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Primer contacto
Coordinación: Alfonso López Borgoñoz y Javier Armentia
EL PAÍS DE LA PSEUDOCIENCIA...
El pasado domingo 27 de enero de 2008, el diario El
País
comenzó la distribución, junto con el periódico,
de la denominada «Colección Íker Jiménez Cuarto
Milenio», una serie de libros y DVD sobre «los enigmas
de lo oculto», según aparecía en la abundante publicidad
que acompañó el lanzamiento. Pseudociencia en estado
puro con uno de los periódicos de referencia de España.
Numerosos lectores, y entre ellos también miembros de
ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico,
han protestado por la iniciativa ante los responsables del
periódico y su Defensor del Lector. Desde estas páginas
también queremos hacer visible nuestra protesta.
Alfonso López Borgoñoz, historiador y codirector de
la revista El Escéptico envió la siguiente carta a José
Miguel Larraya Mendía, el periodista en el cargo de
Defensor del Lector de El País, el pasado lunes 28 de
enero de 2008:
«Estimado Sr. Defensor del Lector de El País,
Le escribo en referencia a la colección sobre los
programas televisivos de Íker Jiménez que su diario
ha regalado este domingo y que se distribuye a partir
de esta semana, creo, con el mismo.
Desde mi punto de vista, uno de los elementos más
importantes para un medio de comunicación es la
credibilidad de toda su oferta informativa. De toda,
ya que no es fácil para el lector saber en todos los
temas cuándo el rigor es de primera clase o cuándo
éste no existe.
Es por ello que para el lector sea fundamental el tener
confi anza en que desde un medio de comunicación
se le ofrecen las mejores informaciones que son
posibles obtener, y que ello se hace de una forma
razonable, sin presentar investigaciones mal hechas
o con búsqueda de datos a medias.
No me es positivo —como lector— darme cuenta
que lo que se me dice a veces es creíble, a veces es
engañoso y a veces sólo se ha comprobado a medias.
No tengo ‘el algodón que no engaña’ que, pasado
por encima del diario, me permita tener un buen
conocimiento crítico de todo lo que leo. Los errores
de Íker Jiménez son bien conocidos en los medios
científi cos y periodísticos desde hace tiempo, y ello
ha sido puesto de relieve en numerosas ocasiones
No es que sea tan inocente como para pensar en
medios de comunicación puros, pero tampoco me
conformo con la creencia de que, en el fondo, a
éstos —y a los que trabajan en ellos— les es igual
patrocinar un tipo de mensajes que otro, y que no les
importe hacer pasar como investigación seria lo que
es sólo fruto de la fi cción.
Y la credibilidad no sólo es buena para un medio
de comunicación, sino para cualquier trabajador o
empresario. Un objeto vendido como plata en una
joyería lo suelo entender como tal (no suelo hacer
pruebas para comprobarlo). Si me lo venden por la
calle, de entrada no me lo creo. Pero si las joyerías
empiezan a vender como plata algunos objetos que
no lo son... ¿Me va a tocar hacer pruebas complejas
que no domino cada vez que mi triste economía me
permita tratar de comprar un regalo de ese noble
metal a alguien?
Y eso molesta. Si venden bajo la misma imagen
noticias que son verosímiles junto a otras noticias
que no lo son en absoluto, se me plantean dudas... el
rigor, ¿será siempre el mismo?
Los directivos de los medios de comunicación se
deben dar cuenta de que si se pone de moda mentir
sobre fantasmas, extraterrestres, godzillas o jugadores
de fútbol, su deber será seguir dando —pese a ello—
la mejor verdad demostrable y razonable, así como
su opinión sobre ello si quieren, de forma lo más
diferenciada posible.
Y, si se deja hablar a Íker —ante todo libertad de
expresión— ofrecer conjuntamente un reportaje
bien documentado sobre sus posibles inexactitudes,
ambigüedades y errores.
¿Hasta qué punto es fi able un medio de comunicación
(no sus periodistas) cuando apuestan más por la
posible venta de un producto que por el rigor en su
información?
