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Aún el mayor país del mundo, Rusia, conserva en la ac-
tualidad un 76% del territorio de la antigua URSS, es-
tado que colapsó en 1991. Dicho suceso, junto con la
suspensión de las actividades del Partido Comunista,
acrecentó la glasnost (apertura) en la nueva república fe-
deral. Sin embargo, con la libertad personal ha tenido lu-
gar también un auge de la pseudociencia y de la expre-
sión mágica.
Me fui progresivamente percatando de esto durante
la visita de diferentes personalidades procedentes de
Rusia al International Center for Inquiry, como Valeri
Kuvakin (profesor de filosofía en la Universidad Estatal
de Moscú), Edward Kruglyakov (destacado físico en Novo-
sibirsk —Siberia—) y Yuri Chornyi (secretario científico
del Instituto para la Información Científica de la Acade-
mia de la Ciencia de Rusia).
Posteriormente fui uno de los varios portavoces del
CSICOP en un congreso internacional titulado La cien-
cia, la anticiencia y lo paranormal
, celebrado en Moscú
del 3 al 5 de octubre del 2001 y co-esponsorizado por
la Academia de las Ciencia de Rusia. Ahí es donde apren-
dí más acerca de la glasnost en relación con todas las
cosas misteriosas. Permanecí allí varios días más para po-
der investigar algunas de ellas.
EL PODER DE LA PIRÁMIDE
Las pirámides se están irguiendo a lo
largo del paisaje ruso. Se trata de una
expresión moderna de la manía fomen-
tada por el libro Descubrimientos psíqui-
cos tras el ‘Telón de Acero’,
relacionado
con “los secretos de las pirámides”. Re-
firiéndose a la Gran Pirámide de Keops
—una de las siete maravillas del mundo
y una de las más extrañas obras de ar-
quitectura existentes—, los autores difun-
dieron la idea de que pequeñas repro-
ducciones en cartón de la misma podían
servir para conservar los alimentos (en
concreto, “momificar la carne”), aliviar
jaquecas, afilar cuchillas de afeitar y posi-
blemente realizar otras maravillas [Os-
trander y Schroeder, 1970, 366-376].
Las afirmaciones específicas proce-
dieron de un ingeniero de la radio checoslovaca, Karel
Drbal, que consiguió la patente checa 91.394 para el afi-
lador de cuchillas de afeitar
de la Pirámide de Keops.
Supuestamente, este objeto generaba alguna “energía”
desconocida y misteriosa. Por desgracia, los controles a
que se sometió más tarde no consiguieron sustanciarla.
Las pirámides no preservaron la materia orgánica mejor
que contenedores con otras formas, ni se consiguió afi-
lar cuchillas de afeitar colocándolas en su interior, pese
a los juicios subjetivos de gente engañada por sus pro-
pias expectativas [Hines, 1988].
Sin embargo, aumentada por la pretensión de que la
fuerza de la pirámide se había desatado “tras el telón de
acero”, la locura piramidal también floreció en los Estados
Unidos. Una empresa comercializó un kit compuesto de
ocho listones de madera que, encolados conveniente-
mente, formaba una estructura piramidal. Incluso sin re-
cubrimiento externo (con papel de aluminio, por ejem-
plo), esto conseguía supuestamente retrasar el deterioro
de los alimentos, eliminar el sabor amargo del café, pro-
porcionar una mejor maduración al vino, afilar cuchillas
de afeitar y preserva las plantas del hogar, entre otras ma-
ravillas. Según el folleto que acompaña al kit, “la Pirámide
es una lente geométrica que enfoca la energía cósmica”
Misterios
de
Moscú
JOE NICKELL
(CSICOP)
2003 MICROSOFT CORPORA
TION
Catedral de San Basilio.
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[Kerrell y Goggin, 1974].
Se diseñó también una estructura en
alambre similar de “pirámide mágica” para lle-
var sobre la cabeza (pareciendo de este
modo más bien un capirote de zopenco) y con-
centrar supuestamente sobre el portador los
poderes psíquicos o curativos [Randi, 1982].
