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50
(Junio 1998) el escéptico
n nuevo movimiento escéptico sur-
gió con la fundación del Comité para
la Investigación Científica de los Su-
puestos Hechos Paranormales
(CSICOP) en 1976. Este movimiento está
creciendo en la actualidad en todo el mun-
do, proporcionando un muy necesario an-
tídoto contra la persistencia de lo irracio-
nal, lo paranormal y los sistemas de creen-
cias ocultistas. Por eso, desde el CSICOP,
damos la bienvenida a la nueva revista de
los escépticos españoles como una parte
importante de este movimiento.
El escepticismo es una antiguo concep-
to filosófico y científico cuyos orígenes se
remontan a Grecia y Roma. Sexto Empíri-
co, Pirro, Carnéades y otros fomentaron el
punto de vista escéptico en el antiguo mun-
do grecorromano. El escepticismo se eclip-
só en la Europa cristiana durante más de
mil años, pero revivió en la época moderna
cuando pensadores tan distintos como Des-
cartes, Montaigne, Bayle y Hume empeza-
ron a propugnarlo. Es más, en gran medi-
da, el resurgir del escepticismo moderno
condujo al desarrollo de la revolución cien-
tífica del siglo XVI. El saber científico avanzó
rápidamente cuando hombres y mujeres se
liberaron del dominio ciego de la autoridad,
la fe, la tradición, la revelación, el misticis-
mo, y recurrieron a las pruebas inductivas
y a la experimentación para probar hipóte-
sis, y a la lógica deductiva y a las matemá-
ticas para elaborar teorías más completas.
Se pueden diferenciar, al menos, tres
clases de escepticismo: el primero, en su
forma extrema, es negativo y nihilista. Ha
tenido defensores tanto clásicos como mo-
dernos. Mantiene que no se puede alcan-
zar ningún conocimiento; y esto lo aplica
no sólo a teorías científicas y filosóficas, si-
no a cualquier clase de principio moral o
político. Este tipo de escepticismo no es fia-
ble. Una persona no puede esperar funcio-
nar en el mundo si se encuentra en un es-
tado de absoluta duda e indecisión. Una
segunda clase de escepticismo, que surgió
en tiempos antiguos y que se concretó en
el mundo moderno, fue descrita por David
Hume como escepticismo atenuado. Propo-
ne que necesitamos formular creencias so-
bre las bases de acuerdo con las cuales
funcionamos en el mundo; aunque todavía
subyace en él un escepticismo persistente
con respecto a la fiabilidad del conocimien-
to. Sin embargo, a inicios del siglo XX, apa-
rece en el ámbito filosófico una tercera cla-
se de escepticismo. Charles Peirce y los
pragmatistas norteamericanos sostienen
que la duda escéptica es una de las fases
de todo proceso de investigación, pero que
se puede superar cuando las hipótesis se
comprueban con suficientes pruebas y ra-
zones que las justifiquen. Éste es un es-
cepticismo positivo y constructivo; se limi-
ta a las realidades concretas sometidas a
investigación. Los científicos saben que sus
hipótesis son falibles y que, con el tiempo,
El nuevo escepticismo:
un movimiento mundial
Debemos continuar suministrando explicaciones serias para las
afirmaciones paranormales; y, cualesquiera sean nuestras
conclusiones, divulgarlas y hacer que el gran público las conozca
PAUL KURTZ
U
Paul Kurtz durante la conferencia de apertura del VIII Con-
greso Escéptico Europeo, celebrado en La Coruña en sep-
tiembre de 1997.
Archivo ARP
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pueden ser modificadas por estudios y teo-
rías futuras. No obstante, la ciencia da por
cierta la idea de que, con esfuerzos cons-
tantes, es posible alcanzar un grado de co-
nocimiento fiable.
El movimiento escéptico contemporáneo
surgió con el nacimiento del CSICOP. El
escepticismo que propugna está en cone-
xión con el del tercer tipo antes menciona-
do, que podemos calificar de nuevo escepti-
cismo [Kurtz, 1992]. Éste considera que el
progreso de la ciencia es el resultado de la
aplicación continua del método científico y
que el escepticismo es una parte intrínse-
ca de todo proceso de investigación.
Permítanme decir algo sobre las razo-
nes por las que decidimos crear un movi-
miento de estas características. Durante
mucho tiempo, había sido un crítico de las
afirmaciones paranormales (y sobrenatura-
les) que no pudieran ser respaldadas con
pruebas. Y me asombraba de que, incluso
aunque hubieran sido refutadas, la mayo-
ría de dichas afirmaciones continuaban dis-
frutando de un amplio respaldo popular.
Además, los medios de comunicación se ha-
cían eco de las afirmaciones paranorma-
les, porque veían que les reportaban bue-
nos beneficios. Uri Geller, Jeane Dixon y
otros disfrutaban de muchos partidarios in-
condicionales. A pesar del hecho de que la
investigación científica había examinado
sus afirmaciones y las había rechazado por
la falta de pruebas. La astrología es un buen
ejemplo de lo que estoy hablando, ya que
ha sido rebatida por astrónomos, físicos,
estadísticos, psicólogos y otros científicos.
No hay ninguna base empírica para los ho-
róscopos o la astrología de los signos sola-
res; su cosmología se fundamenta en el des-
acreditado sistema tolemaico; además, se
pueden comprobar sus predicciones y pro-
nósticos, y el resultado es invariablemente
negativo. Aún así, sólo una minoría del
público está al tanto de estas críticas y, de
hecho, con frecuencia, se confunde as-
tronomía con astrología.
