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En los últimos años, hemos tenido noticia de episodios
de revisión creacionista del currículo educativo en paí-
ses como Italia, Brasil y Serbia. Algunos artículos
recientes en prensa en los que nuevamente se presenta
el "Diseño inteligente" como teoría científica alternati-
va al darwinismo han hecho saltar nuestras luces de
alarma.
Lejos de querer restringir la libertad de expresión de
cualquier tipo de ideas, incluyendo las no basadas en la
evidencia, estamos a favor de llamar a las cosas por su
nombre: mientras el "Diseño inteligente" no siga escru-
pulosamente las reglas del método científico, tampoco
debe gozar de la respetabilidad asociada al conocimien-
to generado mediante el mismo.
Desde la publicación de El Origen de las especies de
Charles Darwin (a inales de noviembre de 1859), la
Teoría de la evolución de las especies por selección
natural ha constituido la base de la biología moderna.
Nuestra comprensión de la vida y de los fenómenos
naturales está indisolublemente fundamentada en la
denominada síntesis moderna, que complementa las
ideas de Darwin y Wallace con los mecanismos heredi-
tarios descubiertos posteriormente por Mendel y otros.
Los avances científicos posteriores han establecido
categóricamente que todos los organismos vivos, lejos
de haber sido creados de manera simultánea, descien-
den de un antepasado común mediante modificación.
El conocimiento científico se basa en inferencias de la
evidencia empírica y en la realización de ensayos que
validan o descartan hipótesis falsables. Como toda teo-
ría científica, el evolucionismo cambia según se van
conociendo nuevos datos o éstos se analizan a la luz de
nuevos descubrimientos. Sin embargo, la idea central
de la teoría (la existencia de un antepasado común de
todos los seres vivos) se ha mantenido invariable
durante casi 150 años, por lo que se puede afirmar que
es un hecho científicamente probado, fuera de toda
duda razonable.
El camino recorrido para llegar hasta aquí ha sido largo,
muy largo. Por centrarnos en hechos totalmente con-
trastados pongamos que hace unos 4.600 millones de
años se formó un gran remolino de gas y polvo que dio
lugar al Sistema Solar. Poco después se estrelló contra
la Tierra un objeto del tamaño de Marte, que dio lugar
a la Luna. Durante 500 millones de años la joven Tierra
sufrió otros impactos cósmicos que a su vez generaron
condiciones en las que se hizo posible el inicio de la
vida, tal y como hoy la conocemos. Aunque parezca lo
contrario, la Tierra sigue siendo hoy un planeta peligro-
so: se cree que el 99% de las especies que algún día
existieron se han extinguido a causa de cambios climá-
ticos, colisiones de asteroides, actividad sísmica y vol-
cánica, deriva continental, etc. Un ejemplo famoso es la
frontera KT (entre el periodo Cretácico y el Terciario,
hace 65 millones de años), donde desapareció aproxi-
madamente el 75% de las especies del registro fósil,
incluyendo los célebres dinosaurios.
Los últimos 400 millones de años han sido igualmente
agitados: la vida salió del medio acuoso para adaptarse
a tierra firme, evolucionando en todas direcciones hacia
organismos de mayor o menor complejidad. El resulta-
do: el mundo maravilloso, frágil y complejo que habi-
tamos hoy. Esta extraordinaria sucesión de hechos ha
EL ENGAÑO ¿INTELIGENTE?
el escéptico
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Diseño inteligente:
¿
Teoría científica
o
acto de fe
?
Desde la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
(ARP-SAPC) queremos hacer constar nuestra preocupación
ante la exportación interesada del falso debate entre
Evolución y "Diseño inteligente" a nuestro país.
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permitido que en las últimas décadas, seres inteligentes
como nosotros hayamos reconstruido la historia natural
de este proceso y lo hayamos sustentado en hipótesis
falsables, según el método científico. En este punto, es
importante resaltar que la Teoría de la evolución ni da
la explicación al origen de la vida ni tiene por qué
hacerlo, ya que para que haya evolución debe haber
vida preexistente. Lo que sí hemos probado, en defini-
tiva, es que la vida humana surgió así. Este hecho, de
por sí, es un hallazgo de primera magnitud. Sabemos
quiénes somos y de dónde venimos. A dónde vayamos,
es otra historia.
