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El regreso de
los
visionarios
En 1931, unos niños afirmaron haber visto a la Virgen
María en una campa de un pueblo guipuzcoano que en-
tonces se llamaba Ezquioga. La noticia generó un mo-
vimiento religioso-político que muchos vieron como un
ataque reaccionario contra el laicismo republicano re-
cién instaurado. A los primeros videntes siguieron otros
y los mensajes celestiales se politizaron. Mientras, las
multitudes se congregaban en ese campo que vio nacer
un santuario improvisado, con intenciones de convertirse
en un templo análogo a los de Fátima o La Salette. Las
apariciones, que se sucedieron durante todo ese año,
fueron perseguidas por los poderes políticos y conde-
nadas por la Iglesia.
En 2002, un grupo de devotos se reúne todos los me-
ses en esa misma campa, en el mismo pueblo, que aho-
ra se llama Ezkio-Itsaso. Hoy, en pleno siglo XXI, una vi-
dente ha recogido el testigo de aquellos niños y sigue
transmitiendo mensajes que afirma recibir de la Virgen.
Las multitudes se han transformado en un grupo redu-
cido pero fiel, aunque las intenciones de crear una ver-
sión guipuzcoana de Lourdes permanecen firmes. Ya se
han levantado los planos de un pequeño templo y el
ayuntamiento está dispuesto a permitir la obra si los ha-
bitantes del municipio están de acuerdo. Mientras, la
Iglesia sigue considerando que las apariciones origina-
les, y por tanto las de ahora, no son legítimas.
JULIO ARRIETA
J.
ARRIET
A
La campa de Anduaga, justo detrás de la casa consistorial de Ezkio-Itsaso, donde siempre han tenido lugar las
reuniones de los ‘visionarios’, en un día de culto.
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Sólo los antropólogos y estudiosos de la religiosidad
popular recordaban lo sucedido en Ezquioga. Aún me-
nos eran los que sabían que un grupo de devotos ha
mantenido vivo un culto doméstico, que había sobre-
vivido en la clandestinidad, dedicado a la Virgen apa-
recida en 1931. Los fieles actuales ya no se cuentan
por miles, ni salen en los periódicos, ni son objeto de
persecución o destierro. De hecho, si se pregunta en los
pueblos de los alrededores, como Zumárraga o Urretxu,
es muy difícil encontrarse con alguna persona que sepa
lo que ocurre los segundos domingos de cada mes en la
campa de Anduaga, justo detrás de la casa consistorial
de Ezkio-Itsaso.
La película Visionarios, dirigida por Manuel Gutiérrez
Aragón, que narra de forma no muy fiel a la historia lo
ocurrido aquí en tiempos de la II República, no ha ser-
vido para despertar el recuerdo. Aquellos lugareños que
la han visto se han sentido decepcionados, sobre todo
porque fue rodada en Lekunberri y los paisajes recogi-
dos en el film no son reconocibles. El filme no ha con-
seguido que la campa de las apariciones vuelva a reci-
bir multitudes y el fenómeno sigue siendo ignorado por
casi todo el mundo.
Si alguien tuviera que señalar en un mapa un lugar
que reflejase a la perfección el arquetipo de la Euskadi
rural, Ezkio-Itsaso podría ser el sitio perfecto. Situado casi
en el centro geográfico de Guipúzcoa, este disperso mu-
nicipio que reúne varios barrios en torno a dos núcleos
importantes —Ezkio e Itsaso—, es un apacible lugar for-
mado por caseríos dispersos entre pinares y colinas con
toda la gama de verdes. El lugar cuenta con varios atrac-
tivos turísticos, además del paisaje, como el caserío Igar-
tubeiti, del siglo XVI, que acoge una exposición etno-
gráfica, o la iglesia de San Miguel, del siglo XV.
La memoria histórica suele ser débil y, con un poco
de ayuda, es fácil olvidar hechos que en otra época
abrieron portadas de periódicos y fueron tema de dis-
cusión parlamentaria. Ezkio-Itsaso es objeto de uno de
esos olvidos históricos. Nadie recuerda que, para miles
de creyentes, aquí se apareció la Virgen durante la II Re-
pública y predijo toda suerte de catástrofes, causando
tal conmoción que obligó a tomar cartas en el asunto a
las autoridades civiles y religiosas. Ezkio-Itsaso, enton-
ces Ezquioga, pudo haber acabado siendo un Lourdes o
una Fátima. El fenómeno fue perseguido y, con el tiem-
po, abandonado en el laberinto de la memoria.