Con esto en mente, y con la ayuda de
Bart Bok, un conocido astrónomo, y Law-
rence Jerome, un escritor científico, ayudé
a redactar y hacer público un manifiesto:
Objeciones a la astrología. El texto, de 1975,
fue suscrito por 186 destacados científicos,
incluyendo 19 premios Nobel. Y atrajo in-
mediatamente la atención en todo el mun-
do, particularmente después que The New
York Times publicó un reportaje sobre el
tema en su primera página. Me pareció que
el éxito de tal esfuerzo y la buena acogida
que habida tenido, especialmente dentro de
la propia comunidad científica, exigía una
respuesta más organizada por parte de sec-
tores académicos y científicos. Así que de-
cidí crear una nueva coalición compuesta
de científicos, escépticos, filósofos, ilusio-
nistas y otros. Invité a bastantes críticos
de lo paranormal a una conferencia públi-
ca en Amherst, Nueva York, con el fin de
estudiar la idea de poner los cimientos de
una oposición organizada contra el claro
aumento de la creencia en lo paranormal.
La relación de participantes incluyó a va-
rios críticos bien conocidos por la opinión
pública: Martin Gardner, Milbourne
Christopher, Marcello Truzzi, Ray Hyman,
James Randi y otros. También invité a va-
rios filósofos y científicos distinguidos,
como Ernest Nagel, Sidney Hook y W.V.
Quine, para que refrendaran la resolución
que había redactado.
La conferencia se celebró en Amherst,
en el nuevo campus de la Universidad de
Nueva York en Buffalo. Por aquel enton-
ces, yo dirigía la revista The Humanist, una
de las importantes publicaciones críticas
de la religión. En la sesión fundacional del
CSICOP, en mi discurso de apertura
La
postura científica contra la anticiencia y la
pseudociencia
, defendí que en la historia
de la civilización el conflicto entre religión
y ciencia venía ya de antiguo, pero que ac-
tualmente, y debido al aumento de las afir-
maciones pseudocientíficas y paranor-
males, había surgido un nuevo desafío para
la ciencia. La manifiesta creencia popular
en exorcismos,
1
nuevas brujas y satanismo
era sintomática de la anunciada concien-
cia de Acuario. Los medios de comunica-
ción también presentaban como ciertos, y
por lo general sin testimonios discordantes,
los informes sobre la fotografía Kirlian, las
maravillas de la percepción extrasensorial
(PES) y la psicoquinesis, los avistamientos
de ovnis, el triángulo de las Bermudas, el
Bigfoot, los Chariots of the gods de Erich
von Däniken,
2
etcétera. Había cobrado rele-
vancia un gran número de sectas cuasi-
religiosas, irracionales, incluidos los Hare
Krishna, los moonies y los cienciólogos.
Todo esto evidenciaba el surgimiento de
una oposición contracultural a la ciencia,
a la que, a mi juicio, había de darse una
respuesta, ya que la opinión pública tenía
el derecho de acceder a la crítica científica
1
La novela El exorcista, de William Peter Blatty,
y la película del mismo título potenciaron esta
creencia.
2
El autor se refiere a la teoría de los astronautas
en la antigüedad, que Erich von Däniken popu-
larizó en Recuerdos del futuro, libro que se publi-
có en inglés bajo el título de Chariots of the gods.
(N. del T.)
el escéptico (Junio 1998)
51
No tendríamos que dar por sentado
que se podrá vencer el pensamiento
irracional sencillamente porque la
nuestra es una sociedad
científico-tecnológica avanzada
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52
(Junio 1998) el escéptico
a las afirmaciones pseudocientíficas y simi-
lares.
Formulé la siguiente pregunta: ¿debe-
ríamos suponer que la revolución científi-
ca, que comenzó en el siglo XVI, sigue ade-
lante o va a ser arrollada por las fuerzas de
la sinrazón?
Y contesté: no tendríamos que dar por
sentado que se podrá vencer el pensamiento
irracional sencillamente porque la nuestra
es una sociedad científico-tecnológica avan-
zada. Las pruebas nos llevan a pensar que
esto está bastante lejos de ser así. Es más,
siempre existe el peligro de que las fuerzas
de la sinrazón sepulten a la misma ciencia
[Kurtz; 1976].
Desde entonces, ha surgido el postmo-
dernismo, negando la misma posibilidad de
la objetividad científica y considerando a
la ciencia como un mito narrativo más. Y,
para sorpresa de todos, ha habido un ex-
tendido ataque contra la Ilustración y los
ideales de la revolución científica.
Estas protestas anticientíficas vienen ac-
tualmente acompañadas de un resurgir de
las religiones fundamentalistas. Así que el
desafío para la ciencia no procede sólo de
los propagandistas de lo paranormal, sino
también de los seguidores de muchas reli-
giones. Debería señalar que, aunque per-
sonalmente creo que los escépticos tienen
que ocuparse de las afirmaciones religio-
sas al igual que de las paranormales, reco-
mendé que el CSICOP se concentrara en
las afirmaciones paranormales y pseudo-
científicas. Las sociedades británicas y
norteamericanas para la investigación psí-
quica, fundadas en 1882 y 1885, respecti-
vamente, estaban compuestas básicamen-
te por aquéllos que se declaraban a favor
de el punto de vista psíquico, como fue el
caso del Laboratorio de J.B. Rhine funda-
do en la Universidad de Duke en 1927. Así
que el CSICOP se concentraría en la inves-
tigación de lo paranormal, si bien esperan-
do hacerlo desde un marco imparcial y neu-
tral, y analizaría afirmaciones religiosas só-
lo en la medida en la que fueran compro-
bables. (En 1980, fundé Free Inquiry explíci-
tamente para ocuparse de las afirmaciones
religiosas, ya que el nuevo escepticismo tie-
ne que aplicarse sin excepciones. Hoy en
día, es la más importante revista atea y de
humanismo secular de Estados Unidos.)