Se fabricaron montajes de mayor tamaño para que uno
pudiera sentarse dentro en posición de loto, como me-
dio para mejorar la meditación, o colocarla sobre la cama
para conseguir un incremento de la vitalidad [Kerrell y
Goggin, 1974, 6-7]. Se hicieron incluso casetas de pe-
rro con forma de pirámide que se supone que libra a sus
ocupantes de pulgas [Hines, 1988].
La locura de las pirámides tuvo su apogeo en los años
setenta [Randi 1995, 194] y luego declinó aunque nun-
ca ha desaparecido por completo. Los mercaderes de la
Nueva Era todavía ofrecen pirámides en pequeñas pie-
dras semipreciosas para enfocar la “energía” de la piedra
en cuestión (por ejemplo, ojo de tigre para amplificar las
“habilidades psíquicas”), así como “pirámides del deseo”
de plástico (dentro de la cual se coloca un papel conte-
niendo el deseo escrito que queramos) y otros artículos.
En Rusia, el poder de la pirámide está en alza —y lo
digo casi literalmente—. Se me invitó a visitar una pi-
rámide que medía 44 metros de altura, equivalente a una
casa de 12 pisos. Construida en 1999 por Alexander
Golod, es la mayor de unas veinte, erigidas por su presun-
to interés científico y médico. Me condujeron al lugar, a
unos 38 km al noroeste de Moscú, Valeri Kuvakin (pre-
sidente del Center for Inquiry, en Moscú, que hizo también
de traductor en diversas entrevistas) y su esposa, Uliya
Senchihina.
Aunque tiene el aspecto de una estructura de piedra
vista por fuera, desde dentro se aprecia que está cons-
truida con paneles de plexiglás transparente montados
sobre una estructura de madera. Estaba cerrada cuan-
do llegamos, pero un vigilante permitió que entráramos
y nos acompañó en la visita. La pirámide estaba enor-
memente vacía, aunque en un costado había una caja con
agua embotellada, que supuestamente estaba siendo ener-
getizada
con propósitos curativos.
El área central —donde el poder de la pirámide está
supuestamente más concentrado— se encontraba acor-
donada y en su interior se hallaban algunas esferas de
cristal que también estaban siendo “energetizadas”. Pese
a haber sido advertidos de que en ese lugar era tan in-
tensa la energía que quien tuviera un gran “biocampo”
(o “aura”) —como según parece era mi caso— podría que-
dar inconsciente, me colé bajo la cuerda atreviéndome
a desafiar esa terrible energía. Permanecí ahí durante un
rato (mientras Valeri me hacía alguna foto, conteniendo
a duras penas la risa, mientras seguía la conversación con
el guarda), pero de todas formas no sentí ningún efecto.
En el exterior, próximo a la pirámide, había un kios-
co donde se vendían objetos de regalo. En él, un cartel
anunciaba (en ruso) “Bienes de Consumo Energetizados
por la Pirámide”. Decidí acercarme a las piedras preciosas
“energetizadas”: una mujer en una tienda que encon-
tramos de camino, donde paramos para preguntar la di-
rección de este lugar, dijo que había comprado alguna
de estas piedras, que supuestamente tendrían que ha-
berle curado sus jaquecas, “y no funcionaron”, dijo de-
sacreditando las afirmaciones de la pirámide. Yo compré
una pequeña pirámide “energetizada” de cristal junto a
un folleto titulado Pirámides del Tercer Milenio. Aquí se
mencionaban varias pirámides recientes, incluyendo la
que estábamos visitando.
Según esta fuente, mientras para algunos el poder de
la pirámide puede parecer cosa del misticismo o cha-
manismo, aquellos con “intuición” verán ahí las bases
para una nueva física, biología, etc. Proclama que las nue-
vas pirámides han reducido la incidencia del cáncer, del
SIDA y otras enfermedades en zonas alrededor de las mis-
mas, habiendo ya comenzado a experimentar una depu-
ración en sus entornos cercanos. Aseguraban también ex-
tender la longevidad de los residentes cercanos hasta más
de 100 años. El folleto incluso prometía que las pirámi-
des podrían ser una ayuda para reducir conflictos de ín-
dole religioso y otros (aunque podemos constatar que no
han resultado muy efectivas en esta faceta, si miramos
la trayectoria histórica de Egipto).