El periodista Jesús Torbado ha escrito que en Ezkio-
Itsaso existe un cierto tabú que ha protegido con una ar-
madura de silencio el asunto de las apariciones. La
apreciación no es del todo cierta: en el ayuntamiento, en
la página web, en el bar del pueblo, el visitante curio-
so recibirá todo tipo de indicaciones sobre el lugar de las
visiones y le confirmarán que, todavía
hoy, allí se reúnen los devotos. Y allí
dicen seguir recibiendo mensajes de la
Virgen.
ANDUAGA
La casa consistorial de Ezkio-Itsaso es
un feo edificio moderno, funcional, que
más parece un bloque de apartamentos
que un ayuntamiento. Situada a pie de
la carretera que une Zumárraga con Be-
asain, sólo la ikurriña y el cartel de ‘eus-
kal presoak euskal herrira’ indican su
naturaleza y la orientación política de
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Se ha escrito que en Ezkio-Itsaso existe un
cierto tabú que ha protegido con una armadura
de silencio el asunto de las apariciones.
La apreciación no es del todo cierta: en el
ayuntamiento, en la página web, en el bar
del pueblo, el visitante curioso recibirá todo
tipo de indicaciones sobre el lugar de las
visiones y le confirmarán que, todavía hoy,
allí se reúnen los devotos
WEB
A
YUNT
AMIENTO DE EZKIO-ITSASO
Ezkio-Itsaso está formado por dos núcleos de población,
Ezkio e Itsaso (este segundo en la imagen) y se ubica
en el centro de la comarca del Goierri (Guipúzcoa).
Limita con los municipios de Beasain, Ormaiztegi, Gabiria,
Azpeitia y Zumárraga.
El filme sobre Ezquioga de
Gutiérrez Aragón no ha conseguido
que la campa de las apariciones
vuelva a recibir multitudes y
el fenómeno sigue siendo ignorado
por casi todo el mundo
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sus gestores. Justo detrás del consistorio está la campa
de Anduaga, que ofrece el aspecto de un pinar talado no
hace demasiado tiempo. Un camino serpenteante as-
ciende desde el aparcamiento hasta una gran cruz que
señala el lugar donde ocurrieron los acontecimientos de
1931. Apenas un centenar de metros separan el sitio del
Salón de Plenos del ayuntamiento. La cruz se levanta so-
bre un muro, cimientos abortados de lo que iba a ser una
iglesia. Crucifijos, estampas e imágenes de la Virgen en-
tre las que destaca una, muy llamativa, de estilo ortodoxo,
decoran la pared. Hay una fuente e improvisados bancos
de madera. Una litografía muestra a la Virgen tal como
afirmaron haberla contemplado los videntes en tiempo
de la II República, con un manto negro y un puñal en el
pecho. Un cartel avisa a los visitantes desinformados de
que “todos los segundos domingos de mes habrá función
a las 3’30 h”. El texto está escrito sólo en castellano, lo
que resulta llamativo en una zona en la que el uso del
euskara es mayoritario.
En cualquier día que no sea el indicado en el aviso,
el lugar ofrece un aspecto frío y desolado, aunque el vi-
sitante observador puede apreciar los indicios de la pre-
sencia regular de los devotos: flores recientes y velas en-
cendidas.
El cuadro cambia al llegar el día y la hora indicados.
Los fieles aparecen con una puntualidad admirable y
aparcan sus vehículos junto al ayuntamiento. Los asis-
tentes no son muy numerosos, quizá unas treinta per-
sonas. La mayoría son matrimonios de edad avanzada
que se saludan y charlan en euskara. En pocos minutos
el grupo se ha reunido frente a la cruz y se organiza la
liturgia de todos los meses: se rezarán tres rosarios y, si
el tiempo acompaña, habrá un via crucis. A veces apa-
rece algún curioso o algún visitante ocasional. Las cá-
maras fotográficas no son bienvenidas. Un fotógrafo que
ha acudido al lugar movido por la curiosidad es amo-
nestado por uno de los asistentes: “Aquí no se admiten
cámaras, esto es un acto religioso privado que no se
debe fotografiar para evitar malas interpretaciones”. El
tono del aviso es cortante y deja claro que el asunto de
las fotografías no está sujeto a negociación.
