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el escéptico
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DIVULGACIÓN CIENTÍFICA:
SEÑAS DE IDENTIDAD
Inés Rodríguez Hidalgo
Instituto de Astrofísica de Canarias
Departamento de Astrofísica de la Universidad de La Laguna
Prólogo
A
lo largo de mi trayectoria profesional he com-
paginado la docencia universitaria con la in-
vestigación en Astrofísica y, desde hace más
de una década, con una activa labor como divulgadora
científi ca… para la que nunca he recibido formación es-
pecífi ca. Por ello, mis primeras actividades en el campo
de la divulgación fueron planifi cadas y realizadas esen-
cialmente desde la intuición. Poco a poco la práctica, la
crítica al trabajo desarrollado, y el análisis de las técnicas
y recursos más útiles, me han permitido adquirir cierto
ofi cio en la arena de la popularización de la Ciencia. Al
mismo tiempo, inevitablemente, se han ido defi niendo
con mayor claridad las que para mí son señas de identi-
dad
de la divulgación científi ca. Invito al lector a com-
partir mis refl exiones sobre estos principios que desper-
taron y mantienen viva mi vocación de divulgadora: que
la divulgación científi ca es Ciencia, que es necesaria, que
es difícil… pero posible, y que es también un arte.
Ciencia para el pueblo
La divulgación científi ca puede defi nirse como una
estimulante tarea de comunicación y formación, que toma
mensajes del campo de la Ciencia y los «reescribe» de
forma creativa para su difusión en un ámbito más extenso
que el de su origen, el del público no especializado.
Potenciales destinatarios de la divulgación son todos
los miembros de la sociedad; y el propio término, al
conservar la etimología de vulgo (pueblo), enfatiza las
diferencias intrínsecas que existen entre aquellos, tanto
en la producción de conocimiento como en el acceso a
él. Lejos de cualquier matiz peyorativo, «si divulgar es
vulgarizar, en el sentido de hacer accesible a las mayorías
un conocimiento reservado a un reducido grupo,
bienvenida la divulgación» (Ortega Villa, 2003).
La divulgación científi ca es Ciencia
Lograr que la Ciencia se integre en el conocimiento
básico del ciudadano promedio es, sin duda, la auténtica
revolución cultural (aún pendiente) del siglo que corre.
Y para ello es preciso destruir la presunción de que la
popularización de la Ciencia no es Ciencia… lo que sería
como afi rmar que la harina no es trigo.
La divulgación científi ca es Ciencia porque de ella nace
y se nutre, porque representa la máxima expresión de su
naturaleza pública y abierta, y porque su fruto, la cul-
turización integral del pueblo, tiene como consecuencia
el aprecio y respeto por la Ciencia, su sostenimiento y
progreso. Como la propia Ciencia, la divulgación es san-
cionada sólo por la experiencia, nunca es algo concluido,
y requiere audacia, imaginación y creatividad.
A los científi cos corresponde asumir el liderazgo de
la revolución cultural enunciada al comienzo. Así,
los agentes de la divulgación han de ser, en primera
instancia, los propios científi cos, que producen y
poseen el conocimiento validado, y están legitimados
para compartirlo con la sociedad. No obstante, para
que este proceso de transmisión sea efi caz el emisor
ha de dominar el lenguaje de la calle y aprovechar las
tácticas características del mundo de la comunicación
profesional.
La autora Inés Rodriguez Hidalgo en el curso Ciencia y
Pseudociencia
de 2007. (Universidad de La Laguna)
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Los contenidos propios de la Ciencia constituyen el
mensaje del discurso divulgativo. Sin duda, éste debe
cubrir recientes avances y temas candentes, pero no puede
olvidarse de los conceptos básicos, habida cuenta la
defi ciente educación científi ca de la sociedad. En el amplio
abanico de tópicos científi cos existen algunos favoritos
del público, bien sea por su inmediata repercusión en
la vida cotidiana (salud, bienestar), porque se refi eren
a los importantes retos globales a los que se enfrenta
nuestro planeta (cambio climático, crisis energética),
porque se encuentran en el límite de lo imaginable y de
lo que es técnica, ética y legalmente posible (clonación,
transgénicos), o porque conectan con los íntimos anhelos
y dudas del ser humano (origen y destino del Universo,
búsqueda de vida e inteligencia extraterrestres). A su vez,
existen temas sencillos y agradecidos, y otros complejos
y abstractos, de los que quizá sólo sea posible transmitir
una idea básica, una pincelada… En todo caso, cualquier
asunto científi co es susceptible de ser divulgado, siempre
que se inviertan el tiempo y el esfuerzo necesarios para
traducirlo a un lenguaje llano y presentarlo de forma
clara y atractiva.