Si se admiten planteamientos como los de Íker
y se les da mucha publicidad y vida (más que a
otros periodistas de la misma empresa), ¿hasta qué
punto creerse lo que nos digan desde ese medio de
comunicación cuando no conocemos al periodista
que escribe?
¿Cómo saber dónde sitúan en cada caso en la
dirección de ese medio su ánimo de explicar la
verdad más probable (por ser la que es sostenida
por las mejores pruebas y razonamientos existentes)
y no la fi cción que más dinero pueda llegar a darles?
¿Hay mentiras buenas y mentiras malas, cuando se
dan desde un medio de comunicación que aspira a
ser serio?
Muchas gracias por su atención,
Alfonso López Borgoñoz»
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Cartas similares fueron enviadas también por muchos
lectores, y el Sr. Larraya las respondió el martes 29
de enero de 2008 con una carta genérica, que también
reproducimos:
«Estimado lector:
La difusión y venta junto al diario El País de una
colección de programas de Cuarto Milenio que dirige
Íker Jiménez y que emite la cadena de televisión
Cuatro, que es gestionada por el Grupo Prisa, ha
generado su protesta así como la de otros lectores.
Entiendo y comparto sus razones ya que la mayoría
de los reportajes de esa colección de programas
tendría un difícil encaje en las páginas del diario.
De hecho, en sus más de treinta años de historia la
parapsicología, las apariciones o los ovnis han sido
ignorados por El País y cuando han sido abordados
se ha hecho siempre con un criterio razonable alejado
de cualquier actitud crédula.
La decisión de ofrecer ese coleccionable a los
lectores del diario responde, como es obvio, a razones
estrictamente comerciales cuya valoración, como se
me ha recordado, no forma parte de las competencias
del Defensor del Lector de acuerdo con su Estatuto,
que acota sus funciones a los contenidos del periódico
y a vigilar que el tratamiento de las informaciones
sea acorde con las normas éticas y profesionales del
periodismo. Siempre será discutible si el diario ve
comprometido su prestigio en función de la calidad de
los productos que comercializa que cada día son más
variados. Pero le aseguro que éste defensor no puede
ni quiere entrar a valorar sus prácticas comerciales,
ni a garantizar la calidad de esos productos.
Atentamente,
José Miguel Larraya»
En cierto modo viene a dar la razón a la queja: el
contenido de esa oferta de El País vulnera la línea
editorial del periódico. Pero esquiva el juicio aludiendo
falta de competencias. No parece que sea relevante el
que esa «promoción comercial» afecte la imagen de
veracidad del periódico, o no lo considera así. En otras
ocasiones, otros Defensores del Lector consideraron que
la publicidad que se incluía en las páginas del periódico
debía ser analizada para evitar contenidos publicitarios
que vulneraran los límites expresos de los contenidos de
El País. Recordemos, por ejemplo, el caso de un anuncio
homófobo que publicó el 25 de mayo de 2005 y que al día
siguiente el mismo periódico reconoció como un error.
La diferencia, en este caso, es que esa publicidad (oferta
comercial ligada al diario) viene del mismo grupo editorial
y de medios de comunicación
que edita el periódico. Los
DVD reproducen programas
emitidos en la televisión Cuatro,
realizados por Íker Jiménez,
un programa que movilizó en
su contra a cientos de personas
manifestándose por la cultura
veraz. El mismo periodista
mantiene desde hace años un
programa en la Cadena SER
con idénticos planteamientos y
contenidos pseudocientífi cos.
Realmente, este episodio con El
País
, ¿es la última rendición de la
razón crítica ante la invasión de
la pseudociencia en los medios
de PRISA? Así lo parece.
Serafín Senosiáin, director de
la Editorial Laetoli, con la que
ARP-Sociedad para el Avance
del Pensamiento Crítico realiza
la colección ¡Vaya Timo!, y
Así publicita El País la colección de Íker Jiménez.(El País S.L.).
