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n la carretera granadina de Huéscar
a Cullar de Baza, existe un desvío
hacia la cercana localidad de Orce
donde se erige un letrero, que, des-
de que se instaló, ha llamado poderosamen-
te mi atención. A la entrada del pueblo, se
levanta otro parecido, de lo que se deduce
que ambos han sido instalados por las au-
toridades municipales de Orce. El situado
en el cruce de la carretera llama la aten-
ción al viajero por la rotundidad e importan-
cia científica del mensaje anunciador:
ORCE,
CUNA DE LA HUMANIDAD EUROPEA
YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS Y
PALEONTOLÓGICOS DE LOS
PRIMEROS HOMBRES DE EUROPA
1,5-1,8 MILLONES DE AÑOS
EXPOSICIÓN EN MUSEO DE ORCE
El instalado a la entrada del pueblo es
similar y algo más extenso, anunciando el
Museo de Prehistoria José Gibert (Arqueo-
logía y Paleontología), dedicado al descu-
bridor de tan sensacional hallazgo. Se pue-
de calificar de sensacional porque, cuando
estos letreros fueron instalados, los fósiles
europeos más antiguos conocidos a duras
penas superaban el medio millón de años,
pues aún no se habían descubierto los fósi-
les humanos de la Gran Dolina de Atapuer-
ca (Burgos), con una antigüedad de
780.000 años. En esta localidad burgale-
sa, sólo se conocían los de la Sima de los
Huesos, que parecían tener alrededor de
300.000 años. Así pues, cuando el supues-
to Hombre de Orce fue hallado, el homínido
más antiguo de Europa occidental tenía
una datación muy imprecisa de alrededor
de medio millón de años y hacía mucho
tiempo que había aparecido en Mauer (Ale-
mania). Por tanto, el hallazgo era realmen-
te sensacional y remontaba de un plumazo
más de un millón de años atrás la apari-
ción de los primeros hombres en Europa.
El descubrimiento
El yacimiento de Venta Micena, situado cer-
ca del pueblo de Orce en la provincia de
Granada, fue descubierto en 1976 por un
equipo dirigido por el doctor Gibert, del Ins-
tituto de Paleontología de Sabadell. En
1982, encontraron un pequeño fragmento
craneal (VM-0), que pronto fue atribuido a
Homo sp. y publicado en 1983,
1
por Josep
Gibert, Jordi Agustí y Salvador Moyà Solà,
en la revista Paleontología i Evolució, del Ins-
tituto de Paleontología de Sabadell. Inme-
diatamente, iniciaron una sensacional cam-
paña de divulgación en los medios de co-
municación, afirmando que se trataba del
homínido más antiguo de Eurasia, que te-
nía 1,8 millones de años de antigüedad y
que, en consecuencia, pertenecería a las
poblaciones más antiguas de Homo erectus
o de Homo habilis. Parecían preferir este úl-
timo, como lo pone de manifiesto que utili-
zaban una reconstrucción de Richard Lea-
key para ilustrar sobre las características
anatómicas del Homo habilis, con la que
hicieron un cartel para difundir el hallaz-
go. Se trataría, tanto entonces como aho-
ra, del primer representante de esta espe-
cie encontrado fuera de África.
Además, se comenzó a organizar un con-
greso para dar a conocer el sensacional ha-
llazgo del Hombre de Orce a la comunidad
científica internacional. Para presentarlo en
el congreso, el fósil fue limpiado del sedi-
mento adherido a su cara interna y, enton-
ces, apareció una cresta que despertó gran-
des dudas sobre la pretendida humanidad
de la pieza. En 1989, el doctor Domènec
Campillo, del Museo Arqueológico de Bar-
celona, afirmaba que esta cresta sería ori-
ginalmente más alta, ya que parte de ella
fue destruida durante el proceso de lim-
pieza. La presencia de esta cresta
atípica
en homínidos
provocó la pérdida de los
apoyos internacionales, basados principal-
mente en los prestigiosos profesores fran-
ceses Henry y Marie Antoinette de Lumley.