El primer rosario transcurre en un tono de devoción
absoluta, seguido por los presentes que rezan en eus-
kara, y en algún caso, incluso en latín. Nada ocurre has-
ta llegar al cuarto misterio del segundo rosario. En ese
momento, la mujer que dirige la oración cae fulminada.
Poco antes, otras dos señoras se han situado a sus flan-
cos, en el lugar idóneo para recogerla en su caída. La
mujer desmayada es recostada en el suelo mojado por
la lluvia, sobre el regazo de una cuarta persona que co-
loca el micrófono de una grabadora en la solapa de
aquélla. Los asistentes no reaccionan con sorpresa. Todo
indica que el desmayo forma
parte habitual de la ‘función’.
Todos se acercan con calma y
rodean a la vidente en un am-
biente que, en todo caso, des-
prende cierto aire de rutina. A
la primera grabadora le hacen
compañía tres o cuatro más
que han surgido de los anoraks
de algunos asistentes. Los me-
nos preparados se disponen a
tomar notas con papel y bolí-
grafo. Todo el mundo está listo
para el mensaje.
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J.
ARRIET
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J.
ARRIET
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Cartel indicando los días de ‘función’.
Vista del aspecto actual
del lugar donde se apareció
la Virgen y donde algunos dicen
que se continúa apareciendo
actualmente.
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“Vendrán a reírse de vosotros —empieza a musitar la
mujer entre ahogos, con vocecilla casi inaudible—
pero no os preocupéis, todos aquellos incrédulos que
vengan aquí volverán convertidos a sus casas”. El dis-
curso es una llamada a la fidelidad y al ánimo de los
devotos de la Virgen de Ezquioga. No hay vaticinios de
catástrofes ni grandes profecías. La mujer sigue susu-
rrando: “Dios es juez de cielos y tierra, y juzgará”. El
mensaje es difícil de seguir a causa del bajo tono de voz
y el continuo tráfico de la carretera, situada a poca dis-
tancia, colina abajo. La mujer habla despacio, en cas-
tellano, vocalizando bien las palabras: “Vendrán a des-
truir este lugar pero no lo conseguirán”, muy al contrario
“aquí tendréis siempre un refugio, pequeños míos”. El
trance concluye con una bendición a los asistentes
y una nueva exhortación: “Rezad por los que no creen
en Dios porque sin Dios no hay nada”. Al acabar el
mensaje, que a diferencia del resto del acto ha sido en
castellano, la vidente se incorpora y prosigue el rosario
interrumpido. Los demás asistentes vuelven a sus posi-
ciones y continúan orando como si nada hubiera pasa-
do. Un tercer rosario sigue al del intermedio místico y da
paso a un via crucis. Casi la mitad de los fieles ya han
tenido suficiente y abandonan discretamente el lugar.
Los más devotos continúan con su liturgia particular
cuando ya está anocheciendo.
LA CUIDADORA
El caso de Vicenta Larrañaga roza el entusiasmo. Ella es
una de las mujeres que recogen a la vidente en su caí-
da, durante las visiones. Como ella dice, “si es por la
Virgen, lo que sea”. Esta vergaresa de 71 años lleva
veintidós dedicándose a cuidar el pequeño santuario de
Anduaga y a mantener vivo el culto a la Virgen que se
apareció entonces y que, siempre según ella, se apare-
ce ahora.
Cuando todo ocurrió, antes de la guerra, era una re-
cién nacida, así que no conoció Ezquioga hasta que el
gran revuelo había pasado. Vicenta Larrañaga fue intro-
ducida en el culto ezquiogano mucho más adelante, en
1975, de la mano de un hombre llamado Luis Irurzun.
Larrañaga es el elemento más activo del grupo que se
convoca en Anduaga, del que detalla los proyectos más
inmediatos: “Queremos fundar una asociación dedica-
da a la Virgen de Ezquioga y a San Miguel. Por ahora
nos reunimos los segundos domingos del mes, a veces
hasta sesenta personas. Rezamos el rosario y recibimos
los mensajes a través de Nelia Salazar, la vidente. Vie-
ne gente de San Sebastián, Irún... de muchos sitios,
aunque en el 31 venían muchos más, incluso desde
Barcelona”.
Esta voluntariosa mujer fue la encargada de colocar
la placa que indica el día y la hora de las funciones re-
ligiosas en Anduaga. Según cuenta, la mismísima Ma-
ría se lo pidió en un mensaje a través de
la vidente. Ella no ha recibido directa-
mente ninguno, aunque comenta que ha
visto a la Virgen en sueños: “Es una sen-
sación muy bonita, es como soñar que
vuelas”, comenta con ingenuidad.