Por último, es un hecho que el método de la Ciencia,
que la caracteriza de forma inequívoca, ha aportado a
la cultura una manera particular de pensar la realidad,
una perspectiva escéptica, creativa y rigurosa. Por eso
no basta con popularizar ideas y resultados científi cos; la
divulgación debe asumir el desafío de transmitir también
a la sociedad cómo funciona la Ciencia.
Es mucho más fácil presentar de modo atractivo la
sabiduría destilada durante siglos de interrogación
paciente y colectiva sobre la naturaleza que detallar el
complicado aparato de destilación. El método, aunque
sea indigesto y espeso, es mucho más importante
que los descubrimientos de la Ciencia
(...) En todos
los países se debería enseñar a los niños el método
científi co (…) Con ello se adquiere cierta decencia,
humildad y espíritu de comunidad.
(Sagan, 1997).
Es difícil decirlo de forma más clara y más hermosa.
La divulgación científi ca
es necesaria
Se pueden invocar numerosas razones por las que es im-
prescindible poseer un mínimo conocimiento científi co
para vivir hoy en nuestro mundo
[1]
:
– para no utilizar la tecnología completamente a
ciegas
– para no encontrarse perdido ante los continuos
avances y descubrimientos
– porque la solución a los principales problemas
que aquejan a la humanidad, como el hambre,
el deterioro medioambiental o el calentamiento
global, pasa sin lugar a dudas por la Ciencia
– para poder opinar con buen juicio y prudencia
sobre cuestiones relevantes como la producción
de transgénicos, la clonación o el uso de energías
alternativas
– para utilizar provechosamente la razón y el sano
escepticismo
– porque sin Ciencia no hay cultura
– y porque la Ciencia es bella y produce placer.
Es paradójico que nuestras sociedades, inmersas en la
Ciencia y la Tecnología, exhiban alarmantes cuotas de
analfabetismo científi co. El escenario es desalentador,
como refl eja la siguiente noticia: en junio de 2007 se
publicaban los resultados de una encuesta realizada
por el CSIC con objeto de analizar la percepción social
de la Ciencia en España: un 58% de los entrevistados
consideró haber recibido una formación insufi ciente
en Ciencias durante su periodo de estudios (Diario de
Avisos
, 19 de junio de 2007). Paliar esta lamentable
situación en el futuro requiere, por supuesto, mimar la
educación estructurada; pero el acceso a la Ciencia por
parte de una mayoría de los ciudadanos queda en manos
de la divulgación, que debe exceder la mera transmisión
de conocimiento y buscar, en último término, que lo
científi co forme realmente parte de la vida cotidiana.
Esta empresa adquiere una dimensión inconfundible en
los museos de ciencia interactivos, cuyo objetivo esencial
es exponer al visitante a una atmósfera inspiradora
de actitudes positivas hacia la Ciencia, haciendo que
participe de ella de forma activa e integral.
La Ciencia altera nuestro mundo de forma irreversible,
muestra los más profundos signifi cados de la vida y
redefi ne qué y quiénes somos. Se ha señalado que los
científi cos y otros pensadores del mundo empírico
ocupan hoy el lugar de los intelectuales tradicionales,
convirtiéndose en protagonistas de la tercera cultura
(Brockmann, 1992). A la vanguardia de esta nueva
cultura emergente se sitúan precisamente los científi cos
1 Stewart Brandt las sintetizó sin contemplaciones diciendo que
«la Ciencia es la única noticia». Seguramente todo lo demás es
chismorreo.
Siete años de escepticismo en la Universidad de La Laguna
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La divulgación está hoy en camino para legitimarse
como actividad profesional; cada vez más los centros
de investigación, los propios científi cos, los docentes,
las instituciones dedicadas al fomento de la Ciencia y la
Tecnología, los medios de comunicación y la sociedad
misma van reconociendo su efi cacia para promover el
desarrollo de una auténtica cultura científi ca. Así lo han
declarado valientemente los Congresos sobre Comuni-
cación Social de la Ciencia celebrados en nuestro país en
la última década, ya desde sus propios títulos, La Ciencia
es cultura
(Toharia Cortés, 2003) y Sin Ciencia no hay
cultura
(Núñez Centella, 2006).