Como es bien sabido, la primera reunión
del CSICOP tuvo un gran impacto. Recibió
una extensa cobertura periodística desde
The Washington Post y The New York Times
hasta Le Monde y Pravda, y prácticamente
todas las revistas científicas importantes
acogieron favorablemente la formación del
CSICOP. Habíamos materializado una cla-
ra necesidad que tanto la comunidad cien-
tífica como gran parte de la opinión públi-
ca pensaban que se tenía que satisfacer:
dar una respuesta al auge de las afirma-
ciones paranor-males. En un año, lanza-
mos nuestra revista, en un principio llama-
da The Zetetic
bajo la dirección de Marcello
Truzzi
, y después, The Skeptical Inquirer
bajo la dirección de Kendrick Frazier, quien
había sido director de Science News
. Para
nuestra satisfacción, se empezaron a for-
mar grupos escépticos por todo el mundo,
desde Alemania e Inglaterra hasta China,
Rusia, España y México, y hoy en día exis-
ten más de 75 de esos grupos. Además, se
publican periódicamente unas 50 revistas
y boletines, y hemos colaborado estrecha-
mente con grupos nacionales para ayudar-
les a que puedan poner en marcha sus or-
ganizaciones y revistas.
Todos estos acontecimientos han con-
tribuido a la formación por todo el mundo
de un movimiento del nuevo escepticismo.
Actualmente, existe una efervescente y cre-
ciente red internacional de organizaciones
afiliadas al CSICOP y a The Skeptical
Inquirer. Todos estamos comprometidos con
el programa científico, siendo escépticos de
las afirmaciones de lo paranormal y de las
ciencias ocultas, a menos que hayan sido
corroboradas y duplicadas por investiga-
dores independientes.
Alguien pudiera preguntar: después de
más de dos décadas de investigación, ¿qué
se puede aprender del fenómeno en su to-
talidad? En el resto de este artículo, resu-
miré muchos de los descubrimientos y con-
clusiones a que el movimiento escéptico ha
llegado sobre las afirmaciones y creencias
en lo paranormal.
II
El mismo término paranormal es, en pri-
mer lugar, muy discutible. Solamente de-
cidimos emplearlo porque sus defensores
J.B. Rhine, entre otros
lo habían usado.
Dudamos de que sea posible encontrar una
esfera de lo paranormal separada o inde-
pendiente de el universo natural. Busca-
mos explicaciones normales y naturales
para los fenómenos. La mejor manera de
definir el término paranormal es como ano-
malías extrañas inesperadas
tal como
Charles Fort las describió
que a veces nos
encontramos, y que estamos dispuestos a
analizar con una mente abierta, no recha-
zándolas a priori, antes de investigarlas. En
una conferencia en la Universidad de Co-
lorado en 1986, Murray Gell-Mann, gana-
dor del premio Nobel y miembro del
CSICOP, indicó que, en un sentido, nega-
mos lo paranormal en su totalidad puesto
que, una vez que hemos visto que el fenó-
meno se puede explicar por medio de cau-
El desafío para la ciencia no procede
sólo de los propagandistas de lo
paranormal, sino también de los
seguidores de muchas religiones
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sas prosaicas, entonces estas explicacio-
nes se incorporan a la visión del mundo
científico natural y no se separan de él.
Vuelvo a repetir, tenemos una mente abier-
ta y, siempre que las afirmaciones que ha-
gan los defensores sean serias, estamos dis-
puestos a analizar las anomalías sin nin-
gún prejuicio.
Informes anecdóticos. Lo que hemos
hallado es que muchos informes de suce-
sos anómalos se basan en relatos anecdó-
ticos. Aunque estos informes no se pueden
desechar de plano o sin explicación, par-
ticularmente si se han propuesto de modo
serio, los escépticos mantienen que las in-
vestigaciones vayan más allá de las meras
anécdotas, a un análisis más sistemático
del fenómeno. Muchas historias anecdó-
ticas se basan en experiencias personales
de carácter subjetivo e introspectivo, o en
recuerdos de sucesos pasados que pueden
ser poco fiables, o en habladurías de segun-
da o tercera mano.
Si es posible, es importante que se cri-
ben con cuidado todos estos informes an-
tes de que se acepten. Las anécdotas pue-
den tener una pizca de verdad y ofrecer
datos nuevos e importantes, de lo contra-
rio pasados por alto. Por otra parte, pue-
den estar en juego errores de percepción o
fallos de memoria; puede tratarse de histo-
rias que se hayan embellecido mucho más
que lo que eran originalmente; o de suce-
sos exagerados desmesuradamente en
comparación con lo que realmente ocurrió,
o del engaño de los sentidos influidos por
la sugestión. Muchas de estas supuestas
anécdotas, si son de segunda mano, toman
el carácter de chismorreos, cuentos popu-
lares o leyendas urbanas. Puede ser que
contengan briznas de nueva información o
que se haya exagerado su importancia a
posteriori. Entre la gente que cree en las
ciencias ocultas, existe una propensión a
ver matices misteriosos en situaciones nor-
males o a exagerar la importancia de suce-
sos aleatorios. Esto se ve, por ejemplo, en
los informes sobre apariciones de fantas-
mas, premoniciones de muertes, aparicio-
nes de seres extraterrestres, o la exactitud
de los vaticinios de los adivinos. Los es-
cépticos preguntan: ¿ocurrió el suceso tal
como lo cuenta la persona?, ¿es la inter-
pretación que se hace del suceso la más
probable?
A menos que un relato anecdótico se
pueda corroborar independientemente, los
investigadores insisten en que se sea cau-
teloso con respecto a su autenticidad. Esto
no sólo se aplica a la veracidad del supuesto
suceso, sino también a la explicación eso-
térica que se quiere imponer por el desco-
nocimiento de las auténticas razones.
Los escépticos dicen que los hechos pue-
den o no ser ciertos y que, si de veras han
ocurrido, pueden existir explicaciones al-
ternativas. ¿Nos enfrentamos a un suceso
verdadero o a una percepción errónea, ex-
periencia alucinatoria, fantasía y/o una
mala interpretación de lo que realmente su-
cedió?