Valeri advirtió que estas declaraciones estaban pu-
blicadas sin el apoyo de ningún dato científico. El físi-
co Edward Kruglyakov [2001], que previamente había vi-
sitado este lugar y a su vuelta me recomendó que yo lo
hiciera, encontró esas afirmaciones completamente es-
trambóticas, carentes de sustancia y sin ningún mérito
científico.
ICONOS LLOROSOS
Otro fenómeno paranormal que ha medrado al amparo de
la glasnost es el de los iconos “milagrosos”, con espe-
cial mención de uno que supuestamente lloraba en una
iglesia de Moscú en 1998.
La Iglesia Ortodoxa de Rusia mantiene tradicional-
mente una veneración por los iconos (del griego eikon,
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Las pirámides no preservaron la materia
orgánica mejor que contenedores con otras
formas, ni se consiguió afilar cuchillas
de afeitar colocándolas en su interior, pese
a los juicios subjetivos de gente engañada
por sus propias expectativas.
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“imagen”), los cuales son pinturas
realizadas sobre paneles de ma-
dera barnizada y que, con el
paso del tiempo, han adquirido
una patina oscura procedente del
humo de las velas. Quizá debi-
do a que, naturalmente, repre-
sentan materias sagradas y su-
cesos milagrosos —tales como
la impresión del rostro de Jesús sobre el velo de Verónica
(un icono del siglo XIV que pude contemplar en la Galería
Tretyakov)— es por lo que éstos aparentemente empezaron
a obrar milagros por sí mismos.
La pretensión de que una efigie esté de alguna ma-
nera animada (de anima o “aliento”) atraviesa la barre-
ra teológica que separa la veneración (adoración mediante
una imagen) de la idolatría (adoración a una imagen), en
la que una imagen se contempla como el “aposento o ve-
hículo de dios y actúa cargado de influjo divino”
[“Idolatry”, 1960]. No obstante, los informes de figuras
“llorosas”, “sangrantes” y animadas de otras maneras,
siguen sucediéndose. En un caso moderno, en Cerdeña,
donde una pequeña estatua lloraba sangre, fueron ana-
lizadas muestras cuyo ADN resultó ser idéntico al de su
propietario. Su abogado llegó a razonar: “Bueno, la Virgen
María de algún sitio tenía que conseguir esa sangre”
[Nickell, 1997].
En 1980 se dio el caso de otra imagen en Pavía, Italia,
de la que emanaban “lágrimas saladas”. Nadie puedo pre-
senciar cómo se iniciaba ese “llanto”, tan sólo el flujo
en progreso, y su propietaria parece que había estado a
solas con la figura (un pequeño bajorrelieve en yeso) cada
vez que se producía el fenómeno. Pronto empezaron al-
gunas personas a desconfiar y, espiando a través de una
ventana y de un orificio disimulado desde una estancia
adjunta, sorprendieron a esta mujer aplicando agua al ba-
jorrelieve ¡con una pistola de agua! [Nickell, 1997].
También, en 1996 se cobró 2,50 dólares a cada pe-
regrino que visitara en Toronto (Canadá) un icono de la
Iglesia Ortodoxa Griega, que “lloraba” aceite. Mientras
ocurría esto, se supo que el clérigo había custodiado en
otra ocasión un icono “lloroso” en Nueva York y que in-
cluso había sido apartado del sacerdocio por trabajar en
un ¡burdel en Atenas! Estuve relacionado con este caso
en dos ocasiones, la segunda, a petición de la iglesia ma-
triz. Con un detective de la brigada antifraude a mi lado,
tomé muestras de las “lagrimas” aceitosas a instancias
del Centro de Ciencias Forenses. Se demostró que la sus-
tancia era lo que se suponía: un aceite no solidificado,
cuyo uso constituye un truco efectivo, pues basta una apli-
cación para que permanezca con un aspecto fresco in-
definidamente. Como no se pudo atribuir la autoría de
este fraude a ninguna persona, el caso quedó archivado,
pero la curia de la Iglesia Ortodoxa en Norteamérica lo
declaró falsificación [Nickell, 1997; Hendry,1997].