Asimismo, los descubridores perdieron gran
parte de los apoyos españoles, el congreso
fue suspendido y se le empezó a denomi-
nar el burro de Orce. Un muy popular se-
El polémico fósil de Orce:
¿falta de rigor o fraude?
Cuando un paleontólogo encuentra un fósil muy fragmentario,
la prudencia es una gran virtud que debe ser puesta en práctica
EUSTOQUIO MOLINA
E
1
En Paleontología, Homo sp. quiere decir que
no se sabe a qué especie de Homo pertenece y
sólo se determina el género.
el escéptico (Junio 1998)
73
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manario catalán de humor
El Jueves
les
dedicó un número donde se ridiculizaba
todo lo referente al polémico fósil.
Las críticas y el rigor propio de cualquier
buen científico llevaron a Agustí y Moyà
Solà a reconocer su error y publicar un ar-
tículo en 1987, en una conocida revista
española
Estudios Geológicos
, concluyen-
do que la sutura coronal, las fuertes im-
presiones digitales y la presencia de una
cresta hacían
imposible la
adscripción al
género Homo,
atribuyéndolo a
un équido. Am-
bos científicos
se retiraron de
las investigacio-
nes de Orce y,
actualmente,
son dos presti-
giosos paleontó-
logos que se
oponen a las i-
deas defendidas
por Gibert.
Sin embar-
go, Gibert y el
resto del equipo
decidieron se-
guir adelante,
intentando de-
mostrar con di-
versos estudios
que realmente se trataba de un homínido.
Para ello, Campillo realizó estudios de mor-
fología comparada, concluyendo que se tra-
taba de un cráneo infantil y que, sin duda,
pertenecía al género Homo. Ahora bien, fue
el estudio más sofisticado del profesor Paul
Palmqvist, de la Universidad de Málaga,
usando el método de análisis fractal, el que
resucitó al difunto hombre de Orce, ya que
consiguió ser publicado en la prestigiosa
revista Journal of Human Evolution por Gi-
bert y Palmqvist en 1995. Sin embargo,
poco duró el idilio entre ambos, pues, en
agosto de 1996, en Alcazaba, la revista in-
formativa local de Orce, Palmqvist acusa-
ba a Gibert de caciquismo, nepotismo, am-
bición desmedida, etcétera, y de algo que
es especialmente grave en ciencia: fraude.
Palmqvist sugería que Gibert había pro-
ducido un fraude deliberado, mediante la
manipulación de datos
sutura
, compa-
rable al tristemente famoso fraude de
Piltdown, ya que el estudio publicado en
1995 había sido realizado a partir de un
dibujo de la sutura muy simplificado
¿in-
tencionadamente?
que le envió Gibert. Re-
cientemente, Palmqvist ha hecho un nue-
vo análisis de la sutura, aplicando la mis-
ma técnica sobre un dibujo muy preciso
enviado por Moyà Solà, y ha llegado a la
conclusión que se trata de un caballo de 3
a 5 meses de edad. Posteriormente, en el
penúltimo número del
Journal of Human
74
(Junio 1998) el escéptico
Evolution, acaban de ser publicados sen-
dos artículos de estos investigadores, con-
cluyendo definitivamente que se trata de
restos de un tipo de caballo que era muy
frecuente en el yacimiento de Venta Mice-
na. Finalmente, Gibert y cinco colaborado-
res han logrado que la citada revista les
acepte la contrarréplica, que será publica-
da en otro número
lo normal es que tanto
replica como contrarréplica aparezcan jun-
tas
pues, al parecer, han tenido dificulta-
des para su aceptación definitiva. En su
respuesta, Gibert se defiende diciendo que
Moyà Sola confundió escamas corticales,
pequeñas fisuras y precipitaciones de car-
bonato con curvaturas en la sutura. Así
pues, Gibert y el resto de su equipo conti-
núan manteniendo su atribución del pe-
queño y fragmentario fósil, conocido como
la galleta, a un homínido del Pleistoceno
inferior.
