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ntre los meses de marzo y abril de 2011 tuvo lugar en 

el Auditorio del Museo de la Ciencia de Valladolid el 

ciclo de cuatro conferencias “Increíble… pero fal-

so”, con un gran éxito de público y una extensa cobertura 

por los medios de comunicación. Hasta donde sabemos, se 

trata de una iniciativa pionera en la ciudad que, en el pa-

sado, sólo había acogido alguna charla aislada sobre estos 

temas. 

¿Por qué un ciclo sobre pensamiento crítico en un museo 

de ciencia? La respuesta es bastante evidente, pero tendrán 

que buscarla unos párrafos más adelante. Porque… apro-

vechando “que el Pisuerga pasa por Valladolid”, antes nos 

gustaría exponer algunas reflexiones sobre el papel de estos 

museos en el fomento de la cultura científica, y hacer una 

breve presentación del Museo de la Ciencia de Valladolid 

(www.museocienciavalladolid.es ).

Los modernos museos de ciencia aspiran a convertirse en 

referentes de la cultura científica en nuestra sociedad. Con 

una vocación divulgativa y didáctica, su principal objetivo 

es acercar el mundo científico al público no especializado, 

brindándole un espacio de juego y exploración donde infor-

marse, formarse, reflexionar y crecer en cultura científica.

Nos gusta presentar nuestro Museo como Ciencia por 

fuera, por su singular complejo arquitectónico, que respira 

ciencia y arte; y Ciencia por dentro, en alusión a los variados 

contenidos expositivos e interactivos que lo convierten en 

un territorio para disfrutar de la ciencia. Y añadimos Ciencia 

viva, ya que el Museo se encuentra en permanente cambio y 

Increíble… pero falso

Ciclo de charlas de pensamiento crítico 

en el Museo de la Ciencia de Valladolid

Inés Rodríguez Hidalgo

Directora del Museo de la Ciencia de Valladolid

Doctora en Astrofísica

Joana Galván

Responsable de prensa del Museo de la Ciencia de Valladolid

Licenciada en Ciencias de la Información

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actividad: acogemos exposiciones temporales interesantes y 

actuales, mantenemos una variada oferta educativa para ni-

ñas y niños de distintos cursos, participamos activamente en 

la Semana de la Ciencia y las efemérides científicas anuales, 

presentamos diversos programas de planetario para público 

de todas las edades, organizamos observaciones astronómi-

cas en directo y talleres de tele-observación, editamos (en 

papel y formato digital) las revistas “Menuda Ciencia” y “A 

mayor Ciencia”, somos sede de congresos y reuniones cien-

tíficas,  y  ofrecemos  numerosas  charlas,  mesas  redondas  y 

cursos. Buscamos también favorecer el contacto y la colabo-

ración entre las ciencias naturales y sociales, la literatura, la 

música, las artes plásticas, los actuales medios audiovisuales 

y de comunicación virtual… Todo ello responde a nuestra 

vocación de reintegrar la ciencia al lugar destacado que me-

rece dentro de la cultura. 

Parte de nuestro quehacer como museo científico es con-

tribuir al aprendizaje de conceptos, principalmente mediante 

un tipo de educación no formal, con planteamientos origina-

les, lúdicos, participativos… Este marco educativo singular 

suele promover en los visitantes, escolares o no, un talante 

más positivo ante el aprendizaje. Aspiramos, precisamente, a 

que una de nuestras señas de identidad sea transmitir conte-

nidos actitudinales –difíciles de medir, pero tan importantes 

como los conceptuales, si no más– como la curiosidad, el 

interés por aprender, la capacidad de asombro, el desarro-

llo de la autoconfianza intelectual, incluso las ganas de ser 

científico-a… en definitiva, el respeto, el placer y la pasión 

por la ciencia. Para lograr este objetivo es necesario no solo 

divulgar contenidos, sino también dar a conocer cómo se 

construye y avanza la ciencia, cómo trabajan y se comunican 

sus protagonistas. 