Otro aspecto interesante de los iconos exudantes es
la variedad de substancias que se han visto involucradas
(sangre, agua salada, aceite, etc.), así como los diferentes
efectos (por ej. lagrimeo, transpiración de sangre, ema-
naciones aceitosas). Asimismo se muestran ciertas ten-
dencias dentro del fenómeno. En el catolicismo las imá-
genes tendían a emanar sangre o lágrimas acuosas hasta
que hace relativamente poco, aproximándose a la tradi-
ción de la Iglesia Ortodoxa Griega (debido quizá a la gran
cantidad de iconos de exudación y llanto aceitoso que ha-
bían recibido la atención de los medios de comunicación)
se ha producido un cambio hacia el aceite [ver Nickell,
1999].
Curiosamente, los iconos de la tradición Ortodoxa Rusa
parecen decantarse -y en ello son únicos- por la mirra o
de forma más concreta, aceite aromatizado con mirra. La
mirra es una gomorresina olorosa empleada en la pro-
ducción del incienso, como perfume y como hierba me-
dicinal, y en la antigüedad se empleó también para em-
balsamar cadáveres (por ejemplo, es una de las especias
supuestamente empleadas en el entierro de Jesús, en-
tremezclada con el lienzo en que se le envolvió [Juan,
19:39-40]). Ciertamente, cuando en 1998, en San
Petersburgo, una momia no identificada comenzó a exu-
dar una sustancia mirrosa, se tomó como un aconteci-
miento milagroso que servía para identificar esos restos
como las reliquias desparecidas de un santo del siglo XVI.
“De acuerdo con la tradición Ortodoxa –explicó una fuen-
te- la aparición de líquidos fragantes en una reliquia cons-
tituye un milagro e indica su pertenencia a un santo”
[Laguado, 1998]. A pesar de la advertencia de los expertos
forenses contra juicios prematuros, a los clé-
rigos les bastó el hecho de que la sustancia
que surgió entre los dedos de los pies de la
momia fuese mirra, constituyendo por tan-
to una evidencia del milagro, ignorando apa-
rentemente la posibilidad de que la mirra fue-
se simplemente un material empleado en el
embalsamamiento.
Teniendo en cuenta estos antecedentes
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En el catolicismo las imágenes tendían
a emanar sangre o lágrimas acuosas hasta
que hace relativamente poco, aproximándose
a la tradición de la Iglesia Ortodoxa Griega,
se ha producido un cambio hacia el aceite.
COREL
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culturales, no resulta sorprendente en-
contrarnos con que los iconos de la
Iglesia Ortodoxa rusa, cuando se han
puesto a actuar de modo milagroso,
tiendan a la mirra como sustancia prefe-
rente. En la práctica esto es aplicable
también a los iconos de monasterios or-
todoxos rusos en los Estados Unidos. En
1985 hubo uno en Blanco, Texas, que se
descubrió “llorando mirra” [“Shrine”,
s/f.]. De forma análoga, en 1991, un icono que actual-
mente reposa en un monasterio ortodoxo ruso en Resaca,
Georgia, comenzó a “exudar mirra” [“All-Holy”, s/f.]
En 1998 en Moscú, un icono que representaba al úl-
timo zar, Nicolás II, supuestamente producía mirra casi
a diario después de que un parroquiano lo llevara a la igle-
sia el 7 de noviembre, fecha conmemorativa de la revo-
lución rusa de 1917. Nicolás, junto a la zarina, sus hi-
jos, sirvientes y médico personal, fueron asesinados la
noche del 16 de junio de 1918 (Posteriormente sus res-
tos fueron encontrados, identificados mediante el ADN
y se les hizo un funeral en 1998) [“Church”, 1999].
Cuando me enteré de este hecho estaba de camino
hacia Moscú, resuelto a localizar y examinar de cerca el
icono lacrimoso del zar Nicolás. Posteriormente, Valeri
Kuvakin y yo emprendimos la ruta a través del excelen-
te sistema de autobuses y metro de Moscú hasta uno de
los distritos más antiguos de la ciudad, donde pronto nos
topamos con la iglesia rematada en una cúpula bulbosa
(denominada iglesia de Nikola de Pyzhakh). Allí, tras fran-
quear la entrada pudimos observar la proliferación nor-
mal de iconos, desplegada sobre la iconostasis (una pan-
talla alta que separa el santuario de la nave) y por doquier.