Testimonios de testigos oculares. Re-
currir al testimonio de testigos oculares es
la base de nuestro conocimiento sobre el
mundo y nosotros mismos. Los datos se ex-
traen de una experiencia directa de prime-
ra mano. Sin embargo, es importante que
tal testimonio no se acepte de buenas a pri-
meras sin un examen cuidadoso. Espe-
cialmente en el caso de un testimonio so-
bre sucesos anómalos, imprevistos o extra-
ños. Si una persona asegura que en la ca-
lle está lloviendo mucho y respalda esa afir-
mación mostrando que está empapada, y
si dicho informe no discrepa con lo que to-
dos nosotros sabemos sobre el mundo, no
se necesita exigir pruebas más contunden-
tes (aunque podían haberle mojado con una
manguera o haberle echado un cubo de
agua encima). Es factible corroborar tales
el escéptico (Junio 1998)
53
El carácter fraudulento de las demostraciones psíquicas del is-
raelí Uri Geller fue denunciado públicamente por el CSICOP y
el ilusionista James Randi en los años 70.
Archivo ARP
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Científicos expertos en sus propias dis-
ciplinas no son necesariamente los ob-
servadores más cuidadosos
en otros campos
declaraciones mirando por la ventana y/o
por informes de otros transeúntes; y/o con-
sultando el barómetro. Si, por el contrario,
una persona informa que están lloviendo
hadas de color rosa, los investigadores es-
cépticos pedirán que observadores indepen-
dientes e imparciales corroboren dicha his-
toria increíble.
La psicóloga Elizabeth Loftus, de la Uni-
versidad de Washington
miembro del
CSICOP y uno de los ponentes de apertura
en su congreso de 1992
, ha realizado nu-
merosos experimentos a fin de demostrar
que, con frecuencia, la naturaleza de los
sentidos es falible y engañosa. Descubrió
que muchos que han presenciado un robo
o un accidente dan informes discrepantes,
particularmente si el suceso conlleva una
carga emocional. Esta propensión a perci-
bir erróneamente la realidad puede agra-
varse cuando alguien declara haber visto a
una estatua de la Virgen María llorar o una
sanación milagrosa realizada por un curan-
dero. No solamente se debe analizar cuida-
dosamente el informe de un observador,
54
(Junio 1998) el escéptico
sino que se debe evaluar la interpretación
que se le da. Así, los investigadores escép-
ticos piden que, siempre que sea posible,
haya dos o más testigos de un suceso, que
éstos sean meticulosos observadores y que
lo que hayan dicho se pueda corroborar in-
dependientemente. Los informes sobre apa-
riciones de ovnis son habituales por todo
el mundo y, con frecuencia, llegan en olea-
das, dependiendo muchas veces de cómo
los exploten los medios de comunicación
sensacionalistas. El investigador pregun-
ta: ¿qué vieron realmente estas personas?,
¿se pueden verificar estas interpretaciones?
Los investigadores escépticos han intenta-
do facilitar explicaciones normales para los
objetos volantes no identificados, que mu-
chas veces se identifican como planetas,
meteoritos, globos meteorológicos, cohetes
terrestres, aviones u otros fenómenos.
Afirmaciones extraordinarias requie-
ren pruebas extraordinarias. Se ha aduci-
do este principio para los informes anóma-
los. Si se diera el caso de que un suceso
paranormal, si se confirmara, pudiera echar
por tierra las conocidas leyes de la ciencia,
entonces se necesitaría tener pruebas
abundantes para aceptarlo. Las pruebas no
tendrían que ser escasas o irregulares, sino
tan fuertes que su negación requiriera de
más credulidad que su aceptación. Los in-
vestigadores escépticos coinciden en que
no debemos negar las pruebas antes de in-
vestigarlas; por otra parte, si una afirma-
ción contradice principios bien estableci-
El divulgador pseudocientífico Brad Steiger (a la izquierda) con Marshall Applewhite y Bonnie
Nuttles, líderes de la secta ufológica Puerta del Cielo que llevaron a otras 37 personas a quitarse
la vida en California en marzo de 1997.
Archivo ARP
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dos de la ciencia, entonces tendrá que es-
tar respaldada por pruebas que sean abun-
dantes y no endebles. Un buen ejemplo de
esto lo proporciona la psicoquinesis, según
la cual la mente puede mover materia sin
la intervención de un objeto físico o fuerza
material, o la precognición, la presunta ca-
pacidad de conocer sucesos futuros antes
que ocurran. Para aceptar estas afirmacio-
nes extraordinarias, exigimos pruebas ex-
traordinarias. Helmut Schmidt ha asegu-
rado tener pruebas experimentales de que
las personas en el presente pueden influir
de forma retrospectiva en sucesos ocurri-
dos en un generador aleatorio. Esta insóli-
ta anomalía violaría aparentemente las le-
yes de la física y/o exigiría que se modifi-
cara la física para justificarla. Por eso, an-
tes de aceptarla, precisamos de varios in-
tentos de réplica independientes.
El argumento del peso de la prueba.
Algunos parapsicólogos, como John Beloff,
han alegado que la evidencia más firme de
los sucesos paranormales se encuentra en
los casos históricos de famosos médiums y
psíquicos. Eusapia Palladino fue sometida
a pruebas por numerosos equipos científi-
cos.
3
Muchos descubrieron que, en algunos
casos, había hecho trampas; otros no pu-
dieron hallar prueba alguna de que había
hecho trampas: por consiguiente, atri-
buyeron los hechos a causas paranormales
[Fielding y Carrington, 1909]. Igualmente,
se dice que D.D. Home, un bien conocido
médium, flotó supuestamente a más de 22
metros sobre una calle de Londres y rea-
lizó otras extrañas proezas, las cuales no
pudieron explicarse desde un punto de vista
normal. Beloff sostiene que, a menos que
los investigadores escépticos puedan expli-
car en todos los casos cómo realizaron ta-
les proezas estos médiums, deberían acep-
tarse cómo ciertas. El investigador escép-
tico responde que el peso de la prueba recae
sobre el que defiende el hecho paranormal.