La divulgación es difícil… pero posible
— o —
Heisenberg y la divulgación científi ca
Aceptamos, pues, que el liderazgo en el reto de la
divulgación debe ser asumido por los propios científi cos.
Sin embargo, para algunos de ellos la divulgación carece
de interés o es considerada una actividad de inferior
categoría. Razones de este desprecio o rechazo son el
hecho de no proporcionar el adecuado reconocimiento
(ni social, ni académica, ni económicamente) y la
consideración de que transcribir el conocimiento
científi co al lenguaje común implica degradarlo. Quizá
estos investigadores no conocen la célebre sentencia
de Werner Karl Heisenberg «Even for the physicist the
description in plain language will be a criterion of the
degree of understanding that has been reached»,
que
eleva la divulgación al nivel de criterio de evaluación del
conocimiento…
Existe otra importante causa que no debe olvidarse: la
sospecha o el reconocimiento explícito por parte de los
científi cos de que la popularización de la Ciencia entraña
una gran difi cultad. Para soslayarla es imprescindible, en
primer lugar, una comprensión profunda del contenido
que se desea transmitir
[2]
. En segundo lugar, dado que
el objetivo de la divulgación es permitir al hombre de la
calle comprender conceptos y resultados científi cos de
acuerdo con su nivel cultural e intelectual, es necesario el
dominio del lenguaje común y los recursos y estrategias
de la comunicación.
La divulgación debe, por tanto, satisfacer simultáneamente
la legitimidad científi ca y la credibilidad pública. Esto no
impide que sea realizable, pero sí condiciona el grado
de satisfacción de sus objetivos. Tal limitación física
fundamental
puede ser expresada como un Principio de
Incertidumbre de Heisenberg aplicado a la divulgación
científi ca
que se enuncia como sigue:
Δd.Δw ≥ una constante realmente pequeña
donde d representa la profundidad y completitud
de los contenidos ofrecidos y w mide la amplitud y
heterogeneidad de la audiencia.
Lamentablemente, mientras la alfabetización científi ca
de la sociedad no sea una realidad, valores altos de w se
corresponden con un bajo nivel medio de formación del
público receptor. Esto permite una expresión alternativa
del principio utilizando como par de variables conjugadas
el grado de culturización científi ca logrado y el nivel del
destinatario del mensaje.
Seguro que la realidad no es tan simple, y muchos otros
factores infl uyen en el éxito de la empresa que nos ocupa,
pero no he podido resistirme a plantear esta analogía…
Sin duda producir Ciencia popular de calidad es más
complicado que lo que en principio creen quienes no lo
han intentado nunca… pero para convencerse de que ello
es posible basta un repaso a los veinte años de los Pre-
mios Prismas Casa de las Ciencias a la divulgación.
La divulgación es también un arte
Según Stephen Jay Gould, «La Ciencia no es una
búsqueda insensible de información objetiva. Es una
actividad creativa humana y sus gentes actúan más como
artistas que como procesadores de información».
Así como la obra de arte sólo está culminada cuando
es contemplada por el espectador, la divulgación
científi ca es parte esencial del proceso creativo y de la
vocación universal de la Ciencia. El verdadero artista
de la divulgación necesita dominar el idioma de la
comunicación; pero debe, además, ser un rastreador de
nuevos lenguajes, signifi cados, referencias, relaciones,
escenarios y contextos, provocar y transgredir, perder el
miedo a salirse de la autopista de lo convencional.
Sostenía Albert Einstein que «la Ciencia comienza con
la experiencia y desemboca en ella»
. Igualmente en
el terreno de la divulgación científi ca puede afi rmarse
que el camino que (desde la ignorancia, la impericia
o el voluntarismo basado casi exclusivamente en la
2
Una jugosa anécdota protagonizada por Richard Feynman ilustra esta
afi rmación: se cuenta que un miembro del claustro de Caltech le pidió
que preparase una lección para los estudiantes recién ingresados
sobre cierto tema de Física Cuántica (concretamente, por qué las
partículas de spin 1/2 obedecen a la estadística de Fermi-Dirac). Al
cabo de unos días, el profesor regresó afi rmando su incapacidad para
reducir el tema al nivel de los novatos. Dijo «No pude hacerlo. Esto
signifi ca que realmente no lo entendemos
» (Goodstein & Neugebauer,
1989).