Al menos uno de ellos representaba una santa llorosa, lo
que me trajo a la mente si quizá este tipo de represen-
taciones era lo que impulsaba a los “actuales” iconos llo-
rosos. Preguntando por la posibilidad de hacer fotos se
nos dijo que estaban prohibidas, aunque, unos pocos ru-
blos más tarde, obtuvimos permiso para hace una.
Conseguimos también una estampa devocional repre-
sentando el icono del zar Nicolás.
Leyendo el texto en el reverso de la estampa, nos sor-
prendió saber que el icono milagroso se trataba de una
fotocopia en color. El original fue pintado por un artista
americano contratado para glorificar al “sufrido zar”. En
1987 un monje lo trasladó a Rusia, donde se hicieron las
fotocopias, y una de ellas se recibió en Moscú en 1998.
Una vez ofrecidas las plegarias en honor al zar, el cua-
dro comenzó a emitir olor el 6 de septiembre, y a derra-
mar lágrimas el 7 de noviembre. De hecho, la palabra rusa
empleada para este fenómeno viene a ser “mirrificar”,
esto es, “emanar mirra”. El cuadro viajó por Rusia,
Bielorrusia y Serbia, y a esta “imagen mirrificante del úl-
timo zar” le fueron atribuidos más de una docena de “cu-
raciones milagrosas”.
Desgraciadamente, cuando visitamos la iglesia ya no
tenía lugar el lagrimeo, pero la gente llegaba cada pocos
minutos al interior del santuario para visitar el icono, be-
sando por lo general el cristal que lo protegía, rezando
e incluso postrándose ante el mismo. Cuando conseguí
acercarme a echar un vistazo, pude comprobar que re-
almente se trataba de un mero facsímil. Quise indagar
acerca de las circunstancias en que se había dado la “mi-
rrificación” previa, pero las preguntas de Valeri al personal
eclesiástico encontraron aparentemente algunas reti-
cencias. Por consiguiente, conseguimos averiguar poco
más que lo obtenido por los recortes de prensa o por el
texto al dorso de la estampa devocional.
La reacción del personal eclesiástico hizo que en cam-
bio yo recelara, pues en más de una ocasión me he en-
contrado con una actitud astuta, enmascarando un frau-
de piadoso. Las sospechas adicionales se desprendían del
hecho de que, como habíamos podido comprobar, otros
iconos “lloradores” se trataban de fraudes tanto proba-
dos como en grado de sospecha razonable; de que los ico-
nos Ortodoxos rusos presentan una peculiaridad cultu-
ral del “milagro” (“mirrificación”), y de que, en el tiempo
en que sucedía este fenómeno, tenía lugar una campa-
ña a favor de la santidad del zar Nicolás II y su familia.
El Patriarca de la Iglesia, Alexy II, se opuso a la canoni-
zación, aduciendo que la familia imperial no era mere-
cedora de ello por su pobre liderazgo tanto en la iglesia
como en el estado [“Church”, 1999]. El “milagro” pa-
recía un intento por contrarrestar esa
mala imagen, falsificando una sem-
blanza de aprobación divina.
LA PIEDRA PAGANA
Otra cuestión persistente
que arranca del pasado, es
la de encontrar una nueva
forma de devoción a cier-
ta piedra mágica antigua,
en torno a la cual se celebra-
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En 1998 en Moscú, un icono que representaba
al último zar, Nicolás II, supuestamente
producía mirra casi a diario después de
que un parroquiano lo llevara a la iglesia
el 7 de noviembre, fecha conmemorativa
de la revolución rusa de 1917.
Desgraciadamente, cuando visitamos
la iglesia ya no tenía lugar el
lagrimeo.
COREL
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ban ceremonias paganas
[“Kolomenskoye”, s/f.]. Tuve
la oportunidad de visitar el lugar en compañía de una jo-
ven, Nadya Teresina (supervisora de la recepción del ho-
tel donde me alojaba), quien hizo de traductora para mí.