La construcción de una capilla tam-
bién está entre las prioridades de Vi-
centa Larrañaga: “la Virgen pidió que la
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Vicenta Larrañaga no ha recibido
directamente ningún mensaje de la Virgen,
aunque comenta que la ha visto en sueños:
“Es una sensación muy bonita, es como soñar
que vuelas”, comenta con ingenuidad
Detalle de la cruz en el lugar en que apareció la Virgen.
J.
ARRIET
A
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levantáramos aquí, el sitio es el mismo donde apareció
por primera vez”. Sobre el sentido de las revelaciones
que transmite su amiga, Larrañaga afirma convencida
que “la idea principal es que sin Dios hay poca cosa, no
hay nada. Los mensajes no son de castigo, son de con-
suelo. La Virgen pide que recemos mucho, porque la
gente ya no reza. Es un mensaje de misericordia y per-
dón. Invita a orar”. Sobre la actitud de la Iglesia, la cui-
dadora del santuario es bastante optimista: “La Virgen
predijo en 1931 que la Iglesia admitiría estas aparicio-
nes cien años después de la primera visión. Yo ya no lo
veré, pero ocurrirá, lo verán los jóvenes, entonces esto
será como Lourdes”.
De la legión de videntes que tuvo Ezquioga en tiem-
pos de la República sólo sobrevive una mujer, Antonia
Etxezarreta. De edad muy avanzada, vive apartada de la
historia de la que formó parte y arropada por sus fami-
liares. La vidente actual recogió el testigo que muchos
devotos mantuvieron en la clandestinidad tras la perse-
cución que tuvo lugar a partir de 1936.
LA VIDENTE
Se llama Nelia Salazar, aunque los devotos se dirigen a
ella como ‘Neli’. Es una mujer mayor, menuda, con ga-
fas de marcos gruesos. Como casi todos los seguidores
de la Virgen de Ezquioga, no es del propio pueblo, sino
que viene desde Placencia-Soraluze. Está acostumbra-
da a que le pregunten por su peculiar acti-
vidad y, según dice, sabe que “los periodis-
tas van a ridiculizar”. Aún así, colecciona los
recortes de los artículos que hablan de las
apariciones y en algún caso no le ha hecho
ascos a la televisión, pues participó en un
programa de ETB presentado por Patricia
Gaztañaga.
Nelia Salazar está dispuesta a contar su historia,
pues así se lo ha pedido la Virgen: “Que se haga mucha
propaganda de Ezquioga”, aunque eso le pueda costar
un disgusto. De hecho, una entrevista publicada en un
periódico le valió un encontronazo con su párroco: “Vino
de muy malos modos, al salir de misa, preguntando que
quién era Nelia Salazar y a ver qué era eso que hacía-
mos allí arriba, yo le dije que rezar el rosario, él decía
que su madre también rezaba el rosario pero que no sa-
lía en el periódico”.
La vidente no recuerda con precisión cuántos años
lleva recibiendo visiones. Duda y comenta que pueden
ser quince o más. Pero sí recuerda cómo empezó todo,
y todo empezó en Umbe, el equivalente vizcaíno de Ez-
quioga. En este monte cercano a Bilbao, en 1941 una
mujer llamada Felisa Sistiaga afirmó ver a la Virgen Ma-
ría en su casa. La visión volvió en 1969 generando un
culto que ha corrido mejor suerte que el de Ezquioga,
como así lo atestigua la correspondiente página web o
las numerosas visitas que recibe el lugar. El santuario de
la Virgen de Umbe es el destino de autobuses repletos
de peregrinos que rezan en la casa transformada en ca-
pilla, un caminito por el que, según Felisa Sistiaga, pa-
seó la Virgen y un pozo que da agua supuestamente mi-
lagrosa.
Fue en ese pozo donde Nelia Salazar tuvo su primera
visión. Hasta entonces, afirma que vivía en el descrei-
miento y no sentía la más mínima atrac-
ción por la figura de Santa María. Pero en
una de estas excursiones vio a la Virgen
junto al pozo. A esta primera visión su-
cedieron otras, que tenían lugar en una
ermita de Esozia, en Placencia-Soraluze,
a la que empezó a acudir para rezar el ro-
sario. Según cuenta, tenía visiones de la
campa de Anduaga: “Yo cerraba los ojos
y veía lo que es Ezquioga, pero como no
había estado no sabía lo que era. No veía
el pueblo, veía el lugar de las apariciones.