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reciente Premio Mario Bohoslavsky, nos ha hecho llegar
la carta que ha enviado al director de este periódico. Sus
refl exiones permiten entender por qué un periódico no
debe incluir este tipo de «promociones comerciales»
engañando a sus lectores.
«Estimado Sr. Director,
Deseo transmitirle y estoy seguro de que muchos
lectores de El País sienten hoy lo mismo que yo mi
profunda decepción por el hecho de que su periódico
(que siento mío también pues lo leo desde su primer
número) avale con su prestigio una colección de
libros y DVD tan lamentable como Cuarto Milenio.
Hasta ahora, El País nos había ofrecido excelentes
enciclopedias y atlas, magnífi
cas y cuidadas
colecciones de literatura, de cine y de arte. Pero nunca
nos había tratado de vender una colección como ésta.
Que El País, heredero del pensamiento de Ortega y
Gasset y portavoz de una España moderna y laica,
avale este “asombroso viaje por el ocultismo” es algo
que a muchos lectores nos ha dejado estupefactos.
Es más, y quiero medir bien mis palabras: nos ha
avergonzado.
No se trata, como querríamos pensar, de un simple
“producto comercial” elaborado por un departamento
ajeno a El País. La colección Cuarto Milenio, como
dice su director Íker Jiménez en la página 9 del
libreto que acompaña al DVD, ha logrado unirse “en
singular aventura a uno de los medios más respetados
e infl uyentes del mundo”. ¡Y tan singular! En el
siguiente párrafo, el satisfecho periodista afi rma
que “Cuarto Milenio y El País” nos invitan “a una
maravillosa travesía”.
Esa “travesía”, a juzgar por la entrega de hoy, es
deleznable desde el punto de vista periodístico. Es
más, cualquiera de esos reportajes no pasaría ningún
control de su periódico, por lo que el hecho de avalar
esta colección oscurantista mina la credibilidad de El
País
, no le quepa duda.
Es una broma afi rmar, como dice su publicidad
publicada a doble página a lo largo de esta semana,
que “esta colección trata de dar una explicación
científi ca, si la hay”. Muy al contrario, trata de no
darla (¡la explicación acabaría con el misterio!); y
cuando la da, la tergiversa.
El programa sobre “El niño embrujado de La Seca”,
recogido en el DVD de hoy, es un buen ejemplo. A
principios de la década de 1970, una mujer trató de
matar a su hijo recién nacido en un pobre pueblo
castellano clavándole agujas por todo el cuerpo. El
médico forense José Cabrera, presente en el plató del
programa, nos ofrece una explicación muy plausible:
la madre sufrió una “psicosis puerperal”, una crisis
similar a la esquizofrenia, una enajenación mental
transitoria, como dice la sentencia. La madre fue
internada en el psiquiátrico de Valladolid y dada
de alta un año después. El niño se recuperó, pues
ninguna de las agujas consiguió acabar con su vida,
y actualmente hace una vida normal, al igual que su
madre.
¿Dónde está el “misterio”?
¿Cómo es posible titular ese programa “El niño
embrujado de La Seca”?
¿Cómo es posible que este triste suceso sea califi cado
como “enigmático caso”?
“No es extraño -dice el Sr. Jiménez- que los diarios
hablaran de brujería. No era descabellado pensar
que la madre había actuado siguiendo instrucciones
concretas, un manual que le indicara los puntos
exactos en los que se debía intervenir a través de las
agujas...”
¿Esto es periodismo? ¿Periodismo de investigación?
¿Esto es buscar una explicación científi ca?
El Caso o el diario Pueblo se interesaron por el
asunto. En la página 43 del libreto se reproduce una
página de la sección de “Sucesos” de Pueblo. Allí
puede leerse en un antetítulo: El niño “embrujado”
de La Seca. Embrujado entre comillas, antes de
que se investigara el caso, antes de que la sentencia
declarara que los hechos se debían a la enajenación
mental de la madre.