La piedra se encuentra en Kolomenskoye, una reser-
va-museo estatal situada al sur de Moscú. Se ubica jun-
to a la orilla oeste del río Moskva. En otro tiempo fue un
lugar para el retiro veraniego del zar Iván el Terrible (1530-
1584). Una guía turística lo denomina “uno de los lu-
gares más evocativos de Moscú” [Richardson, 1998,
239], por su variedad de lugares de interés. Cuenta con
unos restos arqueológicos eslavos del siglo XI, además
de otros tesoros como la cabaña rústica del zar Pedro el
Grande (1672-1725). Los moscovitas acuden al
Kolomenskoye a festivales, a tomar el sol en verano y a
otras actividades.
La piedra es de hecho una de los dos grandes peñas
de arenisca dejadas por la glaciación continental, situada
a corta distancia de Kolomenskoye, en una hondonada
repleta de manantiales. En la antigüedad sirvió para ce-
remonias rituales de “tribus paganas”, El conjunto lo cons-
tituyen las piedras bautizadas como “El ganso” y “La
niña” [“Kolomenskoye”, s/f.], ubicándose la última en la
ladera de una colina. Fuimos ciertamente afortunados por-
que, cuando llegamos un domingo por la tarde siguien-
do un mapa esbozado que nos proporcionó un compañero
de trabajo de Nadya, Kirill Boliakiu, estaba teniendo lu-
gar una ceremonia en esa piedra.
La ceremonia no era pagana —se hacían referencias
a la “familia cristiana—, pero se me antojó, digamos, pa-
ganesca
. El lider del grupo, vestido con una ropa ceñi-
da con un cordel, con pelo y barba crecida, poseía de-
cididamente un aspecto de Nueva Era. Tras limpiar la
piedra y “abrigarla”, la cubrió parcialmente con una piel
animal que previamente llevaba sobre sus hombros. Arrojó
migas de pan sobre ella con el propósito de que, cuan-
do los pájaros acarrearan la ofrenda, ese ritual hiciera su-
puestamente cumplirse los deseos de los asistentes. Los
suplicantes alzaron sus manos hacia el cielo, en una an-
tigua forma de rezo, mientras el líder hacía una invoca-
ción. Finalmente, se puso a tocar su cítara y se entonó
una canción sobre la “Vieja Rusia”.
Pese a lo impactante que pueda resultar semejante
ceremonia, no hay ninguna evidencia de que la piedra po-
sea ningún poder mágico ni funcione de cualquier otro
modo que no sea actuar como un foco de atracción para
que la gente exprese sus deseos. Las peticiones, inclu-
yendo las referidas a la sanación de enfermedades, se otor-
garán o no aparentemente según el capricho de las cir-
cunstancias y posiblemente por la acción de quien hace
las invocaciones. Los deseos que se cumplen se acep-
tan como prueba del poder de la piedra, mientras que los
que no lo hacen, se olvidan o se explican.
Suprimida durante la era comunista, la religión está
floreciendo nuevamente en Rusia como elemento del nue-
vo clima de cambio y tolerancia de la expresión indivi-
dual. Cultos de grupos estrambóticos como el descrito so-
bre esa vieja piedra —con su mezcolanza de elementos
paganos, vagamente ortodoxos y Nueva Erason una ma-
nifestación de esa tendencia.
PORTENTOS FANTASMAGÓRICOS
Según algunas fuentes, Rusia es un lugar poseído, pero
los sucesos fantasmagóricos aquí tienen los mismos tin-
tes que los relatados en cualquier otro lugar.
Por ejemplo, hay una fotografía del “fantasma de
Moscú” ilustrando la sección de Rusia del Directorio
Internacional de Lugares Poseídos
[Hauck, 2000]. Sin
embargo, la anómala silueta blanca al fondo de una foto
turística nocturna parece tener relación con el fenóme-
no observado en otras fotos, donde objetos extraños fren-
te a la lente han reflejado el flash creando varios fenó-
menos fantasmagóricos: tiras de “ectoplasma” (causadas
por una cinta de amarre sujeta a la muñeca), “círculos”
(debidos a gotas de agua, partículas de polvo, etc.), o,
como en el caso del “fantasma de Moscú”, aparentemente
¡una huella dactilar descuidada en la lente!
