background image

el esc

é

ptico

14

otoño-invierno 2012

D

e oca a oca

E

n 1998  Andrew Wakefield, un gastroenterólogo lon-

dinense publicaba un artículo en la revista Lancet

una de las más importantes del mundo en temas de 

medicina, en el que asociaba la administración de la vacuna 

triple vírica (MMS en inglés) con el autismo. Con posterio-

ridad se demostró que el estudio estaba mal hecho y no solo 

era que el investigador se hubiera equivocado es que había 

falseado intencionadamente los datos, probablemente con 

motivaciones monetarias. 

Con posterioridad se publicaron las críticas al trabajo y 

el resultado final fue que la opinión generalizada de los ex-

pertos es que el artículo de Wakefield estaba mal hecho y 

que la vacunación con la triple vírica no tenía nada que ver 

con el autismo.

Pero el daño ya estaba hecho. A raíz del artículo surgie-

ron primero los movimientos en contra de la vacunación 

con la triple vírica y después se extendió a todas las va-

cunas. La mejor herramienta que ha tenido la humanidad 

para acabar con la enfermedad está en entredicho y la no 

vacunación ya ha causado muchas muertes. Y lo que es más 

Transgénicos y cáncer: 

el daño ya está hecho

Félix Ares

La publicación de un artículo en el que se atribuye al maíz transgénico la aparición de 

cáncer ha hecho un gran daño, con independencia de que el artículo tenga grandes 

errores metodológicos.

Andrew Wakefield ante los medios en Londres (Foto: Reuters/Luke MacGregor)

background image

el esc

é

ptico

15

otoño-invierno 2012

grave, enfermedades que ya estaban erradicadas de nuestro 

país y que estaban a punto de erradicarse del mundo –como 

es el sarampión– han vuelto a aparecer.

Recientemente, en el número de noviembre de 2012 de 

la revista Food and Chemical Toxicology, apareció un ar-

tículo titulado Long term toxicity of a Roundup herbicide 

and Roundup-tolerant genetically modified maizeen el que 

atribuía al maíz transgénico la aparición de cánceres en ra-

tas. Muy pronto vino la crítica; una interesante es la que ha 

difundido la Academia Mexicana de Ciencias cuya conclu-

sión principal es que «el trabajo del equipo francés debe 

ser replicado por grupos independientes». Entre los fallos 

metodológicos graves del artículo están que no se utilizó un 

grupo de control, que las dosis utilizadas son altísimas –el 

33% del alimento de las ratas era maíz–, además de maíz 

también suministró a los animales glifosato. El número y  

tamaño de los tumores no es proporcional a la dosis utiliza-

da, se han detectado errores en las estadísticas utilizadas...

A todo ello podríamos añadir que el autor, Seralini, es un 

conocido activista antitransgénicos. Eso de por sí no tendría 

que influir en los resultados de sus experimentos, pues si se 

sigue correctamente el método científico los resultados se 

producirán con independencia de las creencias del investi-

gador, pero en este caso no lo ha seguido.

Una simple búsqueda en internet nos permite ver que el 

daño ya está hecho. Los antitransgénicos se han apresu-

rado a utilizar este artículo como prueba de que son malos. 

Y, por supuesto, las críticas a Seralini se deben a los otros 

científicos que están vendidos a las multinacionales.

Cualquiera que conozca medianamente el método cien-

Cada vez estoy más convencido de que introducir el espí-

ritu crítico en el público pasa obligatoriamente por explicar 

lo que es la ciencia y el método científico y poner claros 

ejemplos de cosas que no lo son aunque estén hechas por 

científicos de renombre. 

Lo terrible es que algo tan normal como que un científico 

publique un artículo erróneo, lo que está en la base misma 

del método científico, haga daños irreparables debido a la 

falta de formación del público.

tífico sabe que la publicación de un artículo no es nada más 

que el primer paso de una serie de ellos. Por un lado, la 

crítica es fundamental, no es algo que se haga para fasti-

diar a los autores del estudio; es lo que garantiza que no se 

ha metido la pata. Por otro lado, al ser un tema con el que 

la sociedad está tan sensibilizada, pocas dudas hay de que 

debe exigirse lo que pide Luis Herrera: el estudio hay que 

replicarlo por grupos independientes. Yo casi me atrevería 

a pedir algo más, Seralini tendría que haber hecho mucho 

mejor sus deberes.

Si el estudio se repite por dos o tres grupos independien-

tes, corrigiendo los errores metodológicos, y se demuestra 

que el maíz transgénico produce cáncer, me opondré a él. 

Pero eso no ha ocurrido todavía y todos los estudios ante-

riores apuntan a que el maíz transgénico es inofensivo para 

la salud humana. 

En mi opinión, si se demostrase que el maíz transgénico 

produce cáncer –lo que es muy improbable– condenaría a 

dicho maíz, no a la tecnología de los Organismos Modifica-

dos Genéticamente. No se puede –no se debe– generalizar. 

Tanto en el caso de que sean perjudiciales como en el con-

trario.

La falta de formación del público en general sobre cómo 

funciona el método científico produce estragos como estos 

que acabo de señalar. La idea de que la crítica es funda-

mental y que los experimentos deben ser repetidos  no llega 

a calar entre el público. La mayor parte de las veces si el 

experimento es neutro y no choca con la ideología del lector 

lo acepta sin más, sin ninguna crítica; pero si está en contra 

de sus creencias lo rechaza. 

Momento de una protesta contra los organismos genéticamente modificados. (Foto: www.flickr.com/photos/lilyrhoads/)