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intuición) conduce al ofi cio pasa necesariamente por la
experiencia. Basándome en la mía, me permito ilustrar
esta última sección con algunos ejemplos de caminos
menos transitados
:
Exposiciones poco habituales:
Con motivo del Año Mundial de la Física, el
Museo de la Ciencia y el Cosmos (MCC) del Ca-
bildo de Tenerife desarrolló el proyecto másEin-
stein 2005
, transformando el casco antiguo de la
ciudad de La Laguna en una sala de exposición:
un centenar de fi guras 2D de Einstein con frases
del científi co fueron colocadas en instituciones y
centros públicos, tiendas, comercios, cafeterías…
Enormes lonas en muros, verjas y edifi cios sor-
prendieron al viandante con provocativos con-
ceptos de relatividad e ilustraciones espectacula-
res. Y la imagen de Einstein sentado, realizada en
vinilo, viajó en varios autobuses de la línea Santa
Cruz – La Laguna, anunciando las sorprendentes
consecuencias de la Relatividad Especial sobre
el vehículo o su conductor.
Espacios públicos como foros de comunicación
científi ca:
Dentro del proyecto antes mencionado se celebró
un ciclo de tres coloquios/debates en un bar
público de La Laguna, titulados «No sólo de
Relatividad vivió Einstein», «¿Inventó Einstein
la Relatividad?» y «Einstein nunca dijo eso de
todo es relativo», con una excelente respuesta
del público. La iniciativa se ha repetido después
con formato ligeramente distinto: «Salsa Rosa
Científi ca. Toda la verdad sobre el descubrimiento
de la estructura del ADN», enfocado hacia la faceta
más humana (y, por tanto, sublime o vil, según el
caso) de la Ciencia; o «Tres miradas expertas. El
Sol visto por un astrofísico, un ingeniero y un
médico dermatólogo». La idea tiene sus raíces
en la tradición de destacados miembros de las
sociedades científi cas nacidas en el siglo XVII
de presentar en tabernas y locales públicos las
novedades de su trabajo. El formato actual es
sencillo: tres o cuatro expertos se sientan frente
al público, con un simple micrófono y su bebida,
y exponen brevemente y en un lenguaje llano su
aportación al tema del día, para pasar en seguida
a dialogar y debatir entre ellos y con la audiencia.
Un moderador reparte los turnos de palabra y pide
explicaciones si surgen términos o conceptos
demasiado técnicos. El ambiente distendido
de un bar de copas ayuda a que los asistentes
intervengan sin miedo y sin vergüenza.
La vida es puro teatro…:
Una alternativa a los métodos tradicionales para
transmitir conceptos científi cos es hacer que un
actor o actriz, usando sólo la palabra y sus gestos,
cuente una historia colateral capaz de captar la
atención del público. El guión expone un tema
de amplio interés popular que es posible vincular
a la Ciencia, pero que se presenta como ajeno a
ella, con pinceladas de magia y humor.
Por ejemplo: durante una celebración escéptica
del solsticio de verano de 2003 que tuvo lugar
en un bar de copas de La Laguna frecuentado
por universitarios, varios colegas, la mayoría
profesores de distintas especialidades en la
ULL, protagonizaron una parodia del espacio
televisivo El club de la comedia
[3]
. A lo largo de
un monólogo de unos diez minutos de duración,
quien escribe trató de desmontar algunas falacias
de la Astrología, hablando de sus presuntos
amores… al tiempo que explicaba diversos
conceptos de Astronomía básica
(ver Rodríguez
Hidalgo, 2003 y 2005a y b)
Sinergias infrecuentes:
En abril de 2005 se presentó en Tenerife
«Harmonices Mundi, un espectáculo astrofísico-
musical». Sobre un guión de tema astrofísico,
y estructurado a modo de movimientos de una
sinfonía, una orquesta interpreta en directo un
conjunto de piezas musicales seleccionadas,
o una obra compuesta ad hoc. Alternando con
la música, o sobre ella, se escucha en vivo la
narración, y la representación se completa con
juegos de luces y espectaculares imágenes y
animaciones astronómicas proyectadas en una
gran pantalla
(ver Rodríguez Hidalgo, 2003, para
una explicación más amplia de este proyecto)
.