Luego conocí a Vicenta Larrañaga, que es
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Nelia, la vidente, asegura comprender a los
escépticos y sabe que muchos la pueden tildar de
loca. Comenta que más de una vez le han dicho
que debería visitar a un psicólogo. Sin embargo, su
convicción es firme: “¿A qué psicólogos voy a ir?
Las pruebas que se me han dado son suficientes
para mí, comprendo que haya quien no crea, yo
tampoco creería si no viera lo que he visto”
El lugar de culto, mientras era visitado
por el autor y un acompañante para sacar
estas fotos.
J.
ARRIET
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la cuidadora del santuario y me convenció para que la
acompañara a una de las reuniones que organizaba”.
Cuando llegó al lugar, lo reconoció como el objeto de sus
visiones. A partir de ese momento se convirtió en la vi-
dente de Ezquioga.
Nelia Salazar asegura comprender a los escépticos y
sabe que muchos la pueden tildar de loca. Comenta que
más de una vez le han dicho que debería visitar a un
psicólogo. Sin embargo, su convicción es firme: “¿A qué
psicólogos voy a ir? Las pruebas que se me han dado
son suficientes para mí, comprendo que haya quien no
crea, yo tampoco creería si no viera lo que he visto”.
Prefiere hablar del mensaje que se le transmite. Es ne-
cesario creer en Dios, rezar y sobre todo, es imprescin-
dible construir un oratorio, un “refugio” en el lugar de
las apariciones. Hasta que ese deseo expreso de la Vir-
gen María no se cumpla, no habrá paz en el mundo y,
sobre todo, no la habrá en Euskadi.
A la vidente no le preocupan las reticencias de la
Iglesia. De hecho, a diferencia de su amiga Vicenta
Larrañaga, no es nada optimista sobre un futuro reco-
nocimiento de estas apariciones. Conoce la historia de
lo ocurrido durante los años treinta y está convencida de
que si en su día la jerarquía rechazó el fenómeno, ello
se debió a la existencia de intereses creados: “No que-
rían nada que desmereciese santuarios como los de
Aranzazu o Loiola. Hoy también hay sacerdotes que nos
admiten y otros no, el rifirrafe de siempre”.
La recepción de los supuestos mensajes celestiales
que vive Nelia Salazar carece del folklore aparicionista
al uso, tal como puede observarse en lugares como El
Escorial o El Higuerón. La mujer no muestra estigmas,
ni convulsiones. Sus visiones carecen de detalles ba-
rrocos y ella elude las descripciones de lo que afirma
ver: “No se puede explicar el aspecto que tiene la Vir-
gen, hay que verla. Y la ha visto mucha gente pero mu-
chos se callan de vergüenza, porque te toman por loco.
Pero ella nos va uniendo, nos une a todos los locos. La
visión es indescriptible, los ojos de Jesús, que a veces
también se aparece, es que no se pueden expresar, te
dice todo, es amor, es piedad, es comprensión, es que
es todo”. El momento en el que transmite el mensaje es
descrito como una posesión celestial, la vidente siente
que alguien penetra en su cuerpo y habla por su boca.
En cuanto a los mensajes, su contenido dista mucho
de los abundantes textos apocalípticos que se recogie-
ron en 1931. Entonces, según los creyentes, la Doloro-
sa predijo la llegada de la Guerra Civil. Nelia Salazar
cree a pies juntillas que así fue. Ahora no se predicen
catástrofes, aunque a veces las visiones le dan indicios
de lo que está ocurriendo: “Ella profetizó la Guerra Ci-
vil, y aquí tampoco va a haber paz mientras no se cons-
truya el refugio. No anuncia castigos, pero también da
a entender cosas, como que habrá un virus que no co-
nocerán los médicos. O esto de las vacas locas, nos lo
dijo dos o tres años antes de que ocurriera, aunque ella
no se refiere a estas cosas directamente, no utiliza ex-
presiones como vacas locas”.
Los mensajes son siempre en castellano, aunque Ne-
lia Salazar no tiene un porqué para esto. Simplemente
comenta que los de las visiones originales también lo
eran, así como los que recibía Felisa Sistiaga en Umbe,
a pesar de que, como comenta, aquella vidente tenía un
conocimiento muy limitado de esta lengua.