Pero hemos recorrido un largo camino. Por eso resulta
cuando menos frustrante que, a estas alturas, un grupús-
culo de investigadores que intenta conciliarse con sus
creencias haya abandonado el método científico para
postular la denominada teoría del "Diseño inteligente"
como una innovación teórica, basada en la evidencia,
que ofrece una explicación más adecuada al origen de
la diversidad de organismos vivos que la teoría de la
evolución. En respuesta a estas afirmaciones, asocia-
ciones científicas de prestigio como la Sociedad
Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) y la
Sociedad americana de Historia de la Ciencia (HSS)
han denunciado "la existencia de errores conceptuales
significativos en su formulación, la ausencia de eviden-
cias científicas creíbles y la utilización errónea de
hechos probados científicamente", así como "los
recientes esfuerzos para eliminar la enseñanza de la
evolución del currículo de la escuela secundaria, lo que
impedirá a los estudiantes apreciar el proceso histórico
de la ciencia como búsqueda intelectual y el entendi-
miento de su papel en la sociedad".
El llamado "Diseño inteligente" postula la existencia de
una "complejidad irreductible" en determinados proce-
sos biológicos, lo que a su juicio implicaría la necesi-
dad de la existencia de un Diseñador (del que nada
sabemos) ante la supuesta imposibilidad de explicar
dichos sistemas complejos por mera selección natural.
Para ello, ignora y malinterpreta gran parte de la evi-
dencia existente, sin plantear hipótesis falsables ni pre-
sentar una explicación mecanística que sea más acorde
con los hechos que la actualmente aceptada. De hecho,
no puede ni siquiera calificarse de Teoría, en el sentido
que esta palabra tiene en ciencia, pues no constituye un
marco teórico acorde con evidencias experimentales y
expuesto a la falsabilidad. El desarrollo de esta falsa
teoría requiere en último término de explicaciones
sobrenaturales, seres de inteligencia y voluntades ines-
crutables y, en definitiva, conduce a aceptar como cien-
cia hechos blindados, conceptualmente, al conocimien-
to científico.
Entre otros errores de bulto del "Diseño inteligente",
podemos destacar los siguientes: (a) Llamada a la igno-
rancia. Aluden a datos que no están disponibles como si
fueran pruebas. Es más, algunas de estas afirmaciones
ya han sido refutadas aunque ignoren los datos corres-
pondientes: caso del flagelo bacteriano y el sistema de
secreción tipo III; (b) La ausencia de ciertas evidencias
es considerada como evidencia de que existe un diseña-
dor. ¿Quién diseñó al diseñador? El "Diseño inteligen-
te" no entra en ese tema, lo que es inaudito en una teo-
ría científica. Si fuera una teoría científica buscaría evi-
dencias de ese diseñador y se preguntaría sobre su ori-
gen. No lo hacen porque es una puerta trasera hacia la
religión; (c) Las "lagunas" que denuncian en la Teoría
de la evolución no son tales. El corpus teórico darwi-
nista (o neodarwinista, o sintético de la evolución),
lejos de ser una colección de dogmas inamovibles es
una aventura humana en pos del conocimiento que se
va contínuamente refinando según se van acumulando
nuevas evidencias. Esto, lejos de constituir una debili-
dad de la Teoría como pretenden convencernos desde el
Instituto Discovery, está en el mismo fundamento del
conocimiento científico y afecta a todos los hechos pro-
bados que normalmente asumimos como verídicos.
El "Diseño inteligente", por tanto, no puede ni debe ser
calificado de teoría científica sino que es un acto de fe,
y como tal debe juzgarse. Es pues materia para clases
de religión y teología, y no debe formar parte de los
estudios de ciencias y menos como alternativa a la teo-
ría de la evolución. La polémica generada recientemen-
te en los Estados Unidos se explica fácilmente si se
considera que la religión no se enseña en las escuelas
públicas de ese país por el imperativo constitucional de
neutralidad religiosa. Es más, en 1987 el Tribunal
Supremo de los EE.UU. prohibió la enseñanza del cre-
acionismo (creation science), una relectura pseudocien-
tífica del Génesis inventada en los años 60. Desde
entonces, los creacionistas han evolucionado su doctri-
na hasta el actual "Diseño inteligente" en un intento
proselitista de expandir una determinada visión del cos-
mos mediante supuestas evidencias científicas. En ese
sentido, la victoria del sentido común en la reciente
sentencia del caso Kitzmiller contra Dover ha sido de
gran importancia para que la enseñanza de la ciencia en
EE.UU. y en el resto del mundo siga haciendo honor a
lo que siempre ha sido: la versión de los hechos más
ajustada a la realidad que hemos podido generar.
el escéptico
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El presente documento ha sido elaborado coletciva-
mente por los socios de ARP-Sociedad para el
Avance del Pensamiento Ctrítico, a partir de un texto
original, y con la coordinación de, Ander Izeta