Con el propósito de aunar manifestaciones
de la cultura aparentemente dispares, pero
felizmente compatibles, como la poesía, la
música y la Ciencia, el planetario del Museo
de la Ciencia y el Cosmos
fue escenario de
otra iniciativa singular. Bajo el título genérico
3
Se trata de una serie de monólogos sobre guiones humorísticos,
algunos bastante cuidados. Los intérpretes suelen aparecer en el
escenario, solos con un taburete.
Siete años de escepticismo en la Universidad de La Laguna
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«Poesía bajo las estrellas» se estrenaron en abril
y diciembre de 2007 las obras poéticas «Ruido
o luz» y «Poemas del origen», creadas para
cada ocasión. Los espectáculos contaron con
los propios autores como narradores, música de
fondo original interpretada en directo por sus
compositores, algunos efectos sonoros y visuales
cuidadosamente seleccionados, y el cielo del
planetario en movimiento sobre las cabezas de
los asistentes a estas representaciones únicas.
Sirvan como muestra estos versos de la primera
de las obras
(Bellón, Bruno y Suárez, 2007)
Aún más al fondo de ese fondo de microondas
ese ruidito
audible sólo por ciertas máquinas
vibra la violencia de la que surgimos
Es un zumbido que nos cruza
a los hijos de la detonación
Epílogo
Estas refl exiones y experiencias personales, siempre
abiertas a la discusión y a la crítica, no tienen otro propósito
que resultar inspiradoras para quienes trabajan por poner
al alcance de la mayoría del pueblo el conocimiento, la
belleza y el placer de la Ciencia.
Referencias
− Bellón, D., Bruno, C., Suárez, E. (poetas), Marrero
J. (músico) (2007). Ruido o luz (obra aún inédita)
− Brockmann, J. (1992). The emerging third culture
- scientists who publish for general audiences.
http://findarticles.com/p/articles/mi_m1510/is_
n79/ai_13805346
− http://www.diariodeavisos.com/content/199140/
(2007). El 58% de los españoles cree que tuvo una
formación científi ca insufi ciente
. Fuente: EFE.
Madrid
− Goodstein, D.L. & Neugebauer, G. (1989).
Prefacio especial (de las Lecciones de Física).
En Seis piezas fáciles de Richard P. Feynman. Ed.
Crítica, Biblioteca de Bolsillo. Barcelona, 2002.
− Núñez Centella, R. coord. (2006). Sin Ciencia
no hay Cultura, Actas del III Congreso de
Comunicación Social de la Ciencia
. Ed. Museos
Científi cos Coruñeses. Coruña
− Ortega Villa, Luz M. (2003), De los puentes para
los campos. Refl exiones en torno a la divulgación
científi ca
. En Razón y Palabra, nº 32.
− Rodríguez Hidalgo, I. (2003). Harmonices Mundi,
un espectáculo astrofísico-musical. En CD-Rom
Science meets the public. Humanistic culture and
scientifi c-technological development
, ISBN 84-
688-2676-6
− Rodríguez Hidalgo, I. (2003). Amores y zodiaco
www.caosyciencia.com/visual/video.php?id_
vid=17
. En
www.caosyciencia.com
.
− Rodríguez Hidalgo, I. (2005a). Amores
horoscopales. En El Escéptico, nº 20, 50-51.
− Rodríguez Hidalgo, I. (2005b). Do the stars tell
your love story?. En Communicating Astronomy
with the Public
. Eds. Ian Robson & Lars Lindberg
Christensen, ESA/Hubble. Munich. 152-158
− Sagan, C. (1997). El mundo y sus demonios. Ed.
Planeta. Barcelona.
− Toharia Cortés, M. coord. (2003). La Ciencia es
Cultura. Actas del II Congreso de Comunicación
Social de la Ciencia
, Ed. Museo de las Ciencias
Príncipe Felipe. Valencia
Carl Sagan. Uno de los más famosos divulgadores científi cos.
(Ed. Planeta)