Los círculos de los sembrados

'Señales', la nueva película del director de 'El sexto sentido', se adentra en el enigma de los dibujos que desde 1980 aparecen de la noche a la mañana en los sembrados ingleses.

© Copyright de los textos Luis Alfonso Gámez, 2002.
© Copyright de las imágenes Touchstone, 2002.
'Círculos de misterio' y 'Un arte y un negocio típicamente británicos' se publicaron originalmente en el diario bilbaíno 'El Correo' el 13 de septiembre de 2002. Prohibida la reproducción.

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Círculos de misterio

2001 fue el año del contacto. El primer mensaje alienígena se hizo cereal el 21 de agosto. Ocurrió en el Reino Unido, cerca de la estación meteorológica de Chibolton. En un sembrado colindante con el observatorio, aparecieron un rostro y una especie de réplica de la señal que en 1974 se emitió desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) hacia M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz. «Creo que es una respuesta al mensaje de Arecibo», dijo Palden Jenkins, un estudioso de los círculos. Era el broche de oro de una temporada que había empezado con bastante retraso sobre el calendario habitual.

«Los extraterrestres parecen estar al tanto de las leyes británicas, porque ningún ovni ni ningún orbitrón de plasma se ha dejado caer por la campiña inglesa durante el brote de fiebre aftosa», ironizaba Michael Wright el 17 de junio de 2001, en 'The Sunday Times'. Una vez levantada la prohibición de acceso a carreteras y caminos rurales impuesta para evitar la difusión del mal, los pictogramas florecieron. A mediados de agosto, Tim Carson, un granjero de Wiltshire, descubrió una figura en su propiedad y tuvo claro, desde el primer momento, que no era cosa de marcianos. «Recibí una llamada en la que me preguntaron si los caminos estaban ya abiertos al público. Dije que sí y aquella noche apareció un círculo de los sembrados», declaró a la BBC.

Los artistas del cereal

Circulos en el maízEl condado de Wiltshire -en el que se levantan los monumentos megalíticos de Stonehenge y Avebury- es la Disneylandia de la cerealogía, que debe su nombre a Ceres, la diosa romana de la agricultura. Allí comenzó todo a mediados de la década de 1970 y allí se encontró la otra formación que, junto a las de Chibolton, causó sensación el año pasado: una espiral de seis brazos, compuesta por 409 círculos y que ocupaba 45.000 metros cuadrados de un trigal de Milk Hill. John Lundberg, un diseñador gráfico londinense de 33 años, calcula que el complejo pictograma pudo exigir de sus creadores unas tres horas de intenso trabajo nocturno. Lo dice con conocimiento de causa: forma parte de uno de los grupos que, desde hace años, reivindican la paternidad de los círculos.

Frente a los ufólogos que atribuyen los dibujos a platillos volantes, los meteorólogos excéntricos que hablan de nuevos fenómenos atmosféricos y los místicos de la Nueva Era que argumentan que es la propia Tierra la que quiere así llamar la atención sobre la degradación medioambiental, Lundberg y sus colegas dicen que se trata de obras de arte. Efímero, porque la siega destruye los pictogramas; pero arte, al fin y al cabo. Su equipo responde al nombre de los Circlemakers (fabricantes de círculos). Son tres, empezaron a actuar en Wiltshire hace más de diez años y, desde 1995, disponen de una web (www.circlemakers.org) en la que informan de sus proyectos y mantienen al día un censo de este tipo de creaciones.

«Cuando, en 1991, Doug Bower y Dave Chorley confesaron que habían estado haciendo círculos durante quince años, el interés popular cayó en picado. Entonces -recuerda Lundberg-, nos propusimos elevarlo otra vez haciendo formaciones tan grandes y complejas que la gente volviera a preguntarse: '¿Es posible que estas cosas sean obra humana?'». El trío hace entre veinticinco y treinta dibujos cada temporada, entre abril y septiembre. No son los únicos. Hay, en el Reino Unido, otros tres o cuatro grupos igual de activos, además de muchos que realizan una o dos obras al año.

Desde que el diario 'The Wiltshire Times' se hizo eco del primer pictograma hace veintidós años, la complejidad de las formaciones ha ido en aumento. Las primeras llevaban a Bower y Chorley pocos minutos. Eran fáciles de hacer: uno de ellos se plantaba sobre el terreno, a modo de poste, con una cuerda o cinta de agrimensor a cuyo otro extremo estaba su cómplice. Este último caminaba entonces alrededor de su compañero, cual brazo móvil de un compás humano, dibujando un círculo de plantas tumbadas. Aplastaba el cereal con los pies, apoyándolos en un tablón que sujetaba con las manos, gracias a sendas cuerdas. Los dibujos de ahora son bastante más complicados, pero la técnica es la misma.