En nuestra sociedad, inmersa en la ciencia y la tecnología 

y con una fuerte dependencia de ellas, proliferan y medran 

innumerables creencias y prácticas pseudo- y anti-científi-

cas. Esta paradójica situación proporciona un recurso muy 

eficaz para definir la ciencia: hacerlo por oposición a aquello 

que no lo es, aunque a menudo se presente revestido de ropa-

jes aparentemente científicos. Por eso también consideramos 

nuestra responsabilidad ayudar al público a desarrollar su 

sentido crítico, ofrecerle recursos para discriminar y apre-

ciar el conocimiento científico y a sus verdaderos artífices, 

en medio de tanta confusión. 

Éste, ni más ni menos, ha sido el objetivo del primer ciclo 

de conferencias “Increíble… pero falso”. El satisfactorio ba-

lance de esta experiencia ha demostrado que la iniciativa era 

relevante y oportuna. Pensamos que vale la pena comentar 

algunos aspectos de la organización, por si resultan útiles 

para emprender actividades similares en otros museos o cen-

tros culturales.

El formato elegido fue el de conferencias seguidas de 

un tiempo para el debate. Es un “clásico” que defendemos 

como un acto de comunicación válido y efectivo, en el que 

ponentes que son expertos conocedores de los temas, ade-

más de comunicadores claros y amenos, dialogan con la au-

diencia respondiendo a sus dudas, preguntas y comentarios. 

Las conferencias forman parte de la actividad habitual del 

Museo de la Ciencia de Valladolid, y son bien conocidas y 

apreciadas por nuestro público que, en las más de cuarenta 

celebradas desde el otoño de 2009, apenas en dos ocasiones 

no ha superado el medio centenar de asistentes, con algunos 

llenos (¡y el auditorio tiene 300 plazas!).  

Por ser la primera vez que organizábamos un ciclo de es-

tas características, la selección de temas merecía un cuidado 

especial. Obviamente, la idea era abordar desde el punto de 

vista científico y crítico algunas de las pseudociencias más 

populares, añadiendo quizá alguna charla sobre fundamen-

tos psicológicos de la creencia, la percepción, el razona-

miento… o alguna otra de enfoque sociológico, por ejemplo, 

sobre el tratamiento de la ciencia y las pseudociencias en la 

publicidad o en los medios en general. 

Un buen punto de partida era la magnífica colección de 

temas y ponentes del curso de extensión universitaria sobre 

Ciencia y pseudociencias de la Universidad de La Laguna 

–el más veterano de los ofertados por esta institución, y la 

iniciativa académica española de divulgación del escepticis-

mo con más ediciones–, pero adaptándolo a nuestro caso. En 

primer lugar, solicitamos a los ponentes que el nivel de sus 

charlas fuera asequible al público en general, no necesaria-

mente universitario. En segundo lugar, al no existir una ac-

tividad escéptica organizada permanente en Valladolid, sos-

pechábamos que nuestra audiencia no estaría muy familiari-

zada con estas temáticas, así que elegimos asuntos bastante 

básicos y generales. Por último, nuestra ciudadanía tiene 

fama (no entramos a discutir si merecida o no) de religiosa y 

tradicional; y sabemos que es muy frecuente interpretar las 

críticas a las creencias como ataques personales a los creyen-

tes… Así que optamos por evitar (por el momento) los temas 

más conflictivos: Sábana Santa, milagros, vida después de la 

muerte o experiencias cercanas a ella, creacionismo y diseño 

inteligente... Otros tópicos “calientes” como la homeopatía 

y demás pseudomedicinas, quedarán también para futuras 

ediciones. 

Con estos criterios, seleccionamos la astrología y ufolo-

gía, probablemente las pseudociencias más populares, y la 

criptozoología, muy atractiva pero bastante inocua en latitu-

des tan alejadas de Escocia o el Himalaya… Decidimos ini-

ciar el ciclo con una presentación de los fundamentos psico-

lógicos de la creencia, como introducción para los asistentes 

a todo el ciclo,  siendo al mismo tiempo una charla  de gran 

interés y con entidad suficiente por sí misma.