Es él el que tiene que ser capaz de explicar
tales casos con suficientes pruebas; si no
lo hace, uno debe abstenerse de opinar y
permanecer escéptico. Esto es lo que ocu-
rre con respecto a casos paranormales ocu-
rridos en el pasado en los que es difícil re-
construir la situación bajo la cual sucedie-
ron los hechos. Esta es la razón en la que
se basan los escépticos para exigir réplicas
hechas hoy en día antes de aceptar dicho
el escéptico (Junio 1998)
55
fenómeno.
El argumento del peso de la prueba se
ha usado en la religión. ¿Tiene derecho un
creyente a creer lo que quiera sobre Dios, a
menos que el escéptico pueda refutar su
existencia o demostrar que las cualidades
atribuidas a Él no existen? El escéptico cri-
tica la lógica de ese razonamiento de la si-
guiente manera: si alguien afirma que las
sirenas existen, el peso de la prueba recae
sobre él; no es el escéptico el que debe reba-
tir el hecho.
Fraude. El recurso al fraude es bien co-
nocido en los asuntos humanos, incluidos
ejemplos de la ciencia ortodoxa (por ejem-
plo, el engaño del Hombre de Piltdown). Y
está particularmente extendido en el cam-
po de lo paranormal. Se ha sorprendido a
muchos médiums y psíquicos haciendo
trampas. Aunque parte del engaño pudie-
ra ser inconsciente, se han descubierto una
gran cantidad de artimañas deliberadas.
Así que es importante, dice el investigador
escéptico, que se tomen todas las precau-
ciones posibles para prevenir el engaño.
Cuando se diseña un experimento, se han
de habilitar los controles suficientes para
que el sujeto bajo estudio, no pueda ama-
ñar los datos, sea sin querer o intenciona-
damente. C.E. Hansel ha señalado que mu-
chos de los primeros experimentos de J.B.
Rhine eran de dudosa autenticidad, ya que
las condiciones de las pruebas no eran se-
guras. En el famoso experimento telepáti-
co de Pearce y Pratt, este último podía ha-
ber echado fácilmente una mirada rápida
a las cartas Zener bien saliendo a hurtadi-
llas de la biblioteca y dirigiéndose al despa-
cho del emisor, bien recurriendo a un cóm-
plice. Muchos han sido los científicos enga-
ñados, en especial, por niños. Por ejemplo,
el físico John Taylor, cuando observaba a
los niños a través de un espejo cuyo cristal
funcionaba como espejo por un lado y como
ventana por el otro, vio que podían doblar
fácilmente cucharas o tenedores con las
manos. Susie Cotrell fue sorprendida usan-
do un truco de cartas
el forzado de Shu-
lein
para engañar a los observadores. En
un hábil test sobre sus poderes, llevado a
cabo por miembros del CSICOP, se vio con
una cámara oculta como hacía un juego
de manos cuando barajaba las cartas y có-
mo las echaba un vistazo cuando creía que
nadie la estaba observando. También es im-
portante que no se dé el fraude experimen-
Si una afirmación contradice
principios bien establecidos de la cien-
cia, entonces tendrá que estar respal-
dada por pruebas que sean abundan-
tes y no endebles
3
La italiana Eusapia Palladino (1854-1918) es
una de las más conocidas dotadas de la histo-
ria. Su principal habilidad consistía en mover
objetos con el poder de la mente y, aunque se
ganó el respeto de los investigadores parapsico-
lógicos de su época, con los ilusionistas le ocu-
rrió lo mismo que a Uri Geller: la desenmasca-
raron. Hoy en día, los parapsicólogos siguen
considerándola una médium auténtica, aunque
reconocen que llegó a utilizar en ocasiones todo
tipo de trucos para intentar demostrar sus pre-
suntos poderes. (N. del T.)
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56
(Junio 1998) el escéptico
problema en prácticamente todos los cam-
pos de la ciencia. Con frecuencia, quienes
proponen una teoría no son los mejores o
más competentes a la hora de evaluar las
pruebas que la respaldan. La predisposi-
ción por parte del investigador puede ser
consciente o inconsciente. Puede aparecer
porque haya una disminución involuntaria
de las capacidades sensoriales o de las téc-
nicas de corrección. Un buen ejemplo lo
ofrece el caso de Michel Gauquelin, a quien
muchos aclamaron como el fundador de la
nueva ciencia de la astrobiología.
Gauquelin declaró haber hallado una co-
rrelación entre las configuraciones
planetarias y los logros profesionales. Se-
gún él, la presencia de Marte en unos sec-
tores clave (1 y 4) se correlacionaba con
ser un famoso campeón deportivo. Hay bas-
tantes pruebas de que Gauquelin eligió la
muestra de sujetos sabiendo de antemano
si habían nacido con Marte en dichos sec-
tores clave. Por lo tanto, fue mucho más
una predisposición por parte de Gauquelin
que una prueba del llamado efecto Marte.
Investigaciones hechas por científicos in-
dependientes no pudieron reproducir di-
chos trabajos.
La célebre parapsicóloga Gertrude
Schmeidler ha dicho que existe una dife-
rencia entre las ovejas (los creyentes) y las
cabras (los escépticos); y que los primeros
tienen más probabilidades de creer que los
segundos. Que las ovejas puedan mostrar
sistemáticamente la existencia de la PES
es discutible. Sin embargo, se puede dar el
caso de que investigadores que son ovejas
puedan estar más dispuestos a aceptar
como cierto cualquier matiz que ofrezcan
tal. Un ejemplo notable del laboratorio de
parapsicología de J.B. Rhine pone de mani-
fiesto el problema. Se ha asegurado que
Walter Levy había alterado los resultados
de las pruebas sobre la precognición reali-
zadas con chicas corrigiendo los datos.