Bromistas impenitentes

Los dos vecinos de Southampton se lo pasaron en grande durante tres lustros. Diseñaban figuras cada vez más llamativas no sólo para superarse en su arte, sino también para entusiasmar o crear dolores de cabeza a los cereálogos, una peculiar tribu que recorría la campiña a la caza de dibujos. Bower llegó a acompañar a los expertos en sus visitas a los pictogramas y tomar nota de sus teorías para hacerlas realidad o ponerlas en entredicho. Así, cuando un cereálogo achacaba que las plantas aparecieran tumbadas siempre en un mismo sentido a la acción de tornados o vórtices de plasma, la pareja creaba una figura con el cereal aplastado en sentido contrario o con círculos satélites.

Más circulos en el maízDentro de la comunidad cerealógica destacaron pronto tres personajes por su capacidad de rentabilizar el fenómeno: los ingenieros Colin Andrews y Pat Delgado, y el meteorólogo Terence Meaden. Las continuas bromas de Bower y Chorley les volvieron locos. Al final, en septiembre de 1991, todo se fue abajo. Unos periodistas del diario 'Today' enseñaron a Delgado una figura y éste se deshizo en elogios. «¡Es fantástico!», dijo antes de añadir que no podía ser obra humana. Cuando los reporteros le presentaron a los dos artistas, dos sesentones, la tierra se abrió bajo los pies del cereálogo. «La gran broma ha terminado. Dos espabilados nos han engañado», concluyó. Pero la broma no había hecho nada más que comenzar.

Bower y Chorley se habían dado cuenta años antes de que había otros artistas del cereal. 'We are not alone' (No estamos solos), escribieron en letras de doce metros en un sembrado en 1986, en reconocimiento a sus colegas. A partir de ese momento, firmaron sus trabajos con dos des mayúsculas. «Incluso eso se atribuyó a un misterioso propósito extraterrestre», recuerda el fallecido astrofísico Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios (1996). Fueron los herederos intelectuales de los artistas de Southampton los que revitalizaron el fenómeno con increíbles dibujos como el de un gris -un alienígena típico de 'Expediente X'- con un disco que apareció el pasado 15 de agosto en Hampshire. Para los cereálogos, el disco contiene un mensaje de otro mundo.

«Lo que me fascina son los mitos y el folclore que han surgido alrededor de los círculos», afirma John Lundberg, quien no se considera un bromista, sino un artista. Los sucesores de Bower y Chorley utilizan ordenadores para sus diseños, pero los trasladan al campo con los mismos útiles que sus maestros: cinta de agrimensor, tablones, cuerdas, brújulas, linternas... Este verano, siguiendo la estela de Señales, la última película de M. Night Shyamalan, miles de turistas han invadido los campos de Wiltshire y Hampshire para admirar sus obras de arte. El taquillazo de Hollywood ha llenado los bolsillos de los agricultores -cobran por entrar a sus propiedades-, las agencias de viajes y los cereálogos que tan mal lo pasaron hace diez años. El negocio de los círculos vuelve a ser redondo.

© Copyright de los textos Luis Alfonso Gámez, 2002.
© Copyright de las imágenes Touchstone, 2002.
'Círculos de misterio' y 'Un arte y un negocio típicamente británicos'se publicaron originalmente en el diario bilbaíno 'El Correo' el 13 de septiembre de 2002.
Prohibida la reproducción.

Un arte y un negocio típicamente británicos

Son tan ingleses como los estrafalarios sombreros de Isabel II y el té de las cinco. De hecho, nacieron en una noche de verano de 1975 ó 1976 después de que cayeran varias pintas en un pub, el Percy Hobbs de Winchester. Doug Bower y Dave Chorley paseaban por un camino hablando de ovnis cuando el primero, que había vivido en Australia, recordó que en 1966 se había atribuido un círculo de hierba aplastada descubierto cerca de Queensland al aterrizaje de un platillo volante. «¿Qué crees que ocurriría si hiciéramos un círculo por aquí?», preguntó a su compañero señalando un trigal. Así comenzó todo.