Encontrar conferenciantes adecuados era sencillo, recu-

rriendo de nuevo al curso de Ciencia y pseudociencias de la 

ULL, y a la colección “¡Vaya timo!” de la Editorial Laetoli. 

Uno de los objetivos del museo 

de Valladolid es transmitir 

contenidos actitudinales: como la 

curiosidad, el interés por aprender, 

la capacidad de asombro, el 

desarrollo de la autoconfianza 

intelectual, incluso las ganas de 

ser científico-a.

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Como reseña de los contenidos, nada mejor que las palabras de presentación de los propios ponentes: 

“Por qué creemos lo que creemos”

En la charla se intentará dar respuesta a esta pregunta a partir del conocimiento actual de la génesis y función 

de las creencias. En primer lugar, definiremos el término “creencia” y abordaremos un conjunto muy amplio y 

generalizado de éstas, que podemos llamar “creencias en cosas raras”. Comprobaremos que la mayor parte de 

la historia de la humanidad ha estado impregnada de estas creencias, y que esto no ha sido óbice para que la es-

pecie haya tenido éxito. Veremos también cómo sólo un pequeño número de creencias adaptativas y eficaces son 

suficientes para que un “salvaje” sea capaz de dominar su entorno, y cómo es posible que estas creencias puedan 

estar solo en uno o unos pocos individuos y sean determinantes para la supervivencia del grupo. Desde este punto 

de vista, la Ciencia consiste en un sistema enorme de creencias, pero poco generalizado: muchas creencias en la 

cabeza de muy poca gente. Un pequeño grupo desarrolla conocimiento y tecnología que permite a los otros indivi-

duos vivir con cierta calidad sin necesidad de incorporar este conocimiento en su “acervo cultural”. Pero ¿por qué 

el científico cree lo que cree y el lego cree cosas raras?... La solución la tendrás, espero, en el Museo de la Ciencia 

de Valladolid.

¿Está tu destino escrito en las estrellas?

Parece una fuerza que ha regido el destino de la humanidad desde siempre, y lo cierto es que cuando miramos 

al cielo, eterno, inmutable, mostrándonos sus ciclos y su perfección ante el caos y la incertidumbre que marca 

nuestras vidas, siempre hemos querido imaginar que ahí, para quien pudiera leerlo, estaba el plan de todos esos 

sucesos. De los desastres (la mala estrella, lo indica hasta el nombre) a los momentos más propicios, cuando los 

astros parecen acompañarnos. No es raro que se pensara que quien supiera leer ese lenguaje secreto del firmamen-

to podría contarnos qué pasará, o entender lo que ya nos ha pasado. Eso es la astrología, en esencia, una práctica 

muy antigua que ha permanecido en nuestra cultura incluso cuando, de la mano de la ciencia que nació hace 

cuatro siglos, comenzamos a entender que el Universo es otra cosa, mucho más sorprendente, mucho más grande 

y que, desde luego, permanece bastante ignorante y despreocupada de lo que nos sucede aquí en la Tierra. Ahora 

no podemos creernos que los astros nos guíen, ni que se pueda saber nada útil a partir del estudio de las posiciones 

de algunos de ellos en el cielo, atendiendo a una descripción que, aunque antigua, ni se corresponde con el cielo 

real sobre nuestras cabezas ni recoge la enorme variedad de un universo que se mueve por energías mucho más 

descomunales que las que los astrólogos imaginaron. Y sin embargo, la astrología está ahí, y todos conocemos 

nuestro signo del zodiaco, o algunas características asignadas a los nativos del mismo... No lo hemos aprendido en 

los libros de texto: se ha transmitido en una cultura que sigue deseando que la astrología funcione, con la ayuda de 

los medios de comunicación, tan poco críticos con ella. Intentaremos entender, así, por qué al final somos nosotros 

los que hacemos que las predicciones astrológicas parezcan cumplirse. 