En el campo de los ovnis, ha habido
muestras descaradas de engaño; por ejem-
plo: Billy Meier en Suiza y Ed Walters en
Gulf Breeze, Florida.
4
Se ha puesto al des-
cubierto el engaño de los círculos en los
campos de cereales como prueba de visitas
extraterrestres en Gran Bretaña. Lo mis-
mo se puede decir de los desenmascara-
mientos de cirujanos psíquicos filipinos y
sanadores por fe evangélicos realizados por
James Randi y el Comité para el Examen
Científico de la Religión.
Un punto clave que ha quedado demos-
trado es que científicos expertos en sus pro-
pias disciplinas no son necesariamente los
observadores más cuidadosos en otros
campos y que, con frecuencia, pueden ser
engañados por hábiles ilusionistas que se
hagan pasar por psíquicos.
Predisposición del investigador. La
predisposición involuntaria por parte del
que realiza un experimento representa un
4
Billy Meier y Ed Walters, suizo y estadouni-
dense, respectivamente, son los autores de al-
gunas de las más famosas fotografías fraudu-
lentas de ovnis de los últimos años. Meier afir-
ma estar en contacto desde mediados de los años
70 con seres procedentes de las Pléyades, que
llegaron a la Tierra hace unos mil años; Walters
mantiene haber observado, desde noviembre de
1987, diversos platillos volantes en Gulf Breeze,
Florida, y dice haber sido abducido.
Archivo ARP
El ‘contactado’ estadouni-
dense Ed Walters afirma
haber entrado en contac-
to con extraterrestres (di-
bujo superior) en la costa
de Florida.
background image
los datos. Mientras que, por otro lado, pue-
de suceder lo contrario, que los investiga-
dores que son cabras desechen la eviden-
cia debido a su anti-predisposición. En un
debate con Charles Honorton, Ray Hyman
señaló la necesidad de reforzar el diseño
experimental de los tests de Ganzfeld con
una aleatorización correcta de las pruebas
y con técnicas de corrección cuidadosas.
Otros han hecho notar las discutibles téc-
nicas de corrección de los tests de visión
remota de Targ y Puthoff en el Instituto de
Investigación de Stanford.
Petición de una réplica. El razonamien-
to clave de los investigadores escépticos,
no sólo en el campo de lo paranormal, sino
también en el de las ciencias ortodoxas, es
la necesidad de experimentos duplicables.
Los escépticos no están convencidos de que
exista la PES o la psicoquinesis. Dicen que
tienen derecho a ser cautos hasta que los
investigadores de la Física puedan preci-
sar las condiciones de laboratorio bajo las
que, experimentadores independientes,
puedan observar un fenómeno. La gran
controversia en la parapsicología se en-
cuentra precisamente en este punto: ¿existe
un experimento replicable standard que
pueda demostrar la existencia de lo psi al
investigador neutral? A menos que se sa-
tisfaga esa condición, los escépticos conti-
nuarán teniendo reservas sobre la realidad
del fenómeno.
Pensamiento mágico. Muchos investi-
gadores escépticos se han sentido intriga-
dos por la proclividad que muestra la mayo-
ría de los seres humanos a recurrir al pen-
samiento mágico, es decir, a aceptar sin
suficientes evidencias explicaciones contra-
causales. Esto incluye la capacidad de
adoptar interpretaciones paranormales y/
o querer ver en la naturaleza fuerzas mági-
cas. Existe una tendencia a atribuir pode-
res milagrosos a ciertos individuos. Históri-
camente, se aplica a los profetas que afir-
maron haber recibido revelaciones desde
las alturas y haber sido dotados de facul-
tades sobrenaturales. También es propio
de los gurus, chamanes, hechiceros, psí-
quicos y sanadores por fe, todos los cuales
se cree que poseen poderes mágicos. La per-
sona que recurre al pensamiento mágico
tiene mayores probabilidades de aceptar las
explicaciones esotéricas y/o parap-
sicológicas sin aplicar un escepticismo crí-
tico. Al hacedor de milagros se le toma por
una autoridad y se fuerzan los hechos para
dar validez a las afirmaciones de curación.
Interpretaciones psicológicas de lo pa-
ranormal. Muchos investigadores escépti-
cos sostienen que la clave para el entendi-
miento del fenómeno paranormal reside en
la psicología humana. Lo que significa que
la capacidad de la gente para aceptar sin
la suficiente evidencia fenómenos paranor-
males como ciertos hunde sus raíces en la
naturaleza humana. Esto tiene muchas de-
rivaciones: ser susceptible a la sugestión,
propenso a la fantasía, dado al pensamiento
mágico; y la tendencia general a permitir
que las propensiones, deseos e ilusiones
personales, coloreen los datos. Ray Hyman
ha demostrado el poder de la lectura en frío
a la quiromancia. Y ésta puede extenderse
a otros campos de lo paranormal.
La popularidad de los horóscopos astro-
lógicos suministra un amplio apoyo para
una interpretación psicológica. Hay poca o
ninguna evidencia que respalde la astrolo-
gía, que se basa en la antigua cosmología
de Ptolomeo y que hoy en día la astrono-
mía ya ha dejado obsoleta. Además, la as-
trología ha fracasado en prácticamente to-
das las pruebas que se han realizado para
demostrarla [Culver y Ianna, 1988]. Todos
los intentos de encontrar una correlación
estadística entre el momento y lugar de na-
cimiento y la posición de los cuerpos celes-
tes han dado resultados negativos. Sin em-
bargo, la gente afirma que los signos sola-
res astrológicos y los horóscopos son ver-
daderos. Para el escéptico, la explicación
más probable es que esa verdad es producto
del color del cristal con que se mira. El
quiromántico, astrólogo o psíquico es con
frecuencia tan poco específico en su inter-
pretación que sus conclusiones o pronós-
ticos pueden ser forzados por el sujeto has-
ta darles validez. Así que, según mi opi-
nión, la clave de lo paranormal es que todo
es según el color del cristal con que se mira.