Luego están las apariciones. Hauck [2000] relata que
en el Kremlin “se ve” (empleando el tiempo en presen-
te) el espectro de Iván el Terrible, mientras que otra fuen-
te [“Ghosts”, 1997] afirma que “aparecieron muchas ve-
ces” imágenes del temible zar (empleando el tiempo en
pasado). Ambas fuentes coinciden en que la mayoría de
las apariciones tuvieron lugar en 1894, antes de que
Nicolás II se casara con Alexandra, cuando éste iba a ac-
ceder al trono tras la muerte de su padre. Supuestamente,
el fantasma de Iván “blandía su pesado bastón mientras
unas llamaradas siniestras bailaban junto a su rostro”.
El Kremlin está también pretendidamente poseído por
el fantasma de Lenin (1870-1924), el revolucionario ruso.
En 1961 su espíritu contactó supuestamente con una mé-
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Los deseos que se cumplen se aceptan como prueba
del poder de la piedra de Kolomenskoye, mientras
que los que no lo hacen, se olvidan o se explican.
COREL
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dium para decirle que des-
preciaba compartir su mau-
soleo con el dictador Joseph
Stalin (1879-1953) “que causó al Partido tanto daño”.
La médium, una heroína comunista devota de Lenin y pri-
sionera de Stalin, reveló los supuestos deseos de Lenin
en una misiva al congreso de su partido, y la noche si-
guiente el cuerpo de Stalin fue exhumado, llevándose a
otro sepulcro. Asimismo, durante la lucha por el poder
desatada en 1993, el fantasma de Lenin fue aparente-
mente visto paseando de forma ansiosa en su antiguo des-
pacho y otros lugares del gobierno [Hauck, 2000;
“Ghosts”, 1997].
¿Qué podemos hacer con semejantes historias? En pri-
mer lugar, las apariciones parecen ser las típicas repor-
tadas en cualquier otro lugar y pueden aportarse las mis-
mas explicaciones: por ejemplo, pueden deberse a una
predisposición del subconsciente, aflorando como pro-
longación de los periodos de sueño u otros estados al-
terados de la consciencia, y pueden ser impulsados en
parte por el poder de la sugestión, especialmente entre
ciertas personas altamente imaginativas [Nickell, 2000].
Por otra parte, los presuntos encuentros muestran una
obvia tendencia de los fantasmas rusos por actuar como
fuente de presagios. En lugares distintos se percibe a los
fantasmas de acuerdo a cada contexto cultural propio.
Según R. C. Finucane, en sus Apariciones de muertos:
Historia cultural de los fantasmas [1984], “cada época
ha percibido a sus espectros de acuerdo a una serie con-
creta de expectativas y, según iban cambiando éstas, así
lo hacían los espectros. Desde este punto de vista resulta
claro que las almas en pena del purgatorio de los tiem-
pos de Aquinas, la sombra de la doncella asesinada en
la era de Carlos II y las silenciosas damas grises en tiem-
pos de la reina Victoria, representan a entes no de otro
mundo, sino de éste”.
Con igual propósito que los fantasmas de Shakespeare
(recuerdo la forma en que los espectros del padre de
Hamlet y Banquo se movían por venganza), los pertene-
cientes a las figuras históricas rusas tienden a funcionar
como portentos en tiempos de angustia. Cuando visité el
Kremlin y permanecí junto al mausoleo de Lenin en la
Plaza Roja, no pude ver ningún fantasma, pero no se me
escapó captar la impresión del pasado con problemas fre-
cuentes de un gran país. Personajes como Ivan el Terrible
y Lenin, magnificados por historia y leyendas, se proyectan
de manera poderosa, al menos para mi propia mente po-
seída.
é
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Ortodoxo (ruso) de Glorious Ascension, Resaca, Georgia.
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Invierno 2002 y Primavera 2003
el esc
é
ptico
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Según algunas fuentes, Rusia es un lugar poseído,
pero los sucesos fantasmagóricos aquí tienen los
mismos tintes que los relatados en cualquier otro lugar.
Joe Nickell es Miembro Investigador Veterano del CSICOP
y autor de numerosos libros de investigación.
Trad. de Jesús M. Villaro, con permiso del autor, del origi-
nal en inglés titulado Moscow Misteries, publicado en la re-
vista Skeptical Inquirer, julio/agosto 2002, págs. 17 y ss.