduno del podcast Skepticality sugirió que podría 

haber suficiente interés como para que hubiera un apartado 

dedicado al escepticismo. Tenía razón y así nació Skeptrack. 

Skeptrack comenzó su andadura en 2008 y el interés que 

ha suscitado

 

ha crecido continuamente. Muchas de las char-

las escépticas de este año se realizaron en salones sin asien-

tos. En realidad Skeptrack amenaza con crecer más allá del 

apartado sobre ciencia del que surgió. 

Entre los dos apartados hay numerosas concomitancias 

-ya que la diferencia entre ciencia y escepticismo es una 

cuestión de proximidad más que de contenido- pero hay una 

fuerte demanda de conferencias puramente escépticas. Si-

Escepticismo:

 

nuevos caminos para el futuro

Jeff Wagg

1

Traducción de David Cejudo

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gue habiendo un gran interés entre el público por todo lo 

relacionado con lo paranormal y lo inexplicado, y el desfile 

de reality shows televisivos en los que aparecen milagros, 

fantasmas, Bigfoot o médiums estimula mucho este

 

apetito. 

Y la comunidad escéptica está cualificada y preparada como 

ninguna para rebatirlos.

En una charla pregunté a los miembros de la audiencia 

cuántos de ellos acudían a su primer acto sobre escepticis-

mo. La mitad de la gente en la sala -fácilmente cientos- le-

vantó la mano. Entonces se me ocurrió pensar que estaba 

sucediendo algo que jamás había pasado antes. El muro 

que separaba al escepticismo y a la gente había disminui-

do significativamente desde el comienzo de Skeptrack en 

Dragon*Con. Cada año hay numerosas conferencias de es-

cépticos en Estados Unidos en las que la asistencia también 

está aumentando. Tuve el placer de asistir al congreso mun-

dial CFI 2009 y al

 

Amazing Meeting de este año, y el nume-

roso público estaba entusiasmado. Nada puede compararse 

a estar en una sala con mil personas que piensan como uno 

mismo, sobre todo cuando se recuerda que hubo un tiempo 

en que uno se sentía solo. 

Pero mientras que a esos actos no podemos faltar, en ellos 

los asistentes siempre se reconocen como escépticos. Por 

otro lado, muchos de los que fueron a Dragon*Con nunca 

habían oído hablar del escepticismo. Tanto los periodistas 

como la gente en general mostraron alivio, excitación e in-

terés ante este nuevo hallazgo de la comunidad escéptica. 

Algunos quizás tenían una remota idea de quiénes son Ja-

mes Randi, Paul Kurtz y Michael Schermer, pero la noción 

de que hay un movimiento en marcha no había cruzado sus 

mentes. 

Por ejemplo, si un entusiasta de Dragon*Con se intere-

sa por las casas encantadas tanto como por La guerra de 

las galaxias, podría comprobar el horario de todos los actos 

relacionados con fantasmas y ver que había una conferen-

cia de Ben Radford sobre poltergeist. Intrigado, asistirá a 

la charla, y aprenderá por primera vez el lado racional de 

la caza de fantasmas. Quizás siga creyendo en fantasmas al 

terminar la conferencia, pero la próxima vez que vea Ca-

zafantasmas tendrá nueva información que podrá hacerle 

dudar sobre lo que de verdad sucede. 

Por supuesto, puntos de vista tan dispares en un mismo 

lugar pueden llevar a situaciones interesantes. En años 

anteriores, la charla

,

 enormemente concurrida, Skepticks 

vs. Believers Smackdown (el choque de escépticos contra 

creyentes) mostró un plantel de escépticos bien conocidos 

debatiendo con creyentes igualmente bien conocidos. Mien-

tras el debate se anima por momentos, ambos bandos tienen 

la oportunidad de contender en un ambiente que no existe 

ni en las convenciones de escépticos ni en las reuniones de 

seguidores de lo paranomal. Aquellos debates demostraron 

que tanto los creyentes como los escépticos aspiran al ca-

lificativo  de  “escéptico”,  ya  que  todos  los  integrantes  del 

plantel eran escépticos hacia la mayoría de las afirmaciones 

de lo paranormal. Aunque esto es discutible, es importante 

observar que incluso los que pensamos que son casos per-

didos, por tener creencias infundadas, aún valoran el pen-

samiento crítico. Quizás, simplemente, necesiten una ense-

ñanza adecuada. 

Tristemente, “Smackdown” no ha tenido continuación de-

bido a la falta de contertulios  en el bando de los creyentes. 

Parece que no tienen interés en debatir sus creencias en lo 

paranormal, lo cual es muy revelador. Aunque es fácil para 

los escépticos proclamarse vencedores en este caso, es im-

portante darse cuenta de la necesidad de interacción con los 

del otro lado. Tenemos la oportunidad poco común de estar 

de acuerdo en que el concepto de fantasmas es divertido y, 

al mismo tiempo, probar que el escepticismo puede ser di-

vertido también. 

Aunque Dragon*Con nunca sustituirá nuestras tradicio-

nales reuniones anuales, debería formar parte importante del 

circuito de convenciones porque nos permite hablar directa-

mente a aquellas personas a las que no llegaríamos de otro 

modo. El ambiente de aceptación que reina brinda a ambos 

bandos una oportunidad para compartir puntos de vista con 

la confianza de no sentirse un bicho raro. Y quién sabe si 

nos encontraremos con que no somos tan diferentes como 

creemos. La nueva información debería engendrar nuevas 

opiniones, y tenemos mucho para compartir. 

Dragon*Con también nos muestra que los miembros de 

las tres grandes organizaciones de escépticos de Estados 

Unidos pueden trabajar hombro con hombro promoviendo 

el escepticismo. Aunque cada organización tiene su misión 

particular y su propio grupo de talentos, compartimos una 

causa común. No es ningún secreto que en el pasado apa-

recieron rencores y desacuerdos entre algunas personalida-

des, pero pienso que puede florecer

 

una nueva generación 

de escepticismo -Escepticismo 2.0-. Dado que James Randi 

habló recientemente en el congreso mundial CFI y Joe Nic-

kell y D.J.Grothe lo hicieron en Amazing Meeting 7, creo 

que podemos decir con seguridad que los desencuentros pa-

sados se han dejado de lado, y que están surgiendo nuevas 

alianzas. Cada organización tiene sus puntos fuertes, y si se 

comparten de modo que no se debilite ninguno y se promue-

van todos, el futuro del escepticismo sin duda es brillante. 

De hecho,

 

parece inevitable. 

Tal vez en los meses y años venideros podríamos juntar-

nos para impartir conferencias o un seminario sobre escep-

ticismo. Con ánimo, y un espíritu renovado de cooperación, 

quizás “la vela en la oscuridad” de Sagan se convierta en 

una gran llama, en un faro para la ciencia y el escepticismo 

en el mundo.

1-Jeff Wagg es el responsable de comunicación y difusión de la 

Fundación Educativa James Randi (JREF en sus siglas en inglés).

El muro que separa el 

escepticismo de la gente 

está disminuyendo de 

forma significativa.