El monstruo del lago Ness y otros criptobichos: el sueño de la razón

A pesar de que el término criptozoología es relativamente moderno (fue propuesto por el belga Bernard Heuvel-

mans en 1955 en su libro Sur la piste des bêtes ignorées), la creencia en seres fabulosos se remonta, muy posible-

mente, a los albores de la humanidad. O, al menos, unos cuantos siglos atrás: del esquivo monstruo del lago Ness 

se tienen noticias desde el siglo VI, cuando la tradición contaba de un terrible ser acechando en las gélidas aguas 

para zamparse a cualquier incauto que se acercara demasiado a las orillas. La situación dejó de ser tan dramática 

cuando San Columba, el artífice de la cristianización de aquellos lugares, convenció al malvado animal de que no 

estaba nada bien eso de merendarse a los lugareños. Desde entonces el monstruo es mucho más discreto y pacífico, 

hasta el punto de que hoy es mundialmente conocido con el cariñoso nombre de Nessie.

Tanto la palabra criptozoología como su propósito –la descripción de especies animales desconocidas para la 

ciencia– tienen un aspecto pretendidamente científico. Sin embargo, existe una rama de la biología, la zoología, 

que día a día saca a la luz nuevas especies animales y el ritmo de los descubrimientos no muestra indicios de que 

vaya a decaer en un futuro próximo. Cabría preguntarse entonces, ¿por qué la criptozoología? ¿Qué la distingue 

de la zoología?

Ovnis: la invasión que nunca llegó

A finales de la década de los cuarenta del siglo XX surgió el rumor de que en nuestros cielos estaban observán-

dose misteriosos objetos voladores de origen desconocido a los que se bautizó platillos volantes, más tarde con-

vertidos en ovnis. Con el tiempo, se pasó de las lejanas observaciones de los años cincuenta al encuentro cercano 

con naves u objetos enigmáticos, y de los simples testigos se desembocó en los contactados, a quienes los seres 

extraterrestres usan como transmisores de un mensaje de tipo religioso. Además, otros aspectos se han ido sumando 

a la creencia en las visitas alienígenas, inamovible en lo esencial: la sobrevaloración del testimonio humano, el se-

cretismo gubernamental, la necesidad de tener la “mente abierta” para aceptar la supuesta realidad del fenómeno, 

la crítica y el análisis racional convertidos en los malos de la película, etc.

¿Nos han visitado realmente los extraterrestres a bordo de sus impresionantes naves luminosas? ¿Es cierto lo 

que cuenta la película Encuentros en la tercera fase? ¿Por qué se han producido tantos avistamientos de fenómenos 

aéreos de apariencia extraña? ¿Han llegado o no los extraterrestres a la Tierra?

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Así, pedimos a Luis Díaz Vilela, profesor titular del Depar-

tamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional de 

la ULL, que nos explicara “Por qué creemos lo que cree-

mos”. Javier Armentia, astrofísico, director del planetario de 

Pamplona y miembro histórico y destacado de ARP-SAPC 

fue el encargado de la charla “¿Está tu destino escrito en las 

estrellas?”. Carlos Chordá, biólogo, profesor de bachillerato, 

autor de “Ciencia para Nicolás” y “El yeti y otros bichos, 

¡vaya timo!”, nos habló de “El monstruo del lago Ness y 

otros criptobichos: el sueño de la razón”. Y Ricardo Campo, 

filósofo,  autor  de  “Los  ovnis,  ¡vaya  timo!”  y  otros  títulos 

sobre este tema que ha estudiado durante años, fue el elegido 

para tratar de “Ovnis: la invasión que nunca llegó”. 

Se eligieron para las conferencias títulos poco académi-

cos, sugerentes, que despertasen la curiosidad e invitaran a 

la asistencia. El ciclo completo necesitaba también un título 

a la altura, aún más atractivo y provocativo. De acuerdo, lo 

confesamos: “Increíble… pero falso” es una “intertextuali-

zación” (vulgo: plagio) del título de una brillante charla im-

partida en el Museo de la Ciencia y el Cosmos de La Laguna 

(Tenerife) en 2006 por Félix Ares, presidente de ARP-SAPC. 

Muchas gracias, Félix: era tan bueno que no pudimos resis-

tirnos a usarlo.

