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otoño-invierno 2012

James Randi: 

mago y escéptico

Andrés Carmona Campo

Filósofo, antropólogo, ilusionista y socio de ARP-SAPC.

E

l pasado 11 de mayo la convocatoria de Escépticos 

en el Pub en Madrid contaba con un orador de lujo: 

el asombroso James Randi, acompañado de su cola-

borador D. J. Grothe (y ambos presentados por el socio de 

ARP-SAPC Luis García Castro). Como era de imaginar, la 

sala para el evento estaba totalmente abarrotada sin ningún 

asiento libre. No es fácil poder asistir a una charla de Ja-

mes Randi por estos lares, por eso la oportunidad era única. 

Además, el propio Randi había expresado su deseo de par-

ticipar en un evento de estas características, en un ambiente 

reducido, casi íntimo, para pocas personas, distinto de otros 

para el gran público como los que estaba haciendo en su gira 

europea previa al Congreso Mundial en Berlín hacia el que 

se dirigía. 

Hacer una presentación de quién es James Randi en una 

revista  especializada  en  divulgación  científica  y  crítica  de 

la pseudociencia como esta es algo así como explicarle qué 

es la arena a un beduino. Cualquiera que reciba esta revista 

periódicamente sabe quién es James Randi. De todas formas, 

nunca está de más repasar lo que ya nos es conocido, por si 

en el repaso descubrimos o redescubrimos algún aspecto que 

por obvio nos hubiera pasado desapercibido. En este sentido, 

intentaremos hacer una semblanza de quién es James Randi 

fijándonos en un aspecto conocido de él: su faceta de mago 

y escéptico.

James Randi es ahora mismo un alegre anciano canadien-

se andando ya por la novena década: nació en 1928, y eso 

hace que en agosto de este año cumpliera los 84 añitos. A 

su edad, otras personas estarían disfrutando de su merecida 

jubilación, echándoles pan a los patos del parque, “vigilan-

do” obras públicas, o cuidando nietos; pero Randi prefiere 

recorrer el mundo explicando a quien quiera oírle por qué no 

Randi junto a Daniela Melli, quien le acompañó durante su estancia en Madrid (Foto: Luis García Castro)

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da crédito a las afirmaciones de espiritistas, médiums, curan-

deros u homeópatas. Para esta tarea, no solo realiza este tipo 

de conferencias, sino que además ha puesto en marcha una 

Fundación Educativa que lleva su nombre, la James Randi 

Educational  Foundation  (JREF),  conocida  internacional-

mente por el también famoso “reto de Randi”: ofrecer un mi-

llón de dólares a quien pueda demostrar, en condiciones de 

laboratorio, pruebas acerca de alguna afirmación extraordi-

naria, como pueden ser la posesión de poderes paranormales, 

la memoria del agua o la comunicación con difuntos. No es 

necesario decir que nadie ha cobrado aún el premio, aunque 

ya pasan de mil las personas que lo han intentado. Y no hace 

falta recordar que James Randi fue quien, en los años 70 del 

pasado siglo, denunció a Uri Geller, demostrando que sus 

pretendidos poderes parapsicológicos no eran, en realidad, 

sino simples trucos de magia. Menos sabido, aunque no me-

nos importante, es que Randi fue uno de los miembros que la 

revista Nature seleccionó para conformar al equipo investi-

gador que debía reproducir los experimentos de Benveniste 

sobre la memoria del agua, y cuyas conclusiones fueron que 

Benveniste había incurrido en mala praxis científica: la ho-

meopatía seguía sin respaldo científico. 

Pero, tal vez, lo más curioso sea que este archiconocido 

divulgador del pensamiento científico y cazador de fraudes 

pseudocientíficos y charlatanes no es un científico de profe-

sión, sino un mago. James Randi no es un físico, químico o 

matemático, sino un ilusionista: su principal ocupación a lo 

largo de su vida ha sido el ilusionismo profesional, y concre-

tamente en la especialidad del escapismo, ámbito donde era 

conocido como “el asombroso Randi” (The Amazing Randi). 

Y es este detalle el que queremos destacar: cómo sus cono-

cimientos sobre el ilusionismo le llevaron a su entrega por la 

divulgación científica y escéptica. 

James  Randi  podría  haber  vivido  perfectamente  como 

mago profesional, e incluso podría haber probado suerte en-

gañando a incautos como hacía Uri Geller, haciéndoles creer 

que tenía auténticos poderes paranormales. Sin embargo, 

prefirió desenmascarar a quienes hacían eso. Y lo hizo preci-

samente porque era mago: como tal, conocía los trucos que 

utilizan estos farsantes que aparentan tener telepatía, telequi-

nesis, videncia, etc. Podía haberse callado, sin más, o haber 

hecho lo mismo que ellos, pero tomó una decisión moral: 

ponerse del lado de la verdad y la ética profesional. El ilu-

sionismo es un arte que busca lo que indica su nombre: crear 

ilusiones, aparentar lo imposible. Pero no procura engañar 

a nadie: el público sabe que hay truco, y por eso se ilusiona 

(igual que el cinéfilo sabe que hay efectos especiales cuando 

disfruta de una película). Usar los trucos de magia para en-

gañar, para hacer creer que se tienen poderes paranormales, 

mediumnísticos u otra cosa similar, es mentir descaradamen-

te, es un uso fraudulento del arte de la magia, un uso inmo-

ral como inmoral puede ser utilizar los mismos trucos en la 

mesa de póquer o de black jack de un casino. Y Randi podía 

hacerlo precisamente porque era mago: si no lo fuera, si fue-

ra un científico, podría haber sido víctima de esos farsantes, 

porque el científico puede ser experto en su materia, pero 

no tiene porqué conocer los trucos de magia, y puede ser 

perfectamente engañado por un estafador lo suficientemente 

habilidoso. Y fue por la misma razón que el director de la 

revista NatureJohn Maddox, incluyó a Randi en el comité 

que debía replicar los experimentos homeopáticos de Benve-

niste: porque Randi, en tanto que mago, podía fijarse y per-

catarse de aspectos que podrían pasar desapercibidos a los 

científicos del comité. De esta forma, el comité investigador 

estaba completo y a salvo tanto de errores de metodología 

científica como de engaños y fraudes puros y duros. 

El ejemplo de Randi como mago caza-charlatanes no es 

algo novedoso. Unas décadas antes que él, otro mago y es-

capista famoso, Harry Houdini, también se dedicó a desen-

mascarar farsantes, concretamente médiums, y a colaborar 

con instituciones científicas como la revista Scientific Ameri-

can. Y después de Randi, su ejemplo ha continuado en otros 

magos, como Gérard Majax en Francia, colaborador del 

Laboratorio de Zetética en la Universidad de Niza Sophia 

Antipolis y desde donde se propone la versión francesa del 

reto de Randi: el Desafío Zetético Internacional (Défi Zététi-

que International). 

En su charla del 11 de marzo, Randi pudo asombrarnos 

doblemente con su intervención en Escépticos en el Pub. Por 

un lado, con su inigualable oratoria y su vitalidad a pesar de 

la edad, y por otro con su ilusionismo: allí mismo realizó un 

juego de magia para maravilla de todos los presentes, con-

cretamente una versión de uno de los clásicos de la cartoma-

gia (magia con cartas) y que en el mundo mágico se conoce 

como Out of this world. Una experiencia inolvidable haber 

estado allí.  

(Foto: Ingrid Laas en www.randi.org)