Por otra parte, el profesor Enrique García
Olivares, de la Universidad de Granada, de-
tectó en 1989 muy grandes cantidades de
albúmina humana en una muestra envia-
da por Gibert y en otra tomada por él mis-
mo; pero estos análisis inmunológicos nun-
ca fueron considerados concluyentes, pues
resultaba raro y sospechoso que un fósil
tan antiguo conservara cantidades tan
grandes de albúmina. Sin embargo, el equi-
po de García Olivares logró en 1997, en co-
laboración con dos investigadores ameri-
canos, que sus resultados fueran publica-
dos en una revista de amplia difusión, Ame-
rican Journal of Physical Antropology, lo cual
supone un nuevo balón de oxígeno para el
moribundo crónico Hombre de Orce.
Aspectos metodológicos e
implicaciones sociales
La polémica del fósil de Orce suscita una
serie de reflexiones sobre los aspectos me-
todológicos que indican una falta de rigor,
puesta ya de manifiesto en 1992 por el au-
tor de este ensayo, que lleva gestándose
más de una década. Durante este tiempo,
se ha elaborado un voluminoso dossier con
las publicaciones, noticias de prensa, opi-
niones de otros investigadores, etcétera,
que permitía desde hace tiempo escribir un
artículo. Pero se ha esperado al momento
más oportuno, que parece ser ahora, cuan-
do Gibert ha sido acusado de fraude por
sus más directos colaboradores. Diversos
aspectos muestran como mínimo una falta
de rigor científico y recuerdan los recursos
utilizados por los charlatanes pseudo-
científicos, si bien es obvio que Gibert no
es un pseudocientífico.
Cuando un paleontólogo encuentra un
fósil muy fragmentario, la prudencia es una
gran virtud que debe ser puesta en prácti-
ca. El famoso fragmento de cráneo tiene
unas dimensiones similares a las de una
galleta: 5,5 milímetros de grosor medio, 8,4
‘La galleta’ de Orce.
Archivo ARP
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centímetros de longitud máxima y una an-
chura de 7,6 centímetros. Cuando un buen
profesional encuentra un fósil tan incom-
pleto y poco significativo, no suele hacer
afirmaciones de la rotundidad de las reali-
zadas en gran parte de las publicaciones
de Gibert, ni echa las campanas al vuelo
con tanta facilidad. Cuando llegan las críti-
cas por afirmar que es seguro que se trata
de un homínido, no es correcto comparar
su caso con el de Marcelino Sanz de Sau-
tuola y el descubrimiento de las pinturas
rupestres de Altamira, como hizo Gibert en
1989, ya que existe una diferencia funda-
mental entre ambos casos: Sanz de Sau-
tuola encontró unas pinturas excelentes y
Gibert un fósil tan fragmentario que ha sido
calificado de miserable. Pero, lo que es más
importante, no es lógico invocar el recurso
de ser injustamente criticado antes de de-
mostrar que el fósil pertenece a un homí-
nido.
Sorprendentemente, en un yacimiento
tan excepcionalmente bueno por la conser-
vación y abundancia de fósiles como Venta
Micena, todos los pretendidos restos de
homínidos encontrados son igual de du-
dosos y fragmentarios: un pequeño frag-
mento de molar que podría pertenecer a
otro mamífero y dos pretendidas diáfisis hu-
merales que podrían ser fragmentos de cos-
tillas de otro animal más grande. Para ser
rigurosos, conviene no mezclar estos res-
tos tan precarios e inciertos con otros que,
a pesar de ser polémicos, tienen mayores
posibilidades de ser humanos. Concreta-
mente, con una falange encontrada en Cue-
va Victoria (Murcia) que podría ser huma-
na, pero que parece presentar problemas
de datación y ser más reciente. Asimismo,
serían más recientes las industrias líticas
encontradas en el yacimiento de Fuente
Nueva, que parecen tener una edad cercana
al millón de años. Este hallazgo indica que
podrían encontrarse en este yacimiento gra-
nadino fósiles ligeramente más antiguos
que los de Atapuerca. Pero todo esto no
debe mezclarse para crear confusión, ni
puede ser utilizado para justificar la hu-
manidad del polémico fósil de Venta Mi-
cena.
