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el escéptico
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DESERTIFICACIÓN:
¿MITO O REALIDAD?
¿Es realmente la desertifi cación un concepto bien defi nido científi camente, en el más amplio sentido?
El lector podrá encontrar el original en: http://suplementos.laopinion.es/ciencia/material/pdf/2008/05/17052008.pdf.
Antonio Rodríguez Rodríguez
Artículo
D
esertifi
cación es un término
evocativo y equívoco. Evocativo, en
el sentido de que nos trae la imagen
de dunas de arena invadiendo las tierras
agrícolas en los bordes de los desiertos y
equívoco, ya que parece hacer referencia a
un solo proceso, cuando en realidad se trata
de numerosos procesos interaccionando.
Así, el término desertifi
cación es lo
sufi cientemente intuitivo como para ser
objeto de un tratamiento mediático sin
tener que dar cuenta de su signifi cado
estricto. Sin embargo, al igual que para
otros vocablos medioambientales en boga,
su conceptualización rigurosa no es tarea
trivial. Tras la palabra desertifi cación se
esconde todo un conjunto de procesos
físicos, biológicos, históricos, políticos,
sociales, culturales y económicos
interrelacionados, que se manifi estan a
diferentes niveles de resolución, tanto
espaciales como temporales, con los que
se ha intentado concienciar a la población
de su interés ambiental, de su problemática
global y de su amenaza mundial.
La desertifi cación puede defi nirse como
aquel conjunto de procesos que originan la
disminución de la potencialidad biológica
de un territorio y de su productividad,
como resultado de un impacto negativo de
las actividades humanas y de los modelos
de ocupación del espacio, especialmente en
zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas,
llevando fi nalmente y en etapas sucesivas a
una fi sonomía y a una forma de funcionar
que recuerda a los desiertos verdaderos.
Se ha comprendido defi nitivamente que
la desertifi cación no es sólo una fatalidad
climática ni un problema biofísico de
deterioro de los ecosistemas, como de
modo simplista a veces se manifi esta
sin poner nunca en cuestión los factores
socioeconómicos e institucionales. Es un
problema medioambiental, pero también
social y esencialmente de desarrollo, en
el que la pobreza, la ignorancia entendida
ésta como pobreza de recursos culturales
y la avaricia de determinadas regiones
geopolíticas frente a los recursos de otras,
constituyen las fuerzas conductoras del
problema.
La desertifi
cación es un fenómeno
complejo, con numerosos procesos
implicados en el mismo, que actúan de
manera sinérgica y que por tanto se pueden
prestar a confusión. Sí parece haber acuerdo
general en que los procesos de degradación
ambiental más importantes que concurren
en la desertifi cación son: la degradación de
los suelos, la degradación de los recursos
hídricos y la degradación de la cubierta
vegetal con pérdida de biodiversidad.
Si bien está claro que estos tres factores
han de considerarse como los tres pilares
de la desertifi cación, y que por tanto son
las personas y las sociedades las que
originan y aceleran los procesos, cabría
preguntarse entonces ¿cuál es la causa del
comportamiento humano que nos obliga a
degradar nuestros propios recursos vitales?,
¿por qué sobreexplotamos la tierra?, ¿por
qué deforestamos nuestros bosques?,
¿por qué despilfarramos el agua? Las
respuestas a estas cuestiones constituyen
las causas últimas de la desertifi cación: un
crecimiento descontrolado de la población,
un crecimiento económico desordenado y
sin desarrollo y las, muchas veces, erróneas
decisiones políticas de los gobiernos y
de las agencias responsables de la ayuda
internacional.
Pero, ¿es realmente la desertifi cación un
concepto bien defi nido científi camente, en
el más amplio sentido? Muchos autores y
yo mismo pensamos que no. La mayoría
de las evaluaciones, ofi ciales o no, de la
desertifi cación se caracterizan por falta de
rigor, falta de consistencia y falta de base
científi ca y metodológica, y en general se
ha sacrifi cado la «buena ciencia» en aras
de la divulgación, la concienciación y la
popularización del término. La mayor parte
de los datos existentes sobre el alcance
de la desertifi cación son inciertos cuando
no falsos, existe una indudable falta de
indicadores universalmente válidos, y sobre
todo falta de conocimiento de la manera
de funcionar del sistema global social y
medioambiental.
Desde hace más de 30 años las Naciones
Unidas han jugado un papel clave en la
conceptualización de la desertifi cación y
en muchos aspectos han contribuido a crear
el mito del término. Además está todavía
por demostrar el éxito de las medidas
antidesertifi cación emprendidas por éste
y otros organismos internacionales. Los
gobiernos, preocupados por su propia
supervivencia política, se contentan
con promover rápidos crecimientos sin
desarrollo, que no hacen sino acelerar el
proceso de degradación ambiental y social.
La lectura de lo que se ha hecho hasta
ahora en la lucha contra la desertifi cación
no puede ser sino pesimista. A pesar de
la cantidad de esfuerzo, tiempo y dinero
que en los últimos años se ha invertido en
combatir la desertifi cación, el problema
no sólo no se ha reducido, sino que se ha
incrementado.
En defi nitiva, creemos que la desertifi cación
es una realidad si la entendemos como
la degradación de los recursos vitales
(agua, suelos, biodiversidad) por causa
de las actividades humanas. La aridez, las
sequías recurrentes, la falta de agua y otras
fl uctuaciones climáticas pueden originar la
degradación de determinados ecosistemas,
pero estos cambios son frecuentemente
reversibles. El concepto de «avance del
desierto», puede ser útil como herramienta
publicitaria, pero no es así como actúa la
desertifi cación. Se trata de un mito que ha
germinado en la imaginación mediática,
política y social.