Vista desde dentro de un circuloAl principio, la pareja empleó para aplastar el cereal la barra metálica con la que Bower atrancaba la puerta trasera de su tienda de marcos. Con el tiempo, se fabricaron las herramientas que aún siguen utilizando los hacedores de círculos del siglo XXI. Y tuvieron que dar explicaciones a Ilene, la esposa de Bower. En 1984, la mujer se encaró a su marido. Creía que tenía una aventura. Sólo así podían explicarse sus repetidas salidas nocturnas. El hombre le dijo a qué dedicaba las escapadas, pero ella no le creyó hasta que acompañó a él y a su cómplice en una de sus expediciones.

Los autores, perplejos

Bower y Chorley nunca pudieron imaginar que los cereálogos iban a detectar en sus obras y en las de otros colegas rastros de radiactividad o alteraciones en la composición química de las plantas. Jim Schnabel, ex artista del cereal y periodista, recuerda en su libro 'Round in circles' (1993) cómo los expertos convertían «mágicamente» sus errores en «logros que ningún ser humano podía duplicar». Por obra y gracia del 'misteriólogo' de turno, un pictograma hecho con unas pintas de más acababa siendo radiactivo, rememora Schnabel. Mike J., otro ex fabricante de figuras, descubrió en 1991 que una formación que había creado un año antes «había sido fotografiada, investigada, sondeada por zahoríes, analizada y reproducida en libros y camisetas». Era auténtica y fue «imposible» para él convencer a los cereálogos de lo contrario.

«Estos diseños son gigantescos test de Roscharch interpretados de acuerdo con los sistemas de creencias de quienes los ven», dice Lundberg. Y la fe mueve mucho dinero. Por eso, las autoridades de Wiltshire incluyen desde hace años los círculos entre los atractivos turísticos de la región. Tienen razones para ello. Sólo en cuatro semanas de 1996, un agricultor ganó unos 50.000 euros cobrando un euro a cada persona que quería entrar en su propiedad para ver el dibujo de rigor.


Los círculos de los sembrados
Autor: Luis Alfonso Gámez
© Copyright de los textos Luis Alfonso Gámez, 2002.
© Copyright de las imágenes Touchstone, 2002.
'Círculos de misterio' y 'Un arte y un negocio típicamente británicos'se publicaron originalmente en el diario bilbaíno 'El Correo' el 13 de septiembre de 2002.
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Los círculos, Arecibo y los memos

Con lo paranormal, ocurre lo mismo que con la programación televisiva: cuando uno piensa que ya ha alcanzado las más altas cotas de estupidez, siempre le saca de su error una nueva revelación que supera lo que hasta ese momento parecía insuperable. "Una inteligencia humanoide de origen presuntamente extraterrestre parece haber respondido al mensaje que en 1974 envió la Humanidad al espacio profundo describiendo nuestro planeta y nuestra especie", informaba el 27 de agosto la web oficial de las revistas Año Cero y Enigmas. La buena nueva se había hecho cereal seis días antes en un sembrado del Reino Unido, junto a la estación meteorológica de Chibolton. A partir de dos imágenes que habían aparecido de la noche a la mañana en el campo -un gran rostro y una especie de réplica al denominado mensaje de Arecibo-, los expertos capitaneados por Santiago Camacho -director de akasico.com- concluían que "o se trata realmente de una respuesta al mensaje de Arecibo o nos encontramos ante el más ambicioso y elaborado fraude en la historia de los círculos de las cosechas", decantándose por la primera posibilidad.

El mensaje de Arecibo se emitió hace veintisiete años en dirección al cúmulo de estrellas M13, situado a unos 25.000 años luz de la Tierra. Por sus características -se transmitió en la frecuencia de 2.380 MHz-, es como una flecha que cruza un espacio poblado por bolas de ping pong separadas entre sí por kilómetros, explicaba el Instituto SETI a finales de agosto. Se trata de un rayo extremadamente estrecho, y la posibilidad de que hubiera dado con un sistema planetario en los primeros 13,5 años de viaje se estima en una entre medio millón. ¡Ojo!, hablamos de sistema planetario a secas, no de un posible hogar de una civilización alienígena lo suficientemente avanzada como para descifrar en un tiempo récord el mensaje -contiene información sobre nuestra biología y situación en la galaxia- y enviar una respuesta que, otros 13,5 años después, es la que habría destrozado el sembrado inglés, según los expertos españoles.