Nelia Salazar no tiene ningún reparo en comentar su
experiencia, pero se vuelve muy reservada a la hora de
hablar del grupo de devotos que recogen sus mensajes,
prefiere no dar nombres. Tampoco le gusta hablar de di-
nero. “No quiero saber nada de dinero. Esto no es un
negocio ni un fraude, como esas apariciones del Hi-
guerón. Aquí, dinero, nada, yo digo que no quiero saber
nada. Aquí ni dinero, ni cofradías, ni historias...”
EL ALCALDE
Si en Ezkio-Itsaso existe un tabú sobre lo que ocurre en
Anduaga, no afecta al alcalde del lugar. Iñaki Idiakez,
de Batasuna, es el primer edil del municipio. Accesible
y directo, explica la situación de la campa y su punto de
vista sobre su futuro. “El terreno era de propiedad pri-
vada hasta que la Diputación se hizo con él y nos lo cedió.
Se decidió acondicionar el lugar, los accesos, y conver-
tirlo en un pequeño parque botánico”. Sobre el pasado
del sitio y sobre los devotos actuales, Idiakez opina que
“es algo que no se debe ocultar. Si se aparecía la Virgen
o no es una cuestión de las creencias de cada uno, que
cada cual crea lo que quiera. Ahora está este pequeño
grupo que viene los domingos”. El alcalde comenta que
Vicenta Larrañaga pasa a menudo por el ayuntamiento:
“Quieren construir una especie de capilla, aunque el
pueblo no ha decidido qué hacer todavía... La opinión
generalizada es que en Ezkio-Itsaso ya hay muchas igle-
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Página web de Ezkio-Itsaso.
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AMIENTO DE EZKIO-ITSASO
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EN EL PRINCIPIO... FUE LA II REPÚBLICA
J. A.
Todo empezó el 30 de junio de 1931. La II República es-
pañola acababa de instaurarse y ni siquiera contaba tres
meses de edad. Esa tarde, ya de anochecida, Andrés y
Antonia Bereciartúa, de 7 y 11 años respectivamente, con-
ducían unas vacas al establo, campa abajo. Según su re-
lato, al llegar al pie de la colina Antonia se giró para ob-
servar con sorpresa una extraña luz que se encontraba
entre los cuatro árboles que coronaban la ladera. Sobre
la luz, la niña quiso adivinar la silueta de la Virgen. Su
hermano Andrés también afirmaría haberla visto. La des-
cripción se ajustaba a la ortodoxia en estos casos: una
mujer hermosa y triste, cubierta con un velo blanco y co-
ronada de estrellas. La visión desapareció después de sa-
ludar a los niños.
Los dos hermanos contaron lo sucedido en casa. La
noticia saltó de caserío en caserío hasta llegar a la ca-
pital, donde fue recogida por un diario. Los periódicos de
San Sebastián cubrieron el hecho y en pocos días Ezkio,
entonces Ezquioga, se convirtió en asunto de moda, a ra-
zón de dos reseñas diarias por periódico. En cuestión de
semanas, la campa donde tuvo lugar la primera visión fue
invadida por más de 60.000 devotos, curiosos y perio-
distas. Los hermanos Bereciartúa se vieron pronto
acompañados por otros videntes, que llegaron a sumar
más de 200 supuestos destinatarios de comunicaciones
celestiales. No hay ningún otro caso igual en toda la his-
toria del aparicionismo. De entre todos, destacaron por
su locuacidad Evarista Galdós, Benita Aguirre, Jesús El-
coro —un obrero de Bilbao—, Ramona Olázabal, Aure-
lio Cabezón —fotógrafo, de San Sebastián— y Dolores
Ayestarán. Muchos de ellos se convirtieron al furor vi-
sionario después de una visita ocasional a la campa de
Anduaga.
De entre todos despuntó Francisco Goikoetxea,
‘Patxiku Saindu’, un carpintero de Ataun de veinticua-
tro años, que ascendía al lugar de las visiones escolta-
do siempre por activistas de Acción Católica. Otros vi-
dentes fueron patrocinados por aristócratas, como la vas-
co-andaluza Carmen Medina Garvey, que los acercaban
en coche al lugar de las visiones. Pronto aparecieron los
directores espirituales que ‘orientaban’ a los visionarios,
a los que la prensa progresista tachaba de pobres
desequilibrados. Entre ellos destacaba un cura ultra-
montano llamado Antonio Amundaráin. Al mes de iniciarse
el fenómeno llegaron las excursiones organizadas y las vi-
sitas de ilustres, como el obispo de Barcelona, Manuel
Irurita, al que se puede ver de paisano en varias fotografías
del momento. Se comentaba que muchos políticos acu-
dían al lugar de incógnito. Un fotógrafo, Joaquín Sicart,
montó su estudio a los pies de la campa y se convirtió
en el ‘fotógrafo oficial’, dedicándose a vender postales
y reportajes de encargo.