La morfología del fósil no es concluyen-
te, debido a su carácter tan fragmentario,
y constituye el origen de la polémica. En
este sentido, podría argumentarse que tam-
poco está claro que sea de un caballo, pero
la atribución a un équido no requiere prue-
bas extraordinarias por no ser una afirma-
ción extraordinaria y, dado que los caba-
llos son tan frecuentes en este yacimiento,
se trataría de la hipótesis más plausible.
Por otro lado, los estudios inmunológicos
tampoco han sido aceptados como conclu-
yentes, habida cuenta de la remota posibili-
dad de que se conserve tanta proteína en
un fósil tan antiguo y de las dificultades
que sus autores han tenido para publicar-
los en revistas de prestigio.
el escéptico (Junio 1998)
75
En el proceso de investigación científica
de un hallazgo de la pretendida importan-
cia del Hombre de Orce, es fundamental la
publicación en revistas de prestigio y la
aceptación por la comunidad paleoantro-
pológica. Sin embargo, han transcurrido
más de quince años desde el hallazgo y
todavía no ha sido aceptado en las revistas
Nature y Science
donde normalmente se
dan a conocer los descubrimientos más im-
portantes. Gibert se ha jactado de que sus
artículos han sido publicados en revistas
de gran difusión internacional catalogadas
en el Science Citation Index (SCI), y de que
su hallazgo ha sido aceptado por la comu-
nidad científica, habiendo recibido también
el respaldo en varios congresos internacio-
nales. En los medios de comunicación, ha
afirmado que en los congresos se ha apro-
bado la humanidad del fósil de Orce, como
si en esos foros se votaran los problemas
científicos, cuando es obvio que la ciencia
no funciona así. Hasta el momento, Gibert
ha logrado publicar una media docena de
artículos en revistas del SCI, lo cual actual-
mente es superado por cualquier investiga-
dor recién doctorado, incluso teniendo lí-
neas de investigación de mucho menor im-
pacto. Pero, además, ha publicado uno de
sus artículos en Espacio y Tiempo, una re-
vista pseudocientífica dirigida por el cono-
cido charlatán Fernando Jiménez del Oso.
Si bien se trata de un artículo polémico,
pero científico, la citada publicación es una
de esas revistas basura de lo esotérico y
paranormal que tanto proliferan y en las
que nunca suele escribir ningún científico
que se precie a pesar de que pagan honora-
Dibujos de las suturas del fragmento del cráneo de Orce (VM-
0) realizados por el doctor Josep Gibert (a) y por el doctor Sal-
vador Moyà Solà (b).
Archivo ARP
background image
rios muy atractivos.
En investigación, es nor-
mal utilizar cualquier téc-
nica científica que permita
demostrar la veracidad de
una conclusión, como bien
se ha hecho aplicando so-
fisticados análisis tales co-
mo el de fractales; pero,
cuando los resultados pa-
recen negar la veracidad,
hay que admitir las críticas
sobre la insignificancia del
fósil en cuestión. Ahora
bien, lo realmente explosi-
vo es la posible falsificación
del dibujo de la sutura, lo
que, caso de confirmarse,
supondría un fraude cien-
tífico muy grave. Gibert no
admite las acusaciones de
sus colaboradores y se de-
fiende buscando explicacio-
nes ad hoc, tal como parece
indicar su afirmación de que
Moyà Solà confundió las curvaturas en la
sutura con escamas corticales, pequeñas
fisuras y precipitaciones de carbonato. Evi-
dentemente, ningún argumento científico
puede fundamentarse sólidamente en la
afirmación de que el científico que tiene una
opinión distinta no ve bien los datos, es de-
cir, de que no ve tres en un équido. Para
salir de dudas, el polémico fósil debería ex-
ponerse permanentemente en el Museo de
Orce, y un grupo de investigadores inde-
pendientes tendría que examinarlo detalla-
damente para determinar qué sutura es la
verdadera y, así, comprobar si realmente
ha existido fraude. Pero el celo con que Gi-
bert guarda el fósil en Sabadell ha impedi-
do hasta el momento realizar estas observa-
ciones, incluso por su más directo colabo-
rador, Palmqvist, quien, para sus estudios,
ha tenido que fiarse de los dibujos que pri-
mero le envió Gibert y después Moyà Solà.