Las conferencias fueron programadas en cuatro martes 

consecutivos (siempre el mismo día de la semana, para favo-

recer que el público recuerde las fechas), entre marzo y abril, 

antes de la semana santa, una buena época en la que el curso 

académico está en marcha, pero no en periodo de exámenes 

ni de vacaciones. 

Las charlas contaron con un público activo que propició 

en todas ellas un animado debate de casi una hora de dura-

ción. Las preguntas pasaron por experiencias personales de 

los asistentes –alguna mala pasada–, cuestiones psicológicas 

–¿por qué necesitamos creer?–, para concluir con historias 

de Valladolid y Castilla y León – éstas últimas especialmen-

te relacionadas con los objetos volantes identificados y no 

identificados–. Surgieron interesantes dudas que hicieron re-

flexionar  a los presentes, y a las que los ponentes contestaron 

en todo momento. Incluso alguna de las conferencias contó 

con asistentes de corta edad que quedaron boquiabiertos al 

descubrir la realidad  de esos monstruos fantásticos a los que 

admiraban. Y es que la Ciencia no entiende de años… 

El balance del ciclo ha sido muy positivo. La audiencia 

total superó las 400 personas, e incluso la sesión menos con-

currida contó con 85 asistentes; es decir, todas las charlas 

han quedado entre las de mejor acogida de las programadas 

en los últimos dos años y medio. Como era previsible, la más 

concurrida fue la dedicada a la astrología, seguida de la de 

los ovnis.

Desde el Museo de la Ciencia se realiza habitualmente 

una amplia campaña de comunicación de nuestros actos, que 

comprende el envío de información para las agendas de los 

medios, y de notas de prensa; la publicación de una media 

página de publicidad anunciando el ciclo completo y fal-

dones de cada una de las charlas en el diario “El Norte de 

Castilla” (periódico más leído en Valladolid, con una tirada 

de 23.311 ejemplares y una audiencia de 150.000 lectores, 

según datos de la OJD, Oficina de Justificación de la Difu-

sión); la colocación del cartel del ciclo en los tablones y cris-

taleras del Museo y auditorio; y su reparto por bibliotecas, 

universidades, centros cívicos, centros de mayores, centros 

de ocio… tanto de la capital, como de la provincia. Internet 

es también una herramienta indispensable de publicidad para 

el Museo, por lo que el ciclo apareció como evento señala-

do en el calendario de nuestra página web, además de como 

destacado y actividad enviada a través del servicio RSS. La 

noticia se lanzó también a través de las redes sociales, princi-

palmente en Facebook. Desde esta plataforma se mandaron 

900 invitaciones, a las que más de 70 personas respondieron 

afirmativamente y en cuyo tablón los amigos del grupo par-

ticiparon activamente con sus preguntas y felicitaciones. Un 

conjunto de acciones que ha hecho que el Museo cuente con 

una gran familia de asiduos asistentes. 

Además, la cobertura ofrecida por los medios de comuni-

cación fue realmente extensa. Todas las agendas se hicieron 

eco de cada una de las charlas, y todos los ponentes fueron 

entrevistados por “El Norte de Castilla”, además de partici-

par en directo en el programa “Somos así” de RTVCyL. Ar-

cuva TV, la SER o la COPE tomaron también declaraciones 

a alguno de los conferenciantes. Algunas de estas entrevistas 

se pueden encontrar en Internet. 

Y hasta aquí la crónica de este primer ciclo “Increíble… 

pero falso”, que no será el último, ya que tenemos intención 

de organizar otros similares en años sucesivos. Felizmen-

te, la lista de temas pendientes es amplia y variada, como 

el arsenal de expertos ponentes (y, sin embargo amigos, la 

mayoría). Esperamos contar de nuevo con el interés del pú-

blico y el apoyo de los medios de comunicación para seguir 

contribuyendo al fomento de la cultura científica y el pensa-

miento crítico. 

Las charlas contaron con un 

público activo que propició en 

todas ellas un animado debate de 

casi una hora de duración

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