Con Íker Jiménez el lector no encontrará más
que oscurantismo, creencias sin pruebas,
temores, la España de El Caso y de la
Inquisición. Que este «retorno a la oscuridad»
venga con el sello de El País resulta increíble”.
Pues bien, treinta años después, el periodismo “de
investigación” del Sr. Jiménez, que trata de dar una
explicación científi ca de los hechos (si la hay), se
olvida de las comillas y desde el titular del DVD deja
las cosas claras: “El niño embrujado de La Seca”.
Estamos en las antípodas de cualquier investigación
periodística seria, y desde luego muy lejos de la
ciencia, muy lejos de la razón, muy lejos del espíritu
de la Ilustración. En esta serie hay oscurantismo,
periodismo engañoso, ocultismo, creencias sin
pruebas, temores, espectáculo y, sobre todo, parece
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ser, negocio. Es triste que El País avale semejante
producto, aunque lo vinieran haciendo ya otras
empresas de su grupo, como Canal 4, la SER o
Aguilar. Pero... ¡EL PAÍS!
Soy director de Editorial Laetoli y publico, en
colaboración con ARP - Sociedad para el Avance
del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC), la colección
¡Vaya timo!, dirigida por Javier Armentia. Hasta
el momento hemos publicado cinco títulos: El
creacionismo ¡vaya timo!
, Los ovnis ¡vaya timo!,
La sábana santa ¡vaya timo!, El yeti y otros bichos
¡vaya timo!
y La parapsicología ¡vaya timo! Dos más
aparecerán en breve: Las abducciones ¡vaya timo! y
El psicoanálisis ¡vaya timo! Están en preparación
casi una docena: la astrología, la homeopatía, el feng
shui
, el más allá...
Quiero copiarle aquí un párrafo de Javier Armentia
que reproducimos en la contraportada de todos
los libros de la colección: “Vivimos rodeados
de supercherías que se repiten y venden como
ciertas. Algunas llegan a alcanzar notoriedad
gracias a los medios de comunicación, que nos
transmiten misterios aparentemente sobrenaturales
o afi rmaciones pseudocientífi cas sin establecer antes
un mínimo criterio de veracidad. Así, astrólogos,
homeópatas, creacionistas, tarotistas, curanderos y
muchos otros timadores parecen disfrutar de completa
impunidad para vendernos sus productos. En la más
reivindicadora tradición ilustrada, esta colección de
libros se dirige a ese crédulo que llevamos dentro
y nos muestra por qué los ovnis, la sábana santa, el
feng shui, la astrología y otras modas son verdaderos
timos: creencias falsas, vanas ilusiones que nos quitan
tiempo y dinero (y a veces la salud). En esta colección
el lector encontrará argumentos contundentes y a la
vez sabrosos para pensar críticamente. En defi nitiva,
para pensar: la herramienta más útil que tenemos
para librarnos de los timos”.
En la colección de Íker Jiménez, por el contrario,
el lector no encontrará más que oscurantismo,
creencias sin pruebas, temores, la España de El
Caso
y de la Inquisición. Que este “retorno a la
oscuridad” venga con el sello de El País resulta
increíble. Dejo por escrito mi protesta.
Le envío varios ejemplares de la colección ¡Vaya
timo!
y confío en que le interesen. Le envío también
un ejemplar de un título reciente, Reivindicación
de la Ilustración
, del fi lósofo Stephen Bronner.
Tal vez más adelante, cuando llevemos unos 25
títulos, contacte con su departamento comercial
para tratar de llegar a un acuerdo y ofrecer los
títulos de ¡Vaya timo! con la edición dominical
de El País. Tal vez ganemos todos menos dinero,
pero sin duda haremos un mejor servicio al país y
a la educación de las nuevas generaciones.
Un cordial saludo,
Serafín Senosiáin
Editorial Laetoli»
Finalmente, nos permitimos poner una viñeta de El Listo,
que permite al menos sonreír ante la barbaridad de El
País
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