El caso de Orce tiene también una serie
de implicaciones políticas y sociales que se
han puesto de manifiesto muy frecuente-
mente en los medios de comunicación. Se
han convocado ruedas de prensa para di-
fundir hallazgos muy inciertos y pretendi-
damente importantes. Y se ha desarrolla-
do en la prensa un debate que nunca de-
bió salir del ámbito científico, habiendose
montado una especie de circo mediático im-
propio de la investigación científica riguro-
sa. Se han creado unas expectativas en la
provincia de Granada, y, especialmente, en
la población de Orce, que han dado origen
a un estado de ansiedad y a una actividad
política desmesurada. Pero, aunque no
puede negarse la posibilidad de que, en los
yacimientos de Orce, algún día aparezca un
homínido de casi 1,8 millones de años, no
hay que confundir deseos con realidades,
y menos tratar de convencer a la población
de una región económicamente deprimida
76
(Junio 1998) el escéptico
de que este sensacional descubrimiento es
la panacea que solucionará gran parte de
sus males.
En definitiva, hay aspectos que son fun-
damentales y constituyen importantes cri-
terios de demarcación científica que todo
investigador riguroso debería tener siem-
pre presentes. Una hipótesis sensacional
requiere pruebas extraordinarias, tal como
metodológicamente se suele hacer, espe-
cialmente desde que David Hume afirma-
ra, en 1748, que “afirmaciones extraordi-
narias exigen pruebas extraordinarias”;
pero, después de tres lustros, las eviden-
cias presentadas sobre el Hombre de Orce
ni son extraordinarias, ni son concluyentes,
ni parecen haberse aceptado en la comu-
nidad paleantropológica. Tampoco se resis-
te a la famosa navaja de Occam, que sugie-
re optar por la hipótesis más sencilla, y, en
este caso, la explicación más sencilla y
plausible es la atribución a un équido. Pero
el principal problema que se le plantea a
Gibert es el hecho de haber enviado un di-
bujo de la sutura tan simplificado y pare-
cido al de un homínido, lo que provoca ló-
gicas sospechas; hasta tal punto que, si lle-
gara a confirmarse que la simplificación de
la sutura fue intencionada, se trataría de
un fraude. En conclusión, el sensaciona-
lismo y la falta de rigor en la difusión de
los hallazgos, así como ciertos aspectos
metodológicos
posible falsificación
, nos
inducen a pensar que estamos ante un pro-
bable caso de ciencia patológica.
Epílogo
En vacaciones, suelo volver a la tierra don-
de nací, al norte de la provincia de Grana-
da, y, con frecuencia, paso por el cruce de
la carretera a Orce. La última vez, en el ve-
rano de 1996, encontré el letrero caído, se-
mienterrado y con huellas de los tractores
que estaban arreglando la carretera. Me
pareció un signo muy ilustrativo de la si-
tuación que atravesaba la polémica, pues
ya había surgido la noticia de la posible fal-
sificación de la humanidad del Hombre de
Orce. El letrero supongo que se habrá vuelto
a erigir, pero la ciencia no avanza por me-
dio de la publicidad y todavía menos vale
vender la piel del oso antes de cazarlo, y,
menos aún, sin una metodología rigurosa.
Esperemos que nunca se demuestre que
ha existido fraude, se encuentre en Orce
un fósil de homínido que, sin duda, sea el
más antiguo de Europa, se confirmen los
hallazgos de industrias líticas, y todo ello
contribuya a aclarar y olvidar los posibles
aspectos patológicos que aquí se han pues-
to de manifiesto.
Josep Gibert.
Archivo ARP
Eustoquio Molina es doctor en Paleontología y
profesor en el Departamento de Ciencias de la
Tierra de la Universidad de Zaragoza.