El clérigo valenciano Amado de Cristo Burguera se au-
tonombró director religioso de las apariciones y publicó
una Historia divina universal, inconclusa —en diez to-
mos—, sobre los milagros de Ezquioga. La obra acaba-
ría censurada y sus ejemplares quemados cuando llegó
la persecución y la condena eclesiástica.
Los árboles sobre los que flotó la primera visión fue-
ron desbrozados por los coleccionistas de reliquias y la
campa arrasada por la multitud, de tal forma que Wal-
ter Starkie, un hispanista y viajero irlandés que visitó el
lugar, la comparó con el aspecto de los campos de ba-
talla de la I Guerra Mundial.
Pronto se construyó un estrado, una especie de pla-
taforma de madera sobre la que los visionarios pudieran
escenificar sus éxtasis. Los videntes caían de rodillas o
de espaldas, brazos en cruz y los ojos en blanco. Hubo
quien mostró estigmas con las heridas de la Pasión. Se
dieron por primera vez actos y actitudes que luego se re-
petirían en otros lugares aparicionistas: los videntes acer-
caban medallas o rosarios a la invisible Virgen para que
los bendijera o los besara. A cambio, recibían flores in-
visibles de manos de su visión.
sias y siempre están vacías”, comenta con cierta ironía.
Por contra, el alcalde se muestra crítico con la pelí-
cula Visionarios, que fue presentada en la pasada edición
del Festival de Cine de San Sebastián: “Todos los que la
vieron dijeron que no contaba la historia tal como fue.
La película se inventa que los del pueblo mataron al ma-
estro republicano y eso no es cierto”. El ayuntamiento
estuvo contemplando la posibilidad de publicar un
escrito de protesta, “pero al final se decidió dejarlo
correr, no merecía la pena”.
Mientras el consistorio que preside Idiakez de-
bate y considera si procede autorizar la construc-
ción del oratorio, Vicenta Larrañaga, Nelia Salazar y los
suyos continúan con las reuniones de todos los meses.
Entretanto, los camioneros y conductores que circulan
por la carretera siguen preguntándose qué es esa gran
cruz que se vislumbra en lo alto de la campa, escondi-
da detrás del ayuntamiento de Ezkio-Itsaso, camino de
Beasain.
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El alcalde se muestra crítico con la película
Visionarios: “Todos los que la vieron dijeron
que no contaba la historia tal como fue”
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EL FIN DEL MUNDO
La advocación, el aspecto del perso-
naje aparecido, variaba. La mayor par-
te de las veces era la Dolorosa, con
manto blanco y negro. Pero en otras ocasiones se trata-
ba de la Inmaculada, o la Virgen de Lourdes, o la veci-
na Virgen de Aránzazu. Los contenidos de los mensajes
eran terribles. La Dolorosa no hacía más que vaticinar cas-
tigos y catástrofes. En 1932, Evarista Galdós, una de las
visionarias más prolíficas, recibió una revelación que au-
guraba el fin del mundo para 1958. Pero antes se anun-
ciaba una guerra que iba a enfrentar a católicos con no
creyentes y se pedía por la salvación de España, perdi-
da en la impiedad del laicismo republicano.
Las visiones insistían en que se construyera un tem-
plo en el lugar. Enseguida se montó una especie de tem-
plete de madera al que siguieron los cimientos y el muro
que se observa todavía hoy, brotes de lo que quiso ser una
basílica. Las apariciones eran nocturnas en un principio,
aunque algunos videntes no tuvieron dificultad en alte-
rar el programa para facilitar la labor de los fotógrafos y
del padre Laburu, un jesuita que filmaba las escenas en
cinematógrafo para estudiar el fenómeno por encargo de
la diócesis. Así lo hizo Evarista Galdós, que ajustó el ho-
rario de sus contactos celestiales para favorecer la ilu-
minación de la escena, siendo imitada meses después por
Benita Aguirre.
