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El Escol

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Una contribución de ARP-SAPC a la educación

Coordinado por José Luis Cebollada y Jorge J. Frías

Nº 8

La  Química:                

nuestra vida, nuestro futuro

                                         

Carlos Chordá

L

a química es una de esas cosas que a mucha gente le 

gusta más bien poco. Hay, incluso, quien la odia sin 

ningún disimulo. Por un lado, tenemos una gran par-

te de estudiantes, casi siempre de enseñanzas medias (por mi 

oficio, como supongo que sabéis, conozco a un buen puñado 

de ellos, así que sé de lo que hablo) que tienen la asignatura 

metida entre ceja y ceja. Enlaces covalente, iónico y metálico, 

formulación y nomenclatura, ajuste de ecuaciones químicas, 

regla del octeto, ácidos y bases, número de Avogadro y mol… 

En fin, que la química es una de esas asignaturas considera-

das, creo que de forma exagerada, como “hueso”. No estoy 

de acuerdo, y sobre ello ya hablé en El Escéptico Digital hace 

una temporada, bajo el título “Demasiado difícil”.

Por otro lado, y esto se me antoja todavía más absurdo, 

es el propio término “química” el que genera sentimientos de 

rechazo. “Deja de empapuzarte de chucherías que son todo 

química”, o “donde esté un buen caldo casero, que se quiten 

esos de sobre, llenos de química”. Conforme con el fondo de 

la cuestión: esas chucherías de colorines son cualquier cosa 

menos una buena elección nutritiva; y un buen guiso casero, e 

incluso uno tirando a mediocre, le da mil vueltas a uno de esos 

deshidratados. En lo que no estoy de acuerdo es en lo del uso 

de “química” con ese tono peyorativo. Yo diría que hay quien 

oye esa palabra y le viene a la mente algún olor repugnante, 

qué se yo, a formol o algo así. “Química” en contraposición 

a… ¿a qué puede ser? Si no lo adivinan, se lo digo: a “natu-

ral”, palabra situada en el otro extremo del espectro de los 

sentimientos (y de la que también he puesto mi opinión negro 

sobre blanco). Lo cierto es que todo es “química", sea natural 

o artificial. Al menos todo aquello formado por materia, siem-

pre construida a base de átomos: calcio, yodo, potasio, hierro, 

carbono, oxígeno… siempre iguales los de cada elemento, in-

dependientemente de si se encuentran en una gominola o en 

una margarita silvestre. Usted que me está leyendo es todo 

química: en un organismo humano hay dos docenas largas de 

elementos químicos cuyos átomos se acoplan en una continua 

orgía formando millones de compuestos químicos.

Bueno es, a mi entender, que para poner a la ciencia de la 

química en el lugar que le corresponde, la Unión Internacional 

de Química Pura y Aplicada (IUPAC) y la UNESCO hayan 

declarado 2011 Año Internacional de la Química. Una buena 

elección, pues este año se celebra el centenario de la conce-

sión del Nobel de Química a una de las principales figuras de 

la ciencia, la polaca Marie Curie, por descubrir el radio y el 

polonio y por sus aportaciones a la entonces recién descubier-

ta radiactividad. El evento tiene como lema “La Química: 

nuestra vida, nuestro futuro” y sus objetivos son “incre-

mentar la apreciación pública de la química como herramienta 

fundamental para satisfacer las necesidades de la sociedad, 

promover el interés por la química entre los jóvenes, y generar 

entusiasmo por el futuro creativo de la química”.

Debería ser de dominio público que la química es una de 

las ciencias que más han contribuido al desarrollo humano. 

En lo intelectual, sin ir más lejos: la biología es de todo punto 

incomprensible sin ella, pues la vida es un extraordinariamen-

te complejo fenómeno químico. Pero, por supuesto, desde un 

punto de vista mucho más pragmático: la química aplicada a 

la ingeniería ha permitido crear miles de materiales que ro-

dean nuestras vidas en equipos informáticos, electrodomés-

ticos, vehículos, viviendas o fábricas; aplicada a la medicina, 

un sinfín de medicamentos y materiales que superan el natural 

rechazo de nuestros organismos; aplicada a la agricultura per-

mitió la revolución verde de los años 70… Se prevé que en 

2050 habrá 9.000 millones de personas, sin duda un enorme 

reto para la humanidad. Las condiciones de vida de nuestros 

descendientes dependerán, en gran medida, de los nuevos 

avances que surjan de los laboratorios de química.

Y si todo esto no le convence para empezar a ver la química 

con otros ojos, quizá debería pararse a pensar que en su casa 

tiene un laboratorio donde cotidianamente se entretiene (si es 

que esa actividad le resulta entretenida, claro está) producien-

do montones de reacciones químicas. Me refiero a la cocina, 

por supuesto. Porque cuando fríe, aliña, sazona, escabecha, 

pone a punto de nieve, cuece, asa, marina, hornea o tuesta, 

por mucho que a eso le llamemos cocinar, lo que está usted 

haciendo es química. Pura química.

  (Foto: zhouxuan12345678, www.flickr.com/photos/[email protected]/)