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(Junio 1998) el escéptico
las imágenes de la sábana santa no se for-
maron por contacto” [Benítez, 1978].
Jackson y Jumper participaron en 1977,
un año antes de hacer públicas sus extraor-
dinarias revelaciones, en la fundación del
STURP,
3
que en octubre de 1978 envió un
equipo de técnicos a Turín para participar
en el segundo Congreso Internacional de
Sindonología y estudiar la reliquia. El am-
biente de las jornadas fue tan devoto que
hasta mereció las críticas de Andreas Fa-
ber-Kaiser, entonces director de Mundo
Desconocido. “Poco laico y mucho religioso
escribió el periodista
para un congreso
científico neutral, en el que se dieron en-
fáticos arrebatos de afirmación de la fe re-
ligiosa a ultranza, protagonizados sobre to-
do por Sebastiano Rodante y Raimondo
Sorgia, quien llegó a afirmar textualmente
que «el examen por medio del carbono 14
es útil, sí, pero no permitamos que la cien-
cia experimental destruya un dogma uni-
versal»” [Faber-Kaiser, 1978].
Las palabras de Sorgia reflejan perfec-
tamente lo que Jackson y Jumper habían
hecho con el VP-8: adaptar los datos a la
teoría. Los expertos del STURP construye-
ron un bajorrelieve a tamaño real del hom-
bre de la sábana tras averiguar las posi-
bles correlaciones entre densidades de gris
y distancias entre la tela y el cuerpo. Recu-
rrieron “a un voluntario escogido por su pa-
recido con la imagen del sudario. La perso-
na fue envuelta en una sábana y, median-
te procedimientos ópticos delicados, mi-
dieron las distancias entre el cuerpo y la
tela. Se incorporaron estas medidas a la
memoria del analizador encargado de tra-
ducir las variaciones de densidad colorea-
da de la imagen del sudario. El primer re-
sultado obtenido fue el de una imagen hu-
mana en tres dimensiones distorsionada en
varios lugares. Las instrucciones dadas al
ordenador fueron modificadas por tanteo
hasta que se obtuvo una imagen exenta de
distorsiones inadmisibles” [Rouzé, 1983].
Es decir, Jackson y Jumper modificaron los
datos para evitar que el resultado fuera una
imagen grotesca y obtener la representación
tridimensional ideal que tenían en mente
desde el principio.
La sangre, las monedas
y los diarios de Hitler
No adaptar los datos experimentales a lo
que esperaban los miembros del STURP
costó a Walter McCrone, probablemente el
microanalista forense más competente del
mundo, su expulsión del grupo. Y es que,
3
El STURP es una organización con fuerte con-
tenido religioso, como lo demuestra el hecho de
que, de sus 40 miembros fundadores, 39 eran
creyentes convencidos de que la tela de Turín
era el auténtico sudario de Jesucristo.
Ambigüedad
y cinismo
FERNANDO PEREGRÍN
a reciente visita del papa Juan Pa-
blo II a Turín, sus declaraciones so-
bre la autenticidad de la sábana san-
ta, parece abrir un proceso que re-
cuerda a tantos otros protagonizados por
la ceguera de la Iglesia de Roma ante las
evidencias de la razón y la ciencia. Como
en el caso de Galileo, sólo que esta vez in-
cruentamente y sin reo, es muy posible que
dentro de 300 años más o menos, que al
parecer es el tiempo que necesita la jerar-
quía católica para aceptar la validez de las
más irrefutables pruebas, se cree una co-
misión vaticana para el estudio del verda-
dero origen del lienzo de Turín, y que con-
cluya con ambigüedad y ciertas dosis de
cinismo que “donde dije ‘digo’, quise decir
‘Diego’”. El primer paso lo ha dado ya el
propio Karol Wojtila al hablar de la ima-
gen de la síndone como de una “huella del
cuerpo martirizado del Crucificado”, ase-
gurando a la vez que la sábana Santa “no
es materia de fe”.
Hasta aquí, una anécdota más sobre
reliquias, apariciones y milagros. Pero lo
que realmente asombra y desconcierta es
que, en su homilia turinesa, la máxima au-
toridad de los católicos exhortase a los
científicos a “actuar con libertad interior y
celoso respeto tanto de la
metodología científica
como de la sensibilidad
del creyente”. Pues nos
es difícil imaginar a al-
guien tan obtuso que no
se dé cuenta de que el
método científico es, por
muy sensibles que sean
los hombres y mujeres
que lo ponen en prácti-
ca, incompatible por
principio con la cre-
dulidad ciega en cuentos
y leyendas, en hechos sin
pruebas y en teorías sin
fundamento y sin con-
trastar con la realidad
experimental.
Y, desde luego, lo que
es difícil de negar es que
la ciencia respeta, por-
que la necesita y le rinde sus mejores fru-
tos, la libertad interior de los que la prac-
tican; muy al contrario que la Iglesia Ca-
tólica, cuya historia pasada y presente se
caracteriza por su poco, diríamos que nu-
lo, respeto a la libertad interior de sus
miembros.
Archivo ARP
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