Esto es lo que he denominado el síndrome
del calcetín elástico, ya que a éste se le pue-
de estirar para que encaje en cualquier pie.
La ‘tentación trascendental’. ¿Por qué
es esto así? He postulado la existencia de
una tentación trascendental en la cultura y
naturaleza humanas como posible explica-
ción para la propensión a aceptar un uni-
verso paranormal o esotérico [Kurtz, 1986].
Quizá tenga sus raíces en la larga historia
de la evolución de las especies e incluso
podría tener una base genética. Algunos,
como E.O. Wilson, han declarado que la re-
ligiosidad tiene raíces sociobiológicas; aun-
que muchos escépticos han criticado esta
teoría por no estar suficientemente com-
probada. John Schumaker, un psicólogo
australiano, cree que algunas ilusiones son
necesarias para estar cuerdos y que la de-
formación de la realidad es un ingrediente
esencial para la salud mental [Schumaker,
1995]. Dice que enfrentarse a la muerte o
a la nada existencial es difícil para la ma-
yoría de la gente y que, por lo tanto, logra
consuelo buscando significados ocultos en
la naturaleza, incluyendo la creencia en la
otra vida o la facultad de comunicarse con
los muertos. Esta misma explicación se
puede aplicar a muchos otros campos de
lo paranormal. Así, la credulidad se alimen-
ta por un ansia de trascendencia.
Hipnosis. La fiabilidad de la hipnosis co-
mo fuente de conocimiento ha suscitado
bastante controversia por parte de los es-
cépticos. ¿Es la hipnosis un estado de tran-
el escéptico (Junio 1998)
57
background image
ce especial provocado en alguien o es sólo
una vivencia de las sugestiones causadas
por el hipnotizador? Resulta evidente que
la hipnosis es una técnica útil en muchos
campos. Sin embargo, contiene sus tram-
pas en lo que respecta a un amplio abani-
co de fenómenos paranormales supuesta-
mente verificados a través de la regresión
hipnótica. Tal es el caso de las regresiones
de vidas pasadas que algunos investigado-
res han usado como prueba de la reencar-
nación. Bud Hopkins, David Jacobs y John
Mack han presentado las regresiones hip-
nóticas como pruebas de abducciones por
seres extraterrestres, los cuales, se dice,
realizan experimentos genético-sexuales
[Klass, 1989]. Los escépticos han aducido
que la explicación más probable para rela-
tos tan extraños estriba en que la prueba
está contaminada por el hipnoterapeuta,
quien, usando la sugestión, tiende a im-
plantar las ideas en la persona y/o ayudar
a que la mente genere fantasías. Los es-
cépticos sostienen que, puesto que todavía
existen otras explicaciones alternativas, no
necesitamos hablar de vidas pasadas o ab-
ducciones de seres extraterrestres. Es pro-
bable, por ejemplo, que algunos individuos
normales, pero por otra parte fantasiosos,
puedan imaginar y urdir historias. Con fre-
cuencia, interviene la criptomnesia e ideas
o experiencias que han estado profun-
damente grabadas en el inconsciente se
adornan y se toman como reales. El escép-
tico tiene grandes reservas sobre tales usos
de la hipnosis.
Pseudociencia contra protociencia. Es
importante distinguir entre pseudociencia
y ciencia auténtica. Desafortunadamente,
no siempre es posible encontrar una línea
de demarcación clara y, algunas veces, lo
que se denomina pseudociencia pudiera ser
en realidad una nueva protociencia.
Marcello Truzzi ha hecho notar que existe
el riesgo de que los investigadores escépti-
cos rechacen ideas nuevas
protociencias
porque éstas no encajen en el esquema o
modelo actual. Existen ciertos criterios para
distinguir una pseudociencia: por ejemplo,
¿están sus conceptos claramente definidos
sin contradecirse?, ¿son falsables sus mu-
chas teorías?, ¿hay estudios que nos per-
mitan determinar si las hipótesis y teorías
están justificadas? La frenología y los
biorritmología fueron dos supuestas cien-
cias que, tras estudios exhaustivos, se des-
cubrió que merecían ser catalogadas como
pseudociencias. Uno ha de tener mucho
cuidado ya que, con frecuencia, muchos
campos nuevos de investigación han teni-
do que librar una dura batalla contra el es-
tablishment científico. Lo mismo puede de-
cirse de muchas de las disciplinas ya reco-
nocidas. Los críticos señalan que la psico-
logía, sociología, antropología y las ciencias
políticas están llenas de diseños experimen-
tales inadecuados y de estudios discutibles.
Lo mejor de la prudencia es que los escép-
ticos no sólo sean escépticos con las pseudo-
ciencias, sino también con la ciencia orto-
doxa; y que si no salen airosos de una críti-
ca hecha por la comunidad investigadora,
estén dispuestos a revisar incluso los prin-
cipios más reverenciados. El punto clave del
escepticismo no es la duda, sino la investi-
gación; el escepticismo es sólo un elemento
dentro del proceso de la investigación. La
cuestión clave no es la creencia o la incre-
dulidad, sino los hechos, las teorías y los
métodos de comprobación.
Ridiculización. Muchos de aquéllos a
quienes los escépticos han criticado se sien-
ten molestos por lo que ellos consideran
ridiculizaciones injustas. Martin Gardner ha
hecho notar que “una carcajada vale más
que mil silogismos”, y que los escépticos
pueden con justicia ridiculizar o satirizar
sobre hechos paranormales descabellados.
En la esfera pública, particularmente en los
medios de comunicación, las afirmaciones
de lo paranormal se exageran desmesura-
damente en relación a la prueba existente.