Muchos grupos de creyentes acudían desde Catalu-
ña. Buena parte de ellos se agrupaban en torno al in-
dustrial Rafael García Cascón. Pronto ‘adoptaron’ y pa-
trocinaron a los videntes María Recalde, Benita Aguirre
y José Garmendia, apodado ‘Belmonte’ porque obsequiaba
a la Virgen con rumbosos pases toreros, lo que era muy
agradecido por la numerosa concurrencia. Este patroci-
nio hizo que en los mensajes transmitidos a través de es-
tos visionarios la Virgen mostrara una predilección especial
por Cataluña. De hecho ‘Belmonte’ fue recibido por Fran-
cesc Macià, presidente de la Generalitat, para el que ha-
bía conseguido un exclusivo comunicado celestial.
Las visiones se extendieron y, en un efecto dominó,
florecieron los videntes en Bakaiku, Irurzun, Lekunberri,
Ormáiztegui y Zumárraga. Se les aparecía la Virgen, pero
también San Miguel, Santa Teresa, el niño Jesús y, en oca-
siones, el mismísimo Diablo con intenciones de sabotaje.
Walter Starkie, el irlandés que visitó Ezquioga en el
momento de mayor furor, describió así el lugar: “Había
una extraordinaria concentración de gente. Vi toda cla-
se de tipos, había jóvenes y viejos, feos y hermosos, aris-
tócratas y campesinos, ricos y pobres. Vi un buen con-
tingente de inválidos; cerca de mí había un paralítico que
había sido transportado a los pies de la colina por sus pa-
rientes que ahora ayudaban al pobre hombre a ascender
el camino que había intentado subir a tientas. Había un
ejército de ciegos, con largos palos en sus manos”.
PERSECUCIÓN Y CONDENA
Múgica Urrestarazu, obispo de Vitoria, diócesis de la que
entonces dependía la Iglesia guipuzcoana, rechazó las
visiones porque observó que los videntes estaban contro-
lados por intereses políticos o eran unos desequilibrados.
Por su parte el gobernador civil republicano, Pedro del
Pozo, consiguió que buena parte de los iluminados pasara
por el juzgado. La fiesta iba a concluir con una persecu-
ción, tanto civil como eclesiástica. El 20 de abril de 1932,
el jesuita padre Laburu dio una conferencia para más de
un millar de sacerdotes en el Seminario de Vitoria, en la
que calificaba a los videntes como enfermos mentales.
El obispo Múgica emprendió una serie de medidas con
el fin de desactivar el fenómeno. El 10 de junio de 1933
se prohibió la construcción de la basílica, cuyas obras ya
se habían iniciado. En septiembre llegó la condena ecle-
siástica en la que Múgica subrayaba ‘la ausencia de fac-
tor sobrenatural’. Se conminó a los videntes a dejar sus
actividades so pena de excomunión. A finales de año el
Santo Oficio pronuncia la condena definitiva. Hubo de-
tenciones, destierros e ingresos en manicomios.
La República persiguió a los visionarios para ser sus-
tituida en su papel represor por Franco, que no fue me-
nos severo. A partir de 1941 el culto de la Dolorosa de
Ezquioga entró en la clandestinidad y ha sobrevivido has-
ta hoy en capillas y reuniones privadas.
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verano 2002
el esc
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ptico
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BAROJA Y EZQUIOGA
En una entrevista de Francisco
Lucientes a Pío Baroja (en la
imagen), aparecida en el diario
El Sol, de 11 de noviembre de
1931, el periodista le preguntó al
escritor si había ido a Ezquioga, a
lo que D. Pío contestó que “No,...
Quería ir; pero no pude a última
hora. Yo ya les he dicho que lo que aparece en
Ezquioga es un diablillo vasco o varios diablillos...
Podría ser aquella Mari que se aparecía en la Peña de
Amboto... El obispo de Vitoria piensa como yo, y ha
quitado a las apariciones importancia.
Pero lo maravilloso en el sentido práctico que tienen
mis paisanos. ¡Eso está muy bien! Se va allí, se reza el
rosario, se dejan los cuartos... y ¡adelante! A eso de
Ezquioga le digo yo el aprovechamiento de las fuerzas
vivas... La Diputación recauda miles de pesetas diarias,
los ‘taxis’ se enriquecen... Da gusto el sentido comercial
de los vascos; les quitan el juego, pues a sustituirlo. Un
verano es Asuero, otro Ezquioga...”. (Redacción)
Andrés y Antonia Bereciartúa.
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