Los redactores de akasico.com presentaban como apoyo a su desvarío una ridícula traducción del supuesto texto alienígena, obra de otro investigador. El especialista, un tal Finton Dunne, sostiene que el pictograma de Chibolton dice: "Hola, Tierra. Respondemos al mensaje en el que os describíais a vosotros mismos -el cual hemos comprendido-. Nosotros también somos formas de vida basadas en los hidrocarburos, con conceptos lógicos y matemáticos similares a los vuestros. Os enviamos una imagen de nuestro rostro, el cual tiene un aspecto similar al vuestro. [...] No hemos empleado ningún radiotelescopio para haceros llegar este mensaje, sino una tecnología de transmisión del pensamiento. Nuestro dominio del hiperespacio nos ha permitido interceptar vuestro mensaje y responderos en la forma debida". La traducción resulta tan creíble como la de una tablilla rongo-rongo de la isla de Pascua que ofreció hace tres décadas Peter Kolosimo en Astronaves en la Prehistoria (1973) -"Llegan los hombres volando... los hombres con el sombrero vuelan"-, cuando resulta que los auténticos expertos aún intentan descifrar el lenguaje de los antiguos pascuenses. Además, los charlatanes incurren una vez más en el antroponcentrismo puro y duro a la hora de imaginarse seres extraterrestres, y toman prestados principios propios de la ciencia ficción y de pseudociencias como la parapsicología para cimentar sus afirmaciones.

Da igual que un par de jubilados confesara en 1991 haber hecho buena parte de los dibujos que han traído de cabeza a los amantes de lo paranormal desde finales de los años 70, que varios grupos de artistas hayan confeccionado en directo pictogramas para los medios de comunicación, que se ofrezcan en Internet manuales de cómo hacer las llamativas figuras y que, por ejemplo, las que aparecen en Alemania -donde la fiebre circular es relativamente reciente- sean bastante más simples que las del Reino Unido, donde los aficionados acumulan décadas de experiencia. Los comerciantes de lo oculto miran siempre hacia otro lado y se aferran con fuerza a la explicación más inverosímil, ocultando al público las evidencias que derriban sus castillos de arena e intentando que la memez vaya en aumento, porque ésa es la clave de su negocio. Así, este año han pasado por alto la fiebre aftosa, que atrasó la aparición masiva de dibujos en los campos ingleses hasta mediados de agosto. ¿Será que los extraterrestres calzan pezuñas?, ¿será que llevan ganado a bordo de sus naves?, ¿o será simplemente que los bromistas no pudieron hacer de las suyas hasta que el Gobierno británico levantó la cuarentena que había impuesto sobre las zonas rurales?

Que a estas alturas alguien defienda que los círculos de los sembrados tienen algo de misterioso sólo puede deberse a ignorancia, interés crematístico o simple y llana memez. La ignorancia es la razón que explica por qué estos pictogramas son misteriosos para parte del público, víctima de quienes tergiversan cualquier presunto enigma que se cruza en su camino para engrosar su cuenta bancaria. Los memos son aquéllos que tienen acceso tanto a los presupuestos paranormales como a los lógicos y siempre caen rendidos ante los primeros. Como ha apuntado el cineasta español Manuel Gutiérrez Aragón, "los mitos cambian, pero los memos son siempre los mismos". Se trata de un sector social irrecuperable que cree en los contactos con extraterrestres de Sixto Paz o Carlos Jesús, en la curación del cáncer mediante la colocación de bolitas bajo la almohada, que los egipcios ablandaban las piedras, las moldeaban y luego las volvían a endurecer, y que los alienígenas no tienen otra cosa que hacer que arrasar todos los veranos las cosechas de los agricultores del Reino Unido, quienes, por su parte, se sacan un dinerillo cobrando a los incautos -que son muchos- y a los cereálogos -así se autodenominan los estudiosos del fenómeno- por entrar a sus propiedades. Los bromistas se ríen, los agricultores recaudan unas libras y los fabricantes de paradojas siguen engordando el misterio a costa de la verdad.


Los círculos de los sembrados
Autor: Luis Alfonso Gámez
© Copyright de los textos Luis Alfonso Gámez, 2002.
© Copyright de las imágenes Touchstone, 2002.
'Círculos de misterio' y 'Un arte y un negocio típicamente británicos'se publicaron originalmente en el diario bilbaíno 'El Correo' el 13 de septiembre de 2002.
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