El suceso se presenta de modo sensaciona-
lista y se hace creer a la gente que ha sido
verificado o documentado por científicos,
cuando éste pudiera no ser el caso. En ta-
les situaciones, una aproximación objeti-
va, desapasionada, puede no atraer la aten-
ción del público y puede ser oportuno por
parte de los escépticos desinflar la afirma-
ción estrafalaria mediante la demolición
humorística. En ese momento, los escépti-
cos se habrán adentrado en el terreno de la
retórica y la persuasión. Está claro que la
mofa no es un sustituto de la investigación
auténtica y que sólo se debe recurrir a ella
tras un proceso de investigación exhausti-
vo. La responsabilidad de los investigado-
res escépticos pasa por establecer criterios
objetivos para una investigación seria.
Cómo convencer a la gente de que las prue-
bas de algún hecho son insuficientes y/o
que no deberían ser tan rápidos en llegar a
conclusiones es un asunto importante para
aquéllos que se han declarado firmemente
a favor del avance de la ciencia. Todos los
escépticos reconocen que su primera obli-
gación es investigar y que todo desenmas-
caramiento debe ser consecuencia de sus
pesquisas.
Explicaciones causales alternativas. El
objetivo final de toda investigación científi-
ca no es solamente describir lo que ha es-
tado o está sucediendo
conocimiento des-
criptivo
, sino dar una interpretación al fe-
El punto clave del escepticismo no
es la duda, sino la ‘investigación’;
el escepticismo es sólo un elemento
dentro del proceso de la investigación
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(Junio 1998) el escéptico
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el escéptico (Junio 1998)
59
Paul Kurtz es profesor emérito de Filosofía de
la Universidad de Nueva York en Buffalo, y pre-
sidente y fundador del Comité para la Investi-
gación Científica de los Supuestos Hechos
Paranormales (CSICOP).
Versión española de Iñaki Camiruaga.
nómeno mediante explicaciones causales.
Aquí es donde se tienen que centrar la ca-
pacidad y la genialidad creativa de los in-
vestigadores. Con frecuencia, sucede que
una anomalía se puede explicar mejor en
términos prosaicos. Que un suceso parez-
ca inexplicable, puede deberse a coinciden-
cias; una cura milagrosa puede tener su ra-
zón de ser en el poder de la sugestión o el
efecto placebo; una correlación estadística
puede ser solamente un artificio de los da-
tos, etcétera. El programa de la ciencia úni-
camente puede desarrollarse cuando se es
consciente de
los hechos
malditos. No
hay necesidad
de negar que
las anomalías
existen; el de-
safío está en
profundizar
más en busca
de correlaciones causales a fin de explicar
por qué ocurren. A este respecto, existe un
constante éxito científico, ya que lo que una
vez pareció misterioso o inexplicable se po-
dría explicar haciendo referencia a princi-
pios generales o a circunstancias históri-
cas únicas. Así, la investigación escéptica
está relacionada con el fin último de toda
investigación científica: describir y justifi-
car adecuadamente los hechos a partir de
los datos y explicar, donde sea posible, cómo
y por qué han ocurrido.
‘El síndrome del pato de goma insu-
mergible’. Después de más de dos décadas
de estudio por parte de investigadores es-
cépticos, no deja de asombrarnos el hecho
de que, por más que critiquemos las afir-
maciones de creencias paranormales, éstas
todavía persistan. De hecho, aunque hayan
sido analizadas a conciencia y hayan sido
refutadas en un momento determinado, pa-
rece que vuelven a surgir con el paso del
tiempo y la gente continua creyendo en ellas
a pesar de la evidencia contraria. A esto lo
he denominado el síndrome del pato de goma
insumergible. Sin duda, muchos conocerán
las barracas de tiro al blanco, donde se
anima a la gente a derribar patos metálicos
móviles y en las que, aunque se derriben
los patos, éstos se vuelven a poner rectos
otra vez.
Dada la tendencia al pensamiento mági-
co, la tentación trascendental y la creduli-
dad, los escépticos tienen una labor hecha
a su medida. Una vez que hemos investi-
gado y echado abajo una afirmación desca-
bellada, no podemos escabullirnos sigilo-
samente. La sociedad siempre tendrá nece-
sidad de la investigación escéptica. No sólo
precisan respuestas los viejos mitos que re-
aparecen para seducir a las nuevas gene-
raciones, sino que, con frecuencia surgen y
se ponen de moda más afirmaciones ex-
travagantes. Por eso, me permito decir que
hay una constante necesidad de investi-
gación escéptica; y que los escépticos siem-
pre habrán de actuar como las avispas de
la sociedad. Permaneciendo entre los bas-
tidores del teatro de la vida, incapaces de
aceptar las estupideces reinantes en el es-
cenario, el papel del escéptico es mantener
vivo el espíritu de la investigación libre y
plantear preguntas sagaces: incluso si los
criticados se sienten muy ofendidos; y/o a
pesar de la calumnia de que pueden ser ob-
jeto los escépticos por sus críticas.
El movimiento del nuevo escepticismo tie-
ne que una tarea positiva y constructiva en
la sociedad;
m i e n t r a s
persista la
credulidad
humana, ha-
brá necesi-
dad de que
los escépti-
cos planteen
p r e g u n t a s
inquietantes. Debemos continuar suminis-
trando explicaciones serias para las afirma-
ciones esotéricas y paranormales; y, cua-
lesquiera sean nuestras conclusiones, di-
vulgarlas y hacer que el gran público las
conozca. No tenemos que desesperarnos
ante la oleada de creencias irracionales a
la que a veces nos enfrentamos. Estamos
dedicados a la búsqueda del conocimiento
y la verdad. A fin de cuentas, nuestra prin-
cipal objetivo es la investigación, no el
escepticismo. Y, en este sentido, el movi-
miento escéptico siempre jugará un papel
fundamental en la cultura humana.
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Mientras persista la credulidad, habrá
necesidad de que los escépticos
planteen preguntas inquietantes